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Carlos Castillo Peraza. Periodista. Presidente del Partido Acción Nacional.

MEA (¿NOSTRA?) CULPA

La televisión en el banquillo de los acusados. Globe, Le Nouvel Observateur la ubican allí. Tomo nota y notas para esta sección de nexos mientras vuelo a cumplir tareas políticas de una punta a la otra del país. Dos programas franceses, de acuerdo con las publicaciones, dan cuenta -en espectáculos de esos que se han vuelto comunes en nombre de la “vida real” -de hechos delictivos varios, entre éstos un incesto -la joven víctima declara, los vecinos opinan- y un crimen cuyo autor convoca a una rueda de prensa y se entrega a los reporteros antes que a la policía. Para poner las premisas de su reflexión, Francoise Giroud recuerda una serie de falsificaciones televisadas a lo largo y lo ancho del mundo por emisoras de variadas lenguas y nacionalidades. “La tele miente enormemente”, concluye. “Enloquece al teleauditorio”, agrega Marie-France Etchegoin en el mismo semanario -Le Nouvel Observateur-, que hospeda una pregunta inquietante: “¿Información o show?”. La televisión “ha transformado un estudio de costumbres en un linchamiento colectivo”, escribe Elizabeth Levy en Clobe.

Philippe Breton anota: “Mostrar todo, si es necesario saqueando la vida privada de las personas, esto es la verdadera obscenidad”. La prestigiada Esprit publica el comentario más agudo, debido a la pluma de Alain Ehrenberg: “El desplazamiento de la verosimilitud a la autenticidad marca una reducción tal de la alteridad, que no necesitemos de un héroe diferente, superior u otro -verosímil-, puesto que tenemos al héroe perfecto de la historia: uno mismo… Es la televisión hiperrealista… que envía un gran mensaje: ¿por qué no usted?”. De aquí que un cierto tipo de sicópatas preparen sus crímenes para ser filmados o sus confesiones para ser publicitadas. Luego vendrán -si es que no han llegado- la denuncia fantasmagórica, la acusación calumniosa y otras barbaries, como podría ser el crimen “en tiempo triple A”. Y Ies serán pagados derechos de autor…

LOS OTROS CARDENALES

Tanto se ha hablado del caso Galileo y tanto se ha insistido en la enemistad que se supone existe entre la iglesia católica y la ciencia, que parece increíble el contenido de un reportaje publicado por el semanario francés L’Express: hay 80 científicos que forman una especie de colegio cardenalicio, asesor permanente del Papa. La información se debe a la pluma de Michel Legris.

“Senado científico” llama el periodista a este grupo que tiene sus orígenes en 1603 y que recibió el nombre original de Academia de los Linces -Accademi dei Lincei-. Su propósito era el de mirar, tan lejos como fuese posible, y penetrar en el arcano de la naturaleza por medio de la ciencia. Eran los tiempos nada menos que de Gregorio XIII, padre de las reformas en la cronología que dieron como resultado el Calendario Gregoriano, que es el que hasta hoy rige la medida de los meses y años en el ámbito de la cultura occidental.

Quizá sorprenderá a algunos saber que de la que hoy se llama Academia Pontificia de Ciencias, han formado parte Niels Bohr, Max Planck, Louis de Broglie, Guillermo Marconi, Alexander Fleming y Edouard Branly. En la actualidad -otra sorpresa- sesiona en ella Rita Levi-Montalcini, neurobióloga, italiana de origen judío, atea y partidaria del aborto, quien fuera invitada a la Academia doce años antes de recibir el Premio Nobel por sus investigaciones acerca de la hormona que regula el crecimiento.

¿Podría imaginar alguien que, de 1960 a 1966 presidió la Academia el matemático belga Georges Lemaitre, quien sostuvo desde 1931 la hipótesis del “átomo primitivo” que está en la base de la teoría actualisima del big-bang? ¿O que el decano es, en los días que corren, el paquistano Salimusamán Siddiqui, químico orgánico, a quien acompaña su compatriota Abdus Salam, Premio Nobel de Física, piadoso musulmán con cuatro esposas? ¿Y que asisten con pleno derecho a las sesiones científicas el inmunólogo israelí Michael Sela, el físico británico Stephen W. Hawking -famoso por su trabajo desde la mudez y una silla de ruedas-, así como el profesor francés René Frydman, “padre” de Amandina, la primera bebé de probeta?

En la lista -son 78, hay dos sillas vacantes- está un teólogo católico, el R.P. Georges Cottier de la orden de los dominicos, maestro en la Universidad de Friburgo, Suiza, cuyos discípulos no podríamos jamás olvidar sus penetrantes cursos sobre los orígenes hegelianos del ateísmo del joven Marx. Dirige ejecutivamente la Academia monseñor Renato Dardozzi, italiano.

