John H. Coatsworth: El impacto económico de los ferrocarriles en el porfiriato: Crecimiento y desarrollo. 2 vols. México, SepSetentas, 1976, pp. 150 y 158.

Coatsworth incorpora en su análisis de los primeros ferrocarriles mexicanos un dominio completo de los libros y las fuentes documentales sobre la materia. También maneja con destreza las técnicas econométricas que Robert W. Fogel y Albert Fishlow han aplicado a la historia ferrocarrilera norteamericana. El desarrollo y la influencia de los ferrocarriles en los Estados Unidos y México tienen más diferencias que semejanzas; la adaptación de estas técnicas al porfiriato permite un análisis más penetrante y confiable que cualquier otro de que podamos disponer a la fecha. Los historiadores tradicionales se horrorizarán con las comparaciones que Coatsworth establece entre el México real de 1910, con ferrocarriles, y un México hipotético sin ferrocarriles que depende para sus comunicaciones de una mezcla extraña de carreteras, carruajes, teléfonos y telégrafos -se trata de medir, mediante este recurso metodológico, cuál habría sido el rumbo de la economía mexicana en caso de que el ferrocarril no hubiera sido trasplantado al país-. Como es lógico, Coatsworth mantiene siempre clara la línea divisoria entre el México real y su modelo hipotético.

Un estudio basado en las estadísticas mexicanas del siglo XIX, encuentra obstáculos inherentes a tal tipo de documentación. En particular: la fragmentariedad o imprecisión de algunos cuadros, la inflación caprichosa del peso -lo cual complica los cálculos de precios- y la presencia de ciertos factores intangibles como el placer, el menor cansancio y otros beneficios psicológicos de los ferrocarriles. Coatsworth reconoce las limitaciones de sus fuentes estadísticas; también examina con gran detenimiento las variaciones del peso y describe los factores no mensurables con algún detalle. Sin embargo, sus conclusiones suscitarán probablemente muchas críticas parecidas a las que recibieron Fogel y Fishlow.

Por un lado, Coatsworth descubre que en la transportación de pasajeros el sistema ferrocarrilero porfiriano contribuyó muy poco al desarrollo económico, aunque reconoce la importancia del aumento en la movilidad popular que permitió encontrar nuevos trabajos a las clases desposeídas, facilitó los encuentros personales de hombres de negocios y políticos, e hizo más real la unidad nacional. Por otra parte, encuentra en la transportación de carga la contribución económica verdaderamente significativa de los ferrocarriles. Cuando compara la transportación de ese tipo que hacían los ferrocarriles en 1910 con cualquier otra alternativa concebible de transporte (en el supuesto de que no se hubieran construido ferrocarriles) descubre que el ferrocarril significó un “ahorro social” de, por lo menos, entre el 10.8 y el 11.5 por ciento del producto nacional bruto de México -proporción casi dos veces mayor que los máximos calculados para los Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS.

Los costos sociales y económicos de este enorme impulso fueron considerables. Los ferrocarriles se trazaron para favorecer los productos de exportación sobre los destinados al mercado interno y apenas contribuyeron a desarrollar las industrias Mexicanas. Estimularon también la comercialización de la agricultura, hasta el grado de extender y a veces revivir el latifundismo de otros tiempos. Este proceso ocasionó una oleada de levantamientos en la década de 1870 (los cuales Coatsworth ubica, reveladoramente, con ayuda de mapas que muestran el avance de la rejilla del ferrocarril) y ayudó a la explosión revolucionaria de 1910. Pese a los “impulsos democráticos” de esta revolución dice Coatsworth, los ferrocarriles “ataron el futuro del país… al proceso contradictorio de un moderno subdesarrollo capitalista dependiente” (II p. 92)

Buena parte de esta interpretación es conocida, y algunos de sus aspectos novedosos quedan, desde luego, abiertos a la discusión. Sin embargo, Coatsworth ha exorcizado varios mitos sobre los ferrocarriles, ha reducido el área de las conjeturas y ha puesto en su lugar una nueva versión narrativa y descriptiva basada en la estadística y en la econometría modernas. Los historiadores del porfiriato deben consultar esta monografía; quienes escriban en el futuro sobre la economía de los países latinoamericanos, pudieran usarla como modelo.

David M. Pletcher