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Escalar pretendiendo las estrellas,
me dispuse a tratar de describir
lo que es el sueño.
Hay diferentes tipos de sueños
unos que se envidian
y otros que nos son indiferentes.
Yo tengo un sueño, dijo Martin Luther King.
Shakespeare aseguró que estamos hechos
del mismo material que los sueños.
Libertad, igualdad y fraternidad, soñaron los franceses.
Las feministas ansían conseguir la justicia.
¿Qué puedo soñar yo?, me pregunté.
Una poeta que intenta burlar
la fugitiva sombra y al superior convexo
llegar rodeada de aves nocturnas
tan oscuras, tan graves
que sólo auguran más tropiezos.
Puedo (y lo sé) soñar los versos más chingones
más angelados, más confusos;
un mundo donde las mujeres y los hombres
codo a codo limpian, barren,
cuidan a los niños.
Un lugar donde los maestros
desde preescolar hasta la universidad
sean considerados los empleados
mejor pagados, más apreciados
y los futbolistas y las estrellas de cine
reciban un salario justo
por ser sofisticados payasos de circo.
Ahí voy yo, sacrílega, encarrerada,
entre faroles sacros,
preguntona como acostumbro,
cómo sería este mundo
si no existieran los políticos
y en la morada de Harpócrates
me doy licencia de soñar
un mundo sin violencia
sin decapitaciones, vejaciones
violaciones, feminicidios.
Un imperio glorioso del bien
una clepsidra inclinada hacia la razón
donde las palabras no lastiman, no humillan
y la mujer camina libre
sin miedo día y noche
y sin justificar cómo se viste
ni con quien sale, ni a qué horas bebe
o se tatúa o se maquilla.
En aquel Universo donde en fin el sueño
todo lo poseía,
aún el ladrón dormía
y los amantes con sosegada paciencia
sin culpa se seducían
sin jamás jurarse fidelidad alguna
pues nadie es propiedad de nadie.
Y los criminales también dormían
eternamente
sin jamás ocuparse de fregar a los demás.
Los amantes cansados del deleite
con pequeñas despedidas se acurrucaban
y la Naturaleza siempre alterna
daba espacio a los seres de alma doble.
Nadie se escandalizaba
por los que a su propio sexo buscaban
y rebuscaban para darse placer.
Aquí los niños enfermos de cáncer son prioridad.
Se les dan cuidados, medicamentos.
Aquí en este espacio de ficción
donde la mente hace de las suyas,
Morfeo mide igual el sayal y el brocado,
así que ni el rey ni el dinero
son el rasero para medir el valor
de las personas todas.
Ni la muerte tampoco se yergue
en el estado del sueño eterno
como artero enemigo ni como meta última,
pues uno, como miembro rey
y centro vivo de espíritus vitales,
se ocupa de asuntos más justicieros
enfocados a la salud del planeta
sin necesidad de desperdiciar agua,
ni producir toneladas de inútiles basuras.
Además, en este Universo regido por lo absurdo,
los sentidos callados se guardan, sabios, su parecer
y la lengua torpe, enmudece prudente
y hasta no ser necesario,
se suelta para externar su opinión.
Aquí todos conservan su distancia
su opinión atesorada bajo siete llaves
cada quien vive su vida
y los hombres no tocan a las mujeres
sin su consentimiento previo.
Ellas son como estatuas intocables
se yerguen, avaras nunca
y siempre diligentes,
con su natural disposición a darlo todo
por los demás y con amorosas manos,
escriben, calculan, construyen puentes,
laboratorios y salones de clase.
La violencia contra los niños no existe
es sólo una historia en los cuentos
que se platican frente a una fogata
viéndose claramente la azogada luna
que vigía rige en sus dominios.
Y el alma, en su increíble viaje
se desliza por el reino de los sueños,
imparable,
enigmática, ahíta de curiosidad,
buscando las insospechadas maravillas
de este mundo imaginario, de su niebla
que abarca territorios nunca vistos,
que con un pincel invisible va formando
las figuras siempre vistosas
de criaturas felices,
animales y mascotas nunca maltratados,
alimentados y criados de forma humanitaria
comiendo de la mano y confiando
en sus hermanos mayores: los humanos.
Y sin pensarlo sobre una pirámide observé
ostentación de Menfis vano
la creación entera
coronada de bárbaros trofeos
que poco a poco iba cambiando:
los líderes mundiales preocupándose genuinamente
por sus votantes, por el bien común
y la salud de la tierra, las semillas,
que nada les deben a las corporaciones.
La salud es lo primero; medicinas,
tratamientos, vacunas para todos,
pues sin bienestar no hay desarrollo
pues ¿qué repartir si no hay nada que repartir?
El transporte se comparte porque el aire puro
es beneficio de todos.
Las energías son verdes y en el cielo están impresas.
Nivelan la simetría armoniosa entre
lo de arriba y lo de abajo.
Pensé que mi ambiciosa mente encumbraba
mi perspectiva, mi entendimiento
y en locura la tornaba
haciendo invisible, lo execrable.
Cuánto obstáculo había yo obviado
tratando de imaginar
de soñar en una magnífica visión
dios y diablo, mundo y ensoñación.
Mi entendimiento, aquí vencido,
me mostraba un lugar perfecto
donde la gente se comportaba con civilidad
y no hay chantajes, o secuestros
o asaltos y fraudes.
Y un gran ópalo brillaba en el centro
irradiando claridad, calidez,
y por mirarlo todo, nada veía,
ni discernir podía,
tan incomprensible espectáculo se mostraba
ante mis azorados ojos
que quería morir de la emoción sin lograrlo.
Quería vivir el sueño sin estar dormida
y despertar a esa vida de ensueño.
Comprender a Dios en su magnificencia,
entender su obra que en perfección se enmarcaba
mas al despertar me enteraba
del derrumbe de la ensoñación
del engaño insolente que se alzaba
sobre la blanca almohada
en el ocaso de la noche
y entre el ejército de sombras me asomaba
sin armadura y sin espada
desprotegida
a la luz que iluminaba el mundo,
pues mundo y realidad se daban la mano
en la imperfección viciada de los hombres
y tiempo y lugar
y pobreza y riqueza aparecían
y habiendo usurpado la lumbre del sol
más grande era mi caída
aunque el castigo jamás se publicara.
Me recriminaba el insolente exceso
de soñar un Universo perfecto
pues ahora los extremos se juntaban
y en una rosa encontraba lozanía,
belleza, lágrimas y espinas
y dolorosamente todo
era perfecto en su imperfección.

Ilustración: Cam de la Fu

 

Kyra Galván
Poeta y ensayista. Entre sus libros: El sello de la libélula, Corazón de plata e Incandescente: poesía reunida. “El otro sueño” alude claramente al “Primero sueño” de sor Juana Inés de la Cruz; Galván se ha ocupado de ella en Los indecibles pecados de Sor Juana.

 

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