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Jorge A. Bustamante, presidente de El Colegio de la Frontera Norte, respondió en Excélsior (lunes 3 de junio de 1991) al reportaje de Fabrizio Mejía sobre la frontera norte (nexos 161) señalado sus diferencias con una visión que disfruta con «la confirmación de sus estereotipos». Reproducimos aquí el artículo del doctor Bustamante y agregamos la respuesta de Fabrizio Mejía que puntualiza algunos de sus comentarios anteriores.

Al leer lo que recibí mientras estuve fuera del país poco más de dos semanas, entre otras cosas me encontré con algo muy desagradable. Se trata de un artículo de la revista nexos, del número 161, correspondiente a mayo, firmado por Fabrizio Mejía Madrid, con el título: «Frontera Norte: la línea de tu mano». Se trata de un artículo muy desafortunado para quienes tratamos de combatir los estereotipos y los prejuicios en contra de los fronterizos, la vida en esa región y, en general, aquellos sentimientos e ideas que nos dividen como mexicanos.

Desde luego, incluyendo el antichilanguismo, un estereotipo en dirección contraria, es decir, de la periferia al centro. Para mí, el artículo del señor Mejía representa un ejercicio de amarillismo. Es decir, de periodismo del más bajo nivel, que se aprovecha de la ignorancia y los estereotipos negativos de mucha gente en el Distrito Federal, acerca de la frontera norte, para escribir algo que los refuerza. Algo que les da por su lado y los confirma. Se trata de un artículo que pretende describir o reseñar cómo es la vida en esa zona, a partir de un viaje que hizo a varias de sus ciudades.

Al dar su visión de la frontera norte, el autor recurre a artificios para hacer creíble su texto. El que me parece de más mala fe es el de incluir una larga nota de pie de página en la que el señor Mejía dice: «El autor agradece la colaboración para la realización de este trabajo a Jorge Bustamante y a José Manuel Valenzuela, de El Colegio de la Frontera None. También a los investigadores de este centro de estudios, sin cuyos textos, buena parte de lo que tiene sentido en este reportaje no lo tendría». Luego procede a hacer una lista para dar la apariencia de que da crédito a varios de los investigadores, mencionándolos por nombre y en referencia a cada una de las partes de los temas tratados en su artículo. La indignación que esta nota nos ha producido a todos los mencionados se debe a que da la impresión de que somos la «fuente» en la que se basa la veracidad de la visión del autor, cuando lo que hace es dar una visión totalmente distorsionada y abismalmente lejana de las conclusiones de cualquiera de los trabajos escritos por los investigadores citados. Nosotros nos esforzamos por desmitificar la realidad de la frontera norte haciendo investigación, lo que significa un trabajo arduo y costoso, para que venga alguien del DF y en un viaje pretenda descubrir la verdad haciendo generalizaciones sobre lo que nosotros trabajamos, definiendo para sus lectores una realidad totalmente distorsionada.

Esto es injusto y no puede ser de buena fe. Siento esto porque yo hablé con el señor Mejía porque me dijo que venía de parte de mi amigo Héctor Aguilar Camín, director de la revista nexos. Al hablar con él traté de convencerlo de que tenía una visión falsa y estereotipada de la realidad fronteriza y le di copias de algunos de mis trabajos de investigación, Rara tratar de corregir esa perspectiva. Eso mismo hicieron mis colegas citados en el artículo de referencia. Ahora, al leerlo, me doy cuenta de que el señor no tenía la menor intención de corregir sus estereotipos, sino de confirmarlos, y decidió usar mi nombre y el de mis colegas para ello. Esto no es sólo de un bajo nivel de ética profesional sino algo que me siento en la obligación de hacer público. No soy de quienes ponen la otra mejilla después de haber recibido un golpe y esto considero que hizo el señor Mejía con la confianza con que lo recibimos en El Colegio de la Frontera Norte. Me baso en las expresiones de indignación con las que ha reaccionado mucha gente en Tijuana y Ciudad Juárez en contra de El Colegio, que nos reclamó por las afirmaciones del señor Mejía. En Tijuana ha habido un cuestionamiento público. Se nos ha conminado a que respondamos acerca de lo que se dice en ese artículo. Por eso considero necesario afirmar que la visión de la frontera norte que presenta el señor Mejía está abismalmente alejada de la que se desprende de nuestros trabajos de investigación, misma que puede corroborar cualquier persona que se tome la molestia de leerlos.

