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No quepa duda que en la dualidad, casi dicotomía, que contiene la condición hombre-artista, la gente parece quedarse siempre con el artista y relega al ente humano que todo artista conlleva a un plano secundario referido a su vida pública, casi siempre inquietante en cuanto más escandalosa y comentada parezca ser por esa gente transformada en bestia fiera, como dijera Ruiz de Alarcón. Al parecer, el público se queda siempre con el artista y al ser humano, exaltado o masacrado, lo deja como platillo a los postres si hay lugar. Las obras, buenas o malas, idealizan a su autor y, paradójicamente, éstas habrán de sobrevivir a la personalísima vida real -privada o indiscreta- de los hacedores de arte.

Esto nos sugiere la versión de que un artista plasma en su obra valores humanos correspondientes al espacio del deber ser, más aún que aquellos otros que nos hablan del ser en reflexión dual. La lectura del arte se inicia como una actividad profundamente humana; se es artista para que aprendamos a ser mejores, no para ser peores de lo que aprendimos a ser en el pasado. En esto consiste la condición ética del trabajo artístico, así sea decididamente popular y artesanal o de sofisticada elaboración y de calidad trascendente. Es obvio que toda forma artística presenta cualidades diferenciales lo mismo en su elaboración que en la capacidad comunicadora que contiene para ser estimada. La noción de público letrado es la que nos permite un disfrute cabal del arte, que nos muestra a la gente disfrutando del arte porque entiende lo que ve y lo que escucha; gente que establece categorías de apreciación más allá del me gusta o del no me gusta, del «es bueno porque a mí me gusta» y «es malo porque a mí no me gusta». Es por esto que la lectura y la relectura del arte exigen observadores enterados del contenido de la función artística, de la relación entrañable entre el creador, su obra y el público. Saber para qué sirven las formas artísticas.

Estas reflexiones vienen a cuento por el octogésimo cumpleaños del artista Cantinflas: ochenta años de edad y más de medio siglo de intrépida vida en el teatro, como actor de indiscutible y reconocida popularidad; la cual, en varios medios, supo hacer coincidir los criterios amorfos del público iletrado con aquellos otros de los formalistas de la más elaborada y ambidextra élite. Cómico desde los treinta, Cantinflas liderea una pléyade de actores de teatro cómico mexica, tlatelolca y cholulteca, que manejaron con éxito el recurso verbal de la comunicación masiva desde el escenario: Don Catarino, Chupamirto, el Cuatezón Beristáin, el gran Roberto Soto, Manuel Medel, Palillo, Harapos, y los descendientes y subsidiarios: Resortes, Borolas, Clavillazo, Donato el tecolote zurrón… Todos éstos dentro de una expresión que podría adecuarse a la lumpen callejera, al fracasado y arquetipo de la frustración, al habitante de los más bajos y olvidados fondos; el que sólo podía ser aceptado en tanto su mensaje provocara la carcajada pública del pelado y del catrín, del vago y del roto desgraciado, y en tanto la crítica social o política que el sketch contuviera no fuera más allá del efecto hilarante, catártico y estabilizador que no alterara el sistema de gobierno, habida cuenta de que jamás ha surgido revolución alguna desde el escenario. La acción que nos ahoga, por la boca se desfoga sentenció el abuelo Francisco de Quevedo. Recordemos aquí las severas acciones de los líderes actores, cuando se opusieron maniqueamente a que Luis Buñuel filmara Los olvidados, ya que presentaría a «un México irreal, desgarrado y en harapos». Esta misma razón impidió que Zavattini realizara Italia mía en su tierra natal.

La conclusión queda a la mano: se podía hablar de la pobreza y aun de la miseria pública, siempre y cuando esas realidades provocaran en nosotros la risa, el relajamiento a las tensiones personales y sociales que acarrean las carencias, el empobrecimiento o el mal gobierno. No a la toma de conciencia frente al caído en desgracia, sino proposición mediatizadora de que la única forma de solidarizarnos con el infortunio ajeno es riéndonos; manera también de compartir desde la butaca -actitud de colaboracionista clandestino- la desdicha de la mayoría vuelta gracejada clownesca. En esta línea de acción la cosa política ofrece mil y una posibilidades de convivencia y conjunción. Quiero decir, que el teatro de esta especie trastrueca las finalidades humanistas del genuino teatro, para presentarse ante el público como teatro de la convivencia, de fácil aceptación y de abierto manipuleo, ya que la vieja sentencia horaciana afirma que la risa castiga las malas costumbres, se pervierte al punto de «celebrar con risa las malas costumbres». Esto es claro de observar en los ocurrentes sketches políticos a la mexicana alegría, los cuales participan del rito generalizado de provocar -desviándola- la atención en torno de problemas vigentes en una comunidad, mediante una retórica basada en el equívoco y en la difusa generalización. La osadía del artista cómico de tocar símbolos intocables de México se convierte en espiral inflacionaria de un sistema político inseguro de sí propio y temeroso de enfrentar la verdadera problemática que vive. Quizás el cómico -como el buen boxeador o el buen torero- llegue a resolver con creces su personalísimo problema, y de exponente lumpen de un estrato en desgracia emerja triunfador y arribe a los niveles del poder y sus glorias. Así ha sido en múltiples ocasiones. Y esto puede ser válido, contante y sonante. Pero ¿qué pasa con el recurso teatro como orientador hacia mejores niveles de vida de la colectividad?

