¿Hegemonía, bipartidismo, competitividad?

Armando Robinson

Armando Robinson. Doctor en Física de la UAM.

El 7 de julio de 1988, al proclamarse candidato “triunfante” en la elección presidencial, Carlos Salinas de Gortari anunció también el fin de la era de partido hegemónico, casi único, y el inicio de una época de alta competitividad interpartidista. Tres años después, el PRI parece enfilarse hacia un resultado en el que aquella proclama del hoy Presidente de la República no alcanzará carácter de realidad, al aprestarse para restablecer el patrón hegemónico, basado en su predominio apabullante y en la persistencia de un sistema de partidos medios y pequeños no competitivos a escala nacional.

A principios de 1991, el Centro de Estudios para un Proyecto Nacional, S.C. (CEPNA, S.C.) nos encomendó a los investigadores realizar un estudio acerca de las perspectivas de la competitividad electoral en 1991. Por carecer de los recursos para efectuar una encuesta directa de carácter nacional, se optó por elaborar una serie de estudios de gabinete, utilizando técnicas estadísticas y explorando diversos escenarios posibles.

Decidimos concentrar el esfuerzo en tres ejercicios, mismos que presentamos en este artículo. El primero de ellos se basa en las investigaciones realizadas por el Centro de Estudios Prospectivos de la Fundación Javier Barros Sierra, A.C.,(1) y desarrolla su modelo tendencial; el segundo adaptó la metodología del dicho Centro para construir tres escenarios posibles a partir de la evaluación cualitativa y cuantitativa de las tendencias electorales y políticas de las tres principales fuerzas partidistas de México; finalmente presentamos los resultados de un ejercicio basado en un modelo estocástico apoyado en los resultados de la década pasada y proyectado para 1991.

Cabe advertir que las cifras y proyecciones que resultan de cada uno de los ejercicios realizados no pretenden ser una predicción de resultados, ni tampoco dar validez o apoyar las expectativas que cada partido tiene acerca de los resultados que arrojarán las elecciones del mes en curso.

Cada uno de los tres escenarios y de los resultados contenidos en estos ejercicios, puede concretarse en el caso de concurrir los correspondientes factores y hechos preconcebidos, que les darían sustento real. Dejamos a cada lector el juicio de cual de ellos tiene mayor probabilidad de presentarse.

Desde luego, el contenido general y particular de estos ejercicios es de la exclusiva responsabilidad de sus autores y no compromete al CEPNA ni a las instituciones y partidos en los que participan los integrantes del Area de Sociedad y Política de CEPNA.

Utilizando la metodología del Centro de Estudios Prospectivos, A.C.,(2) incorporamos a la serie histórica de votación priísta los resultados de la elección presidencial de 1988, nacional y por entidades; a partir de ello establecimos dos puntos de saturación,(3) para la votación por el PRI como porcentaje de la votación total; el primero fue de 99.19% y el segundo de 80%; con base en esos valores se procedió a establecer, a nivel de cada entidad, el valor proyectado de la variable (la votación por el PRI) y su proyección a nivel nacional.

En el primer caso (Cuadro I) el modelo registra en 1988 un valor proyectado a nivel nacional de 67.78%, mientras que el resultado oficial atribuyó al PRI 50.36%; esto es un “error” de 25.70%. Para 1991 el modelo arroja un valor proyectado de 64.78% de la votación para el PRI como porcentaje de la votación nacional.

En el segundo caso (Cuadro II), con un punto de saturación del 80%, el valor proyectado por el modelo para 1988 fue del 59.33%, contra un resultado oficial del 50.36%, mientras que para la elección de 1991 el valor proyectado se ubica en un 56.73% de la votación nacional para el PRI.

Finalmente, presentamos dos gráficas de tendencia y una de desviación de los datos proyectados respecto del resultado oficial (varianza). Los valores que arroja el primer caso (punto de saturación = 99.19%), en las gráficas puede observarse que existe un movimiento oscilatorio en torno a la tendencia de largo plazo, semejante al que registran otros fenómenos, por ejemplo la evolución de la economía como un todo. Si seguimos el comportamiento de la curva cíclica, veremos que para 1991 registra un valor menor al proyectado por el propio modelo (alrededor del 59%), mientras que al observar el comportamiento de la varianza, en el mismo movimiento cíclico, nos arroja un margen de posible error para 1991 del 13%, lo cual advierte la posibilidad de que el valor proyectado por la aplicación del modelo (67.78%) incorpore un apreciable grado de sobrevaloración, producto de la propia construcción del modelo. Si el “error” se comportara conforme a un movimiento como el descrito, sería menor que el observado en 1988, pero aun de consideración, hipótesis que de concretarse llevaría la votación por el PRI a niveles ubicados alrededor del 58% del total.

