Un mexicano perdido en Rusia

Va de nuevo: en el número 143 de nexos publicamos un fragmento de la biografía que Alvaro Ruiz Abreu ha escrito sobre José Revueltas. Lo titulamos El apostolado de José Revueltas. En ese texto se menciona la amistad de José Revueltas con Evelio Vadillo: ambos se despidieron en Moscú en 1935; Revueltas volvió a México luego de una corta estancia en la URSS como delegado por el Partido Comunista Mexicano al VII Congreso de la Internacional Comunista en Moscú, y Evelio Vadillo se perdió veinte años en las prisiones stalinistas.

Llevado en parte por este hecho, Héctor Aguilar Camín escribió un relato ficticio, bajo la forma de testimonio, sobre José Revueltas y Vadillo, titulado El camarada Vadillo, que publicamos en nexos 147.

Poco después, Aguilar Camín recibió este eco: el diplomático mexicano Ricardo Villanueva Hallal le hizo llegar una carta que incida otra carta, la que el abogado Adolfo Zamora, “compañero de Vadillo en la Universidad hacia los años 1932-1934”, le envió en mayo de 1980 a Antonio Carrillo Flores, entonces embajador de México en Moscú para pedirle su intermediación ante el archivo de Moscú para pedir los documentos del expediente de Vadillo, ya que Zamora quería escribir una “Semblanza de E.V”. Publicamos este material en nexos 149. En su carta, Zamora da a conocer la fecha exacta en que Vadillo llegó a México: 16 de octubre de 1955, y el mes y el año en que murió: mayo de 1958. Zamora añade otro dato interesante, que de algún modo desdice “el silenció” de Vadillo: “En un hotel de la calle de Uruguay, arreglé para él una conferencia de prensa. El 15 de noviembre de 1955, se efectuó la reunión. Los diarios le dieron poca importancia a los hechos y dichos de Vadillo”.

El texto que publicamos ahora salió indudablemente de esa conferencia. Llegó a nuestras manos por medio de Daniela Grollova. Mientras hacía una investigación sobre el Encuentro de dos revoluciones: 1917-1930. México y la URSS, trabajó un tiempo consultando los Archivos de la Hoover Institution en la Universidad de Stanford, y concretamente la Colección Bertram Wolfe, una de las colecciones referidas al movimiento comunista mexicano. Ahí se encontró con este texto de Rodrigo García Treviño, y lo fotocopió al recordar el relato de Aguilar Camín. Este texto debió publicarse en algún periódico mexicano en noviembre de 1955, pero la Hoover Institution lo tene mecanografiado. De Rodrigo García Treviño, sabemos que fue un excomunista, que polemizó con Revueltas a principios de los sesentas -esto se incluye en el tomo Las evocaciones requeridas de las Obras Completas de José Revueltas en ERA-, y que es autor del libro La ingeniería rusa en México (Editorial América, México, 1959).

Como vemos, Evelio Vadillo no deja de volver.

1. AUTOPRESENTACIÓN DE UN EXCOMUNISTA

Yo soy un hombre que estuvo en Rusia veinte años contra mi voluntad. Fui miembro del Comité Central del Partido Comunista en México. Dirigí organizaciones obreras e internacionales en mi país. Fui enviado a las Islas Marías, sufrí persecuciones, y como pago a mis servicios al proletariado nacional y de todo el mundo recibí el mayor castigo de mi vida, viviendo veinte largos años en un país extraño, donde todo era injusto y hostil, aislado de mi patria y de los míos. Fui marxista-leninista-stalinista de buena fe, estuve contra México y los mexicanos y mi tragedia me ha hecho amar a mi México, donde al fin me encuentro de nuevo, considerándome el más feliz de los mortales”.

Con las anteriores palabras abrió el excomunista mexicano Evelio Vadillo una conferencia de prensa el 15 de noviembre de este año, ante unos treinta periodistas de la capital de México, que en representación de la prensa del país y del extranjero acudieron al llamado que les hizo para comunicarles los detalles de la tragedia que en tal forma empezó a pintar y para decirles lo que piensa del “paraíso soviético”.