SÓLO UNA RENUNCIA

El Papa los consulta, los oye, se sienta eventualmente en un pupitre, toma notas y los escucha aunque, como alguna vez dijo el Profesor Frydman, en ocasiones “no entienda”. Ninguno recibe más paga que la de sus boletos de avión y un modesto hospedaje para los días de sesión. No hay sabio que pueda “candidatearse”, todos son llamados, pero la Santa Sede parece no tener mala mano: son varios sus invitados que, después, han merecido los honores del Nobel en sus respectivas disciplinas. Los hay de muy variadas nacionalidades, religiones y posiciones políticas. Unica restricción: no ser “ateo militante”. Una sola renuncia en la historia de esta institución -la membresía es de por vida-, pero presentada sin ruido y con reconocimiento a la obra y su espíritu: la de Anatole Abragam, francés de origen judío, disgustado porque en 1991 el Papa equiparó, en Polonia, a los médicos que practican abortos con los galenos nazis.

Temas actuales para los académicos: embriología, cerebro, demografía, emergencia de la complejidad, relaciones iglesia- ciencia. No se da el tan molesto, académico y común lobbying. Sólo hay -expresa el matemático católico y polaco André Lichnerowicz- una limitante: “La autocensura que todos nos imponemos, que es la de ser corteses”. íQué envidia!

LEVINAS, EL INTRÉPIDO

A sí se titula -también en L’Express- la nota de Francis Kaplan que da cuenta de un libro recientemente editado por Grasset, cuyo origen es curioso: se trata de las notas tomadas por un alumno -Jacques Rolland- y revisadas y aprobadas por el maestro -Emmanuel Lévinas-. Las clases fueron impartidas por el filósofo de origen judío en 1975- 1976, bajo los auspicios de la parisiense Sorbona. Y, como la cátedra, las páginas se refieren a tres temas: Dios, la muerte y el tiempo (Dieu, la mort et le temps dice la portada).

Levinas es un nómada de la academia. Viene de lejos: discípulo de Heidegger, prisionero en algún campo de concentración, crítico de las posiciones políticas de su maestro alemán, respetuoso empero y por tanto también crítico, de la obra filosófica de aquél. Lo mismo enseña en París que en Estrasburgo, en Friburgo (Suiza) que en Neuchatel. Llama a sus lecciones “conversaciones” y en efecto -quienes lo seguimos desde las bancas lo sabemos-, son eso: un diálogo profundo, sincero, a veces doloroso y desgarrador pero nunca triste ni resentido con los autores que explora y con los discípulos que lo acompañan. Sus clases -mucho más que sus libros- son deslumbrantes. (En México, solo un maestro me resultó deslumbrante explicando a Heidegger: Carlos Pereyra).

Su conversación central hablada y escrita como bien lo apunta Kaplan en su recensión- es con su maestro-inter-locutor- adversario Martin Heidegger, a quien desafía desde la raigambre bíblica de un pensamiento que se ha atrevido a “reintroducir a Dios en el pensamiento contemporáneo”. La muerte y el tiempo humanos son los caminos, las vías, diría cualquier tomista, para llegar a su concepto de Dios.

Levinas muestra -nos dice el comentador de L’Express- que el Dios al que su comentado se refiere “es trascendente hasta la ausencia, porque me ordena lo no-deseable por excelencia, que es el otro, el otro que es cualquier hombre; El me lo confía y me hace responsable de él. Dios es el que me obliga a la moral”. Y cita al propio Levinas: “La ética no es el corolario de mi visión de Dios; es ésta misma visión”. La grandeza de este autor -acota Kaplan- es la de quien, intrépidamente, contra toda la tradición filosófica, puso como fundamento del hombre y del pensamiento no el ser, sino la moral, es decir el Otro”.

ENTRE LATINOS TE VEAS

En Le Point, Jean-Francois Revel dedica su habitualmente perspicaz comentario a los procesos electorales recientes en España e Italia. No deja de impresionar cómo ve el periodista y filósofo francés las realidades políticas de estas dos entidades latinas de la Europa Comunitaria, después de los comicios a que sus respectivas poblaciones fueron convocadas: en España, salieron reforzados los dos grandes partidos políticos nacionales en contienda -Socialista Obrero y Popular-, en tanto que en Italia salieron fortalecidos de las urnas los partidos pequeños, incapaces de gobernar en el ámbito nacional. “España será quizá mal gobernada, pero se sabrá por quién. Además, existe un relevo. Nadie puede decir por quién será gobernada mañana Italia”.

MEDIO SIGLO

Francia festeja el cumpleaños número cincuenta de su más famoso cantante de rock, Johnny Hallyday. Treinta y tres años de carrera, dentro de ese medio siglo, constituyen una marca mundial de longevidad artística -asegura Le Point-. Más de sesenta discos de los antiguos, 15 de los compactos y una edición integral de aniversario con 758 canciones -65 inéditas- son un caudal nada despreciable. En tierras francesas, sólo Mozart ha logrado cifras semejantes. Quince libros acerca del personaje. En uno de ellos, un texto debido a la pluma de Marguerite Duras. No somos nada.