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Hermann Bellinghausen. Escritor. Su último libro es De una vez.

La imaginación sirve para todo, sobre todo cuando no se tiene mucha. Ejemplos a seguir: los centros comerciales, al inspirar con su oferta los deseos de los clientes; los programas de variedad en hora nocturna, que con su mensaje inspiran los deseos (sexuales) de la televidencia; los menús políticos, que ayudan a la gente a pensar, a tener ideas y complicidades; la selección nacional y su capacidad indistinta para empatar o ganar perdiendo, y dar a los mexicanos una razón de peso (y por una vez, no de dólar) para sentirse mexicanos. Ya impuesta tal pátina imaginaria en nuestras limitadas ilusiones, lo demás es telenovela. Una palmada al hombro:

-Anda, vámonos Reynaga. Te invito una cerveza para que se te quite esa cara de susto.

Reynaga, cogiendo su saco del respaldo de la silla en la antesala del Director General, sale en compañía de Moreno y Salas, los dos cajeros que no recortaron en el ajuste del trimestre, y es que ellos nunca faltan, mientras Reynaga, ay, con su vida complicada, faltó un poco demasiado y ahora se cierran a sus espaldas las pesadas puertas de la empresa, que bastante bien va por cierto.

Como es hombre tranquilo no desespera y aguanta hasta el domingo, cuando lo atrapa un sueño esplendoroso y bebe de 6 ó 7 distintas botellas a lo largo del día, aunque sólo consigue gritar ígol! una vez, una sola pinche vez, y por penalty.

Su sueño no se cumple, y de todas maneras la imaginación se apodera de él, sale feliz de la vida, abanderado, para mojarse bajo la lluvia a los viva México y gritar “argentinos” a los pendejos que van por la calle sin participar de la fiesta de Reynaga, la fiesta de todos los que somos. Los locutores lo dijeron clarito varias veces durante el memorable partido, y tantos millones de televidentes no pueden estar equivocados.

Para qué seguir a Reynaga hasta el lunes. Más vale una cierta discreción sociológica. Dejémoslo ahí, feliz, en foto fija, trepado en la ventanilla del Tsuru de su cuñado Alvaro con la bandera en alto, hecho una sopa, por Insurgentes a medianoche, rodeado de miles de reynagas igual de contentos, festejando la prueba irrefutable de que la imaginación lo puede todo, incluso cumplir los sueños que no se cumplen. Como el opio.