2. UN VETERANO LUCHADOR PROLETARIO

Antes de partir para Rusia, Vadillo era estudiante de jurisprudencia en la Universidad Nacional de México, donde se le estimaba y quería por sus excepcionales dotes humanas de leal amigo, de excelente compañero y de hombre dispuesto a darlo todo y a correr todos los peligros por la redención o el mejoramiento de los humildes. En 1928, teniendo veintidós años, se afilió al Partido Comunista y pronto, gracias a sus cualidades de organizador y luchador heroico, llegó a ser miembro del Comité Central de la agrupación. Sus prisiones y deportaciones fueron muy numerosas. No sólo estuvo detenido con frecuencia en las cárceles de la ciudad de México, sino que también fue deportado a las Islas Marías, lejano penal que existe a muchas millas de la costa mexicana del Pacífico, a donde se confina a los más peligrosos reos de delitos comunes y al cual, en pasadas épocas de debilitamiento de la democracia en el país, eran enviados los comunistas que más enérgicamente luchaban contra el gobierno. De acuerdo con la política de entonces, esa sinrazón tenía sobra de razones, pues Vadillo fue organizador y jefe de numerosas huelgas, entre ellas la de los trabajadores de los latifundios de Lombardía y Nueva Italia, en el estado de Michoacán, que fue reprimida por fuerzas del ejército, cuando era Ministro de Guerra el general Lázaro Cárdenas, con saldo de numerosos peones (obreros agrícolas) heridos o muertos. Constantemente, en su calidad de líder comunista sindical y universitario, chocaba en aquellos tiempos con Vicente Lombardo Toledano, entonces enemigo acérrimo de la U.R.S.S. Hoy, dicho sea de paso, estos dos hombres tienen de nuevo posiciones antagónicas. El arribista Toledano está del lado de la Rusia totalitaria y del comunismo corrompido y degenerado, en tanto que el viejo idealista, héroe de muchas luchas callejeras y desventajosas con la policía, pero honrado y sincero como siempre, ante el argumento aplastante de la realidad, se yergue con entereza para decir al mundo la verdad sobre sus falsos dioses de ayer.

Al partir Vadillo para Moscú, era un hombre joven de 28 años, de complexión atlética y que rebozaba energía. Veinte años vividos en la gran prisión que según sus propias palabras es la Rusia stalinista, hicieron que el atleta de Otros tiempos perdiera su aspecto saludable y parezca hoy tener muchos años más que los que en realidad tiene. Afirma, cada vez que puede, que ama a sus semejantes, que no tiene rencores y que se encuentra encantado de respirar de nuevo los aires de libertad de su tierra. Pero su aspecto resuelto y un tanto agresivo, que antaño le valiera el apodo de “El Tigre” en los tribunales mexicanos del trabajo, donde peleaba por los obreros, ha desaparecido y ahora se le ve deprimido y como temeroso. Es, que sepamos, el primer latinoamericano prisionero en Rusia que logra volver al país nativo.

3. LA PRIMERA IMPRESIÓN DE RUSIA

Cuando en marzo de 1935 los líderes del Partido Comunista de México y excompañeros de él, Hernán Laborde y Valentín Campa, enviaron al hombre que nos ocupa a Rusia, pasó un año en Moscú estudiando teoría y tácticas comunistas en la Escuela Leninista que la Comintern tenía establecida al efecto.

Y por disciplina de partido, mas a pesar de no hacerlo de buena gana, llevaba la ilusión de conocer la vida del pueblo y del trabajador rusos y de mirar con sus propios ojos las maravillas que se decía había realizado el gobierno de Stalin. Pero sufrió su primera decepción secreta: ni él ni los demás alumnos tenían contacto alguno con la vida rusa común y corriente, sino que vivían como en un claustro, aislados, como los internos de los viejos seminarios católicos, o más aún quizá. Formaba parte de una casta separada, privilegiada sin duda, pero evidentemente controlada y vigilada también. A pesar de todo, sus convicciones comunistas eran tan fuertes y arraigadas, que fue el mejor alumno de su promoción y se le declaró stajanovista de la Sección Hispanoamericana de la cual se le designó jefe.