Cuadro 1

Ajustes logísticos

clave

ind

Indicador

Unidad

País

1.00

Votación por el PRI como

porcentaje de la votación

Porcentaje

México

nacional en elecciones

presidenciales

Año

proyectado

histórico

Año

proyectado

historico

Error

1930

96.00

1931

95.86

1932

95.71

1933

95.55

1934

95.39

98.19

2.93

1935

95.22

1936

95.04

1937

94.86

1938

94.67

1939

94.47

1940

94.26

93.89

0.39

1941

94.04

1942

93.82

1943

93.58

1944

93.33

1945

93.08

1946

92.81

77.91

16.06

1947

92.54

1948

92.25

1949

91.95

1950

91.64

1951

91.31

1952

90.98

74.32

18.31

1953

90.63

1954

90.27

1955

89.89

1956

89.50

1957

89.10

1958

88.68

90.56

2.12

1959

88.24

1960

87.79

1961

87.33

1962

86.84

1963

86.34

1964

85.83

88.62

3.26

1965

85.29

1966

84.74

1967

84.17

1968

83.58

1969

82.97

1970

82.35

85.80 

4.19

1971

81.70

1972

81.04

1973

80.35

1974

79.65

1975

78.93

1976

78.19

93.60

19.71

1977

77.42

1978

76.64

1979

75.84

1980

75.02

1981

74.18

1982

73.32

71.00

-3.16

1983

72.44

1984

71.54

1985

70.63

1986

69.69

1987

68.74

1988

67.78

50.36

25.70

1989

66.79

1990

65.79

1991

64.78

1992

63.75

1993

62.71

1994

61.66

1995

60.59

1996

59.51

1997

58.43

Año

proyectado

histórico

Año

proyectado

historico

Error

1998

57.33

1999

56.23

2000

55.12

2001

 54.00

2002

52.88

2003

 51.76

2004

50.63

2005

49.50

2006

48.38

2007

 47.25

2008

46.13

2009

45.01

2010

43.90

Punto de saturación: 99.19

Cuadro 2

Ajustes logísticos

clave

ind

Indicador

Unidad

País

1.00

Votación por el PRI como

porcentaje de la votación

Porcentaje

México

nacional en elecciones

presidenciales

Valor

Valor

Error

Valor

Valor

Año

proyectado

histórico

Año

proyectado

historico

Error

1930

78.83

1931

78.76

1932

78.70

1933

78.62

1934

78.55

98.19

25.01

1935

78.47

1936

78.39

1937

78.30

1938

78.20

1939

78.11

1940

78.00

*93.89

20.37

1941

77.89

1942

77.78

1943

77.66

1944

77.53

1945

77.40

1946

77.26

77.91

0.84

1947

77.11

1948

76.95

1949

76.79

1950

76.62

1951

76.44

1952

76.25

74.32

-2.53

1953

76.05

1954

75.84

1955

75.62

1956

75.39

1957

75.15

1958

74.89

*90.56

20.92

1959

74.63

1960

74.35

1961

74.06

1962

73.75

1963

73.43

1964

73.09

*88.62

21.24

1965

72.74

Cuadro 2

Valor

Valor

Error

Valor

Valor

Año

proyectado

histórico

Año

proyectado

historico

Error

1966

72.38

1967

71.99

1968

71.59

1969

71.18

1970

70.74

*85.80

21.29

1971

70.28

1972

69.81

1973

69.32

1974

68.80

1975

68.27

1976

67.71

*93.60

38.23

1977

67.14

1978

66.54

1979

65.92

1980

65.28

1981

64.61

1982

63.93

71.00

11.00

1983

63.22

1984

62.48

1985

61.73

1986

60.95

1987

60.15

1988

59.33

50.36

-15.11

1989

58.48

1990

57.62

1991

56.73

1992

55.82

1993

54.89

1994

53.95

1995

52.98

1996

52.00

1997

51.00

1998

49.99

1999

48.96

2000

47.92

2001

46.87

2002

45.81

2003

44.75

2004

43.67

2005

42.59

2006

41.50

2007

40.42

2008

39.33

2009

38.24

2010

37.16

Punto de saturación: 80.00

Fuente: Centro de Estudios Prospectivos, A. C. con base en

las hipótesis de los investigadores del CEPNA, S.C

Conviene hacer varias observaciones y precisiones acerca de

cste modelo tendencial:

– Por tratarse de un modelo logarítmico, el comportamiento de la variable analizada (la votación por el PRI como porcentaje de la votación nacional) presenta una tendencia caracterizada por una caída suave a lo largo del tiempo. Como puede observarse, no se registran “saltos” en la curva tendencial (que es en realidad una recta con una pendiente suave), lo que conduce a que en el punto extremo de la serie de tiempo (2010), la votación proyectada para el PRI sea del 43.9% en el primer caso y del 37.16% en el segundo.

