Juan Reyes del Campillo. Profesor del Departamento de Política y Cultura, en la UAM-Xochimilco.

Cada tres años se renueva la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y cada tres años surgen las presiones soterradas, las luchas intestinas -prueba de lealtades y recurrentes traiciones- para conformar las listas de los partidos políticos. La diferencia de la reciente selección es que después de 1988 la oposición esta en condiciones de competir en unos cien distritos uninominales y los candidatos del PRI saben ya que la nominación no implica necesariamente acceso directo a una curul.

Saber como se dio este proceso, con que antecedentes partidarios y quienes fueron los escogidos nos permite un análisis de la composición de fuerzas de cada formación política (PRI, PAN y PRD), para vislumbrar cómo y con quién pretenden encarar el futuro inmediato de la modernización y la integración. ¿Será el próximo Congreso un ejemplo de nuestra política moderna?, ¿le volverá la calma después de la tempestad del 6 de julio?

Después de una eufórica XIV Asamblea, autoconvencidos de su fuerza y democracia interna, los priístas se encontraron con sus nuevos documentos básicos: declaración de principios, programa de acción y estatutos en los que se definía la nueva composición del partido por los sectores agrario, obrero y popular y por secciones territoriales organizadas con movimientos y corrientes internas de opinión.

Apareció también un título específico para escoger a sus dirigentes y postular candidatos de elección popular; para candidatos en elecciones nacionales habría convenciones de delegados electos democráticamente y consulta directa en elecciones estatales, distritales y municipales.(1) Asimismo, se acordó sobre convocatorias, plazos, registros y formas de concurrencia de los sectores y la estructura territorial. Sin embargo, el Consejo Político Nacional, máxima autoridad del partido después de la Asamblea Nacional, se reservó la atribución de autorizar los casos de excepción para no aplicar el sistema de consulta a la base y se le otorgó al Comité Ejecutivo Nacional una amplia discrecionalidad en la emisión de las convocatorias.

Al llegar la selección de candidatos a senadores y diputados de la próxima legislatura, el PRI resolvió privilegiar a los “candidatos de unidad”, a las “asambleas de información”, sin “acto particular de proselitismo ni acto de propaganda personal”,(2) que no son sino resultado del dedazo que el partido oficial tuvo que realizar -presionado por las fuerzas internas- para distribuir candidaturas, cuotas de poder que los grupos, organizaciones y camarillas exigieron para seguir refrendando su apoyo al sistema de partido de Estado. Bajo una supuesta consulta a la base, con extensos requisitos y plazos mínimos para el registro, el PRI realizó en los hechos un proceso de excepción para inhibir la participación de sus miembros.

Cuadro 1

Distribución de candidatos a diputados federales del PRI

Sector

1979-85*

1988

1991

Agrario**

  46 (15%)

    58 (17%)

    48 (14%)

Obrero

  72 (24%)

    75 (21%)

    54 (15%)

Popular

182 (61%)

   217(62%)

   248 (71%)

Total

300 (100%)

350 (100%)

350 (100%)

* Promedio entre 1979 y 1985

** De 1979 a 1988 era sector campesino

Fuente: Elaboración del autor con base en información de periódicos y revistas nacionales y locales.

Se postularon candidatos a la manera tradicional y para responder a los intereses de las fuerzas vivas; si bien esto difiere de los procesos anteriores no así en su forma sino solo en el tamaño de las cuotas, producto de los cambios en la correlación interna de fuerzas. Quien salió bastante mal librada fue sin lugar a dudas la representación corporativa la dirigencia campesina, el liderazgo de la CTM y la CROC, y la burocracia del SNTE vieron muy disminuidas sus cuotas en las candidaturas priístas. Luego de perder varias curules en 1988 ante el PAN y el FDN, la representación corporativa dejo en manos de la representación funcional, básicamente gubernamental, varias postulaciones en distritos que identificaban como propios desde la reforma política en 1979. 