4. LA RECEPCIÓN DE UN LUCHADOR POR LOS COMUNISTAS DE MÉXICO 

Al saberse en México que Vadillo había retornado al país, los comunistas y sus amigos se dieron a la tarea de propalar sobre él versiones diversas en su apariencia, mas unánimes en sus fines, que no eran otros que los de neutralizar por anticipado cuanto el viejo luchador pudiera hacer o decir. Se afirmó que Vadillo nunca estuvo preso en Rusia; que allá había estado preparándose concienzudamente para llegar a ser “mejor” comunista que antes; que había regresado para asumir la jefatura de los comunistas de América Latina, junto con Lombardo Toledano; que venia comisionado para liquidar al asesino de Trotski, Ramón Mercader del Río, alias Monard, cuando saliera de la cárcel; que se le veía pasear por las calles elegante y saludable. Como prueba maestra de que el exlíder comunista seguía sirviendo al soviet, los comunistas y sus aliados argüían: el gobierno ruso pudo, si lo hubiera querido, ejecutar o retener a Vadillo en aquel país; si no lo hizo, permitiéndole volver a México, es porque le conviene.

Y así por el estilo otros infundios y bellaquerías más. Finalmente los comunistas lanzaron a la circulación unas hojas apócrifas, dizque firmadas por el repatriado, en las que se le hacía declarar que había sido feliz en el feliz “paraíso soviético” y volvía más comunista que al irse. La única realidad de todo era el miedo pánico que los servidores de Rusia tenían de que el prestigioso “Tigre” hablara, por lo cual no parecía descartada la posibilidad del atentado personal.

Sea de ello lo que fuere, Vadillo rompió su silencio después de un mes exacto de reposo en México, durante el cual se dedicó a reparar un poco su quebrantada salud y a empezar a enterarse de las cosas acaecidas en su patria y en el mundo occidental, ya que, debido al aislamiento en que el Kremlin tiene a los pueblos de aquel lado de la cortina de hierro, lo ignoraba todo, al grado de que cuando un periodista le pidió su opinión sobre el famoso puente aéreo de Berlín, se quedó como quien ve visiones.

5. CRONOLOGÍA DE UNA TRAGEDIA

Gracias a unos minutos en que la conferencia de prensa se prolongó con un grupo reducídisimo de periodistas, sin el desorden que imperó cuando estaba presente el grueso de ellos, Vadillo pudo introducir orden en el relato cronológico de su odisea, que en este aspecto fue como sigue:

En marzo de 1935 salió de la ciudad de México para Moscú, vía La Habana, norte de España, París y Alemania, ya que, habiendo resultado sospechoso a las autoridades británicas de migración, no pudo seguir la ruta Londres Leningrado.

En noviembre de 1936 fue condenado a cinco años de prisión bajo el cargo de trotskista. Estuvo tres meses, mientras duró el sumario, en la tristemente célebre cárcel Lubianca, luego en la Prisión Central de Butilkaia y en otras de Moscú y zona aledaña, pasando los últimos tres años en la prisión llamada Dimitrova.

Cumplida la citada pena de cinco años, en 1941 fue deportado la ciudad de Suchinsky, que cuenta 16,000 habitantes y pertenece a la llamada República de Kazakstán, en Siberia. En ese pequeño centro casi aldeano estaba teóricamente libre; pero en realidad estrechamente vigilado. Trabajó cuatro meses como aguador, conduciendo un pequeño carro tirado por una vaca -que le hacía pensar en la leyenda de la industrialización de Rusia- con un barril de agua, que llevaba a uno de los carteles (cooperativas agrícolas) de la localidad. Luego, hasta agosto de 1946, trabajó como zapatero, oficio que aprendió de algunos viejos maestros artesanos de la época anterior a la revolución. Fue nombrado, a su vez, maestro zapatero del cartel en que había sido aguador. A fines de 1946 fueron solicitados sus servicios por otro de los carteles locales, por cuya causa se le acusó de haber roto su contrato de trabajo, siendo condenado a cuatro meses en uno de los llamados campos de regeneración, que en realidad lo son de trabajos forzados, ocupándose, con otros reos, de cargar carros de ferrocarril.