– Los puntos de saturación establecidos juegan un papel central en los valores proyectados por el modelo logarítmico. De hecho podríamos haber establecido un punto de saturación inferior al 80%, pero ello hubiese introducido un margen de arbitrariedad mayor. En efecto, la serie de resultados oficiales registra cuatro casos en los cuales la votación por el PRI fue superior al 90% y cinco casos en lo que esa votación se ubicó entre el 71% y el 89%, mientras que tenemos un solo valor (1988), en el cual se registra un porcentaje apenas superior al 50%. Por definición el valor máximo del punto de saturación es 100%.

– El modelo esta basado en los datos de la elección presidencial, por lo que su aplicación a las elecciones intermedias debe considerar las particularidades de dichas elecciones- quizá las más importantes sean un mayor grado de abstencionismo y una menor votación por el PRI.

– Como señalamos antes, el modelo es “inmune” a los cambios en las preferencias coyunturales de los electorales estas solo se pueden incorporar modificando el punto de saturación con los efectos de ajuste que pueden observarse al comparar los dos casos que hemos presentado.

– El modelo no permite establecer ninguna proyección respecto de la votación de los partidos opositores considerados por separado; tan solo establece el porcentaje de la votación total que reunirían en su conjunto las oposiciones.

Como hemos visto, el modelo tendencial, desarrollado a partir de la metodología del CEP, tiene la limitación de establece, una tendencia inmune a los cambios cualitativos en las preferencias del electorado que dan lugar a las desviaciones o errores del resultado real vs. el comportamiento tendencial. La rigidez del modelo tendencial deriva, vale enfatizarlo, de su lógica interna y de los supuestos en que descansa. El propio CEP ha desarrollado una aplicación a la competencia electoral que descansa en las posibilidades de presentación de los “eventos portadores de futuro”, determinando las alteraciones en el escenario tendencial y explican las desviaciones de la realidad respecto del escenario base.(4)

Los escenarios alternativos construidos por el CEP para 1988 se basaron en las reuniones de consulta a “expertos” que opinaron libremente acerca de los eventos más significativos y con mayores probabilidades de afectar los resultados de aquella elección. Repetir ese ejercicio hubiese sido lo deseable, sin embargo, el CEPNA no podría auspiciar una tarea de esa magnitud.

Fue así que los investigadores adscritos al proyecto, tomamos la decisión de alterar la metodología del CEP y suplirla con otra basada en el establecimiento de los “niveles de resistencia” de la votación para el partido mayoritario; a partir de esos niveles se establecieron los escenarios de comportamiento previsible para las tres formaciones más importantes de nuestro sistema de partidos, tomando siempre como punto de referencia el comportamiento de la votación para el partido mayoritario, el PRI.

Por niveles de resistencia entendemos los valores máximos y mínimos que en escenarios extremos puede registrar la votación del partido mayoritario. Esta técnica aplicada a otro tipo de eventos se basa en la determinación de los valores extremos que registra una variable en un plazo determinado; promediados (promedios móviles), con los valores intermedios permiten establecer los niveles de resistencia, máximo y mínimo, de esa variable. Un ejemplo usual de la aplicación de esta técnica la podemos encontrar en el análisis del precio de las acciones cotizadas en la bolsa, en donde se cuenta con registros diarios del comportamiento del precio de cada acción y para el mercado en su conjunto.

Tratándose de los procesos electorales, la dificultad mayor para el uso directo de esa metodología es la periodicidad de las elecciones federales que determina que aun usando la serie más larga (1930-1988), el número de registros sea extraordinariamente bajo, lo que impide arribar a valores promedio significativos y hace que los valores extremos sean inútiles como indicadores de niveles de resistencia (para el PRI los valores extremos en elecciones para presidente de la República son: máximo, 98.19% en 1934; mínimo, 50.36% en 1988).

