A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Aunque los orígenes de la apariencia visual del símbolo @ son cuando mucho especulativos, su uso taquigráfico para “al precio de” es algo más probado. Un estudioso en particular vio que una obra suya alcanzaba un público mucho mayor que el normal para una pieza menor de investigación paleográfica: en el año 2000 un buen número de periódicos en el mundo informó sobre la obra de un tal Giorgio Stabile, un académico italiano que por fin había desenterrado la prueba documental de lo que el símbolo significaba.

La búsqueda de Stabile del nacimiento de @ comenzaba con un análisis de los diversos nombres del símbolo. Un sondeo en línea de 1997 reveló que por el símbolo hablaba una gran cantidad de nombres a lo largo de treintaisiete países, muchos de ellos inspirados por su forma: snabel-a o “trompa de elefante-a” en danés y sueco; apestaart, o “cola de mono” en danés; zavinác, o “arenque adobado” en checo y eslovaco; Klammerafe, o “mono araña” en alemán; strudel, o “bollo enrollado” en hebreo; kukac, o “gusano” en húngaro; grisehale, o “cola de cerdo” en noruego, y gül, o “rosa” en turco. Tanto el francés como el italiano tienen términos formales —respectivamente arobase, una arcaica unidad de peso, y anfora— y también los más caprichosos escargot y chiocciola, y ambos significan “caracol”. El inglés utiliza el directo y sin chiste “a/en (cuánto) comercial” o, simplemente, “signo de a/en (cuánto)”.

Stabile observó que pese a los muchos alias figurativos del símbolo, sólo unos cuantos nombres no se relacionaban con su forma: el inglés “a/en comercial”, el francés arobase (también conocido en español y en portugués como arroba), y el italiano anfora. Las ánforas eran jarras utilizadas durante siglos por los griegos y los romanos para transportar cereales, aceitunas, aceite y vino, y la palabra no sólo se refería a las vasijas mismas, sino también a unidades de peso y volumen. El ánfora romana al uso tenía el volumen de un pie cúbico, o unos veintiséis litros. La arroba española y portuguesa, por otra parte, era unidad habitual de peso y volumen que representaba ya fuera un cuarto o un quintal, o, alternativamente, un volumen de unos dieciséis litros. La misma palabra arroba vino del árabe al-rub´, o “un cuarto”, un término que absorbieron las lenguas de la península ibérica bajo el dominio moro, y que luego fue a dar a Francia como arobase.

La clave para el descubrimiento de Stabile fue una carta que envió de Sevilla a Roma el 4 de mayo de 1536 un mercader de nombre Francesco Lapi, en la que Lapi habla sobre la llegada a España de tres naves comerciales desde el Nuevo Mundo. Al escribir que un ánfora de vino costaba ahí ochenta ducados, usó el símbolo familiar @ como una abreviatura de la palabra “ánfora”.

Fuente: Keith Houston, Shady Characters. W. W. Norton & Company, NY, 2013.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.