Renovables, ¿necesariamente intermitentes?

Creo que es casi universalmente aceptado que la lucha contra el cambio climático es el reto más importante que tiene la humanidad, y que debe avanzarse en esta lucha mediante la migración de hidrocarburos a fuentes renovables —una parte creciente de la comunidad internacional considera que también hay que ampliar la participación de la energía nuclear, pero ese es un debate para otro texto—. Los detractores de la transición energética, principalmente en México, alegan que la intermitencia de las fuentes solares y eólicas es una excusa que justifica ralentizar la transición.

Ilustración: Raquel Moreno

¿Cuál es el problema de la intermitencia de las fuentes renovables? Básicamente son dos: que no generan 24 horas al día y que, cuando lo hacen, pueden no ser estables, lo que podría afectar el equilibrio del sistema eléctrico. La realidad es que ambas características son cada vez menos problemáticas: se controlan diseñando adecuadamente los parques o, por lo menos, se predicen mejor, lo que permite complementarlas con generación firme. Los operadores eléctricos, como el Centro Nacional de Control de Energía, se han especializado en eso.

El problema de la transición es, entonces, la necesidad de generación firme. En México quien más la ofrece es la CFE, ya sea mediante hidroeléctricas o generadoras de combustibles (termoeléctricas, ciclos combinados, turbogás), pero lo hace con costos altos. Con las subastas de 2016 y 2017 entraron en operación nuevas plantas de generación privadas que tuvieron que ofertar costos bajos para conseguir contratos. Pero seguían basadas en combustibles.

Entonces, más allá de México, en el entorno global, ¿se puede tener energía firme a partir de fuentes renovables? La respuesta es sí, y fundamentalmente se basa en el almacenamiento de energía, de varios tipos. La más común es la hidroeléctrica, que almacena energía potencial para usarla en el momento de mayor demanda del sistema eléctrico. Así funciona en un mercado energético maduro: da más ingresos a la hidroeléctrica, pero a la vez baja el costo de la energía.

Ahora bien, ¿pueden las fuentes eólicas y solares aportar energía firme? La respuesta parece ser sí. Además del calor en el caso de las fuentes solares, las baterías y el hidrógeno pueden almacenar energía para entregar electricidad a la hora que el sistema lo demande. Además, con los mismos controles de generación que una central de combustibles —que permitan regular frecuencia, por ejemplo—.

Los proyectos ya existen. Una de las empresas eléctricas más grandes del mundo construye parques eólicos en el mar, con el objetivo de aislar hidrógeno y usarlo en diversas formas. Al mismo tiempo, desarrolla turbinas para usarlas con el mismo hidrógeno para generar electricidad.

En España, Chile y los Emiratos Árabes Unidos, operan o se construyen centrales eléctricas que se alimentan de calor solar: lo concentran con espejos, lo almacenan mediante sales, y generan electricidad de noche, cuando el sistema se los demanda.

Si bien los costos de inversión en infraestructura de estas centrales eléctricas puede ser alto, que no necesiten combustibles hace que sus costos de operación sean muy bajos y bastante competitivos. La instalación masiva y el desarrollo tecnológico podrían disminuir el costo de la tecnología, lo que hará cada vez más atractiva la inversión y el costo de la energía en el largo plazo. Así pasó con la eólica y la solar fotovoltaica, cuyos precios bajaron hasta 80 % en una década.

¿México tiene potencial para instalaciones de este tipo? Claro que sí. El potencial solar en el noroeste del país, e incluso el de la zona de Baja California, resultan atractivos para este tipo de proyectos. Con ello además se resolvería el problema de falta de energía en la península.

El uso de fuentes eólicas en generación de hidrógeno debe ir asociado a la construcción de centrales de generación térmica, alimentadas por el hidrógeno producido por los generadores eólicos. Conversiones de este tipo harían que los parques de generación entreguen energía proveniente de fuentes renovables de forma instruida —que den equilibrio y seguridad al sistema eléctrico— sin depender de hidrocarburos, que se usarían en algo de mayor valor (como la petroquímica).

Sin embargo, el gobierno mexicano se ha limitado a proponer la construcción de seis centrales de ciclo combinado con gas en el país. ¿Podría haber opciones renovables más baratas? Probablemente, pero no lo sabemos. Este gobierno, en lugar de abrir la competencia para obligar a las empresas a ofrecer mejor tecnología y menores costos, cerró los proyectos mencionados.

Con ello, se ata al país a la necesidad de gas, que el mismo gobierno ha criticado. Al parecer, la aversión al mercado y la afición por los combustibles fósiles de este gobierno nos mantendrá atados a sus ideas fijas. Al final de la historia, la intermitencia puede solucionarse con recursos renovables. Todo es cosa de querer hacerlo —y de no cerrarse a una sola tecnología, sino abrirse al mercado y a la innovación.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía

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Publicado en: Energía