Ante esa limitación decidimos variar el procedimiento y seguir con una deducción cualitativa de los niveles de resistencia del PRI en 1991. Con el valor máximo llegamos a 62%, con un margen de variación de 2 puntos porcentuales. El sustento cualitativo de ese valor esta dado por los siguientes elementos:

– La norma constitucional mexicana establece un tope del 70% del total de curules en la Cámara de Diputados para el partido mayoritario. Ello significa que arriba de ese porcentaje de votación existirá una sobrerepresentación para el partido mayoritario. Es decir, toda la votación por arriba de ese porcentaje es inútil en términos de representación en la Cámara de Diputados. Una consideración más de orden subjetivo: en esos niveles de votación el resultado del PRI sería “sospechoso” para todo tipo de observadores y analistas.

– La Constitución establece como condición para su reforma el voto aprobatorio de las dos terceras partes de los diputados y senadores del Congreso de la Unión, esto es, el 66.6%; en 1988 el PRI, por primera vez en su historia, perdió esa mayoría calificada, lo que ha sido considerado como uno de los “avances” de la democracia mexicana, pues ha obligado al partido mayoritario a negociar con otras fuerzas parlamentarias. En un sistema político con pesos y contrapesos reales, la persistencia de esa característica resulta fundamental, ya que su abolición significaría un regreso a la época de hegemonía absoluta de un solo partido.

– La reforma constitucional de 1989 estableció nuevas características para la llamada “cláusula de gobernabilidad”, pasando por encima de la voluntad ciudadana expresada en votos, en donde el partido mayoritario obtiene, por mecanismos administrativos, legisladores que no fueron electos sino que son producto de la aplicación de esa cláusula. Sin embargo, por arriba del 60% de la votación, la representación del partido mayoritario en la Cámara de Diputados es estrictamente proporcional al valor de su votación nacional.

De ahí que un PRI legitimado en las urnas, como partido mayoritario, aspire a ubicar su votación en un porcentaje tal que no requiera de la aplicación de esa cláusula(5).

Este conjunto de factores, a los cuales se agrega la observación de las tendencias de votaciones anteriores tanto federales como locales y la integración del resultado priísta por entidades, nos ha llevado a establecer, como límite superior de la votación del PRI el 62% mencionado, lo que significaría una recuperación de 10 puntos porcentuales respecto de la elección equivalente en 1988.

Para determinar el valor de resistencia en el extremo inferior tomamos en cuenta el valor mínimo establecido en la Constitución para la operación de la cláusula de gobernabilidad, que es el 35% de la votación nacional. Si ningún partido alcanza ese porcentaje, entonces las curules de la Cámara de Diputados serán distribuidas proporcionalmente según los resultados de cada partido, por lo que la posibilidad de sobrerepresentación queda estrictamente determinada por el mecanismo de mayoría relativa.

Consideramos que independientemente de cualquier circunstancia que se registre en 1991, el partido mayoritario obtendría ese mínimo. Establecimos su nivel de resistencia inferior en 37% de la votación total, con un margen de variación de dos puntos porcentuales.

Determinados los parámetros anteriores diseñamos los tres escenarios más probables de comportamiento del partido mayoritario, y las consecuencias que arrojan para las dos principales fuerzas opositoras, el PAN y el PRD. Dado el comportamiento político-electoral registrado por esos dos partidos en el periodo 1988-1991, postulamos una hipótesis básica el PAN conservaría sus tradicional segundo lugar a nivel nacional.

La otra hipótesis, cuya explicación radica en la necesidad de simplificar el modelo sin incurrir en abusos, de los 7 partidos restantes, 4 conservan su registro o lo validan, y 3 no obtienen el mínimo requerido por ley, por lo que no tendrán participación en la distribución de diputados y además perderán su registro. En conjunto, esos partidos alcanzan un 10% de la votación nacional en cualquiera de los escenarios establecidos.

Así es que la competitividad se establece entre tres partidos, en tanto que el resto permanece como un subsistema marginal que da la apariencia de un pluripartidismo, en un cuadro en el que en realidad lo que esta en juego es la evolución de nuestro sistema electoral hacia cualquiera de las tres siguientes modalidades:

a) El retorno al modelo hegemónico de partido dominante y oposiciones no competitivas a escala nacional.

b) La aparición de un sistema dominado a nivel nacional por la tendencia bipartidista, en la cual correspondería al PAN el polo opositor, ya que el resto de los partidos carecerían de posibilidades reales de competitividad a escala nacional y se limitarían, en el caso de las oposiciones de tamaño medio, a la disputa por espacios regionales complementados con una buena cuota en las plurinominales, mientras que las oposiciones pequeñas, bordarían el filo de la navaja representado por la pérdida del registro y su participación marginal y testimonial en la Cámara de Diputados.

c) Un sistema configurado por tres grandes formaciones políticas: la gubernamental; una a su derecha, el PAN, y otra a su izquierda, el PRD; lo que sentaría las bases para el desarrollo de un sistema verdaderamente competitivo con posibilidades, cada vez mayores, de alternancia en el ejercicio de los puestos públicos. Un sistema así configurado llevaría, en el mediano plazo, a la depuración del número de partidos pequeños, los cuales tenderían a desaparecer ya sea por no obtener el mínimo de votación exigido por la ley o por fusiones con los partidos más grandes.