Cantinflas fue de la carpa al mundo. Así inicia su meteórica carrera en la Carpa Ofelia que visitaba las barriadas del Distrito Federal con éxito; de ahí va a la versión mexica del Follies Bergere parisien, en la Plaza Garibaldi, 1940. La cuerda floja y cordial entre el actor y su público – particularmente aquel reunido en las localidades altas- vibra y se tensiona en la alegría de los diálogos cruzados, en la sabrosura sensualísima del albur que nace donde termina: «Hello, Franklin? ¿Cómo estás, Delano?» El incisivo colmillo de la crítica política se hinca en la carnosidad de la manzana. Según su propia declaración, un solo chiste lo proyecta enorme: Cantinflas, escrutador electorero, responde las preguntas: «En esta urna, ¿por quién se vota? / -Por Avila./ -¿Y en esta otra?/ -Por Camacho».

A cada cambio sexenal, un renovado aire impulsaba su fama al tiempo que la imagen y su carisma fortalecían el juego pirotécnico de las palabras habladas, las que sueltan al aire su sonido para ser escuchadas y retenidas. Mentira que lo que entra por un oído sale por el otro. El barómetro electoral se medía en la columna de ocurrencias de cada uno de los cómicos que se ocupaban de las elecciones disfrutando de una peculiar libertad de expresión que no llegó más allá de la sugerencia equívoca y mercurial. La gente, en las plazas, cantaba entretenida: Almazán, Almazán, Almazán/ eres el hombre del día/ por eso es que la patria confía/ en que tú seas su candidato popular/ Desde Sonora a Yucatán/ todos votan por Almazán…

Recuerdo con mucho agrado una escena fabulosa en el foro del Follies (1945), cuya escenografía consistió en una vecindad característica de ese y de muchos barrios de la ciudad -el país entero se complacía certero bebiendo una sola marca de cerveza y íVeinte millones de mexicanos no podían estar equivocados!-; era el tiempo de posadas y las dos chicas más potables de esa casa -Chelo Villarreal y Amparo Arozamena, como potrancas bien dotadas de remos y dulces y agresivos pitones- disponían la celebración a la que habría de concurrir el vecindario entero: el reparto de velas, la disposición procesional de la concurrencia, al frente los peregrinos conducidos por la Chelo y la Amparito, la piñata pendiente de un mecate con la incógnita del lodo, la ceniza o el estiércol, … por allá el beaterío medivista mordiendo sus rumores; las vicetiples como esperpénticos niños malcriados, …cuando de repente aparecen el Cantinflas y el Mantequilla Soto irrespetuosos y a medios chiles. Desconcierto, aunque el orden se impone: los recién llegados, colocados hasta atrás, llevarán la letanía :

M.: Artículo tercero…

C.: Se fue al basurero.

M.: La leche y el pan…

C.: Ya no bajarán.

M.: Suspiros de carnes…

C.: Me agarran el hambre.

M.: Mister Stetinius…

C.: Me bajó el platinium.

M.: El Gran Molotov…

C.: Te entierro en el dos.

M.: Don Marte R. Gómez…

C.: Y el impuesto pones.

M.: Ezequiel Padilla…

C.: Nos dio la puntilla.

M.: Miguel Alemán…

C.: Que para allá van…

Del Follies, Cantinflas va a la pantalla de cine y de aquí a la universidad: Cantinflas, guía de turistas, Cantinflas, amigable componedor, Cantinflas, travesti, Cantinflas, gendarme,…profesor,…diputado,…mosquetero (Richelieu fue el propio Angel Garasa); Cantinflas, Romeo, Cantinflas, diplomático, Cantinflas, promotor del voto en su país y en el ajeno; Cantinflas, torero,…médico,…fotógrafo, Cantinflas, macho mexicano gritándole a Miguel de Molina maricón; Cantinflas, equilibrista,…líder incorrupto; Cantinflas Paspartout… Los cerebros promotores: Miguel M. Delgado, Carlos León, Salvador Novo y la Columbia Pictures.

