Mario Szichman. Escritor; entre sus libros, A las 20:25 la señora entró en la Inmortalidad y Tercera Fundación de Buenos Aires.

Norman Mailer

El fantasma de Harlot

Planeta

Madrid, 1992.

La nueva novela de Norman Mailer, El fantasma de Harlot, es suma y renovación de las constantes y los intereses de una obra que sabe mantenerse fiel a sus propias exigencias.

Desde las entrañas de la CIA, como paradigma del engaño y la simulación, Mailer emprende un largo y detallado viaje por el lado oscuro del sueño norteamericano.

Tal vez la mejor definición que se ha dado de Norman Mailer es la de Chandler Brossard, quien ha sugerido que el autor de Los desnudos y los muertos recuerda a esos crustáceos “que usurpan el desechado caparazón de otros animales a fin de utilizarla como vivienda temporal”(1)

Y nunca antes como en Harlot’s Ghost, su última novela, había demostrado Mailer tal capacidad para copiar los planos de las mansiones de todo autor de bestsellers, desde la gótica de Stephen King en las primeras ochenta páginas hasta la ultramoderna y repleta de gadgets de Ian Fleming, o la cueva primordial de Trevanian especialmente la descripción del ascenso a una montaña que amenaza con convertirse en un clásico de la literatura estadounidense.

Por supuesto, hay otras marcas más prestigiosas: uno recuerda la escena proustiana del burdel cuando el protagonista de Harlot’s Ghost recorre el Berlín de la posguerra, y a Henry James o a Luis Auchincloss en los diálogos entre abogados y banqueros transformados en burócratas del espionaje.

En esta casi infinita “novela de la CIA” (1,328 páginas, incluido índice de nombres, glosario, bibliografía, y la amenazante promesa de Continuará), Mailer se ha dedicado a saquear el mobiliario de la narrativa popular con el mismo placer demostrado por Balzac al amalgamar e impregnar su prosa desvalijando los temas y caracteres primero intentados por Walter Scott, Eugene Sue, o por los artesanos que crearon el roman feuilleton.

La mención a Balzac no es casual. Harlot’s Ghost, que podría ser traducida literalmente como El fantasma de la cortesana, copia en parte el título de la novela de Balzac Esplendores y miserias de las cortesanas el que ha sido traducido al inglés como A Harlot High and Low y buena ración de su temática.

En un artículo publicado en la revista New York el 16 de agosto de 1976, Mailer recordaba que la novela de Balzac “tenía que ver tanto con la policía secreta como con las prostitutas que atravesaban sus páginas. Y es que resulta natural para Balzac”, agregaba, “asociar a las rameras con los agentes políticos”.

Para Mailer, las prostitutas, al igual que los miembros de la policía secreta, siempre están interpretando algún papel. La prostituta actúa “como si realmente lo amara a uno. Y eso es algo más misterioso de lo que se piensa, pues resulta siempre misterioso interpretar un papel. Es en cierta forma igual a la labor clandestina”.

Pero la prostituta y el agente secreto hacen algo más que actuar. Los papeles que deben interpretar representan los momentos más intensos de sus vidas, decía Mailer, algo mucho más real que todo el resto de lo que hacen. Y en cierta forma, ¿no es acaso el novelista el tercer miembro del trío? ¿Que puede reemplazar en la vida real a un personaje de ficción al cual se ha liberado de lastres, reiteraciones, momentos muertos, imprecisiones, y de toda incertidumbre, a fin de forzar el o a ejecutar ciegamente la lógica de su destino?

Era casi inevitable entonces que el apodo de Hugh Tremont Montague, el elusivo funcionario de la CIA que habita las páginas de esta novela, fuese justamente Harlot.

Al narrar la historia de Harlot a través de un agente de la CIA, Harry Hubbard, Mailer sigue una redituable estrategia en su intento por describir dos fenómenos que en su talentosa histeria le parecen intercambiables: la evolución de Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la era de Vietnam Guerra Fría, el fiasco de Bahía de Cochinos, los amoríos de John Kennedy, la crisis de los misiles, los intentos por asesinar a Fidel Castro y su metamorfosis como escritor entre Los desnudos y los muertos (1948) y Los ejércitos de la noche (1967).

En lugar de intentar capturar la compleja diversidad de esos numerosos y enfrentados países que la comodidad y la costumbre insiste en calificar de Estados Unidos, Mailer elige la más ostentosa organización invisible: la Agencia Central de Inteligencia como monolítico paradigma de mucho de lo que persiste en el gran sueño americano a pesar de sus fracasos.