Antes de pasar a los resultados de cada escenario, cabe señalar que cada uno de ellos contiene una hipótesis de abstención-participación distinta. Estudiando la relación entre los niveles de abstención y los resultados del partido mayoritario a nivel local entre 1988 y 1991, tenemos la hipótesis general: a mayor abstención, mejores resultados relativos para el PRI. Sabemos que esta hipótesis requiere aun de mayores estudios estadísticos para darle toda La solidez que necesita, pero una primera observación empírica nos permite postularla.

De esa forma, el escenario A tiene incorporada una hipótesis de abstención del 60 al 65% del total de empadronados; el escenario B, se basa en una hipótesis de abstención del 50 al 55% del total de empadronados, en tanto que el escenario C está apoyado en una hipótesis del 45 al 40% de abstención.

ESCENARIO A

Este es el escenario más favorable para el PRI, en el cual obtendría una votación (62%) que le permitiría restablecer su tendencia histórica previa a 1988, y arribar a una representación en la Cámara de Diputados, equivalente a su porcentaje de la votación nacional sin hacer uso de ninguna de las clausulas de gobernabilidad contempladas en la Constitución.

Escenario A

Cuadro I

Votación por partido %

PRI

PAN

PRD

Otros

% de la votación nacional

62

18

10

10

Márgenes de variación:

1 para el PRI; 2 en  PAN,            PRD   y             otros

Cuadro II

Curules por mayoría

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

260

25

15

0

300

Márgenes de variación:

5 para el PRI; 3 para PAN.

2 para el PRD; 2 para “otros”

Cuadro III

Curules de Representación Proporional

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

260

25

39

40

200

Márgenes de variación:

Igual que en curules de mayoría.

Cuadro IV

Curules de totales por partido

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

310

96

54

40

500

 

Cuadro V

Escaños por partido

Senado

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

29

2

10

0

32

En este escenario, el partido más perjudicado sería el PRD pues registraría un resultado de entre el 10 al 12% de la votación nacional, que si bien es sustancialmente superior a la registrada en elecciones anteriores por los partidos que le dieron origen (PCM-PSUM-PMS), es notoriamente inferior al resultado oficial reconocido a su lider, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, en la elección de 1988.

El PAN recuperaría su tradicional segundo lugar, ubicándose en un valor similar al de su trayectoria histórica durante sus puntos más altos. La diferencia en el comportamiento de las dos principales fuerzas opositoras se explica tanto por su trayectoria electoral entre 1988 y 1991, como por el distinto grado de competitividad que logran establecer en las seis elecciones locales que coinciden con la federal;(6) así, mientras que el PAN registraría niveles de competitividad significativos en Guanajuato, San Luis Potosí y Sonora, a los que se agregan Baja California, el Distrito Federal, Yucatán, y con menores rangos de competitividad Sinaloa y Querétaro, el PRD solo lograría establecer competitividad en Michoacán, Guanajuato y el Distrito Federal.

La distribución probable de las curules se presenta en los cuadros anteriores. Como puede verse el PRI pierde alrededor de 40 curules de mayoría, que serían obtenidas por el PAN y el PRD. Pese a su recuperación, el partido mayoritario no lograría restablecer la mayoría calificada de dos tercios que la Constitución exige para ser reformada, lo que llevaría a la continuación de la política de acuerdos parlamentarios entre las dos formaciones políticas con mayor presencia en la Cámara de Diputados.

Tratándose de los escaños en el Senado. el PRI podría perder 3, de los cuales dos serían para el PAN (Baja California y San Luis Potosí o Guanajuato) y uno para el PRD (Michoacán).

Este es un escenario en el cual se restablece la hegemonía priísta, lo cual conduce, en el corto plazo, a la prevalencia del viejo modelo de partido hegemónico a nivel nacional, con focos de competitividad y alternancia en unas cuantas entidades, y en aproximadamente el 15% de los distritos electorales del país.