En junio de 1947 logró que se le autorizara para trasladarse a la ciudad de Artiomovsky, en Ucrania, región del Dombás. De paso por Moscú, con serio peligro para él, pues en Rusia nadie puede transitar libremente por el país por haberse vuelto a implantar desde hace años el sistema zarista de los pones interiores, buscó y localizó la embajada de México, donde se presentó “como un fantasma”, vestido a la usanza de los aldeanos rusos, por cuya razón, así como por carecer de documentos que lo identificaran como mexicano, no logró que se le concediera asilo. Siguió, pues, hacia Artiomovsky, a fin de cumplir con el requisito de presentarse a las autoridades policiacas, regresando inmediatamente a Moscú. Durante dos meses, contando ya con algunos auxilios pecuniarios de la embajada mexicana, vivió como vagabundo en la capital de la “patria del proletariado”, llegando a dormir en las estaciones ferroviarias. En ese tiempo, la representación diplomática mexicana pidió informes e instrucciones a la Secretaría de Relaciones, en México, recibidos los cuales le concedió el anhelado asilo.

Solicitado diplomáticamente el visa para que nuestro hombre se pudiera repatriar, las autoridades rusas sostuvieron que, por carecer de autorización para residir en Moscú, ni Vadillo tenía derecho para permanecer en el local de la embajada, ni ésta para asilarlo. Así se entabló una discusión sobre extraterritorialidad conforme a derecho diplomático, etc., que se alargó durante seis meses. Finalmente, las autoridades rusas convinieron con el embajador mexicano en dar a Vadillo el visa, a condición de que retomara a Suchinsky, donde debería llenar los requisitos de policía que había violado pero con el compromiso por parte de dichas autoridades de permitirle sostener comunicación constante con la embajada.

Fue así como en enero de 1948 infortunado peregrino fue llevado de nuevo a la citada ciudad siberiana, donde permaneció dos meses, ya que transcurridos éstos se le autorizó para radicarse Alma Ata, donde siguió recibiendo ay da pecuniaria diplomática. Pasados seis meses y estando en un restorán de Alma Ata, dos individuos -sin duda comisionados para el caso- simularon junto él una pelea con destrucción de vajilla estropeo de muebles, con cuyo pretexto el errante mexicano fue aprehendido pistola en mano por la policía, apresa por escándalo en sitio público y sentenciado a dos años de prisión. No hay para qué decir que tan pronto como los polizontes le echaron el guante, quedar suspendidos, quieras que no, sus contactos con los compatriotas diplomáticos de Moscú.

Con lujo de fuerza fue conducido a la ciudad de Krasnoyarsky, en Siberia central. Dos o tres meses antes de cumplirse su condena de dos años, en 1950, fue trasladado a Moscú, donde el Procurador Militar de la U.R.S.S. le notificó que sobre él pesaba acusación de espionaje al servicio del gobierno mexicano.

Como el cargo era a todas luces falso, Vadillo se negó a firmar cuanto documento o proyecto de confesión se le presentaba, insistiendo constantemente en su inocencia y solicitando, con reiteración también, que se le pusiera en contacto con el representante de su país. Ninguna de sus peticiones fue atendida y pese a que jamás se le probó el cargo de espía, fue condenado a veinte años de cárcel.