La CIA sería la punta del iceberg de todo lo que está sumergido en la conciencia estadounidense: un violento, a veces homicida individualismo animado por el muy real mito de la frontera, la certeza omnipotente de que se puede cambiar el curso de la historia, la concreta posibilidad de morir en las vísperas, la necesidad de dar respuestas simples a problemas complejos evitar por ejemplo una remota enfermedad mediante la amputación preventiva u obviar la instalación de guerrillas extirpándoles sus selvas y un paganismo que el espíritu puritano parece exacerbar en lugar de controlar. Y en esa recorrida, Mailer vuelve a transitar su insólita carrera literaria visitando los grandes sucesos históricos que parecen haber sido creados simplemente para alimentar su prosa.

Mailer debe haber sido el único escritor de su generación en la cual están incluidos los soldados rasos Gore Vidal y Kurt Vonnegut, así como Joseph Heller, autor de Trampa 22 y uno de los pilotos más condecorados de la Segunda Guerra Mundial que tomó cursos de literatura en Harvard (donde estudiaba ingeniería) para poder escribir una novela una vez fuera llamado a filas. Y que, en vez de aprovechar un trabajo de oficina, pidió ser transferido a un pelotón de reconocimiento en las Filipinas “para poder escribir convincentes escenas de guerra”, según lo cuenta Carl Rollyson.

Si no fuera porque ya el propio Mailer lo ha hecho en Advertisements for Myself, uno se sentiría tentado a pensar que el novelista encontró una manera original de enfrentar varios años de aridez narrativa: rebañar su propia escritura y los personajes que ha ido arreando en sus libros. En Harlot’s Ghost los personajes y situaciones que primero fueron planteados en Los desnudos y los muertos y posteriormente en Barbary Shore, The Deer Park, o An American Dream, parecen sufrir las alteraciones imperceptibles y las bruscas mutaciones que exhibe la propagación del cáncer en un documental de divulgación científica.

El Hubbard de Harlot’s Ghost estaba presagiado en el teniente Robert Hearn de Los desnudos y los muertos. heraldo del fin de la inocencia. (El mismo Heam que tras protagonizar dos terceras partes de la novela, se muere abruptamente en las vísperas dejando un cabo suelto que Mailer recogerá en la versión serializada de An American Dream, cuando hace que su héroe, Rojack, asesine a su esposa en el primer capítulo).(2) 

De la misma forma, Harlot vio primero la luz en el papel del general Edward Cummings, y el brutal Dix Butler tiene su antecedente en el sargento Croft.

Y en el medio, atando su propio cordón umbilical, está la omnipotencia de Mailer, que como Sam, el narrador de The Man Who Studied Yoga, es “el hombre que intenta parirse a sí mismo”, y en Los ejércitos de la noche se transforma en personaje principal de una “historia como novela y de una novela como historia”.

Si Mailer intentaba hacer de Harlot’s Ghost el libro de oro de su condado, habrá que esperar a la segunda parte de la novela para determinar si lo ha logrado.

En esta primera entrega, escrita por Mailer durante la mayor parte de su sexta década de vida con una energía y un vuelo intelectual que escasos escritores más jóvenes pueden desplegar, algunas partes son superiores al conjunto. Y aunque los diálogos son uniformemente excelentes, muchas veces son usados para proporcionar información, sin contribuir al propósito de hacer avanzar la narración.

Por ahora, podría decirse que Harlot’s Ghost recuerda el comentario que hizo Mailer sobre una novela de Philip Roth: leerla es como hacer el amor con una mujer complaciente: el tiempo se desliza de manera suave, interminable, y sin rumbo fijo.

Notas

(1). Peter Manso, Mailer His Life and Times. New York: Simon and Schuster, 1985.

(2). “Tomar esa decisión en el primer capítulo de una novela por entregas dividida en ocho partes”, dijo luego Mailer al comentar su acto de acrobacia literaria para la revista Esquire, “es como desnudarse en la vidriera de Macy’s. ¿Qué puede uno hacer después?”.

LAS VIDAS DE NORMAN MAILER

El gusto por la duplicidad y la manipulación, la necesidad de engañar: esos son las cartas personales que presentó el autor de Harlot’s Ghost en una conversación pública realizada en 1991. Aquí ofrecemos algunos fragmentos.

