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Vivimos en una época marcada por el descontrol gubernamental, pero éste es, también, un momento de florescencia para las grandes narrativas sobre el origen y destino de la nación, porque las teleologías sirven para que la gente se haga de la vista gorda respecto de la incapacidad de nuestros gobiernos para mitigar los resultados catastróficos de los cambios que él mismo tolera o promueve.

Ilustración: Patricio Betteo

Los cambios que se han sobrevenido en México durante los pasados treinta años han producido desplazamientos y migraciones, han provocado quiebras y han ampliado el uso rutinario de la violencia como una estrategia ordenadora de la economía; la teleología —la dirección imaginada de la historia— ha servido para minimizar estos hechos de frente a la grandiosidad de un futuro que nunca termina de llegar.

Pongo un ejemplo reciente: el 30 de septiembre 2021 circuló un video en el que una banda que se hace llamar Los Tlacos capturó, torturó y ejecutó a veintiún supuestos sicarios de otra organización, La Bandera, en las inmediaciones de Iguala.1 Tres días después, el 2 de octubre, para conmemorar con mucha solemnidad el aniversario de la ya sagrada matanza de Tlatelolco, el presidente firmó un decreto para crear la Comisión para el Acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de las Violaciones Graves de los Derechos Humanos Cometidas de 1965 a 1990.2 El gobierno no consigue investigar ni perseguir casi ningún crimen grave, y las matanzas se siguen unas a otras sin freno ni consecuencia, pero el gobierno se da baños de pureza firmando decretos para descubrir la verdadera verdad de lo que sucedió hace cincuenta años. El 2 de octubre de 1968 no se olvida, pero el 30 de septiembre de 2021 no tarda ni 24 horas en olvidarse, porque recordarlo distraería del dato principal, que es que “vamos bien”.

Así, también, se llega a acuerdos con Estados Unidos que transfieren controles migratorios de la frontera sur de Estados Unidos a la frontera sur de México, y que han hecho de Chiapas un polvorín, pero es de mal gusto señalarlo, porque el gobierno ya ideó la solución. Allí está Sembrando Vida, por ejemplo. El futuro está previsto, garantizado. Allí está el Tren Maya. Allí está PEMEX que es y será nuestro. Hay futuro, por lo cual hablar del presente resulta ser de mal gusto.

En agosto de 2020 la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) anunciaba que el número de desplazados internos en México había llegado a 346 000,3 y desde entonces han seguido los expulsados de comunidades en Guerrero, Chiapas, Michoacán, Guanajuato, Tamaulipas y Zacatecas, entre otros. El número de homicidios no ceja, y el país ya araña los 100 000 desaparecidos. Ante fracasos de esta magnitud, la inversión gubernamental en la teleología —en la Gran Historia que todo lo explica y todo lo justifica— resulta bien rentable: con apenas algo de jarabe de pico y alguna inversión en propaganda, el gobierno reduce a las catástrofes que asolan al país en “incidentes”, en “contingencias” que son siempre poca cosa junto a la grandeza luminosa del futuro.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de Antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de Nuestra América. Utopía y persistencia de una familia judía, La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.


1 “La violencia se recrudece en Iguala con la matanza de sicarios de cárteles rivales”, El País, 30 de septiembre de 2021.

2 “Investigarán violaciones a derechos humanos durante la ‘Guerra Sucia’”. El Informador, 2 de octubre de 2021.

3 “México acumula 346 mil desplazados internos: CMDPDH”, Pie de página, 20 de agosto de 2020.