A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

I

Los términos “cultura” o “civilización” surgieron en Occidente como sustantivos universales entre muchos otros. Sin embargo, en contraste con otros universales como “ciencia” o “libertad”, “cultura” siempre se ha utilizado como forma plural. Se discutió acerca de la ciencia y de la libertad, y no sobre “ciencia occidental” y “libertad occidental”, ya que para la comprensión general estas cosas buenas son únicas e indivisibles. No obstante, se discutió acerca de la “cultura occidental” pues se ha aceptado desde siempre que hay muchas otras culturas a su lado, inferiores, superiores o, simplemente, diferentes de la occidental. Al margen de si todas estas culturas se consideraron superiores o inferiores, las relaciones entre cultura siempre fueron temporalizadas, historizadas. Las culturas se siguen unas a otras, no existe ninguna vía de retorno a la anterior, exceptuando un viaje nostálgico que sólo es accesible a cada individuo. Las culturas fueron vistas como universos cerrados que, o bien permanecían cerrados, o bien, si finalmente se abrían, perdían sus rasgos distintivos y sucumbían ante lo último, la cultura occidental. Este punto de vista sobre las culturas “extrañas” coincidía estructuralmente con la división cultural dentro de cada país en el periodo del capitalismo temprano.

Aristocracia, terratenientes, alta y baja burguesía y formas de vida campesinas estaban divididas en forma estricta y eran diferentes. La discusión sobre “inferioridad versus superioridad” culturales proseguía continuamente, siendo los contendientes la aristocracia, los terratenientes (en Inglaterra) y la burguesía.

La discusión sobre la cultura de clases en el siglo XIX no fue ningún tópico. La famosa sentencia de Disraeli mencionaba dos naciones en una, que no tenían ni siquiera comunicación entre sí. Los primeros movimientos de la clase obrera, más tarde los sindicatos y partidos políticos, sin importar si habían defendido un programa para la creación de una cultura especial de clase obrera, contribuyeron con fuerza a la aparición de esta misma cultura. Las culturas de clase, como norma general, estaban casi herméticamente cerradas; tan sólo individualmente se podía cruzar las fronteras entre ellas. Cruzar estas fronteras culturales resultaba extremadamente difícil, no sólo para aquellos situados en el plano inferior de la escala social y que intentaban ascender. Henry James fue gran cronista de las enormes dificultades con que tenían que enfrentarse incluso las gentes de inmensa riqueza si querían cruzar las barreras culturales que les dividían de las “familias antiguas”.

II

La moderna división del trabajo, que estratifica la sociedad según un orden funcional, comenzó a echar abajo la división estricta de las culturas de clase a finales del siglo XIX. Intelectuales independientes, artistas en particular, fueron los primeros grupos disidentes. Crearon el ambiente bohemio con un sabor específicamente cultural, una forma de vida en si misma, no aristocrática, burguesa ni de clase obrera, sino simplemente diferente. El mundo bohemio estaba rompiendo gradualmente y de una forma global este hermetismo de varias culturas. “Bohemios” de un país tomaban prestado con regularidad material artístico, elementos, temas y motivos de los así llamados “extraños”. Los isleños de Gauguin ya no se asemejan al “salvaje noble”; se asemejan a nosotros, pero con una diferencia.

III

Sin embargo, no fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando llegó a ser obvia la creciente erosión de la red de culturas de clase. También fue tras la Segunda Guerra Mundial cuando el relativismo cultural sin duda ganó ímpetu. Es durante este época cuando pueden ser elegidos ciertos modos de vida y modelos culturales, particularmente entre los jóvenes, y cuando los hábitos culturales, que con anterioridad estaban relacionados exclusivamente con sus respectivas clases, se hacen ahora accesibles a todos en general. Y también fue durante esta época cuando “otras culturas” comenzaron profusamente a tomar prestado de las modas europeoccidentales modelos de comportamiento, hábitos, etc. Desde luego, un desarrollo paralelo tan obvio requiere una explicación de sus múltiples causas. Ya he mencionado la aparición de la división funcional del trabajo. Añadido a esto, se podrían mencionar el nacimiento de la producción en serie y la expansión de los medios de comunicación, la descolonización, el descenso de número de horas laborables en los centros de la Europa Occidental y del Norte y otros muchos factores. En lugar de concentrarme en las causas preferiría discutir brevemente sobre las instituciones imaginarias de significación (en términos de Cornelius Castoriadis).

A mi juicio, hubo tres distintas corrientes en las cuales se han creado nuevas e imaginarias significaciones para modos de vida tras la Segunda Guerra Mundial. Ignoraré deliberadamente las tendencias teoréticas (por ejemplo, el estructuralismo), que han influido profundamente nuestra visión del mundo. Tan sólo me concentraré en las cosmovisiones y filosofías que originaron estos movimientos. Pues fue precisamente en estos movimientos donde se cambiaron los modelos de vida y donde se ha venido creando lentamente una nueva división de culturas en la vida cotidiana. Sobra decir que no estamos al final de esta corriente, sino suficientemente “en medio de ella” como para observar las tendencias más importantes de su desarrollo.

IV

Las tres tendencias han sido y seguirán siendo continuadas por las jóvenes generaciones. A pesar de que los intelectuales (filósofos, sociólogos, escritores y artistas) participan en la iniciación de los movimientos y los divulgan, los “jóvenes” son diferentes a los grupos “bohemios” disidentes con respecto a los burgueses. La definición de joven es ser “pre-funcional”.