Lo que hizo el señor Mejía no es algo nuevo pues corresponde a un síndrome de mal periodismo que ocurre en cualquier parte del mundo donde hay malos periodistas. Consiste en hacer un «reportaje», como califica el autor su trabajo, haciendo acopio de datos e incidentes ya conocidos, de carácter escandaloso, para ofrecerlo a sus lectores como la de la vida «normal» de un lugar al que se visita unos cuantos días, caracterización que corresponde más bien a los estereotipos que el auditorio esperado tiene sobre dicho sitio. Este tipo de periodismo se hace con el incentivo de recibir aplausos de quienes disfrutan de la confirmación de sus estereotipos. Pero no deja de ser un periodismo deshonesto. Por ejemplo, el señor Mejía dice: «La frontera norte está llena de mitos para el resto del país». E inmediatamente después afirma: «Es el espacio donde el gabacho reina y el dinero fácil está a flor de tierra». ¿Puede haber algo más cercano al más alto nivel de ignorancia del que se derivan los estereotipos más comunes de la vida en la frontera norte que esta afirmación?

Pocas líneas después, el señor Mejía inicia un uso prolijo de estadísticas, algunas de ellas ciertas, pero todas alejadas de una interpretación objetiva. Independientemente de donde haya sacado el autor del libelo de marras su información, esta equivocado por completo al afirmar que el nivel de desempleo en Tijuana es de 28 por ciento. Si algo caracteriza a esa ciudad es precisamente lo opuesto. Los datos de El Colegio de la Frontera Norte lo han ubicado en un nivel cercano al uno por ciento de desempleo abierto. Ello pone a Tijuana como una de las ciudades de desempleo más bajo de todo el país. Desde luego, si ésta hubiera sido la cifra utilizada por el señor Mejía, la mayor parte de la sórdida visión que da de Tijuana no hubiera tenido el menor sentido. No sólo da un porcentaje de desempleo ajeno por completo a la realidad sino uno que apoya su visión estereotipada. Cierto que ha habido incidentes de vida sórdida, también que hubo desempleo y dio lugar a fenómenos como el cholismo, pero precisamente la razón por la que éste ha desaparecido como un fenómeno no colectivo de los sectores marginales de la juventud tijuanense es el abatimiento casi total del desempleo.

Sin embargo, el señor Mejía toma datos producidos por El Colegio de la Frontera Norte sobre éste y otros fenómenos, para presentarlos como si fueran algo actual y vigente. Esta manipulación no puede ser de buena fe. Como tampoco venir a Tijuana a compilar incidentes del pasado para ofrecer un «reportaje» que hace generalizaciones sin el menor vestigio de actualidad. Es de mala fe sugerir que la obra de la zona del Río está construida sobre cadáveres y fue mero capricho de un gobierno autoritario. Sí, hubo arbitrariedades en la ejecución, pero no se puede, sin mala fe, dejar de mencionar, al describir sus antecedentes, que la idea surgió de viejos pobladores de Tijuana, sabedores de que las cartolandias que caracterizaban el paisaje del lugar estaban ubicadas en el lecho natural del Río Tijuana y habían surgido en uno de los largos periodos de secas que suelen ocurrir en esta ciudad.

Uno de esos viejos residentes le propuso al Gobierno Federal canalizar el río con miras a evitar una catástrofe que se producían en cuanto volviera el ciclo de lluvias. La oportunidad con que fue hecho el desalojo de los habitantes de Cartolandia evitó esa catástrofe que hubiera costado miles de vidas. Esto fue evidente para todos los habitantes de Tijuana con las precipitaciones ocurridas en 1980, mismas que obligaron a abrir las compuertas de desfogue de la por muchos años seca presa Abelardo L. Rodríguez, para evitar un desastre mayor, lo que ocasionó varios ahogados que desoyeron las advertencias de lo inminente y rehusaron salir de la parte menos protegida por las nuevas obras. La canalización del Río Tijuana y crear la zona urbana que lleva ese nombre fue una obra indispensable, de una gran visión de quienes la propusieron, diseñaron y ejecutaron. Marcó el parteaguas de la historia de Tijuana hacia la modernidad.

Lejos están aún de ser resueltos los problemas urbanos de esta ciudad que crece a ritmos tan acelerados, sí, pero más lejos aún de la verdad está la visión que da de la frontera norte un autor que vuelve todavía más difícil combatir el antichilanguismo que es un producto local equivocado de la arrogancia con la que algunas personas del DF vienen a decirnos cómo es la realidad en que vivimos y, peor aún, a enseñarnos cómo debería ser a partir de sus estereotipos.