6. LA LIBERACIÓN

Para purgar tan terrible sentencia, el excomunista mexicano fue encerrado en la prisión de Vladimir. Allí hizo amistad con un preso de nacionalidad austríaca, quien al ser liberado a raíz del tratado de paz que su país celebró con Rusia, de paso por Moscú para su patria comunicó al embajador de ésta la situación de Vadillo, con la súplica de que lo avisara a la embajada mexicana. Ese fue el punto de partida de nuevas gestiones diplomáticas ante las autoridades moscovitas, que al fin dieron como resultado que el 24 de septiembre de este año dos polizontes rusos del Ministerio de Relaciones Exteriores, elegantemente ataviados, se presentaran en la celda que ocupaba el preso, comunicándole que estaba libre y diciéndole, de palabra simplemente, que era y había sido inocente del delito de espionaje y que todo había sido obra del traidor Beria y de su banda.

Inmediatamente fue trasladado Vadillo de nuevo a Moscú, donde se le ofreció concederle permiso para radicarse en el lugar de Rusia que libremente eligiera, o bien permitirle que regresara a su patria. Preferido esto último, se le retuvo aún tres semanas con magnífica alimentación y automóvil a sus órdenes, aunque con compañía, que lo paseó por la capital soviética, cuyos monumentos se le llevaba a visitar, sin excluir el Kremlin.

Finalmente fue entregado a la embajada de México en Moscú, donde pudo enterarse de que a las gestiones que ésta había estado haciendo a raíz de haber sido llevado a Suchinsky por segunda vez -cuando era embajador el señor Joublanc Rivas-, las autoridades rusas contestaban primero que se estaban haciendo trámites previos al visa y luego que había sido condenado a dos años por escandalizar en sitio público, pero que al purgar la pena se le autorizaría para repartirse. Después, cuando pasaron esos dos años, decían que había traslado a lugar desconocido, por lo que era imposible localizarlo.

7. CONDENACIÓN DEL FASCISMO ROJO

Al llegar a esta parte de su relato, Vadillo afirma con energía lo mismo, en esencia, que dijo en las declaraciones escritas que entregó a todos los periodistas, esto es, que “públicamente declaro lo que aseveré ante los tribunales clandestinos que en Rusia me juzgaron, a saber, que nunca fui espía trotskista ni tampoco al servicio de mi país. El único ‘delito’ que cometí en la llamada patria del proletariado, fue el de haber expresado siempre mis deseos de volver a México. Pero aceptando sin conceder la absurda y vulgar imputación de trotskista, que sólo lleva a aterrorizar a propios y extraños, sostengo que dicha doctrina o cualquiera otra orientación filosófica o política, no puede ni debe dar margen, en ningún país, a persecuciones judiciales o policiacas. Además, los procedimientos judiciales no deben rodearse de misterio ni verificarse en ambiente inquisitorial, como se acostumbra en la Rusia sedicente socialista y como se hizo en mi caso personal. Esos y los subsecuentes martirios, deben interpretarse como productos de la astucia y la perversidad de hampones políticos que pretenden ser internacionalistas, pero que son émulos de aquellos aborrecibles tipos que produjo la barbarie medioeval. Señaló, por ejemplo, a los pretendidos compañeros, encargados, miembros de la policía política soviética, que mediante engaños consumaron la aprehensión con que se inició la primera de las cuatro prisiones que pasé durante los veinte años que como pesadilla viví en el `paraíso soviético’, en que un día creí.

angélica

“Como conozco las cárceles de México, estoy en condiciones de decir que aquí el preso es tratado como ser humano y se le reconocen sus derechos legales. En Rusia no sufrí tormentos físicos; pero allá el preso deja de ser hombre. Todas mis largas prisiones `socialistas’ las sufrí en estrechas y aniquilantes celdas. De las veinticuatro horas del día, sólo durante una se permitía salir a recibir un poco de aire y luz.

“Sin vacilaciones afirmo que mis caros años juveniles los puse al servicio de estériles actividades que me acarrearon en México persecuciones, prisiones y deportaciones, por ideales falsos e imposibles de responder y acomodarse a nuestras condiciones específicas. Repudio acciones vengativas y profeso el amor a mis semejantes. No obstante, considero una obligación moral contribuir con mi grano de arena a esclarecer verdades y al propio tiempo me creo en el deber de cooperar al enriquecimiento ideológico de la mentalidad de mi país, procurando evitar que en nuestro ambiente fructifiquen fraseologías falsas e irrealidades monstruosas”.

