Laos tiene la nada envidiable distinción de ser, per cápita, el país más bombardeado en el mundo. Durante la guerra de Vietnam un promedio de una tonelada por ciudadano cayó sobre Laos entre los años 1964 y 1973. Esto incluyó unos 288 millones de bombas de racimo, de las cuales un 30 % no explotó en el impacto. Cuarenta y cinco años después de los bombardeos, los cerros y los valles del norte y el oriente de Laos están regados de metralla aún viva que sigue matando y mutilando a agricultores y a sus familias.

Ilustración: Jonathan Rosas

Muchos años después de la guerra la tierra estaba tan minada que gran parte de ella no podía cultivarse. Para sobrevivir la gente incluso completaba sus ingresos recogiendo chatarra, mucha de ella metralla viva. Negociantes de chatarra viajaban desde el vecino Vietnam con detectores baratos de chatarra y pagaban buen dinero por las ganancias. Con frecuencia los mismos granjeros desactivaban las bombas. “Sé que recolectar chatarra es peligroso, pero mi familia tiene que hacerlo para vivir”, dice un granjero.

Ha habido muchos accidentes: un hombre que cortaba leña, cuya hacha pegó en una bomba, lo mató a él, a cuatro de sus cinco hijos y a dos hijos de sus vecinos; un granjero que tenía su escondite de chatarra bajo su casa hasta que murió por la explosión y la casa quedó destruida (por suerte su familia estaba fuera). Incluso hoy granjeros que labran sus tierras activan una bomba de vez en cuando. En total, unas 20 000 personas han muerto o han quedado heridas aunque la guerra terminó en 1975.

A pesar de las muchas advertencias, los granjeros de Laos, sobre todo los niños, tienen una despreocupación extraordinaria en el momento de manejar explosivos. A veces a los granjeros se les ha visto tallar la cola de un detonador de una bomba de 1000 libras para ganarse unos dólares. Hace poco se supo que un mercader de chatarra cerca de Phonsavan, en el Llano de las Jarras, tenía una gran cantidad de metralla viva en su terreno. Lejos de agradecer al equipo experto en bombas que se pasó semanas quitando la chatarra, los amenazó con demandarlos por el valor del metal.

 

Fuente: Prospect, octubre 2019.