“Elijo a mis aliados con cuidado, y a mis enemigos con aún más cuidado”, “Mira a tu alrededor. Todos somos mentirosos aquí. Y cada uno de nosotros, mejor que tú”. Reconocibles para quienes fueron fanáticos de Juego de tronos hasta su funesto final (en varias dimensiones), estas frases revelan los dos aspectos, no siempre igualmente identificables, de la capacidad que individuos como los ficticios Lord Varys y Petyr Baelish tienen para manipular o explotar a otras personas de su red social mediante engaños en busca de un beneficio propio. No tenemos mayor dificultad en etiquetar a ambos personajes como maquiavélicos: lobos con piel de oveja, con una visión cínica de la naturaleza humana, que no dudan en mentir, romper promesas, establecer alianzas con quien sea necesario e ignorar o torcer toda regla moral establecida para alcanzar sus objetivos.

Pero el diablo —en este caso, Maquiavelo— está en los detalles, y nos es sencillo distinguir, con base en los resultados de sus acciones, que mientras las motivaciones en uno de ellos (Baelish) son por completo egoístas, en el otro tienen como fin último el bienestar del reino. Esta diferencia es la misma que existe y coloca del lado de la biología y de la antropología el concepto de inteligencia maquiavélica y, del lado de la psicología, la definición de maquiavelismo.

Ilustración: Oldemar González

No es tan improbable que entre los lectores de nexos estén aquellos que jamás se interesaron por una serie con un reparto de héroes, antihéroes y villanos tan oscuros. Entre las posibles razones está un mecanismo de defensa, conocido como desvinculación moral, gracias al cual podemos ignorar o justificar, durante el tiempo que permanezcan vivos en los episodios (no mucho, tratándose de Juego de tronos), acciones que normalmente consideraríamos moralmente inaceptables (estrangular a nuestra amante o clavarle una flecha a nuestro padre mientras está sentado en la letrina, por ejemplo) en personajes con los que nos sentimos identificados en uno o varios aspectos.

Las personas reacias a adentrarse en un mundo donde, en ocasiones, lo inmoral es presentado como lo correcto, experimentan lo que los psicólogos han bautizado como resistencia imaginativa. Entre menor sea la capacidad de alguien de desvincularse moralmente de lo que está presenciando en una ficción, mayor será su resistencia imaginativa y menor la posibilidad de estar en algún grado de acuerdo con —y sentir empatía por— Aníbal el Caníbal, el maestro de química devenido en narco Walter White, y ni siquiera por ese genio de la estafa de la infancia de muchos, conocido como Don Gato. Es una lástima que ninguno de los integrantes de esta pandilla camaleónica pueda responder un cuestionario que permite evaluar qué tan cínico, manipulador y falto de moralidad es cada uno de ellos para así determinar, en la llamada escala Mach-IV, en qué nivel de maquiavelismo se encuentra cada uno de ellos.

Aprovechemos la introducción, con Mach-IV o no de por medio, del que es casi con certeza el más maquiavélico de los felinos antropomórficos para hablar de la inteligencia maquiavélica en animales no humanos. Antes de la década de los ochenta, biólogos y antropólogos consideraban que la inteligencia humana había evolucionado principalmente como respuesta a los desafíos con que se enfrentaban nuestros ancestros en su medioambiente (como depredadores y otros riesgos que evitar, y comida y refugio que encontrar), y la hipótesis del ser humano como fabricante de herramientas era una de las más favorecidas.

Hacia finales de los ochenta, Andrew Whiten y Richard Byrne publicaron Inteligencia maquiavélica, un título que nombra también a su hipótesis según la cual no es el medioambiente, sino la competencia entre individuos, el principal desafío que ha provocado como respuesta adaptativa la evolución de la inteligencia humana. Fue el primatólogo Frans de Waal el responsable de invitar a Maquiavelo a la hora de explicar las decisiones políticas —en cuanto a formar alianzas— entre los chimpancés, inspirado en particular en esta cita de El príncipe: “Es preciso, pues, que [un príncipe] tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal”.

Es necesario aclarar que la hipótesis de la inteligencia maquiavélica, a diferencia del maquiavelismo, no tiene que ver con la moralidad (o la falta de ella), y que podemos ponerla a prueba con otras especies que viven en sociedades complejas (como otros primates no humanos y delfines y otros cetáceos) si adaptamos la cita de manera que diga algo parecido a: “Es preciso que un animal tenga una capacidad de adaptarse a las diferentes circunstancias que enfrenta en su grupo social y que muestre, por un lado capacidad de cooperar, hacer amistades y alianzas y reconciliarse, y por otro, capacidad de engañar”.

Hablar de la inteligencia maquiavélica de un individuo de cierta especie implica que, en las interacciones que se dan entre ese y otros individuos de la misma especie, el individuo en cuestión conoce a los otros lo suficiente como para estimar cómo reaccionarán ante cierta situación, de manera que le sea posible modificar el comportamiento de ellos para su beneficio; en ningún momento esto excluye que sus congéneres se vean también beneficiados. Aunque es la faceta más negativa de la invocación a Maquiavelo lo que más ha llamado la atención del público no especializado en el tema, igual de importante dentro de la hipótesis es su aspecto cooperativo.