El ahora sector agrario, antes campesino, en 1988 llegó a tener 58 postulaciones a la Cámara de Diputados. En 1991 recibió 48 candidaturas, de las cuales 6 correspondían a la Confederación Nacional de la Pequeña Propiedad, 3 a la CCI y 2 a comunidades indígenas. La CNC, con un promedio de 46 postulaciones entre 1979 y 1985, y que alcanzó 56 en 1988, se quedó ahora con 37.

El conjunto del sector obrero sufrió pérdidas importantes en sus nominaciones a diputados; de 75 posiciones en 1988 pasó a 54 en 1991, lo cual equivale a una reducción de 28%. Estas pérdidas recayeron en la CTM, la CROC y el sindicato minero. Varios de los distritos que estas organizaciones sustentaron desde 1979 fueron otorgados al sector popular; destacan los de Reynosa, Poza Rica, Tehuantepec, Orizaba, Matehuala, Tijuana, Guamuchil, Ciudad Obregón y el IX, XIX, XXXIV y XXXVII en el Distrito Federal.

En el caso del sector popular resultó muy significativo el aumento de funcionarios federales y locales; desde 1988, con la participación del PRI en la pista plurinominal, creció el sector popular, sobre todo los candidatos con un origen en el gobierno federal y en las administraciones locales. Aumentó la fuerza de los candidatos de corte empresarial y los del aparato del PRI y de la CNOP-UNE; después de la liquidación de “Vanguardia Revolucionaria”, el SNTE redujo su fuerza en 50%, algo parecido a lo que observamos con el CIM. Las postulaciones de mujeres merecen un análisis aparte, pues de 40 que fueron nominadas en 1988, ahora solo aparecen 25, cinco de ellas en distritos perdidos en 1988 y tres en los lugares 8, 9 y 10 de las listas plurinominales.(3)

Cuadro 2

Distribución de candidatos del sectoragrario

Subsector

1979-85*

1988

1991

CNC

44 (96%)

56 (97%)

37 (78%)

CCI 

    2 (4%)

    2 (3%)

    3 (6%)

Indígena

    2 (4%)

CNPP

   6(12%)

Total

46 (100%)

58 (100%)

48 (100%)

Cuadro 3

Distribución de candidatos del sector obrero

Subsector

1979-85

1988

1991

C.T.M.

49 (68%)

51 (68%)

41 (76%)

C.R.O.C.

11 (15%)

11 (14%)

   6(11%)

C.R.O.M.

   3 (4%)

   3 (4%)

   2 (4%)

STMMSRM 

   5 (7%)

   4 (6%)

   1 (2%)

OTROS

   4 (5%)

   6 (8%)

  4 (7%)

Total 

72 (100%)

75 (100%)

54 (100%)

Cuadro 4

Distribución de candidatos del sector popular

Subsector

1979-85

1988

1991

F. Federales

35 (19%)

43 (20%)

57 (23%)

F. Locales

32 (18%)

56 (26%)

76 (31%)

F. del PRI

34 (19%)

39 (18%)

40 (16%)

Empresarios

12  (7%)

18  (8%) 

20  (8%)

S.N.T.E. 

14  (8%)

16  (7%)

8  (3%)

BUROCRATAS

10  (6%)

9  (4%)

8  (3%)

CNOP-UNE

12  (7%)

13  (6%)

25 (10%)

ANFER-CIM

11  (6%)

9  (4%)

3  (1%)

MLITARES

8  (4%)

5  (2%)

3  (1%)

Otros*

14  (8%)

9  (4%)

8  (3%)

Total

182 (100%)

217 (100%)

248 (100%)

* Incluye Cooperativas, ANDA, FJR, desconocidos y CNPP hasta 1988.

