A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

El regreso del autoritarismo ya está aquí, es un hecho. Es cierto que la democracia en México había vivido amenazada por la desigualdad y la pobreza; por el desorden violento y el auge criminal, y por episodios de corrupción que parecen extraídos de novelas gore, delirantes. Pero a todos esos males ahora se agrega una amenaza intencionada, venida desde la política misma, desde el gobierno federal. Y ésta es la novedad del presente, el hilo conductor que obsesiona a José Woldenberg.

Lo que quiere Woldenberg es llamar nuestra atención acerca de lo que eso implica para este país. Debilitar los fundamentos de nuestra convivencia política pluralista es minar las bases de existencia de esa comunidad a la que llamamos México. No se trata de preservar élites ni privilegios, sino las instituciones y los procesos que han dado estabilidad a la sociedad nacional en un tiempo convulso.

En efecto: es posible que nunca hayamos vivido otro periodo de más confusión, malos entendidos, ideas desparramadas y mentiras propaladas con tanta frecuencia y frenesí bajo el grosero recurso de los “otros datos”. Pero en las 124 páginas de Contra el autoritarismo (Cal y arena, 2021), los problemas se vuelven descifrables, la realidad se entiende, nuestra época se hace legible y ésta no es una contribución menor, porque buena parte del avance del autoritarismo ocurre bajo las sombras de la confusión.

Casi todos los episodios que han marcado al debate mexicano en los últimos tres años están aquí documentados y explicados. Tanto Contra el autoritarismo como En defensa de la democracia (el libro gemelo que le precede) son, pues, una obsesión puntual asumida con vocación académica por el investigador, pero también con el ánimo polémico del periodista, y algo más: por la pluma preocupada y combatiente de un personaje fuertemente anclado en sus convicciones de izquierda democrática. Tal es el condimento con el que se cocina un libro denso pero fácil de leer, complejo pero pedagógico, pesimista pero iluminador. En realidad, puede leerse como una serie de cápsulas de sabiduría política, sensatez y profunda preocupación por el estado en el que se encuentra nuestro país, su gobierno, su debate público y su política.

En ese sentido, este libro es también una advertencia, pero no a la manera de un profeta que anuncia un futuro ubicado en escenarios funestos, sino como un periodista que nos dice que el desastre ya está aquí, agravado por la pandemia; que la desgracia es presente y que no necesitamos vaticinar nada ni sacar ninguna bola de cristal para darnos cuenta de que varios procesos muy graves se han desencadenado en México y que varios de ellos tienen como epicentro la Presidencia de la República. La destrucción de instituciones sensibles para la vida del país, la centralización de las decisiones en una versión monstruosa del presidencialismo; el encogimiento del Estado y los bienes públicos que provee; el daño a la ciencia y el giro oscurantista del discurso oficial; la constante vulneración de las reglas del federalismo y un muy largo etcétera, son todos acontecimientos que ya ocurrieron y que están surtiendo efecto en la vida de millones. Son hechos que no pueden subestimarse ni relativizarse y, por el contrario, lo que nos dice Woldenberg, son hechos que nos obligan a definirnos y a llamarlo por su nombre: autoritarismo.

¿Qué rasgos definen este autoritarismo del siglo XXI mexicano? La lectura de conjunto permite ubicar, al menos, estos componentes: 1) respeto —o falta de él— intermitente y caprichoso a la Constitución y a las leyes; 2) centralización de más y más facultades en la Presidencia de la República; 3) intromisión del Ejecutivo en los otros poderes del Estado; 4) cesión de posiciones estratégicas del Estado al Ejército; 5) aversión por las instituciones autónomas; 6) hostilidad a la prensa independiente del gobierno; 7) indolencia hacia la investigación científica, la evidencia, los datos sobre los que está obligado a generar políticas públicas; 8) la falta de compromiso con la laicidad; 9) el intencionado destartalamiento del debate público y la aversión al diálogo con el pluralismo real de México; 10) desprecio por el archipiélago organizado de la sociedad civil y por sus agendas; 11) la falta de conocimiento y el franco desdén por la transición democrática mexicana, es decir, por uno de los pocos procesos venturosos que ha admitido la sociedad mexicana moderna.

No es un listado exhaustivo, pero demuestra que estamos viviendo bajo la sombra de un gobierno autoritario. Si no ha avanzado más en su labor destructiva, es por la existencia de normas, instituciones, actores que han jugado su papel democrático y por eso, nos dice Woldenberg, esta historia sigue abierta, mientras él mismo se encarga de documentarla paso a paso.

El autoritarismo es un fenómeno global y los autoritarios no llegan con uniformes ni con botas rígidas, sino a través de elecciones, con peinados divertidos (Ece Temelkuran), como los de Boris Johnson, Donald Trump o los rebeldes flecos de nuestro mandatario. La advertencia es global y creo que lo que está haciendo Woldenberg es precisamente documentar el caso mexicano.

Vivimos algo extraño, al menos desconocido, pues en el pasado, los colapsos de la democracia eran eventos. Adam Przeworski es elocuente:1 podemos decir que Hitler llegó al poder el 23 de marzo de 1933 y destruyó la República de Weimar. Podemos decir, también, que la democracia chilena murió el 11 de septiembre de 1973. Eran eventos, usualmente de talante militar. Pero ¿qué pasa ahora? Ocurren procesos graduales, insidiosos, abarcantes, pero no menos reales y, por supuesto, siguen incluyendo en su agenda el componente militar.

Maduro pierde los comicios. Aquí el referendo, allá las elecciones, luego se invalidan. Todo es más sutil hoy. Otra vez Przeworski: “Trump y el muro: el presidente declara estado de emergencia para tener un presupuesto y construir un muro. Las dos legislaturas lo rechazan, aduciendo que no hay razones. El presidente ignora el dictamen. El problema va a la Corte Federal. La Corte dice que no hay emergencia. Y sin embargo, Trump sigue intentándolo”. Así ocurrió con las obras del aeropuerto en México, clausuradas después de un remedo de consulta, sin más fundamento que la decisión de un hombre; así la figura de los superdelegados que supervisan e interfieren en la esfera de los gobernadores electos; así la puesta en marcha del Insabi y la destrucción del Seguro Popular que nos hizo retroceder una década en cobertura de servicios de salud; así la intentona de prolongar el mandato en la Suprema Corte y decenas de ejemplos más documentados en este volumen. Con una pierna en la ley y otra fuera de ella, pero con un sentido general que no puede ser ignorado por nadie: es autoritarismo.

Ricardo Becerra
Presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática

Una versión de este texto se leyó en la presentación del libro en julio pasado.


1 Cabrera, R. y Quintero, J. “Una democracia amenazada: una conversación con Adam Przeworski”, Revista Mexicana de Derecho Electoral, número 15-16, Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, 2019.

 

Un comentario en “Regreso al autoritarismo

  1. Autoritarismo estéril. Sin capacidad transformadora.

    Autoridad que ejerce a muy poca distancia…apenas si llega luz a las polillas cercanas.

    ¿de verdad era necesario hacerle una sangría a ese bubón seco?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.