8. UN DOCUMENTO RUMANO

Un hombre agotado físicamente por sufrimientos inenarrables, soport durante dos horas la metralla de interrogaciones de todo tipo: inteligentes y agudas unas, torpes las otras, de una treintena de periodistas entre los que no faltó alguno que representaba a una hoja de filiación comunista, quien sin consideraciones a la quebrantada salud del entrevistado, procuraba provocar en él la reacción más o menos imprecisa en qué basar la falsificación y la calumnia.

Pero Evelio Vadillo, débil y hasta exhausto físicamente en algunos momentos, mantuvo su serenidad y su entereza moral y reiteró su condenación al fascismo rojo, explicando la absoluta falta de libertad de prensa que impera en Rusia;

se refirió a la calidad de los sindicatos soviéticos, que no son defensores del trabajador, sino instrumentos del Estado para exigirle que realice agotadoras tareas, es decir, que “cumpla las normas”;

dijo que en Rusia (a donde con frecuencia viajan los Lombardos, los líderes comunistas locales y sus “compañeros de ruta” más o menos intelectuales (aclaro yo) nunca, ni cuando disfrutó de relativa libertad en Moscú, lo vieron o se preocuparon en lo mínimo por él;

calificó al régimen soviético de dictatorial y abominable, explicando que sólo se distingue del fascismo declarado en el color;

afirmó que tal régimen es un zarismo que hace demagogia para engañar al pueblo ruso y al mundo;

aseguró que la única explicación que encuentra de que dicho pueblo lo soporte, es que aquel país secularmente ha vivido en la opresión y la tiranía;

pensando quizás en que en Rusia se asegura que el capitalismo actual es el mismo que existía en Occidente a mediados del siglo pasado, cuando Marx lo conoció, dijo que ha evolucionado y no es ya como aquél;

sostuvo que el marxismo es en parte una doctrina atrasada;

dijo que por lo poco que ha podido saber ya del sindicalismo estadunidense y del laborismo británico, debía alabárseles por haber logrado importantes conquistas para el proletariado y el pueblo;

afirmó qué la mejoría y liberación verdadera de los pueblos únicamente podrán lograrse si se mantienen vigentes la democracia y la libertad;

relató cómo el Kremlin procuró ocultar siempre al pueblo ruso la ayuda que los Estados Unidos dieron al país durante la pasada guerra y cómo ese empeño fracasó debido a que aun a un poblado tan apartado y pequeño como aquél en que entonces se encontraba, en el centro de Siberia, llegaban latas de conservas alimenticias y otros artículos norteamericanos;

aseguró que el pacto ruso-nazi (que hizo posible que Hitler iniciara la segunda guerra mundial) fue visto con malos ojos por el pueblo de Rusia, no por virtud de la propaganda antinazi que se había estado haciendo, sino a causa de las seculares rivalidades entre ambos países;

dijo que desde que se incorporó al mundo libre y quedó en condiciones de enterarse de la política internacional, apasionadamente viene observando su desarrollo, como por ejemplo la conferencia de Ginebra, por lo que está en condiciones de opinar que Rusia sólo trata de engañar a Occidente, con el deseo de ganar tiempo para resolver sus graves problemas y los de sus satélites, principalmente los de China;

y explicó, en fin, que para Rusia, México y su gobierno son “servidores del imperialismo yanqui”; al margen de lo cual cabe comentar: a Vadillo se le acusó y condenó a veinte años de prisión por ser espía del gobierno mexicano.