En las candidaturas del PRI se puede observar el perfil de la nueva clase política oficial: una generación joven y con evidencias de alta escolaridad se dispone a arribar a la Cámara de Diputados para concretar el proyecto modernizador del Presidente Salinas. Destacan algunos con antecedentes en la dirección de alguna secretaría de Estado o en el CEN del partido, ahora destinados a coordinar el trabajo legislativo: Rodolfo Echeverría, Ma. de los Angeles Moreno, Cesar Augusto Santiago, Esther Scherman, Juan José Rodríguez Pratts, Oscar Pimentel, Emilio Rabasa Gamboa, Abraham Talavera, Manuel Díaz Infante, Guillermo Hopkins, José Merino Castrejón, Fernando Lerdo de Tejada, Leonel Reyes Castro, Fidel Herrera, Roberto Madrazo, Cesáreo Morales y Alfonso Oñate Laborde, que no alcanzan los 40 años en promedio. El lider de la fracción parlamentaria del PRI saldrá con seguridad de entre Gustavo Carbajal o Fernando Ortiz Arana; para apoyarlos el PRI cuenta además con 56 candidatos que tienen experiencia como diputados federales y otros tantos en las legislaturas locales.

La reforma electoral constitucional de 1989, que contó con el apoyo de un buen número de diputados panistas, deslindó con cierta nitidez a dos corrientes al interior del Partido Acción Nacional. En la medida en que el grupo mayoritario, cercano a la dirección nacional, se ha propuesto establecer una línea de diálogo, interlocución y negociación con el gobierno de la República, genera una oposición interna que se consolida en el Foro Democrático y Doctrinario y que, al margen del pragmatismo de la dirección, plantea una política basada en los principios tradicionales del partido. Así, desde la reelección de Luis H. Alvarez en la presidencia del partido, en febrero de 1990, surgieron varias confrontaciones entre los dos bandos, que han hecho temer por la unidad interna.

Los conflictos y pugnas en Nuevo León, el Estado de México, y el Distrito Federal son resultado de dos perspectivas para consolidar una organización en crisis de crecimiento. El PAN ha tenido que incorporar a nuevos miembros que le demandan espacios de participación y decisión y que a diferencia de los viejos cuadros panistas no cuentan con una rígida educación en los principios partidistas; el como incorporarlos y trasladarlos de simpatizantes a militantes con voz y con voto en las decisiones, no ha estado exento de contradicciones ni ha sido fácil para el partido. Pero la línea pragmática -medida por los triunfos electorales en León, San Luis Potosí, Baja California, Huajuapan de León, Mazatlán, Tehuacán, Saltillo, Mante o Mérida- es la tendencia que avanza y parece imponerse en cada nuevo escenario.

Con estos antecedentes era de esperarse una álgida y tensa convención para establecer el orden de los candidatos en las listas plurinominales, donde sus primeros integrantes tienen casi asegurado su ingreso a la Cámara de Diputados. En León, Guanajuato, los panistas vinculados a la dirección le ajustaron cuentas a los foristas, los dividieron y los obligaron a batirse en retirada; apoyados en los cuadros de sus organizaciones sociales -DHIAC y ANCIFEM-, bajaron a Pablo Emilio Madero hasta el quinto lugar de la tercera circunscripción y obligaron a renunciar a Jose Angel Conchello, ambos destacados dirigentes del FDD y presidentes del partido entre 1972 y 1987.

Las listas traducen el esfuerzo de la dirección nacional de negociar con las diferentes fuerzas regionales y colocar en minoría a los miembros del FDD. Asimismo, se observa que una nueva camada de panistas alcanzó a desplazar a las direcciones locales que encabezaron el partido en los últimos quince años, por lo que salieron muy pocos miembros de la vieja guardia o ex diputados federales postulados.(4)

Los dirigentes estatales del partido, los ex diputados locales y candidatos que perdieron en recientes elecciones, obtuvieron ahora las candidaturas.(5) Lo anterior deja entrever que de este modo la dirección de Alvarez se consolida mientras se construye un nuevo partido, que en verdad se desvincula de los grandes empresarios aunque sigue abriendo espacios a la participación de la sociedad civil, Muchos foristas tendrán que buscar sus curules a través de las candidaturas uninominales; si el PAN logra repetir su triunfo en unos 36 distritos como en 1988, con seguridad aumentará el número de diputados de esta tendencia. Pero hay que tener claro que la competitividad del PAN se restringe a las zonas urbanas con amplias clases medias, de modo que sus posibilidades reales se ubican entre 45 y 50 distritos electorales.

