El imperativo del placer

Virginia Woolf aprendió de su padre la lección más valiosa sobre el arte de la lectura. Hay que leer lo que a uno le gusta y punto. No se necesita otra justificación para tomar un libro. El gusto es suficiente recomendación. Nunca hay que pretender admiración por quien no se la ha ganado en nosotros.

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Publicado en: 2020 Febrero, Tangente