Y también Cantinflas empresario: una revista insólita llega de París para poner en circulación la música francesa del medio-siglo: Mona Gildes canta La vie en rose, en el Esperanza Iris, y México entero lo repite obsesivo; cuatro pianos blancos quedan suspendidos en el aire del escenario. Esta revista musical que ahora añoramos se llamó entonces Bonjour Mexique. Unos pocos años después, habría de repetir la experiencia en el ruidoso estreno del Teatro Insurgentes, propiedad del ex Director del Banco Ejidal. Para la ocasión, Alfredo Robledo, empedernido secretario general de los autores de teatro, le escribe a Cantinflas un sketch revisteril titulado Yo, Colón, el cual se iniciaba con la entrada del célebre actor al escenario representando a un periodiquero que voceaba-entusiasta: «íYa llegaron los alemanes a París!» íYa llegaron los alemanes a París!» La revista concluía con el prodigioso desnudo total de una francesita sentada en una copa de champaña o de sidra hoejotzinga.

Comenzaba el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines y figuraba el grupo de intelectuales Hyperion como hegemónico en la cultura nacional: Leopoldo Zea, Jorge Portilla, Emilio Uranga, Luis Villoro, el propio Arreola y algunos más, amparados por la protección generosa de Alfonso Reyes. Este grupo participa en política electoral mediante el voto razonado, explicando por quién habrían de votar y las razones para hacerlo por el candidato oficial. Los hyperiones, recuerdo, organizaron un coctel en honor de Cantinflas. quizá para incorporarlo a su grupo -ellos buscaban afanosamente a «México y lo mexicano»-y con ello el actor adquiriera calidad intelectiva. Cantinflas fue entonces, y quizá durante esa noche única, un intelectual emergente del lumpen proletario.

12 de agosto de 1911/1991. Ocho décadas ocho, como ochenta miuras ochenta. Quienes nos atrevemos a estar en el mexican ra-ta-plán, sabemos lo que significa pulsar la cuerda tensa del contrabajo bien temperado. La encarnizada rivalidad con el triunfador, el canibalismo y la antropofagia, el libre y soberano ninguneo, el chiras pelas y… mejor ahí le paro… Advertimos la entrega de un hombre dedicado al teatro que ha sabido conservar la cabeza en tan frecuentes y espectaculares brumarios. Personalmente disfruté mucho sus primeros films; más aún sus apariciones en los foros y añoro fuertemente su presencia en el teatro de hoy; la presencia de algún sucesor que lo supere. Creo que el cómico singular y genial que fue me reveló las cualidades del gran teatro cómico y sus graves riesgos.

Oh dear, dear

El periódico El Nacional (8 de octubre, 1991) publicó esta noticia: 

La cantante española Marta Sánchez exige 200 millones de pesetas (cerca de dos millones de dólares) de indemnización ya que asegura haber sido forzada para posar desnuda en conocida revista para caballeros que circula en España.

«Fui obligada y era la única salida posible», manifestó la vocalista del grupo Olé-Olé. Según un reportaje publicado en Semana, la artista demandó a la revista Interviú por incumplimiento de contrato así como al periódico Claro, ya desaparecido, que ofreció en portada un desnudo suyo sin permiso y publicó la nota del modista que la difamó. 

Como habría dicho Ruben Darío:

Hacia la fuente de noche y olvido, Martita Sánchez, acompañamé.

No me la imagino

Este cable fue publicado por uno más uno el 7 de octubre de 1991:

Muchos británicos piensan en Madonna cuando están haciendo el amor con sus esposas o amantes que, a su vez, prefieren al actor Patrick Swayze en sus fantasías sexuales, según una encuesta divulgada hoy.

Por debajo de Madonna aparecieron, en la misma encuesta, Kim Basinger y Raquel Welch.

Menos citadas pero todavía con un lugar en la lista sexual de los británicos, aparecen la modelo Linda Lusardi, la actriz Jamie Lee Curtis, hija del actor Tony Curtis, Sophia Loren, todavía y, en décimo lugar, la Princesa Diana, esposa del heredero de la Corona británica, el Príncipe Carlos.

Sophia Loren, todavía, en efecto, pero ¿Diana? ¿Seguros que Diana? ¿Diana Diana, la de Lady Di y eso?