Sabemos que el país no estaba preparado para enfrentar una crisis doble como la que hoy vivimos. Pero quizá no hemos dicho lo suficiente que sí tenemos las condiciones para amortiguar su impacto inmediato y para acelerar la recuperación entre 2020 y 2024. No basta, sin embargo, con enfocarnos en salir de esta crisis. Debemos aprovechar el momento para crear un verdadero sistema de protección social que nos deje mejor preparados para las adversidades del futuro.

Ilustración: Víctor Solís

En las crisis económicas, el golpe es más fuerte y paralizante para quienes viven en el día a día. Al quedarse sin trabajo, y sin ahorros suficientes, también se quedan sin alternativas para cubrir las necesidades elementales de su familia. Pero cuando la crisis es doble, como en la pandemia de covid-19, el golpe es aún más profundo. Con un enfermo en casa, aparecen más gastos y más de la mitad de quienes participan en el mercado laboral lo hacen en la informalidad, por lo que no necesariamente están cubiertos por el sistema público de salud. En el peor escenario, la muerte de un familiar, ahora por este nuevo virus, causa un impacto más duro si el fallecido aportaba ingresos para el hogar.

Pongámoslo en números. En México, el ingreso laboral representa el 76 % del ingreso corriente total de los hogares. Incluso en los hogares de pobreza extrema, esta proporción es del 67 %.1 En la crisis actual, cada vez más gente se está quedando sin empleo (cerca de un millón de empleos formales se han perdido al momento de escribir este texto).2

Sirve comparar la crisis de hoy con las más recientes en dos aspectos: los empleos formales perdidos y el tiempo que se llevó la recuperación. En 1995 sucedió la mayor caída en el empleo formal, con un pico de pérdida del 10.5 %. En cambio, el mayor tiempo para regresar al nivel original de empleo formal ocurrió en la recesión de 2001: 48 meses.3 Estos datos son una advertencia. Quienes sobrevivan la crisis seguirán padeciéndola si no se remedia la pérdida en el empleo y el tiempo para reponerlo.

De no hacerlo, habrá una consecuencia estructural: la sociedad mexicana puede volverse más desigual en oportunidades y resultados. Los efectos inmediatos que no mitiguemos se transferirán irremediablemente a las siguientes generaciones. En cuanto a las desigualdades, habrá menores tasas de movilidad social, es decir, una mayor proporción de niños tendrá menos posibilidades de alcanzar un nivel digno de vida cuando sean adultos. La trampa de la pobreza en México puede cerrarse aún más, puede hacerse más poderosa.

De ahí que el reto del gobierno también sea doble: la necesidad coyuntural y la oportunidad estructural. Para atender la primera, debe hacer frente al choque en el empleo mediante transferencias directas para que las familias afectadas puedan cubrir sus necesidades básicas. Pero también debe crear medidas que den liquidez a las empresas, de modo que su compromiso por preservar el empleo sea viable y no aumente el número de familias que necesiten transferencias. Una vez superada la crisis sanitaria, todavía en la coyuntura, el gobierno debe acelerar la recuperación de los empleos —una posibilidad es subsidiar su creación—.4

En cuanto a la oportunidad estructural, hay que tener en cuenta el costo del esfuerzo que tomará superar la necesidad coyuntural. Ese costo apunta el camino que el gobierno federal debe seguir: me refiero a construir un sistema de protección social universal integrado y funcional, sostenible fiscalmente, que minimice choques futuros.

La profundidad esperada de esta crisis y el potencial de crecimiento de la economía mexicana indican que la recuperación será lenta. Regresar al nivel previo a ella posiblemente nos tomará lo que resta del sexenio. Pero si se atiende la necesidad coyuntural y se aprovecha la oportunidad estructural, el legado del gobierno federal será, a todas luces, positivo: habrá protegido a la mayor parte de la población cuando más lo necesitaba y habrá establecido las bases para que en un futuro, ante otra crisis, el país esté mejor preparado. Esa es la mejor inversión social: un Estado que priorice el bienestar general y la justicia para la generación actual y las siguientes.5

 

Roberto Vélez Grajales
Director ejecutivo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.


1 Cálculos de Araceli Ortega, utilizados en: CEEY (2020), Elementos de un plan integral para atender las consecuencias económicas de la pandemia de coronavirus en México. Disponible en: ceey.org.mx.

2 Hay que mencionar que de acuerdo con la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) del INEGI, en abril, de los 20 millones de personas disponibles para trabajar, más de la mitad (11.3 millones) dejaron de laborar debido a la suspensión temporal de su trabajo, y lo hicieron sin recibir pago. Información disponible en: https://bit.ly/3dv8WHv.

3 Samaniego, Norma (por publicarse). El pico de pérdida en la crisis de 2008-2009 fue de 4.8 %, con una duración de retorno de 19 meses.

4 Ver, por ejemplo: Campos Vázquez, R. “The Effects of Macroeconomic Shocks on Employment: The Case of Mexico”, Estudios Económicos, vol. 25 (1), 2010, pp. 177-246.

5 Atkinson señala que la justicia intergeneracional se vuelve más prioritaria debido a que ya no nos encontramos en un mundo en el que la vida solamente puede mejorar. Atkinson, A. B. Desigualdad, ¿qué podemos hacer?, FCE, 2016.