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La pandemia de covid-19 continúa ocasionando muerte, pánico e incertidumbre; aunque también se vislumbran algunas ráfagas de cauto optimismo. Hace más de un año que la crisis atenta contra la salud y bienestar de la población mundial, pero su marcha ha expuesto profundas grietas en nuestra estructura para el cuidado de la salud, lo que nos ofrece claras oportunidades para transformar un sistema que no está a la altura de este desafío ni diseñado para servir a los más vulnerables.

Ilustración: David Peón

Una de las predicciones más tempranas desde que se estableció la pandemia fue que las personas con adicciones y aquéllas que se están recuperando de un trastorno por uso de sustancias (TUS) sufrirían sus impactos con mayor intensidad que la población general. Lamentablemente, la evidencia acumulada confirma que los pacientes que sufren de TUS no sólo tienen un mayor riesgo de contagiarse de covid-19, sino también una mayor probabilidad de sufrir consecuencias clínicas más severas.

Un análisis reciente de los registros de salud de más de 73 millones de pacientes en 360 hospitales arrojó cifras contundentes: las personas con un diagnóstico reciente de trastorno por consumo de opioides, tabaco, alcohol, cocaína o cannabis exhibieron una probabilidad 10.2, 8.2, 7.8, 6.5 y 5.3 veces más alta, respectivamente, de contraer covid-19 que la población general; una asociación que fue aún más alta para las personas de ascendencia afroamericana. Pero además de un mayor riesgo de contraer la enfermedad, los pacientes con TUS también experimentaron complicaciones y desenlaces más graves después de contraer covid-19 que otros pacientes, incluyendo hospitalización (41 % vs. 30 %) y muerte (9.6 % vs. 6.6 %). La disparidad entre la población afroamericana y la población caucásica fue muy sustancial: el 13 % de las personas afroamericanas de la muestra que sufrieron un TUS en algún momento de su vida y que contrajeron covid-19 fallecieron, en comparación con el 8.6 % de las personas caucásicas con los mismos dos diagnósticos. Estos números revelan un patrón insidioso y perturbador de discriminación en varios niveles y deberían interpretarse como un llamado ineludible a la acción.

Las razones por las que las personas con TUS presentan un mayor riesgo de contraer covid-19 y enfermarse seriamente son complejas, aunque poco sorprendentes, y reflejan mecanismos directos e indirectos. Una de las conexiones más directas proviene del hecho de que el SARS-CoV-2, el virus que causa covid-19, ataca los pulmones, lo que presenta un peligro particularmente grave para quienes vapean o fuman tabaco o marihuana. De hecho, un análisis reciente mostró que aquellos adolescentes que habían usado alguna vez cigarrillos electrónicos (pero no habían fumado cigarrillos tradicionales) eran cinco veces más propensos a reportar una infección por covid-19, mientras que el riesgo de infección entre aquéllos que habían usado alguna vez cigarrillos electrónicos y fumado cigarrillos tradicionales fue siete veces mayor.

Por otra parte, el consumo crónico de muchas drogas daña o debilita el organismo, aumentando el riesgo de infecciones. Por ejemplo, el consumo de opioides y metanfetamina afecta directamente la salud respiratoria y pulmonar. La metanfetamina contrae los vasos sanguíneos, lo que contribuye al daño y la hipertensión pulmonar. Mientras tanto, los opioides reducen el ritmo respiratorio, lo que puede llevar a la hipoxemia —disminución del oxígeno en la sangre—, causar daño al cerebro y afectar la salud cardiopulmonar.