Carl Rollyson dice que para Mailer “sus ensueños de grandeza literaria parecen fundados en el rechazo de su pasado como tema”(1) Cuando analizaba su infancia y adolescencia, todo lo que veía era “algo que encontraba insoportable: el buen muchacho judío de Brooklyn”, sin nada romántico, heroico o aventurero sobre lo cual escribir.

Y sin embargo, hay algo en su barmitzve el rito de pasaje a la adolescencia que marcará su rebeldía así como su tendencia a la usurpación. Durante la ceremonia en el templo Sharei Zedek, de Brooklyn, Mailer causó consternación entre su afectuosa parentela elogiando a Baruch Spinoza, el filósofo más persistentemente excomulgado de los tiempos modernos, e indicando que deseaba “emular a esos grandes judíos llamados Moisés Maimónides y Carlos Marx”. Tal como confesó después, el discurso le fue escrito por su “maravilloso maestro de hebreo, quien había sido un marxista y quizás un comunista”. Mailer algo sabía de Maimónides, pero las otras dos figuras “eran de alguna forma extrañas para mí”.

La necesidad de desechar el pasado y de apropiarse de la vida de o el ros que Mailer ha demostrado en su propia vida como personaje literario, está presente en la conversación que se desarrolló con panelistas y público en el Centro de Poesía “YMYWHA” de Nueva York el 25 de febrero de 1991. He aquí algunos fragmentos:

¿Existe una parte de la personalidad de Norman Mailer que hubiera deseado pertenecer a la CIA?

Siempre creí que si hubiera crecido en una familia diferente, con un pasado totalmente diferente y diferente ideología política, hubiera sido un miembro de la CIA. Pues debo confesar francamente que me encanta la duplicidad, la manipulación, la necesidad de engañar, que se practica en nombre de un propósito superior. Y creo que hubiera sido un buen agente de la CIA. Al igual que mi narrador, Harry Hubbard, de haber tenido un background similar al mío, quizás hubiera terminado siendo un escritor, un novelista, pues narra muy bien.

¿Dónde obtuvo toda la información contenida en Harlot’s Ghost?

Escribir un libro es como construir un nido: se recoge hasta la última brizna de paja Hay sugerencias y claves que pueden encontrarse por todas partes. Pero la gran ventaja que tuve al recolectar la información para mi novela es que luego de 43 años de ser escritor y de muchos más años de haber leído ficción, me he vuelto bastante astuto. Y puedo decir por regla general cuándo un escritor está diciendo la verdad y cuándo está mintiendo, cuándo su experiencia es profunda, y cuándo es superficial. Además, como me gradué en Harvard en 1943, tuve algunos compañeros de estudio que fueron a la OSS y luego a la CIA. Pero prefiero no hablar de eso.

Dada la amplitud de Harlot’s Ghost, la cantidad de personajes y su enredo estructural, ¿no necesitó cartografiar la novela para poder concluirla?

Lo he hecho algunas veces. He bosquejado algunas novelas por completo. Curiosamente, son las novelas que nunca pude terminar. Una de las razones es que escribir resulta una actividad insalubre. Se puede llegar a odiarla Lo envejece a uno. Envenena el cuerpo. Es una actividad embrutecedora. Uno debe estar sentado en una silla para exprimir algunas palabras de sus entrañas. Por lo tanto, hay que obtener alguna espléndida zanahoria que lo haga a uno avanzar. Y siempre encontré que mi incentivo era ignorar a dónde iba y descubrir el camino algunos escasos pasos delante del lector

¿Qué le respondería a los críticos que declaran que dejar la palabra “Continuará” al final de Harlot’s Ghost es una manera de esquivar el cuerpo por no haber cumplido con su promesa de escribir la Gran Novela?

Estoy hablando en serio cuando digo que escribiré el segundo volumen de Harlot’s Ghost. El título provisorio es Harlot’s Grave (La tumba de la cortesana). Pero no puedo garantizarlo. El ímpetu para escribir una novela es un don, como la capacidad de enamorarse. Uno puede garantizar que concluirá un ensayo, pero cada novela surge en uno como si se tratara de un regalo. De todas formas, mi esperanza, incluso mis expectativas, esta vez, es que podré concretarla.

Traducción y selección de Mario Szichman

(1) Carl Rollyson. The Lives of Normar Mailer, a Biography, Paragon House, New York. 1991.