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Lo que me parece fascinante en la figura de Teresa Urrea es que sus poderes de curandera y profeta son inseparables de su visión política. Lo mismo hacía mezclas de tierra y saliva para sanar a los enfermos que escribía panfletos con Lauro Aguirre proclamando, entre otras cosas, la igualdad absoluta de las mujeres y su derecho a ocupar puestos de elección popular. Desde una idea linear de la historia como tránsito del oscurantismo a la Ilustración, sólo se alcanza a reconocer el carácter político de su segunda faceta, es decir, las exigencias de corte secular, lo demás es descartado como residuos de la superstición y fanatismo de otras épocas. Me parece que es necesario revisar esa distinción. La creciente fuerza de un movimiento social como el de las Rastreadoras, quienes de manera cotidiana atraviesan el umbral sagrado entre vivos y muertos, nos obliga a pensar de otra forma la relación entre ritual y política.

Ilustración: Raquel Moreno

Teresa Urrea nació alrededor de 1873 como hija ilegítima de una mujer tehueca del norte de Sinaloa y un hacendado español, que años después la reconoció y acogió en su rancho de Cábora, en el sureste de Sonora. Después de un ataque de catalepsia que la mantuvo postrada por tres meses, Teresa desarrolló el don de curar a los enfermos que acudían en masa a visitarla. También tuvo visiones marianas que la llevaron a denunciar la corrupción del clero, proclamar el triunfo de las revueltas y anunciar el advenimiento de un mundo nuevo. Varios grupos que se rebelaron contra el gobierno de Porfirio Díaz en esos años invocaron su nombre. Cuando en 1892 los mayos atacaron Navojoa para resistir el despojo de sus tierras, se les oía gritar: “¡Viva la santa de Cábora!”. Ese mismo año, Teresa y su padre fueron expulsados de México y tomaron residencia en un pueblo minero de Arizona.

Un tema recurrente en los acontecimientos que rodean la vida de Teresa Urrea es el poder de las imágenes. Teresa no fue la única santa de su tiempo, la región serrana entre Sonora y Chihuahua se llenó de videntes y profetas. Unos años antes, los “viejitos” López habían llegado a Chopeque transportando una imagen de la Virgen de los Remedios a la que se atribuían poderes milagrosos. Entre los motivos del levantamiento de 1891 en Tomóchic, los locales adujeron que el gobernador había extraído dos pinturas religiosas de su parroquia. En 1896, cuando los yaquis asaltaron la aduana de Nogales se pudo constatar que algunos llevaban en el pecho una imagen de la santa de Cáborca para protegerse de las balas.

Teresa Urrea ha sido reivindicada como símbolo chicano y precursora de las luchas de los mexicanos en Estados Unidos. Lo cierto es que es una figura típicamente fronteriza, en el doble sentido de binacional y de alejada de la metrópolis. En sus viajes por Arizona, California y Texas no sólo siguió curando a los numerosos mexicanos que acudían a ella, sino que también se involucró en los círculos críticos al gobierno de Díaz. Algunos autores relatan que, frente a una delegación de yaquis, mayos y tarahumaras que fueron a visitarla a Estados Unidos, la santa respondió: “Las intenciones de Dios son que ustedes tengan esas tierras, si no, no se las habría dado a ustedes”.

Así como sucedió en los albores de la Revolución, la visión profética de un mundo restaurado o renovado puede aliarse con una postura crítica al despojo y la opresión. El poder sanador que se concentraba en las manos de Teresa es una forma de acción política, al igual que los gestos o pequeñas intensificaciones del cuerpo y los sentidos que pueden presenciarse hoy entre las personas que buscan y manipulan restos humanos. Es posible que el aliento que emana del ritual, que tiene su fuente en experiencias tan concretas como la enfermedad o la muerte, sirva en ocasiones para reanimar la aridez de la imaginación secular.

 

Natalia Mendoza
Antropóloga y ensayista. Estudió Relaciones Internacionales en El Colegio de México y un doctorado en Antropología en la Universidad de Columbia.

 

Un comentario en “¡Viva la santa de Cábora!

  1. Dra Natalia Mendoza. Me gustaría compartir mi experiencia al leer un Libro sobre la Santa de Cabora. Me impresionó la vida de esta mujer. Me quedó la impresión que fue utilizada para justificar la barbarie con los Yaquis.