El jueves de la semana pasada un grupo de extrabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro bloqueó los accesos a las oficinas del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), exigiendo el reconocimiento de Subace, su nueva compañía, como Participante de Mercado, lo que les permitiría ser suministrador de servicios básicos. Es decir: vender energía a los usuarios básicos (hogares, pequeños negocios e industrias) en competencia con la Comisión Federal de Electricidad. En el mismo proceso están al menos otras tres empresas, pero Subace, la cooperativa creada por los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), es la más avanzada en el proceso.

Es curioso por una razón: el SME fue el “brazo armado” del presidente López Obrador para oponerse a la reforma constitucional energética y a casi cualquier reforma al sector que permitiera la participación privada. Fue un asunto de coincidencia de ideales estatistas, en los que el presidente defendía su visión de que el gobierno debe hacerlo todo y el SME defendía sus derechos, privilegios, o como guste usted llamarles. El asunto es que ahora el SME, mediante Subace, está exigiendo con sus manifestaciones la apertura del mercado de suministro básico, ese mercado que hasta los más neoliberales temieron abrir.

Ilustración: Estelí Meza

Si avanza Subace, no habrá pretexto alguno para bloquear la entrada en operación de las otras empresas que están también en proceso.

Sin embargo, preocupa mucho el tono del Subace. No sabemos si por creencia y principio o sólo por quedar bien con el presidente y el grupo gobernante, pero el SME al mismo tiempo que exige su reconocimiento para entrar en el mercado fustiga la política “neoliberal”, ésa de la cual ahora sería partícipe. Esta preocupación crece cuando el encabezado de un comunicado del SME dice “Fuera SUTERM [el sindicato de CFE] de la zona del SME”.

¿Por que preocupa? Hay que revisar la historia.

El sector eléctrico mexicano nació privado, en varias hidroeléctricas del país.

Una de esas empresas fue la canadiense Light and Power Company, con su generadora hidroeléctrica en lo que hoy es Juan Galindo (Necaxa), al norte de Puebla.

Con la nacionalización de la industria en 1960, el país quedó controlado por dos grandes empresas de energía eléctrica: Luz y Fuerza del Centro en el centro del país y la Comisión Federal de Electricidad en el resto.

Si bien los monopolios avanzaron asuntos como la cobertura universal (superamos ya el 98 % a finales del sexenio pasado) también generaron los vicios que cualquier monopolio genera. Los sindicatos se volvieron además guardianes celosos de esos monopolios (y sus vicios también). La defensa llegó al extremo de firmar acuerdos en los que SUTERM y SME no entrarían en las zonas del otro. La liquidación de LyF en 2009 cambió todo e hizo entrar a SUTERM en las áreas que dominaba el SME.

La reforma de 2013, al crear el mercado de comercialización de energía, cambió radicalmente todo, una vez más. Ahora el suministro básico de energía lo pueden ofrecer más empresas en libre competencia. Puede entrar la gente del SME con su cooperativa Subace, pero también otros privados.

Si Subace entra en libre competencia conforme la ley y sus derechos le permiten, tendremos sin duda gente con experiencia en el sector ofreciendo un servicio que, si no nos gusta, nos daría la opción de cambiar de proveedor.

Pero el tono y la toma de instalaciones de distribución de energía (que es una actividad distinta a la comercialización y que es un monopolio de Estado que ejerce mediante CFE) sugieren que más que entrar en un mercado en competencia, el SME y Subacebuscan recuperar el monopolio del suministro básico de energía que en su momento tuvieron en el centro del país.

La realidad es que a todos nos conviene avanzar en un mercado en el que Subace y el resto de las empresas entren en competencia, pero a nadie le conviene retroceder y que se recuperen monopolios regionales u otras prebendas políticas.

Y si es usted millenial y no comprende la diferencia entre un monopolio de Estado o privado y la competencia, pregunte por la evolución del sector de telefonía, donde pasamos de “el teléfono es para acortar distancias, no para alargar conversaciones” a un sector que ahora por 200 pesos te permite llamas ilimitadas a México Estados Unidos y Canadá desde un teléfono móvil.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.