Se espera una fracción parlamentaria panista muy combativa y capaz, encabezada por Diego Fernández de Ceballos y Gabriel Jiménez Remus, que tienen el apoyo de Fernando Estrada, Gonzalo Altamirano, Cecilia Romero, Juan de Dios Castro, Luis Felipe Bravo, Daniel de la Garza y Alfredo Ling Altamirano. Los panistas conjuntan sus viejas virtudes de polemistas y amplia preparación en los temas legislativos, que seguramente influirán para que se sostengan como interlocutores del gobierno, en aras de encontrar una mayoría calificada de las dos terceras partes que permita modificar la Constitución.

La construcción del PRD ha sido difícil, sobre todo porque no puede definir todavía que tipo de partido quiere ser, ni trasladar la riqueza y vitalidad del movimiento cardenista a una estructura partidaria. Desde luego que el encono y la rudeza oficial han sido elementos fundamentales para impedir el desarrollo del PRD, pero las limitantes internas, las posiciones rígidas, la inexperiencia y la carencia de oferta contribuyen a cierta parálisis que inhibe el arribo de núcleos ciudadanos amplios y mantiene distanciados a un buen número de simpatizantes.

El cúmulo de fuerzas que dio vida al partido, en su primer congreso nacional -en noviembre del año pasado- apenas emitió su declaración de principios y estableció mecanismos para la elección del Comité Ejecutivo Nacional y su relación con el Consejo Nacional, un organismo que agrupa a 96 dirigentes nombrados por el congreso, a los dirigentes de los estados y a los senadores y diputados federales; ahí se aprecia la diversidad de fuerzas que conforman al PRD y las que entrarían en confrontación a la hora de seleccionar a sus candidatos a la representación nacional.

El partido de la Revolución Democrática estableció dos fases para designar a sus candidatos. De acuerdo con la Convención Electoral, la primera fase se realizaría mediante elecciones abiertas en los 300 distritos electorales para que la ciudadanía participara en la selección. Las elecciones se llevaron a efecto el domingo 5 de mayo en 127 distritos de 19 entidades federativas.(6) Fue evidente que el PRD no cuenta con una estructura nacional suficiente para realizar un evento de esta naturaleza, pues en muchos distritos y municipios no hubo elecciones. Se emitieron cerca de 150,000 votos, de los cuales la mitad provinieron de Michoacán y el Distrito Federal. En 32 distritos, quienes resultaron vencedores tuvieron más de mil votos; en Tabasco y Campeche no hubo elecciones, pero se realizaron reuniones distritales con amplia participación para postular candidatos únicos. Si se toma en cuenta la poca cantidad de lugares para votar es posible decir que quienes acudieron a las urnas eran sobre todo simpatizantes del partido que se trasladaron voluntariamente y casi siempre de manera personal. Hubo 75 distritos impugnados, pero bien vale decirlo, en lo esencial se trato de un proceso tranquilo.(7)

Para la segunda fase -definir la composición de las listas en las circunscripciones plurinominales-, la Convención Electoral se trasladó a la Cd. de México, el 25 y 26 de mayo. Este fue el verdadero proceso para seleccionar a la fracción parlamentaria y dejó ver la correlación de fuerzas al interior del PRD.