Esto implica grave cargo tanto para el repatriado como para México. En consecuencia, como México no es una potencia mundial ni militar, para sí no tiene por qué ni para qué comisionar espías en Rusia, que sí es tanto lo uno como lo otro, como lo son también los Estados Unidos. Por lo tanto, según las falsedades del Kremlin, siendo México “servidor del imperialismo norteamericano”, la calumnia de que manda espías a Rusia lleva implícita la ofensa de que el supuesto espionaje lo realiza por cuenta y órdenes de Washington. O sea, que los gobernantes de Moscú han ofendido a México tan gravemente en su honor como quizá nunca lo había sido desde que es nación independiente.

Y basta. Cuando los periodistas nos despedimos de ese redivivo Lázaro moderno que se llama Evelio Vadillo, sacamos la impresión de que sí es una víctima de sus equivocadas creencias juveniles y de quienes para implantar una monstruosa y mendaz dictadura traicionaron los ideales en que él creía, es también un documento humano que señala el camino que nadie debe seguir y el tipo de gobierno que ningún pueblo debe tolerar que se implante en su país; pero es también, al mismo tiempo, una prueba de que los hombres sinceros y honrados no doblegan su energía, ni abdican de su amor a la libertad y a la humanidad ante nadie ni por nada, así se trate de las fuerzas más oscuras, implacables y monstruosas.

Nouveau Teleroman

Se supone que no hay nada más ligero y digerible que una telenovela. Se supone: en la revista Eres (16 de octubre de 1990) encontramos uno de los pasajes más abstrusos e intrincados en la historia de la literatura mexicana, un experimento radical que ni el más recalcitrante Robbe-Grillet se habría atrevido a perpetrar. Esta es la narración, suponemos que “adelantada”, de un capítulo de la telenovela Cenizas y amantes:

Dámaso chantajea a Celeste sentimentalmente. Andrea insiste en venderle las joyas a Dámaso, y para lograrlo, le arma un escándalo delante de los médicos que lo atienden. Para evitar más alboroto, Dámaso se las compra. Julián conoce a Nacho y se hace su amigo. Celeste huye del departamento de Dámaso y se refugia en la casa de San Lucas de la Bruma. Cuando llega, Andrea le dice que tendrá que hacer de sirvienta si quiere quedarse ahí. Fredie conoce a Cuquín y queda impresionado. La invita a salir y ella acepta, pero le pide llevar a un amigo. El lleva a Tomás, pero Bárbara se entera de esto y termina con él. Julián le pregunta a Fátima por Celeste, pero ella se niega a decírselo. El va a San Lucas de la Bruma y se lleva la zapatilla. Al llegar, Cynthia y Bárbara se la prueban, pero no le queda a ninguna de las dos. Con todo y eso deciden conquistar a Julián. Celeste permanece escondida en el sótano. Nacho presenta a Julián con Pepe, su nuevo vecino. Los hombres de Dámaso buscan a Celeste en la cabaña de Felipe. Andrea y Gabino quieren sacarle más dinero a Dámaso; esta vez le ofrecerán entregarle a Celeste. Felipe se entera de que Nestorcito huyó del orfanatorio y que tal vez esté muerto. Julián se -dedica a vender seguros, pero Dámaso se entera de esto y manda a publicar un anuncio en donde dice que un impostor se hace pasar por su hijo, lo cual hace que Julián no pueda trabajar.

íMira mis obras, oh romancier, y desespera!

Dos nuevas secciones

Como se sabe, hay ya, entre nosotros, dos nuevas secciones: Fumar y No Fumar. Esto es lo que ocurrirá, como ocurre en Estados Unidos, según el dibujante Al Jaffee en la revista Mad (Enero de 1991, número 300):

…Y el nuevo dispositivo

Según el mismo Al Jaffee en Mad (Octubre 1990), este es el dispositivo que remediaría los inconvenientes de las dos nuevas secciones, Fumar y No Fumar:

Ya sea que el humo venga del comensal que está frente a uno, o de la sección de Fumar, íeste dispositivo lo arroja de nuevo al pergeñador! íEnvía una poderosa corriente de aire hacia adelante, hacia atrás, o hacia ambos lados!