Pero el consumo de drogas y la adicción también pueden afectar la salud en forma indirecta. El estigma hace que las personas con TUS sean más reticentes que el resto de la población a buscar atención médica y cuando lo hacen es muy posible que reciban atención de calidad inferior o se les niegue el servicio. El estrés y el aislamiento en tiempos del covid-19 presentan enormes desafíos para estas personas. Las conductas asociadas al consumo de opioides y de otras clases de drogas ilícitas aumentan el riesgo de contraer enfermedades infecciosas de toda clase. A pesar del distanciamiento social y las cuarentenas, las personas que sufren de TUS necesitan interactuar con otras personas para obtener drogas o acceder a jeringas, medicamentos y otros elementos de apoyo. Además, es más probable que una persona con TUS no tenga una vivienda estable o esté encarcelada, circunstancias que presentan problemas únicos con respecto a la transmisión del SARS-CoV-2. Todas estas barreras contribuyen a que quienes sufren un TUS y contraen covid-19 no reciban el mejor tratamiento, lo que pone a estas personas en una situación de mayor riesgo a sufrir consecuencias clínicas más persistentes o peligrosas.

Debemos asegurarnos de que los pacientes con TUS no sufran mayor discriminación, aun cuando el aumento de casos de covid-19 agrega una sobrecarga a nuestro sistema de cuidado de la salud. Este factor se sumaría a la grave recesión económica y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo que podrían llevar a un número cada vez mayor de hogares vulnerables a recurrir a mecanismos de supervivencia negativos, como el uso de sustancias y los cultivos ilícitos de droga.

Lamentablemente, la sobrecarga psicosocial tiene efectos nocivos muy concretos. Se han registrado aumentos significativos en muchos tipos de consumo de drogas desde marzo, cuando la emergencia nacional en Estados Unidos llevó al cierre de negocios y escuelas. El análisis de una muestra nacional de 500 000 resultados de pruebas de drogas en orina realizadas por Millennium Health a partir de marzo en Estados Unidos mostró fuertes aumentos de positivos para cocaína (hasta el 10 %), heroína (hasta el 13 %), metanfetamina (hasta el 20 %) y fentanilo (hasta el 32 %).

 

Por otra parte, debemos reconocer que las realidades profundamente alteradas en el campo de la salud y la atención médica están creando oportunidades sin precedentes para alcanzar a más personas con servicios y tal vez aumentar el alcance de los sistemas de apoyo a la recuperación.

La buena noticia es que los cambios en las políticas que facilitan la telemedicina y la ampliación del acceso a los medicamentos para el tratamiento de las adicciones han ayudado a compensar las dificultades exacerbadas por la pandemia. Por ejemplo, las personas con trastornos por consumo de opioides ahora pueden comenzar el tratamiento con buprenorfina sin una visita inicial al médico en persona, lo que solía ser requisito; y el tratamiento con metadona ahora permite que los pacientes estables obtengan hasta 28 días de dosis para llevarse a casa. Nuevas reglas de Medicare y Medicaid ahora facilitan el reembolso por consultas de telemedicina para TUS. Inevitablemente, dado que muchas personas con TUS no tienen computadoras o celulares inteligentes, otros métodos innovadores, como combinar la telemedicina con la divulgación en la calle, serán fundamentales para garantizar que más personas reciban la atención que necesitan, especialmente desde que comenzó la pandemia, cuando las circunstancias han hecho que el apoyo de soporte, por ejemplo, en reuniones de 12 pasos y grupos similares, sea mucho más difícil.

 

Los trastornos por uso de sustancias son el resultado de circunstancias personales, sociales y ambientales, cuya virulencia se ha exacerbado significativamente durante la pandemia. Mientras pensamos y apoyamos a esta población tan vulnerable y estigmatizada, necesitamos imaginar e implementar nuevas formas de facilitar la administración del tratamiento y los apoyos necesarios para su recuperación en un mundo que difícilmente volverá a ser el mismo.

 

Nora Volkow
Psiquiatra e investigadora científica. Es directora del National Institute on Drug Abuse (NIDA, Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas), el cual forma parte de los National Institutes of Health (NIH, Institutos Nacionales de la Salud).

 

Un comentario en “Tóxicos y la pandemia

  1. El consumo de substancias ilícitas, además, se asocia a la pobreza lo que se traduce en hacinamiento, obecidad, etc.