Las corrientes enfilaron sus baterías a salir bien libradas de la convención, dejando planchados a quienes no establecieron alianzas. El proceso no fue una invitación para que participaran algunos ciudadanos connotados sino un reparto de candidaturas entre las organizaciones fundadoras del partido. De esta manera, se constituyeron tres grandes núcleos, que son la base sustancial organizativa: la ex- corriente democrática, la izquierda social reformista y la izquierda de origen radical. Pero como ninguna es mayoritaria y ninguna garantiza por sí sola la continuidad del partido, los tres tendrán que cerrar filas y comprometerse con su desarrollo.

Así las cosas, el PRD tendrá que enfrentar su primera experiencia electoral a nivel federal con posibilidades de ganar en unos 30 distritos electorales uninominales. La llamada cuenca cardenista, el Distrito Federal y su zona conurbada, la zona de La Laguna y el Estado de Tabasco y de Morelos, ofrecen sus mejores oportunidades para obtener curules. Por el lado de la pista plurinominal, un buen número de dirigentes locales y algunos dirigentes sociales vinculados al partido tiene garantizado su ingreso a la Cámara. El trabajo legislativo estará coordinado por Cristóbal Arias y Gilberto Rincón Gallardo, con el apoyo de Ricardo Valero, Othón Salazar, Octavio Alanís, Jorge Calderón, Camilo Valenzuela, Raymundo Cárdenas, Carlos González Durán y Jorge Moscoso.

Con el COFIPE en marcha, sin duda veremos al partido oficial con una proporción mayor de curules en relación a su porcentaje de votos. Se legalizó una sobrerrepresentación para la mayoría en la Cámara que, después de contar con la mitad más uno de los diputados, significa obtenerlos curules más por cada punto porcentual por encima del 35% de la votación. Hay que agregar que con la fórmula de primera proporcionalidad, que se aplica para repartir las curules plurinominales a la oposición, las dos primeras diputaciones se obtienen con muy pocos votos, lo que tiende a beneficiar a los partidos pequeños.

Pareciera que entre el PRI y las minorías pequeñas van a exigirles al PAN y al PRD un número bastante alto de votos por cada curul. En apariencia las cosas son así sin embargo hay que observar que, por cada distrito ganado, los votos de la oposición cuentan también en el reparto de las curules proporcionales; esto es, cuentan dos veces. Es por eso que los partidos grandes de oposición tendrán que ganar diputaciones uninominales si no quieren ver disminuida su representación en la Cámara. El gobierno piensa orillar al PRD hasta el filo de la navaja de este escenario. Si le impide ganar distritos, con o sin fraude, cada curul del PRD tendrá un altísimo valor en votos. Pero la suerte de los pequeños tampoco está resuelta; habrán de ganar votos para mantener su registro, pues el PRI no tendrá contemplaciones ni les obsequiará ningún voto.

(1) PRI, Documentos básicos. En sentido estricto de las elecciones nacionales no existen en México; se celebran elecciones federales o locales.

(2) convocatoria, 7 de mayo de 1991.

(3) Esta disminución se debe en gran parte a que: CTM solo postuló a Graciela Larios en Colima a Gloria Mendiola en Nuevo León, y la CNC únicamente a Ignacia García López en Zongolica, Veracruz.

(4) De la actual legislatura, solo un tercio de 105 panistas tenía menos de 40 años al llegar a la Cámara. Presidencia de la República, Diccionario Biográfico, Diana, 1989.

(5) Destacan, entre estos últimos, Rafael Morgan Alvarez en Mexicali, Ana Teresa Aranda en Puebla y Luis Felipe Bravo en Naucalpan.

(6) En otros 75 distritos se presentaron candidatos únicos. La Jornada, 3 de marzo de 1991, PRD, Colegio Nacional Electoral, Relación de precandidatos.

(7) PRD, Colegio Nacional Electoral, Informe (preliminar) sobre el proceso electoral realizado el 5 de mayo de 1991.