Si personajes maquiavélicos de ficción pueden fascinarnos con tanta fuerza como los mencionados al principio de este texto, ¿quién puede culparnos de sentirnos atraídos y asombrados con los despliegues de inteligencia artificial, y en especial de habilidad de engaño, de otras especies? Tenemos, del lado de la cooperación, al papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), que en presencia de un depredador de baja peligrosidad (lo que significa que es más un peligro para sus huevos que para él) emite sonidos para atraer a todos los papamoscas que estén cerca y así ahuyentarlo, pero los papamoscas que estén más lejos del lugar al escuchar el llamado sólo acudirán si quien lo hizo acudió a un llamado hecho por estos en otra ocasión.1

En la parte competitiva de la inteligencia maquiavélica están los monos capuchinos (Cebus apella) que dan falsos llamados de alarma con mayor frecuencia cuando la cantidad de comida disponible en determinado sitio es mayor que la que los individuos dominantes pueden controlar. Estos monos maquiavélicos, de más bajo estatus, pueden así disfrutar su comida mientras los otros se dispersan al haber escuchado “¡El lobo! ¡El lobo!” (lo que sea que sea equivalente en su caso).

Como es grande la tentación de concluir que las especies no humanas con inteligencia maquiavélica deben ser capaces de una teoría de la mente o, dicho de otra forma, de ponerse en las patas o aletas de los demás y poder inferir los pensamientos, intenciones y deseos de otros individuos, uno de los padres fundadores de la hipótesis (Richard Byrne) nos advierte que las tácticas que un individuo emplea a la hora de cooperar o engañar a otros pueden ser explicadas simplemente por la posesión de una rápida capacidad de aprendizaje y una buena memoria que permitan distinguir y almacenar información socialmente relevante del grupo al que pertenecen, como quién es quién dentro del grupo, su estatus y personalidad, cómo se relacionan entre sí y sus formas particulares de reaccionar ante ciertas situaciones.2 No obstante, esto no descarta que no puedan diseñarse experimentos y observaciones que permitan, en un futuro próximo, extender la teoría de la mente a otros animales no humanos ni que éstos, en principio, sean incapaces de ella.

En un último giro maquiavélico a nuestra historia: rasgos de una personalidad malevolente no son algo fijo durante toda nuestra vida. Un estudio en el que participaron más de un millón de personas de entre 10 a 67 años de edad muestra que, en promedio, nuestro nivel de maquiavelismo aumenta conforme crecemos y alcanza un máximo a los 16 años de edad (esto puede que no sea demasiado sorprendente para los padres de hijos adolescentes). Los autores lo atribuyen a los cambios biológicos, sociales y psicológicos propios de esta etapa, que pueden ocasionar problemas momentáneos de madurez social. A partir de esta edad comienza a descender de manera menos pronunciada pero continua hasta llegar a un mínimo a los 60 años, tras lo cual vuelve a aumentar muy ligeramente hasta los 67, esto puede deberse a que a esa edad puede haber menos incentivos para exhibir rasgos prosociales. Habría que verificar si el maquiavelismo sigue aumentando después de la edad máxima considerada por los autores de este estudio).3

Para toda edad, las mujeres fueron en promedio menos maquiavélicas. Los autores del estudio especulan que, dado que entre los hombres aquéllos con más maquiavelismo fueron también los de mayores ingresos, podría ser que se hayan aprovechado de éste para trepar en la escala socioeconómica y que, de haberse presentado una mayor proporción de mujeres en esta circunstancia, las diferencias entre sexos habrían sido menores. Quizás tendríamos un resultado similar en el mundo de Juego de tronos, engañándonos así sobre la presencia de grandes maestras del maquiavelismo, como la ponzoñosa matriarca Oleanna Tyrell, quien luego de haber envenenado al hijo de Cersei puede, sin apenas inmutarse, seguir viendo a los ojos a su peor enemiga.

 

Luis Javier Plata Rosas
Doctor en oceanografía por la Universidad de Guadalajara. Sus más recientes libros son: La ciencia y los monstruos. Todo lo que la ciencia tiene para decir sobre zombis, vampiros, brujas y otros seres horripilantes y El océano tiene onda. Una obra de ciencia ficción.


1 Lucas, J. R.; Gentry, K. E.; Sieving, K. E., y Freeberg, T. M. “Communication as a fundamental part of Machiavellian Intelligence”, J. of Comp. Psych., 132(4), 2018, pp. 442-454.

2 Byrne, R.W. “Machiavellian Intelligence”, Evolutionary Anthrop., 5(5), 1996, pp. 172-180.

3 Gotz, F. M.; Bleidorn, W., y Rentfrow, P. J. “Age differences in Machiavellianism across the life span: Evidence from a large-scale cross-sectional study”, J. of Personality, 2020, pp. 1-15.

 

Un comentario en “Maquiavelismo e inteligencia maquiavélica

  1. Si todos supieran que Gracián es mejor que Maquiavelo!
    (aunque guardar ese secreto es, ciertamente, Maquiavélico…)