Sin embargo, debido a la alta abstención que este escenario supone, la posibilidad de un serio repunte oposicionista en 1994 no puede ser descartado; en todo caso, habría que esperar tres años más para constatar si nuestro sistema electoral evoluciona hacia el bipartidismo o la competitividad; la moneda seguiría en el aire.

ESCENARIO B

Este es un escenario neutro para el partido mayoritario, que repetiría la votación oficial que se le reconoció en 1988 (52%). Cabe anotar que en términos fidedignos (vistas las pruebas de la evidente alteración de resultados a su favor en ese año), se trataría de una recuperación de los votos a favor del PRI.

Escenario B

Cuadro I

Votación por partido

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

% de la votacion nacional

52

23

15

10

100

Márgenes de variación:

1 para el PRI; 2 en PAN, PRD y otros

Cuadro II

Curules por mayoría

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

252

30

18

0

300

Cuadro III

Curules de Representación Proporional

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

34

80

52

34

200

Cuadro IV

Curules de totales por partido

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

286

110

70

34

500

Cuadro V

Escaños por partido

Senado

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de escaños

29

2

10

0

32

Margen de variación:

PRI: -2 que pueden obtener PAN+2;

PAN+1 PRD+1.

La composición más probable de la Cámara de Diputados se presenta en el Cuadro IV. El PRI perdería alrededor de 48 curules de mayoría, que serían ganadas por el PAN (30) y por el PRD (18). Las probabilidades mayores para ambos partidos se presentarían en los estados mencionados en el escenario A, a los cuales podríamos agregar el Estado de México, Guerrero y Morelos.

En números totales para cada partido, el PRI recupera, al igual que en el anterior escenario, una importante mayoría que le garantiza en la Cámara de Diputados el “quorum” necesario para poder funcionar sin el riesgo de que la oposición utilice el recurso de la salida para suspender la sesión (recurso, por cierto, utilizado in extenso por el PRI en la legislatura que esta por terminar).

Tratándose del Senado, el escenario base es igual al anterior, 3 escaños perdidos por el PRI, pero la probabilidad de perder el Distrito Federal, Guanajuato y San Luis Potosí se incrementa sustancialmente.

Dentro de las posibilidades contempladas en este ejercicio, este escenario es el más propicio para el avance de un sistema competitivo conformado por 3 partidos. El partido mayoritario se vería afectado por el incremento de sus dos principales oponentes, pero se beneficiaría de la división del voto opositor en dos extremos claramente conformados. Nuestro sistema político electoral evolucionaría de esta manera hacia una verdadera competitividad que además tendería a reducir, quizá hasta anular, la presencia de pequeños partidos sin presencia ni peso nacional.

ESCENARIO C

Como señalamos en la parte introductoria de este artículo, este escenario supone una alta participación ciudadana y la confirmación de una hipótesis: que los abstencionistas que deciden participar votan mayoritariamente por las dos fuerzas opositoras; esto es, transforman su protesta pasiva en protesta activa.

Este escenario supondría también cambios drásticos en la opinión pública reflejada en las encuestas conocidas, o bien que la “popularidad” del Presidente de la República se disocia por completo de la de su partido; hipótesis no descartable vistos los resultados de varias de esas encuestas.

De presentarse este escenario, la competitividad amenazante para el PRI se registraría por el lado del PAN, que elevaría su votación a niveles del 30% del total, con ganancias marginales para el PRD.

Escenario C

Cuadro I

Votación por partido

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

% de la votacion nacional

42

30

18

10

100

Cuadro II

Curules por mayoría

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

230

45

25

0

300

Cuadro III

Curules de Representación Proporional

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

35

85

51

29

200

Cuadro IV

Curules  totales por partido

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

265

130

76

29

500

Cuadro V

Escaños por partido

Senado

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de escaños

25

3

4

0

32

Para PAN-PRD el resultado podría ser inverso al consignado si el D.F lo 

gana el PAN.

En este escenario, catastrófico para el PRI, partido que bajaría a rangos situados alrededor del 42% de la votación nacional, la bondad de las disposiciones constitucionales establecidas en la reforma de 1989 se mostraría en toda su dimensión. El partido mayoritario perdería 70 curules de mayoría, de las cuales alrededor de 45 serían ganadas por el PAN y aproximadamente 25 por el PRD; pese a ello, gracias a la operación de los dispositivos constitucionales, el PRI obtendría aún 265 curules en la Cámara de Diputados.

Para valorar el efecto positivo de la reforma de 1989 (aprobada por el PAN), sobre el número de curules del PRI recordemos que en 1988, con el 52% de la votación, ese partido obtuvo 262 curules, mientras que, de producirse este escenario, con 10 puntos porcentuales menos, obtendría prácticamente el mismo número de diputados.