Cualquiera que no se encuentre completamente absorbido por una función (en la división del trabajo), sin atender a sí, más tarde, su función será de un académico, funcionario público, hombre de negocios u obrero industrial, puede ser igualmente absorbido por el movimiento. Las tres corrientes de los movimientos culturales tras la Segunda Guerra Mundial indican el ensanchamiento del campo de acción de la absorción social. La gente joven, claro está, llegará a mediana edad y luego a la vejez. Sin embargo, la participación en un movimiento cultural imprime un sello también a la persona adulta. Puede que cambie su vida un poco tan solo, pero cambiará considerablemente el punto de vista acerca de la manera de vivir. Un signo de una transformación como ésta es el descenso de conflictos generacionales en el centro de movimientos culturales. Por esta razón he preferido hablar de “generaciones”.

V

Después de la Segunda Guerra Mundial, aparecieron en escena la generación existencialista, la “alienada” y, finalmente, la posmodernista, para denominarlas con su slogan principal. El segundo movimiento surgió del primero, el tercero del segundo, ambos en el sentido de una continuación y un cambio completo con respecto al anterior movimiento.

Como contestación de los unos a los otros, estos movimientos continúan la pluralización del universo cultural así como la destrucción de universos relativos a las culturas de clase.

VI

La generación existencialista fue la más limitada de todas. Surgió como reacción ante el totalitarismo y la manera de vida burgueses, como rebelión contra toda restricción al ser subjetivo existente. Su credo era que el sujeto debía ser completamente libre de cualquier atadura. Sartre, que junto con los mandarines franceses fueron los directores de la orquesta principal, alcanzó más. Gran número de hombres y mujeres jóvenes comenzaron a “sentirse de manera existencial”, a “hablar de forma existencial”, a “cantar y bailar” de igual forma, a “liberarse”.

VII

La “generación de la alienación” consideraba la libertad de la generación existencialista simplemente subjetiva, ilusoria y falsa. Sin embargo, asumió la convicción de que uno puede “liberarse”, uno no es capaz de “dejar atrás” la cultura tecnológica de los padres e iniciar una vida en libertad, si no en el núcleo de la sociedad sí al menos en algún área de esta sociedad.

La “generación de la alienación” era partidaria de la liberación sexual, la ampliación del método de experimentación (incluyendo las drogas) y las comunas. El aspecto comunitario del movimiento era una continuación y al mismo tiempo, la inversión del subjetivismo anterior. Mientras que el eslogan y la tendencia de “lo pequeño es hermoso” era ya el primer paso hacia el posmodernismo.

VIII

La generación posmodernista estuvo menos politizada que la existencialista y la de “alienación”. No obstante, su movimiento es el más amplio hasta el momento. El pluralismo de culturas, resultado de los dos movimientos anteriores, se convierte aquí en el objetivo último. Toda persona podía asumir cualquier tipo de vida, cualquier modelo de cultura a su gusto. El posmodernismo no tiene música, pintura, filosofía o filosofías específicamente suyas, cualquier cosa puede ser posmodernista.

IX

Los tres movimientos tienen un rasgo común: la tendencia feminista que existe en ellos. La generación existencialista ya estaba comprometida con el feminismo (Simone de Beauvoir ha pasado a ser el paradigma de la “figura madre” del feminismo moderno). La “generación de la alienación” apoyó firmemente al movimiento de liberación feminista. Para la generación posmodernista, la cultura feminista /femenina/ de la mujer, como tal, se ha convertido en algo más que un tema; se ha convertido en una práctica diaria.

X

Siempre ocurre que las cuestiones que defienden los movimientos se vuelven rasgos normales de la vida y gradualmente se va olvidando ese estado de las cosas poco tiempo atrás. El panorama actual es heterogéneo: la nueva tendencia se convierte en dominante, algo del pasado permanece y causa controversias, otros factores son absorbidos y desaparecen durante un tiempo. No se debería considerar a las contracorrientes culturales responsables de algo que queda completamente sin arraigar, sino, más bien, al contrario. Las contra-corrientes culturales tienen éxito mientras sus participantes se sienten extensamente molestos con cualquier cuestión de los movimientos.

La familia es un caso obvio. Las dos primeras corrientes de los movimientos culturales de la posguerra atacaban a la familia, particularmente a la familia nuclear, y su ataque sufrió una profunda derrota. Por otra parte, muchos aspectos de la revolución sexual han sido absorbidos por la imaginación general sobre la cultura, a pesar de todos los contrataques culturales, si las costumbres diarias creadas por la revolución sexual se encuentran bajo ataque en este momento, eso no se debe a una contrarrevolución cultural, sino al peligro plantado por el SIDA.

XI

Cualquiera que sea el destino de un modelo cultural establecido por los tres movimientos, hayan sido o no completamente absorbidos por la vida diaria de muchos o pocos, hay algo que han logrado o al menos, están a punto de conseguir: una revalorización completa de la división cultural del trabajo dentro de nuestras sociedades. Nuestra cultura ya no está constituida según estrictas líneas divisorias de clases. Por otra parte, una cultura no puede ser creada según líneas funcionales. Dentro de una clase participamos de una variedad de prácticas culturales, vivimos un modo de vida. Mientras realizamos nuestras funciones con los demás, no podemos dedicarnos a las prácticas culturales auténticas. Debido a esto, en el tiempo actual deben crearse áreas para las relaciones humanas, en las que florezcan las culturas locales parciales.

Si no se establecen estas áreas, estaremos abandonando las significaciones espirituales y no seremos capaces de sobrevivir. Los movimientos culturales administran el alimento básico para tal imaginación cultural.

 

Ágnes Heller