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¿Qué es el autoabastecimiento? En términos jurídicos, es un modelo de generación eléctrica en el que una empresa o una sociedad construye una central eléctrica en un punto, consume en otro y paga por el uso de las redes de transmisión y distribución. Se creó en 1992 y se acabó con la reforma energética de 2013 que dio paso al mercado eléctrico.

Ilustración: Oldemar González

Si usted lee la iniciativa presentada por el presidente para modificar la Constitución en materia eléctrica, encontrará algo muy curioso: la iniciativa inicia hablando de los problemas que causa el autoabastecimiento, aunque muestra la ignorancia del redactor al decir que ese modelo se creó en 2013. Totalmente falso. El autoabastecimiento tiene muchos espacios de debate y su coexistencia con el mercado eléctrico no favorece el desarrollo de este último, pero además tiene una historia compleja.

El entonces senador Manuel Bartlett presentó un par de controversias constitucionales en contra del modelo, en ambos casos los fallos de la Corte fueron contrarios a sus aspiraciones. Ya como director de la Comisión Federal de Electricidad, Bartlett ha insistido en que las sociedades de autoabastecimiento son ilegales —en el texto de la iniciativa, por ejemplo, se repite catorce veces sin que haya una sola sentencia como fundamento.

Uno de los temas en los que sus detractores han insistido es que el autoabastecimiento legado no paga transmisión. Ante la evidencia de que sí pagan, han cambiado el discurso a que no pagan lo suficiente. El argumento central es que su tarifa de transmisión es baja.

¿Lo es? Sí ¿Por qué? Porque a diferencia de los usuarios que pagamos infraestructura, operación y mantenimiento como partes de la tarifa de transmisión, los usuarios de autoabastecimiento verde (con energía renovable, principalmente eólica) pagan sólo el costo de operación y mantenimiento de transmisión, pues desarrollaron infraestructura por adelantado. Además, la tarifa baja constituye un incentivo para la inversión en materia de generación de energía por fuentes renovables.

No sólo eso, los detractores del modelo arguyen que aquello que se paga es insuficiente, ¿es esto real? Posiblemente, pues la tarifa no ha sido actualizada en varios años. Aquí hay otro error de la Comisión Reguladora de Energía: cuando decidió actualizar la tarifa, en lugar de ajustarla para recuperar los costos y respetar su esencia, buscó igualarla con la tarifa regular del mercado eléctrico, que tiene orígenes muy diferentes. Por esa razón el Poder Judicial amparó a quienes protestaron contra tal ajuste.

Una queja más del gobierno en contra del autoabastecimiento es que los permisionarios tienen una central de generación pero varios usuarios, ¿es esto algo irregular? No: el modelo buscaba que una empresa o sociedad generara energía en un sitio y la consumiera en donde lo necesitara. Al expandirse, cualquier empresa suele abrir sucursales. Por esta razón, puede tener una central de generación y cada sucursal representa un punto de consumo. Pero este gobierno se queja de que haya una sola central de generación, con un solo permiso y varios usuarios o consumidores de energía.

Al final de la historia, ¿qué pasará con el modelo de autoabastecimiento de energía eléctrica?

Tenemos tres certezas: la primera es que no puede haber nuevos permisos de generación bajo la figura de autoabastecimiento; la segunda es que en 2040 ya no habrá ningún usuario con esta modalidad. La tercera es que más de veinte permisos de autoabastecimiento han solicitado su migración para poder transitar al mercado eléctrico. O sea, dichas empresas optaron por abandonar el modelo que la iniciativa del presidente busca eliminar; sin embargo, la Comisión Reguladora de Energía no ha resuelto las solicitudes o, como sucedió el viernes pasado, las ha negado.

Dado que la actual CRE se ha convertido en la oficialía de partes de la CFE, la lógica es que deberían permitirle a los privados abandonar el modelo de autoabastecimiento. Pero lo han bloqueado, aparentemente de forma sistemática. Parece claro, entonces, que el autoabastecimiento es sólo un pretexto. La intención de la iniciativa no es evitar los “daños” que supuestamente genera, sino que en realidad busca evitar la participación de los privados en el sector, reducir sus esquemas de generación y ahorro en costos de energía y obligarlos a ser clientes cautivos de la CFE. Pero eso “cancela” todo tipo de permiso de centrales eléctricas.

Hay, sin embargo, otra opción: que quienes toman las decisiones en la CRE en realidad no tengan idea de qué les solicitan, qué votan y qué niegan, e ignoran también los objetivos del gobierno y de Bartlett.

En cualquier caso, el afectado es el país en su conjunto, su competitividad y la seguridad del sistema eléctrico. ¿Por qué la seguridad? Porque le negaron la migración a centrales eléctricas que aportan energía firme, esas que Nahle y Bartlett promueven como necesaria para la continuidad y confiabilidad del servicio.

¿Por qué se niegan los permisos que van en el sentido de lo que busca la reforma? ¿Por qué negar el permiso a centrales que aportan lo que Bartlett y Nahle buscan?

Porque entonces la política energética y la reforma serían en realidad una falsedad, un pretexto para imponer la ideología o un producto de la ignorancia de los comisionados de la CRE. ¿Cuál le parece más cercana a la realidad?

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía