Federico Berrueto Pruneda. Miembro de la Dirección Nacional de UNE

La integración de la Cámara de Diputados ofrece un interés crucial; este órgano deliberativo y de decisión representa el espacio institucional más relevante en la definición y práctica de las nuevas reglas del juego político interpartidista y, en consecuencia, es esencial para el perfeccionamiento e institucionalización de la vida democrática del país.

El gobierno camaral, y las posibilidades de legislar y realizar las funciones de control horizontal de gobierno, se define en la fórmula de asignación que constituye a la mayoría. Las normas de integración determinan la participación de los partidos minoritarios, y su contribución, conjunta e individual en la realidad política actual y en el futuro, debe entenderse imprescindible en la formación, análisis y discusión de las decisiones políticas fundamentales.

La representación proporcional que se introdujo en 1963 mediante la figura de los diputados de partido, así como las reformas previas a 1986, tuvieron el propósito de facilitar el acceso de los partidos minoritarios a la Cámara de Diputados. En la actualidad, la idea que sustenta a la representación proporcional es la de matizar o atenuar los efectos de la sobre y subrepresentación de un sistema de mayoría relativa; asimismo, la de establecer bases para la integración de una mayoría parlamentaria en el marco de una creciente competitividad y diversidad partidista.

En un sistema de mayoría relativa es aritméticamente posible que un partido político minoritario (en relación al total de votos en un país) ostente la abrumadora mayoría de los asientos en el parlamento. De este modo, se genera una situación de sobrerrepresentación con respecto al total de las preferencias partidistas ciudadanas, a costa de la subrepresentación de las fuerzas políticas que, a pesar de una gran presencia a nivel nacional, no tienen la capacidad para obtener triunfos de mayoría relativa en los distritos.

En las elecciones de 1988 el PRI obtuvo 52% de los votos efectivos y triunfo en 233 distritos; si la Cámara se integrará exclusivamente por mayoría relativa, con tal porcentaje el PRI hubiera obtenido el 78% de las curules. El Partido Mexicano Socialista obtuvo 3.80% del total de los votos y no triunfó en ningún distrito de mayoría relativa; en tal sistema, dicha organización estaría despojada de la representación. No es casual que por la lógica de los números la mayoría relativa tenga mayor vigencia en los sistemas bipartidistas.

En el marco de una proliferación de partidos y de una competencia electoral más intensa, la representación proporcional pura complicaría la formación del gobierno camaral, con el riesgo de que una minoría pequeña se constituya en fuerza privilegiada que, al operar como fiel de la balanza, desvirtuará el pluripartidismo y el juego entre los grupos parlamentarios fundamentales. Este sistema posibilitaría así la formación del gobierno camaral de minorías con los consiguientes problemas de inestabilidad o parálisis gubernamental que resultan de la mediación de un difícil denominador común de la diversidad con el gobierno. En cuanto a la representatividad, tiene el inconveniente de que se substrae de la representación territorial; las entidades y territorios generadores del mayor volumen de votos anulan la representatividad de las unidades geopolíticas menores.

Así, las modificaciones en la representación proporcional de la legislación electoral mexicana atienden al propósito de crear normas acordes a la nueva realidad política y electoral del país, en la que se equilibran las bondades y limitaciones del sistema de mayoría relativa y el de representación proporcional.

El sistema de representación de la Cámara de Diputados es mixto con un dominante mayoritario, puesto que el mayor número de las curules en la Cámara se resuelve por el principio de elección de mayoría relativa, y corresponde a los trescientos distritos en los que se ha dividido la geografía nacional, conforme al desactualizado censo de población de 1970. Doscientos diputados son electos por el principio de representación proporcional con base en las listas regionales que los partidos políticos presentan para las cinco circunscripciones plurinominales.

Una vez que un partido sobrepasa el 35% de los votos, el criterio para decidir cuál es la fuerza mayoritaria se basa en que fuerza política obtuvo el mayor número de distritos de mayoría relativa aunque tenga menor porcentaje de votos. Asimismo, el carácter dominante del sistema de representación mayoritario se muestra en la norma que establece que para que un partido tenga derecho a la representación proporcional, debe participar con candidatos en cuando menos las dos terceras partes de los distritos uninominales. Aunque todavía se conserva el propósito de facilitar la representación de las fuerzas minoritarias, ya que una vez que sobrepasen el 1.5% de los votos tendrán la posibilidad de acceso “barato” a dos diputados por circunscripción. Con las reformas de 1986 y 1989 la representación proporcional busca perfeccionar la representación de todas las fuerzas políticas y la formación de una mayoría parlamentaria.

En la realidad electoral vigente, y de conformidad a las nuevas normas, la asignación de curules por la vía de la representación proporcional representan uno de los aspectos más innovadores y problemáticos para el partido mayoritario. Por una parte, ofrece una oportunidad de acceso a la representación popular adicional al de mayoría relativa; quienes figuren en las primeras posiciones en los listados tendrán ingreso garantizado sin pasar por el riesgo de perdida o por las vicisitudes que se derivan de la campaña electoral y del eventual desgaste propio de la calificación individualizada de los diputados de mayoría relativa. Por otra, existe la incertidumbre sobre el número de los seleccionados que ingresarán a la Cámara y sobre la asignación de lugares preferentes.

En las reformas recientes los efectos de la representación proporcional respecto al partido mayoritario son diversos y dependen del total de sus sufragios validos. En el segmento de 35% al 50% de los votos, el efecto será el número suficiente de curules que le permitan obtener no solo la mayoría absoluta sino, además, la integración de una sólida mayoría, según el tamaño del porcentaje. Entre 51% y 59% será un medio para aproximar el porcentaje de votos con el porcentaje de diputados respecto al total de la Cámara, en condiciones de una ligera sobrerrepresentación. En el espectro entre 60% y 70%, el efecto es igualar el porcentaje de votos y el porcentaje de curules.

Habría casos de sobrerrepresentación por el hecho de que el partido mayoritario obtuviera una cantidad de curules que signifiquen una cantidad superior a su porcentaje de votos y por arriba de la sobrerrepresentación que establece la ley; por ejemplo, un partido que triunfe en 275 distritos con 40% de los votos. En este caso no puede disminuirse el número de curules que obtenga la mayoría relativa, pero no habrá lugar a la asignación de diputados de representación proporcional. La ley establece como límite de la representación del partido mayoritario, que ningún partido podrá obtener más del 70% de las curules -trescientas cincuenta-, al margen del porcentaje de votos.

En la hipótesis de que no exista ningún partido con más del 35% de los votos y con el mayor número de constancias de mayoría relativa, se estará en el marco de un sistema de representación proporcional pura: cada partido tendrá el número de diputados que corresponda a su porcentaje de votos, con la salvedad de un partido con un número de curules de mayoría relativa que represente en la Cámara un porcentaje superior a su porcentaje de votos. Ejemplo: 25% de los votos y mayoría relativa en 150 distritos; caso, por cierto, que no se prevee explícitamente en la Constitución ni en el COFIPE.

Hay otras hipótesis extremas que no resuelve la ley. Tal sería el caso si los distritos de mayoría relativa quedarán dispersos en todos los partidos contendientes, de modo que la asignación de los doscientos diputados de representación proporcional resultará insuficiente para la integración de la mayoría absoluta (ejemplo: de los diez partidos contendientes, ocho tienen 30 curules de mayoría; uno, 29, y el mayoritario 31 con más de 35% de la votación). Otro supuesto es el de una hipermayoría, en la que ningún partido, excepto el mayoritario, obtiene el porcentaje mínimo para tener derecho a la representación proporcional. Por último se daría el caso de que el partido mayoritario obtuviera un elevado número de curules, pero con una concentración de votos por circunscripción tan pronunciada que el número de curules asignables (cuarenta) no sería suficiente para la asignación que establece la ley.

De la lógica de asignación se infiere que para el partido mayoritario el número de curules de representación proporcional dependerá del número de triunfos en los distritos y del porcentaje de votos. En el supuesto de un elevado porcentaje de votos con un bajo número de curules de mayoría relativa habrá un elevado número de diputados de representación proporcional; con un bajo porcentaje de votos y con un elevado número de diputados de mayoría relativa, habrá un bajo o inexistente número de diputados de representación proporcional.

Para ilustrar esta mecánica presentamos la siguiente matriz de resultados meramente hipotéticos (los renglones se refieren al porcentaje de votos del partido mayoritario, las columnas al número de triunfos de mayoría relativa; de la combinación de ambos se ofrece el número total de curules; entre paréntesis figura el número de curules de representación proporcional).

Una estimación de los diputados de representación proporcional que obtendría el partido mayoritario queda condicionada a dos variables: el porcentaje de votos y el número de triunfos de mayoría relativa. En este sentido, es recurrente el empleo inapropiado de los resultados de los pasados comicios federales para explicar las posibilidades de asignación de curules.

En 1988, el PRI obtuvo 9 millones 276,934 sufragios que representaron el 52% de la votación válida, es decir, se excluyeron los votos nulos y la votación de los partidos que no consiguieron el 1.5% de los votos. Se afirma que bajo las nuevas normas de asignación el PRI debería tener 285 diputados (251 curules que representan la mayoría absoluta, más dos curules por cada punto porcentual superior al 35%, es decir, 17X2=34; 251+34=285). Si el PRI ganó 233 curules de mayoría relativa, esto significa que debía obtener 52 diputados de representación proporcional. Por cada punto porcentual de incremento el PRI lograría dos diputados adicionales de representación proporcional. Esta apreciación descansa en supuestos falsos. De los 67 distritos en los que el PRI no obtuvo mayoría, en 17 casos esto fue resultado de la figura de candidato común de partidos. En el supuesto de una ausencia total de candidaturas comunes o de coaliciones, los resultados de 1988 habrían significado 250 triunfos de mayoría relativa para el PRI y, bajo las nuevas bases de asignación, 35 diputados de representación proporcional, en vez de los 52 estimados.

Un incremento en el porcentaje de votos a favor del PRI (en la hipótesis de que entre los otros partidos no se modificará a nivel distrital el grado de concentración de los votos), no necesariamente significa mayores curules de representación proporcional, ya que este incremento implica mayores posibilidades de triunfos de mayoría relativa y, por lo mismo, puede suponerse que el aumento se acompañaría de un número cada vez mayor de curules de mayoría relativa y, en consecuencia, una cantidad menor de diputados de representación proporcional.

Sin embargo, el número de diputados de mayoría relativa depende tanto del porcentaje global que obtenga la fuerza mayoritaria, como del grado de concentración del voto opositor. No olvidemos el llamado “síndrome Baja California”: mientras que en los comicios federales de 1988 el PRI tuvo una votación ligeramente por abajo de la votación del FDN, en los comicios locales el PRI incrementó sus votos en números absolutos y relativos, no obstante la concentración del voto opositor en casi un solo partido, el PAN, lo que hizo engañoso el avance del PRI.

Aunque la mayoría relativa y el porcentaje de votos están asociados, ambos tienen un comportamiento en cierto modo independiente. En teoría, con un menor porcentaje se puede ganar un mayor número de distritos de mayoría relativa, al igual que un incremento en el porcentaje de votos puede darse en el marco de un menor número de triunfos de mayoría.

Queda así de manifiesto el principio general de que la participación de la mayoría en la Cámara de Diputados esta condicionada, en primer término, por el porcentaje de votos tal como se expresa en la tabla 2. El número total de diputados de la mayoría depende del porcentaje de votos; el número de curules de representación proporcional dependerá, bajo un mismo porcentaje, del número de curules de mayoría relativa.

Si consideramos una variación de los votos entre el 50% y el 65%, y triunfos de mayoría relativa de 230 a 260, excluyendo los casos extremos de incongruencia (alto porcentaje con bajo número de mayoría relativa y bajo porcentaje con alto número de mayoría relativa), el partido mayoritario obtendría entre 25 y 65 curules de representación proporcional. En una aproximación meramente cuantitativa a los resultados de 1988, combinado con un incremento de votación para el mayoritario, se puede estimar que en dicho espectro se ubican las posibilidades de representación proporcional para el PRI.

La asignación de curules al interior de las cinco circunscripciones en que se divide el territorio nacional se hace tomando en cuenta el peso de votos que el partido mayoritario tenga en cada una de las circunscripciones sobre el total de votos de dicha organización. A mayor número de votos obtenidos por circunscripción, mayor será el número de diputados que le correspondan al partido mayoritario.

Existe la idea errónea de que las posibilidades de diputados de representación proporcional al interior de la circunscripción se relaciona, también, al número de curules de mayoría que se obtengan o pierdan en esa circunscripción. Conforme a las reglas en juego, el único impacto regional se refiere a la cantidad de votos que el partido mayoritario obtenga en la circunscripción y de ninguna forma al número de triunfos o derrotas de mayoría en la circunscripción.

En pocas palabras, para determinar la distribución de los curules en las circunscripciones, hay que medir la proporción de votos que tenga el partido mayoritario en cada circunscripción territorial. Las proporciones determinarán el patrón de distribución de diputados en cada circunscripción.

En la tabla 3 se resume la distribución de votos del PRI por circunscripción en las últimas siete elecciones federales.

De la información agregada por circunscripción podemos estimar las tendencias y la distribución de votos del PRI en las últimas siete elecciones federales. Sobresalen las circunscripciones que modificaron su patrón de concentración de votos priístas en los comicios de 1988: por un lado, las circunscripciones primera y quinta, sedes de la zona central del país, bajaron su participación del total de los votos priístas en más de tres puntos porcentuales, mientras que la tercera lo incrementó en más de seis; la segunda y la cuarta mostraron la menor variación.

Un intento por estimar la distribución de curules sobre un escenario análogo al de 1988, tiene como límite que parte de una situación atípica respecto a los previos patrones de comportamiento. Por lo mismo es conveniente considerar dos modelos de distribución de curules: uno con base en los resultados de 1988 y otro que resulta del porcentaje medio que ha habido en cada circunscripción en los últimos tres comicios.

Los errores en la información histórica, la influencia de los actos de gobierno sobre los resultados electorales, el nuevo padrón electoral, la eficacia de la organización partidista y las campañas electorales, dificultan cualquier ejercicio de estimación de los resultados electorales y, en consecuencia, de anticipación sobre los posibles volúmenes de votación en las circunscripciones y el grado de concentración del voto priísta sobre la base de una simple proyección de los resultados de 1988. Las encuestas de opinión y la proyección de tendencias de votación sugieren un incremento importante de la votación del PRI que media entre el 55% y el 65%. Con las poderosas reservas del caso, en la tabla 5 presentamos los rangos de probabilidad de elección de diputados para el partido mayoritario.

En el segundo periodo ordinario de sesiones de 1990, el Congreso de la Unión procedió a la reforma del recién aprobado Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales. Lo inusitado del evento: la reforma a una ley que todavía no iniciaba su aplicación. La importancia del tema que se abordo: la representación proporcional para el partido mayoritario. La desinformación, y en algunos casos la mala fe y la ignorancia, como lo mostró la postura de la dirigencia nacional del PRD, impidieron que el tema se ventilara con claridad y precisión en las deliberaciones parlamentarias y ante la opinión pública.

La reforma al COFIPE fue la solución a un debate inconcluso entre el PRI y las fuerzas minoritarias sobre a interpretación al artículo 54 de la Constitución, que se refiere a la asignación de curules para el partido mayoritario. Conforme al texto constitucional, procedían dos interpretaciones que el COFIPE no resolvió en su texto original y que trata de la estimación de curules que deban corresponderle al partido que se encuentre en el supuesto de más de 251 triunfos de mayoría relativa y un porcentaje entre 35% y 60% de la votación. ¿Como estimar el número total de curules para el partido que obtenga, por ejemplo, 280 triunfos de mayoría relativa y 58% de los votos?

Como ya lo explicamos, al partido mayoritario le corresponden dos curules por cada punto porcentual superior al 35% (en nuestro ejemplo sería 58-35=23; 23X2=46 curules). Ahora bien, ¿éstas 46 curules se suman a la mayoría absoluta (interpretación A), es decir, 251, o al total de curules de mayoría absoluta (interpretación B), es decir, 280?

La solución que ofreció la reforma al COFIPE, se dió en términos de la interpretación A, que favorece a los partidos minoritarios porque evita un incremento en la sobrerrepresentación del partido mayoritario y, además, es congruente con la lógica numérica de la representación proporcional que establece la Constitución. De resolverse en el segundo sentido, el partido mayoritario se vería absurdamente penalizado con el simple incremento de su porcentaje; en nuestro ejemplo, el hecho de que el partido mayoritario incrementara su votación en dos puntos porcentuales, es decir, a 60%, significaría que dicho partido reduciría el número de curules de 326 a 300 por el hecho de aumentar su porcentaje.

La reforma posterior al COFIPE resolvió la laguna en la Constitución para el supuesto de que un partido obtuviera más de 251 curules de mayoría relativa y un porcentaje entre el 35% y el 60% de los votos, en términos de congruencia numérica y de evitar la sobrerrepresentación del partido mayoritario.

La ley establece que el partido mayoritario no podrá tener más del 70% de las curules, es decir, 350. Esto significa que el ámbito mínimo de representación de las oposiciones es de 150 diputados. La legislación determina, también, los requisitos mínimos para tener derecho a la representación proporcional: postular candidatos en 200 distritos de mayoría relativa y obtener 1.5% del total de los sufragios emitidos.

Al incorporar al partido mayoritario en la representación proporcional, el sistema de representación vigente establece la determinación del número de curules que habrán de corresponderle; una vez que se resuelve el caso del mayoritario, sobre el remanente se procede a la asignación de curules para las oposiciones.

La Ley de Organizaciones Políticas y Procedimientos Electorales introdujo en 1977, a la par de la fórmula de la representación mínima, la trascendental y vigente fórmula de primera proporcionalidad como medio para asignar curules a los partidos minoritarios.

La expresión legal y numérica de la fórmula de primera proporcionalidad presenta una aparente complejidad que rehuye el análisis y la comprensión de sus implicaciones con respecto a la representación de las fuerzas políticas minoritarias. La fórmula es sencilla: se trata de una simple asignación proporporcional de las curules, conforme a la votación de cada partido en las circunscripciones, con la modalidad de un “subsidio” que beneficia a las pequeñas minorías y que consiste en “abaratar” a la mitad las dos primeras curules de cada circunscripción plurinominal. Esta asignación subsidiada corresponde a lo que la ley llama asignación por coeficiente rectificado.

El análisis del impacto que tiene la fórmula de primera proporcionalidad sobre la integración de la Cámara de Diputados presenta interesantes efectos que deberían ser la base para una estrategia electoral de las oposiciones que les permitiera optimizar los efectos numéricos del sistema mixto de representación en la ley.

Hay que precisar el beneficio de la primera proporcionalidad a los partidos minoritarios con respecto a las oposiciones mayores y medias. Sus efectos son complejos y no pueden anticiparse generalizaciones si no se tienen en claro los escenarios de posibles resultados; poco valor tienen las hipótesis de asignación basadas exclusivamente en las normas legales, si estas no se vinculan a la realidad electoral y eventualmente a posibles resultados.

Para determinar los efectos diferenciados de la representación proporcional de las oposiciones, en el marco del contexto electoral del país, es útil clasificar a los partidos minoritarios en tres segmentos conforme al volumen de votación:

a) Primeras oposiciones. Es el caso de los partidos que en condiciones de disputar triunfos de mayoría relativa en más de 15% de los distritos (cuarenta y cinco) y que tienen un porcentaje de votación nacional superior a 15%. Históricamente, sólo el PAN ha tenido este carácter.

b) Oposiciones medias. En esta categoría se ubican partidos con escasa presencia en triunfos de mayoría relativa y que tienen un porcentaje de votación muy superior al mínimo legal, pero inferior al 15%. En tal segmento se pueden ubicar -antes de 1988- al PSUM y PDM. En los comicios pasados, al PPS, PFCRN, PARM y al PMS. Si los partidos vuelven a sus niveles históricos previos a 1988, como ha sido la tendencia en los comicios locales, en 1991 el PRD será la única organización dentro de dicho segmento.

c) Oposiciones minoritarias. Aquellas que difícilmente obtendrían más de tres diputados de mayoría relativa y un porcentaje de votación entre 1.5 y 3.0%.

En el proceso de asignación de curules, las oposiciones enfrentan una doble y simultánea competencia: al exterior, en relación al partido mayoritario y, al interior, entre ellas mismas. Por otra parte, debe destacarse una diferencia fundamental entre la asignación que le corresponde al mayoritario y la de las oposiciones. En el primer caso hay una necesaria proporcionalidad de curules según sea la votación en las circunscripciones; en el caso de las oposiciones, no es una asignación nacional distribuida de manera proporcional en las circunscripciones, sino cinco asignaciones distribuidas de manera proporcional a la votación obtenida por los partidos minoritarios en cada una de las circunscripciones.

Esto produce dos efectos. Primero: las posibilidades de curules de representación proporcional, se incrementarán en la medida en que el partido mayoritario no obtenga una alta participación en la circunscripción de referencia. Si el partido mayoritario concentra sus votos en una circunscripción, y de esta forma asegura curules de representación proporcional, afectará a los partidos que concurran con una alta votación en esa circunscripción. De este modo los partidos minoritarios optimizan la asignación si obtienen su mayor votación en las circunscripciones en las que el partido mayoritario haya obtenido una baja votación y en consecuencia un bajo número de curules. Segundo: las posibilidades de asignación no descansan en la concentración de la votación nacional de un partido en las circunscripciones, sino en la forma en que los votos de los partidos se distribuyen al interior de las circunscripciones. Como el sistema de asignación necesariamente implica que en cada circunscripción existan cuarenta diputados de representación proporcional, si en una circunscripción un partido obtiene pocos votos respecto a su votación nacional, pero en dicha circunscripción no concurre con otros partidos, esta organización se llevaría la parte del león de las curules, aunque tuviera poca votación comparada con otras circunscripciones.

Diversos ejercicios sobre posibles escenarios de resultados electorales muestran que, respecto a la primera oposición, la inequidad cuantitativa de la primera proporcionalidad se equilibra por el número de triunfos de mayaría relativa que esa fuerza obtiene. En una aproximación, meramente cuantitativa, es lógico suponer que las oposiciones mayores son las fuerzas que, después del mayoritario, obtendrán triunfos de mayoría relativa.

PRIMERAS OPOSICIONES

Existe la idea de que el sistema de representación imperante favorece a las oposiciones minoritarias, respecto a los demás partidos opositores. Para el caso de las primeras oposiciones, tal afirmación, teóricamente válida, merece algunas precisiones a la luz de la realidad electoral prevaleciente.

Toda vez que para las oposiciones la representación proporcional es independiente respecto a la mayoría relativa, es decir, que para la asignación por la vía proporcional no importa el número de curules que un partido haya obtenido por mayoría relativa, las primeras oposiciones tienen la ventaja de poder acumular curules por las dos vías. Si bien el subsidio de la primera proporcionalidad afecta a las oposiciones minoritarias, también lo es que por la vía de la mayoría relativa obtienen la posibilidad de contrarrestar dicha desventaja.

Cabe señalar entonces los efectos de concentración de votos que caracterizan a los partidos minoritarios. Esta situación hace que el beneficio de las minorías pequeñas sean aprovechables parcialmente.

El PAN

El Partido Acción Nacional se ha perfilado con una gran claridad y consistencia como primera oposición. En 1979 fue una fuerza competitiva (distritos ganados o distritos perdidos por una diferencia menor al 10% de los votos) en 11 distritos electorales; en 1982, en 12 distritos; en 1985, en 20 distritos, y en 1988 en 81 distritos de los cuales ganó 38.

A manera de hipótesis, si para 1991 se considera un ligero incremento al nivel histórico de votación del PAN, su votación fluctuaría entre el 18% y el 22%. Bajo estos supuestos, y para que no hubiera efectos de subrepresentación, la meta a lograr mediante las dos vías sería entre noventa y ciento diez curules.

Si la tendencia de incremento del PAN se acompañara con un aumento del porcentaje de votación del PRI en diez puntos porcentuales respecto a 1988, segurarnente el PAN obtendría menos triunfos de mayoría relativa. Por otra parte, la existencia de otros nueve partidos contendientes incrementa la demanda por curules de representación proporcional, en el supuesto de que todas las organizaciones contendientes lograran una votación superior al 1.5%.

En un ejercicio hipotético, pero estrechamente vinculado a las tendencias electo ales de los últimos comicios federales -la definición de metas óptimas de asignación y de porcentajes de votación-, el posible escenario sería del orden siguiente: el PRI obtiene una votación entre 58% y 62%; dos partidos no tienen derecho a la representación proporcional; el PRD obtiene una votación del 9.3%; para los demás partidos su votación fluctúa entre 1.7% y 2% con concentración de votos en circunscripciones en términos análogos a 1985; el PRI baja su porcentaje de votos conforme aumenta el del PAN.

Para lograr esta meta, la asignación de curules de representación proporcional por circunscripción correspondería al patrón de distribución que se indica arriba.

OPOSICIONES MEDIAS

El sistema de representación vigente muestra sus efectos adversos con mayor claridad en el caso de las oposiciones medias, toda vez que éstas, al no contar con una votación al interior de los distritos que les permita obtener triunfos de mayoría relativa, no pueden contrarrestar los efectos del beneficio a las oposiciones minoritarias.

Una estrategia de optimización de curules debe dirigirse a incrementar el número de curules de mayoría relativa. Por otra parte, para optimizar el mecanismo de asignación de curules las oposiciones medias deben, en su estrategia electoral, fortalecer su votación en las circunscripciones en donde la(s) oposición(es) mayor(es) tenga una escasa presencia y en donde los partidos minoritarios obtengan una votación tan baja que, aun con el subsidio, no les permita lograr curules.

El PRD

El Partido de la Revolución Democrática debe entenderse como una organización política que se manifestara como síntesis del voto tradicional del partido más importante del espectro socialista (PCM, PSUM y PMS) y un fragmento de lo que fue el FDN en 1988.

Para 1991 se espera que el PRD obtenga una votación considerablemente superior a la del PMS en 1988, aunque muy inferior a la del FDN. Un parámetro nacional de votación esperada será análogo al del PFCRN o al PPS en 1988. En tal sentido se espera que este en condiciones de disputar un número no mayor de 35 distritos con triunfos en no más de 12. 

En la definición de metas óptimas de asignación para el PRD, el escenario posible sería del siguiente orden: el PRI obtiene un porcentaje de votación entre 58% y 62% de los votos; dos partidos no tienen derecho a la representación proporcional; el PAN obtiene una votación de 18%; la votación de los demás partidos varía entre 1.7% y 2%; el PRI baja su porcentaje de votación conforme aumenta el del PRD.

En la obtención de tal número de curules -de conformidad al patrón de distribución de votos por circunscripción del FDN en 1988, las curules por circunscripción se asignarían de la siguiente manera:

OPOSICIONES MINORITARIAS

Aunque el acceso a dos curules se facilita por la fórmula de la primera proporcionalidad, las oposiciones minoritarias tienen la limitación que se deriva de una gran concentración de votos en dos o tres circunscripciones, por lo que las ventajas a obtener se ven limitadas.

En consecuencia, las oposiciones minoritarias deben conducir su estrategia electoral hacia una mayor distribución de sus votos en las circunscripciones a efecto de maximizar el beneficio de la ley.

El Valle de México se revela como la principal base electoral para los partidos de influencia socialista. Por otra parte, existen casos como los del PARM y el PDM que antes de los comicios de 1988 concentraban su votación en regiones de Tamaulipas (el primero) y de Guanajuato, Aguascalientes y Jalisco (el segundo).

El reto inmediato para estas organizaciones es doble: obtener una votación superior a 1.5% de la votación nacional y distribuir su votación en las cinco circunscripciones para optimizar el beneficio que representa la asignación por coeficiente rectificado.

A groso modo podemos estimar que para que dichos partidos obtengan una curul de coeficiente rectificado o en “barata”, deberán obtener el 1.5% de la votación efectiva de la circunscripción (excluidos el PRI y los partidos que no tuvieron el 1.5% de la votación) en las circunscripciones con baja presencia del PRI (1a y 5a). En las circunscripciones con alta presencia del PRI (3a), el porcentaje sobre la votación efectiva, por curul de coeficiente rectificado o “barata”, sera del 1.8%.

Expresiones electorales de representación proporcional por circunscripción (1985, 1988).

LA 1A CIRCUNSCRIPCIÓN

El partido mayoritario tiene una baja participación de curules ya que dicha circunscripción encuentra como medida histórica el 17% de los votos de los priístas; si el PRI obtuviera 39 diputados de representación proporcional en esta circunscripción, obtendría 7 de los 40 diputados, quedando 32 para asignar a las oposiciones.

Tabla 4: Distribución de curules por circunscripción modelo 1988

Total

I

II

III

IV

V

15.04%

20.93

29.88%

17.79%

16.35%

25

4

5

8

4

4

26

4

5

8

5

4

27

4

6

8

5

4

28

4

6

8

5

5

29

4

6

9

5

5

30

5

6

9

5

5

31

5

6

9

6

5

32

5

7

9

6

5

33

5

7

10

6

5

34

5

7

10

6

6

35

5

7

11

6

6

36

5

8

11

6

6

37

5

8

11

7

6

38

6

8

11

7

6

39

6

8

12

7

6

40

6

8

12

7

6

41

6

9

12

7

7

42

6

9

13

7

7

43

6

9

13

8

7

44

7

9

13

8

7

45

7

9

14

8

7

46

7

10

14

8

7

47

7

10

14

8

8

48

7

10

14

9

8

49

7

10

15

9

8

50

8

10

15

9

8

51

8

11

15

9

8

52

8

11

16

9

8

53

8

11

16

9

9

54

8

11

16

10

9

55

8

12

16

10

9

56

8

12

17

10

9

57

9

12

17

10

9

58

9

12

17

10

10

59

9

12

18

10

10

60

9

12

18

11

10

61

9

13

18

11

10

62

9

13

19

11

10

63

10

13

19

11

11

64

10

13

19

11

11

65

10

14

19

11

11

Tabla 5:

Distribución de curules por circunscripción modelo porcentaje medio

de las ultimas tres elecciones

Total

I

II

III

IV

V

17.24%

19.95%

26.65%

17.81%

18.35% 

25

4

5

7

4

5

26

4

5

7

5

5

27

5

5

7

5

5

28

5

6

7

5

5

29

5

6

8

5

5

30

5

6

8

5

6

31

5

6

8

6

6

32

5

6

9

6

6

33

6

6

9

6

6

34

6

7

9

6

6

35

6

7

9

6

7

36

6

7

10

6

7

37

6

7

10

7

7

38

6

8

10

7

7

39

7

8

10

7

7

40

7

8

11

7

7

41

7

8

11

7

8

42

7

8

11

8

8

43

7

9

11

8

8

44

7

9

12

8

8

45

8

9

12

8

8

46

8

9

12

8

9

47

8

9

13

8

9

48

8

10

13

8

9

49

8

10

13

9

9

50

9

10

13

9

9

51

9

10

14

9

9

52

9

10

14

9

10

53

9

11

14

9

10

54

9

11

14

10

11

55

9

11

15

10

10

56

10

11

15

10

10

57

10

11

15

10

11

58

10

12

15

10

11

59

10

12

16

10

11

60

10

12

16

11

11

61

11

12

16

11

11

62

11

12

17

11

11

63

11

13

17

11

11

64

11

13

17

11

12

65

11

13

17

12

12

En dicha circunscripción, como resultado del patrón de votación del Distrito Federal, todas las oposiciones tienen alta votación, esto hace que se incremente la demanda de curules por todos los partidos.

Aun estimando resultados conservadores para las oposiciones minoritarias, es muy probable que todos los partidos, con excepción de los que no obtengan 1.5% de la votación nacional, alcancen las dos curules “baratas” o de coeficiente rectificado.

Esto significa que para la primera oposición y la intermedia, se encarezca el costo en votos de las curules a asignar por cociente de unidad, es decir, una vez que se asignen a las minorías las curules subsidiadas.

El PAN, al tener el porcentaje más alto, aproximadamente 46.89% de la votación efectiva (excluyendo a la del PRI y los partidos minoritarios que no lograron 1.5%), obtiene el mayor número de curules. Todos los partidos obtienen 2 curules baratas o de coeficiente rectificado, con la posibilidad de un partido con baja votación en el centro, como fue el caso del PARM en 1985, y de un partido que obtiene casi 50% de sus votos en la zona metropolitana del Valle de México, como fue el caso del PMT en el mismo año.

LA 2A CIRCUNSCRIPCIÓN

En tal territorio se estima que el PRI mantenga lo que ha sido una constante del 20% de sus votos y, en consecuencia, tal porcentaje de las diputados de representación proporcional que le correspondan. Esto significa ocho diputados en el supuesto de 39 curules a asignar al PRI.

En las entidades que corresponden a dicha circunscripción (Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato, Aguascalientes, Querétaro e Hidalgo) las izquierdas han tenido poca presencia, mientras que el PAN ha manifestado una generalizada eficacia.

La exigua presencia de fuerzas opositoras, suponiendo que los comicios de Guanajuato no afecten el patrón histórico de comportamiento electoral, haría que el PRD tuviera un número muy bajo de curules y que varios partidos minoritarios no pudieran aprovechar el acceso a las curules baratas o de coeficiente rectificado. Se plantea entonces la posibilidad de que un partido minoritario, con un perfil como el del PDM, pueda obtener cuatro curules.

Un posible escenario de asignación en dicha circunscripción, bajo los supuestos enunciados, anteriormente para la circunscripción primera sería:

LA 3A. CIRCUNSCRIPCIÓN

En esta circunscripción, integrada por las entidades del Golfo y el Caribe, incluyendo a Chiapas y Nuevo León, el PRI obtiene el mayor volumen de votos, aproximadamente 28% respecto a las otras circunscripciones. Tal situación hace que el PRI obtenga 12 curules en el supuesto de 39 diputados de representación proporcional a asignar al PRI. Esto significa una disminución del volumen de curules asignables a las oposiciones en relación a otras circunscripciones.

No obstante, se espera que el costo por curul en dicha circunscripción sea barato puesto que el PAN y la oposición intermedia, tienen poco peso electoral en dichas entidades. Consecuentemente una estrategia de las oposiciones minoritarias de fortalecimiento regional tiene el potencial de redituar curules a bajo costo.

La precaria presencia de la primera oposición y la intermedia, posibilita que los partidos minoritarios con presencia regional, como fue el caso del PFCRN en Veracruz y del PARM en Tamaulipas, puedan obtener hasta cuatro curules de representación proporcional.

Por la misma razón la presencia del PAN en algunos centros urbanos, como el caso de la zona conurbada de Monterrey y Mérida, se ve compensada con curules a bajo costo.

LA 4A. CIRCUNSCRIPCIÓN

En dicha circunscripción el PRI ha obtenido de manera estable entre 17% y 19% de sus votos; se estima que en el caso de 39 diputados asignables, el PRI obtenga 7 curules en dicha circunscripción.

Un planteamiento de asignación posible para la oposición en tal circunscripción se problematiza por la modificación que se espera tenga el patrón de comportamiento de 1988 respecto a 1991 en el estado de Baja California.

En esta circunscripción, integrada por los estados del occidente alto y medio, incluyendo Michoacán, el PAN ha obtenido una presencia creciente, aunque todavía considerablemente inferior a la del PRI.

En el estado de Michoacán, el PARM obtuvo en 1988 una votación muy elevada conforme a su nivel histórico; esta fue la única entidad en la que un partido superó al PRI en comicios federales. Seguramente el PARM regresará en 1991 a su nivel anterior a 1988; posiblemente el PRD tuvo una gran presencia en dicha entidad, aunque inferior a la del PARM en los comicios pasados. Consecuentemente se estima que el PRD en dicha circunscripción tenga un porcentaje aproximado de 12.95% respecto a los votos válidos.

Como resultado de lo heterogéneo de la realidad electoral en la entidad, que combina zonas densamente pobladas como el caso de Guadalajara, hasta distritos rurales como son algunos en Sonora, Baja California Sur, Jalisco y Michoacán, se considera que los partidos minoritarios puedan contar con votación suficiente para aprovechar, cuando menos, una curul por coeficiente rectificado.

LA 5A CIRCUNSCRIPCIÓN

Esta circunscripción comparte con la primera, la realidad electoral del Valle de México: elevada participación electoral y el más vasto pluralismo del país. Al igual que la primera, esta circunscripción también cuenta con zonas de alta votación priísta como lo son Oaxaca y algunos distritos de Guerrero. De la combinación resulta un porcentaje de votos priístas del orden del 17%, que en 39 curules significan para el PRI siete diputados de representación proporcional en la quinta circunscripción

Como resultado de la presencia del PAN en el Valle de México y otros distritos de la circunscripción, este tiene una elevada votación. Sin embargo, como concurre con otros partidos importantes, eleva el costo en votos de las curules asignables.

Se estima que en dicha circunscripción todas las oposiciones minoritarias contarán con acceso a dos curules “baratas” o de coeficiente rectificado.