En este escenario la competitividad se extiende a casi todas las entidades urbanas de México, mientras que las zonas predominantemente rurales (centro y sur-sureste), siguen cumpliendo el papel de reserva de votos para el partido mayoritario.

Respecto del Senado el PRI perdería 7 escaños, de los cuales corresponderían al PAN los de Baja California, Guanajuato y San Luis Potosí, y al PRD los de Michoacán, Morelos y Guerrero, mientras que el correspondiente al D.F podría quedar en manos de cualquiera de los dos partidos.

De nueva cuenta, la división del voto opositor, en dos grandes polos, favorece al partido mayoritario que, pese a perder votación en la mayoría de los estados, logra conservar la mayoría relativa

Bajo este escenario, la posibilidad de la alternancia al más alto nivel, la Presidencia de la República quedaría definitivamente establecido para 1994.

Debemos considerar una variación en los dos escenarios anteriores (el B y el C), pues la concentración del voto opositor en el PAN conduciría la aparición de una tendencia bipartidista con un partido “sombra”, el PRD, cuyo papel sería testimonial y de medios de comunicación, basado en forma casi exclusiva en la figura de su principal lider. Resultados como los observados en la elección local de Nuevo León dan cuenta de la probabilidad de ocurrencia de este fenómeno.

Finalmente, a continuación presentamos dos escenarios extremos -uno de máxima recuperación para el PRI, reconquistando la mayoría, dos tercios en la Cámara de Diputados- y otro de hipertrofia del partido mayoritario con una votación en la cual debe hacer uso de todos los dispositivos constitucionales para alcanzar la mayoría en la Cámara de Diputados. Son escenarios extremos que presentamos solo con fines de comparación estadística.

Escenarios extremos

I

Hiperrecuperación

Cuadro I

Votación por partido

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

% de la votacion nacional

68

14

8

10

100

Cuadro II

Curules por mayoría

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

275

13

12

9

300

Cuadro III

Curules de Representación Proporional

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

65

59

34

42

200

Cuadro IV

Curules  totales por partido

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

340

72

46

42

500

Escenarios Extremos

II

Hipertrofia

Cuadro I

Votación por partido

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

% de la votación nacional

36

30

24

10

100

Cuadro II

Curules de mayoría

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

% de la votación nacional

205

55

35

5

300

Cuadro III

Curules de representación proporcional

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

48

71

57

24

200

Cuadro IV

Curules totales de partido

Diputados

PRI

PAN

PRD

Otros

Total

No. de curules

253

126

92

29

500

ESCENARIOS EXTREMOS

El modelo estocástico construido para fines de proyección electoral se baso en los registros oficiales de votación en elecciones presidenciales para el PRI, a nivel de cada una de las entidades de la Federación y a nivel nacional durante la década pasada, esa información fue incorporada en la memoria del programa Existe un supuesto clave para los valores que arroja el modelo: que en 1991 votará igual número de ciudadanos que en 1988 (19 millones en cifra cerrada), y que en cada entidad la abstención repetirá el modelo de aquel año. Cabe advertir que si este supuesto se altera, incorporando valores más bajos o más altos de ciudadanos participantes, entonces los valores que el modelo arroja serían distintos.

La cifra de 19 millones de votantes, considerado el padrón de 1991 (39.5 millones), equivale a una participación del 48%; visto que se trata de una elección intermedia es un pronóstico optimista.

Con esos datos, y suponiendo un patrón de distribución normal para una fuente de números aleatorios, se procedió a programar la computadora para que esta realizara con un procedimiento de tipo estocástico que simula el evento real y con el método conocido como de Montecarlo, mil votaciones en cada entidad, o sea que mil veces en cada entidad se encontró un valor posible para la votación del PRI. Esas 32 mil votaciones constituyeron la muestra artificialmente producida en la que se basó la determinación del valor más probable para la votación del PRI a nivel nacional.

En resumen, el modelo permite que con una intervención mínima del investigador o analista, lo cual reduce sustancialmente el grado de subjetividad, el modelo arroje resultados posibles dentro de un rango de probabilidad de ocurrencia suficientemente representativo, en nuestro caso del orden del 60% de probabilidad de ocurrencia. Los tres elementos proporcionados a la computadora fueron: la votación oficial del PRI por entidad y nacional durante la década pasada; el supuesto de abstención/participación y el patrón de distribución, lo demás lo “hizo” la máquina.

