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“Dios mío, otro pinche hermoso día”, dijo la heredera estadunidense Alice de Janzé mientras miraba el soleado paisaje de las zonas montañosas de Kenia desde su rancho de 600 acres. Nacida en 1899, hija de un millonario y una mujer de sociedad, Alice no la pasó tan bien en su vida: ya con un divorcio en su haber, en 1927 le disparó a su amante en el pecho, luego se disparó ella misma en el estómago, en la Gare du Nord. Asombroso que los dos sobrevivieran. Alice fue multada con dieciséis chelines. Se casó cuatro años más tarde, sólo para un año después entablar un pleito de divorcio. Los grandes amores de su vida fueron los animales. Su león adorado, Sansón, junto con un mono y un cocodrilo del Nilo, vivieron por un tiempo en su departamento en París hasta que los hijos de la nana, “no irrazonablemente”, se opusieron. Para el tiempo en que Alice estaba recuperada de su herida por el disparo, Sansón fue a dar a un zoológico que lo cuidó hasta su muerte. Alice volvió a Kenia y tuvo relación con el grupo de aristócratas del Happy Valley; hubo sospecha de que era suyo un pasador para el pelo que apareció en el auto del asesinado Lord Erroll. Ese mismo año, 1941, Alice envenenó a su perro y se disparó a sí misma: esta vez con éxito. Su última voluntad fue que los amigos hicieran un fiesta coctelera sobre su tumba.

Fuente: la historia aparece en el libros de Laura Thompson Heiresses. The lives of the million dollar babies. Head of Zeus, London, 2021.