En lenguaje técnico, lo que hicimos fue intentar obtener información sobre el comportamiento de un fenómeno, las elecciones, que se dan de manera única e irrepetible; los resultados que se obtienen por medio de una simulación por computadora solo se pueden comparar con el resultado real definiendo una distribución de probabilidad de ocurrencia. La manera en que se obtiene es utilizando el concepto de probabilidad como un estudio de frecuencia de realización de un evento. Por lo tanto, para acercarse al valor de la votación real es necesario generar por computadora un número grande de votaciones (32 mil) reguladas por el método de Montecarlo y encontrar la distribución de frecuencias.

El resultado del ejercicio, para cada entidad, se presenta en el cuadro siguiente:

Entidad

Valor más probable%

Desviación Estandar

Entidad

Valor mas probable%

Desviación estándar

Ags.

62.91

17.95

Morelos

55.25

30.41

B .C.

46.51

9.84

Nayarit

68.59

12.02

B.C. Sur

64.07

14.21

N.L.

 72.37

0.41

Campeche

80.46

13.55

Oaxaca

74.17

10.36

Coahuila

61.17

9.76

Puebla

77.34

8.75

Colima

69.16

30.16

Q. Roo

78.94

18.72

Chiapas

90.99

1.53

Qro.

70.82

10.57

Chihuahua

60.04

7.72

S.L.P.

76.20

7.94

D.F.

39.67

12.42

Sinaloa

65.02

20.10

Durango

69.79

 8.70

Sonora

72.37

3.77

Gto.

55.66

16.45

Tabasco

83.44

12.92

Guerrero

72.35

16.72

Tamaulipas

72.37

3.77

Hidalgo

74.61

13.98

Tlaxcala

71.17

15.50

Jalisco

51.18

12.18

Veracruz

72.80

14.44

México

44.44

20.72

Yucatán

73.68

6.59

Michoacán

50.70

38.18

Zacatecas  

76.17

14.14

¿Cómo se leen estos datos? Veamos dos ejemplos para ilustrar al lector:

En el caso de Aguascalientes, el modelo arroja una probabilidad del 60% de que la votación por el PRI en ese estado se ubique entre 44.96% y 80.86%, y que el valor más probable es 62.91% (los valores extremos son resultado de restar y sumar al valor más probable la desviación estándar). 

En el caso del Distrito Federal, existe una probabilidad del 60% de que la votación del PRI se ubique entre el 27.25% y el 52.09%, y su valor más probable es del 39.67%.

En suma, para obtener los rangos de votación, entre los que se puede llegar a ubicar la votación del PRI, hay que restar y sumar al valor más probable, la desviación estándar.

A nivel nacional el resultado del modelo nos arrojó que el valor de la votación por el PRI se ubicará bajo los supuestos ya consignados, entre 45.47% y 72.65% con un valor más probable de 59.58%. De las mil simulaciones realizadas, en 50.2% de los casos la votación del PRI esta entre 47.77% y 59.71% y en 49.5% de los casos ese valor está entre 59.72% y 71.66%. Cabe señalar que la desviación estándar para el valor más probable es de 3.94%.

Queremos insistir en que estas cifras no constituyen una predicción de resultados, sino un escenario construido a partir de un modelo de simulación; que si se toman otros datos base, otro supuesto de abstención u otra forma de distribución, el escenario será distinto.

Cabe advertir también que el valor más probable es sólo el de más alta probabilidad de ocurrencia en el modelo que hemos construido, pero ello no elimina la probabilidad de que el resultado real se ubique en otro valor, dentro de los parámetros extremos establecidos para cada caso. Al igual que en los dos ejercicios presentados antes, el lector puede elegir aquel que mejor corresponda a su propia valoración, o bien desecharlos por completo. A fin de cuentas será la voluntad de cada ciudadano que acuda a las urnas el 18 de agosto la que decida, en la suma de voluntades, el resultado final, y real, de cada partido y cada candidato.

(1) Ponce D. y Alonso A.: México hacia el año 2010: Política Interna, Centro de Estudios Prospectivos, FJBS, A.C., Limusa-Noriega, México, 1989.

(2) Agradecemos al CEP, A.C. su valiosa colaboración, en especial al Dr. Antonio Alonso C. El contenido de este artículo es responsabilidad exclusiva de los autores.

(3) Op. cit.

(4) Op. cit.

(5) Como ejemplo de esa aplicación, ver las declaraciones del Presidente del CEN del PRI en Estados Unidos, 12 junio, 1991, La Jornada.

(6) Realidad incorporada en los tres escenarios presentados.