El mexicano está acostumbrado, en muchos aspectos, a ver como todos los países destacan en algo positivo: deportes, educación, desarrollo, combate a la pobreza; generalmente México destaca en asuntos negativos, como la corrupción, la violencia o que un mexicano apaga la flama eterna.

Pero la Reforma Energética, entre la cual se integra la del sector eléctrico, fue una de esas ocasiones en que hizo a los mexicanos figurar en algo positivo. Digamos que fue nuestra selección de futbol Sub-17 de 2005, que nos hizo campeones.

La apertura del Mercado Eléctrico Mayorista, el reforzamiento de las medidas de Generación Distribuida y las Subastas de Energía Eléctrica de Largo Plazo, hicieron que el sector de las renovables pasara de promesa a realidad.

De mantener la tendencia, México rebasaría las metas de mitigación de gases de Efecto invernadero en la generación de energía establecidas en el Acuerdo de Paris.

Pero vamos por partes ¿Como operan y cual es la prospectiva de cada una de las herramientas del nuevo modelo eléctrico? Empecemos por hablar del cambio de paradigma.

Ilustración: Jonathan Rosas

Del monopolio a la competencia

El sistema eléctrico nació privado, lo que cambió con su nacionalización en 1960. A partir de los años 90 empezó una discreta participación del sector privado, que se fortalece hasta alcanzar el 55% de la capacidad de generación instalada en el país. Con la Reforma de 2013, la inversión privada adquiere base sólida donde se puede dar la competencia, pero se mantienen dos monopolios naturales en manos del Estado: Transmisión y Distribución. La competencia se da en generación y comercialización.

La comercialización se divide en el segmento básico, de menor consumo y el calificado, de consumo alto, por arriba de un mínimo que establece la ley y la Secretaría de Energía deberá ir bajando paulatinamente, para que cada vez más negocios sean participantes del mercado eléctrico. El suministro básico debería mantenerse solo para el uso domestico.

Con este esquema, llegaron y surgieron decenas, tal vez cientos de empresas interesadas en invertir para generar energía y comercializar energía, desde proyectos pequeños de menos de 500 kw (generadores exentos, que no requieren permisos de generación) hasta grandes parques para establecer contratos bilaterales de compra venta de energía ¿Cuales fueron los mecanismos del mercado? Tres principales:

1. La Generación Distribuida (GD) sólo permite que la gente instale equipos que generen menos de 500 kilowatts,1 lo que hace que sólo sea viable para proyectos de energía solar fotovoltaica, pequeños eólicos y proyectos de biomasa. Ese sector llegó a crecer en 11 años de existencia de cero a casi 100 mil contratos de interconexión, y de tres kilowatts en 2007 a 692,500 al final del año 2018.

Antes de 2017, cuando alguien generaba más energía de la que consumía, se la debía regalar al Estado. Entonces era mal negocio generar toda tu energía, pues si generabas de más, perdías los excedentes. A partir de Marzo de 2017 si generas y entregas de más, te lo tienen que pagar a precio de mercado y de hecho puedes instalar paneles para solo vender energía.

2. El Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) empezó a tener movimientos desde hace 25 años, y permitió a grandes generadores vender energía bajo ciertas circunstancias a algunos usuarios finales, pagando el uso de la red de transmisión (porteo). Esos usuarios finales eran grandes empresas, con lo que el mercado se redujo a operaciones enormes, pero con pocos grandes usuarios. Después hubo contratos mediante los cuales algunos privados vendían energía a CFE, pero en realidad las actividades estaban restringidas y solo algunos grandes generadores con proyectos de gas y eólicos lo hacían.

Sin embargo, a partir de la Reforma Constitucional de 2013 y las leyes derivadas de esta en 2014, esto se abrió.

En el mercado eléctrico se dispararon los intercambios de energía entre privados. Aquí los ganadores son los que pueden ofrecer la energía más barata a plazos más largos, que son las renovables. Incluso algunos participantes del mercado eléctrico buscan comprar energía a los generadores pequeños (parques de generación distribuida arriba mencionados).

3. Las Subastas De Energía Eléctrica De Largo Plazo (SLP) hacen que los usuarios de suministro básico de energía gocen de las bondades del mercado eléctrico, el que de no ser por las SLP estaría limitado a los usuarios calificados.

El único operador en activo de suministro básico de energía (Comisión Federal de Electricidad, Suministradora de Servicios Básicos) logró contratos que fueron récord a nivel mundial en materia de costo bajo de electricidad, partiendo de 45 dólares por megawatt en la primera subasta hasta los 20.57 dólares en la tercera.

Sería falaz comparar este dato con el costo promedio de CFE generación, que ronda alrededor de los 83 dólares el megawatt hora, pues no se trata de parques de energía en solitario, sino operaciones más complejas; sin embargo si podemos decir que el costo primario de 45 USD por megawatt promedio que tenía CFE, se disminuyó a menos de la mitad. Quienes especulamos, calculamos que la cuarta subasta podría traer costos de alrededor de 17-18 USD, pero fue cancelada sin fundamento real, por el Centro Nacional de Control de Energía, a partir de una instrucción de la Secretaría de Energía.

Otros elementos de la reforma

Hay algunos elementos extra, como modalidades de leasing para la construcción de líneas de transmisión, que los construye y opera un privado y al final del periodo de contrato y una vez hechos los pagos correspondientes, pasarían a propiedad del monopolio natural de transmisión. Esos proyectos, ya en licitación, también fueron cancelados al inicio del sexenio.

¿Donde estamos y a donde podríamos ir?

Derivado de los procesos de la Reforma, México logró récords de precios, cantidad de paneles solares instalados en una sola jornada, expectativas para superar con facilidad sus metas de energías limpias y todo sin sacrificar gasto del Estado, usando inversión privada. Se crearon instituciones técnicas, despolitizadas, operadores eficientes y un Mercado vigoroso de energía y empleos, inesperados en un monopolio estatal.

En este momento de la historia el país puede tomar dos rumbos: retorno al estado previo a las reformas o uno de futuro. Me permito plantear brevemente el primer escenario y más ampliamente el segundo.

Regresar a un modelo estatista

Esta opción tiene algo atractivo para quienes crecieron con la visión del Estado todopoderoso: hace al estado dueño de los medios de producción. Pero tiene dos complicaciones fundamentales: la suficiencia presupuestaria y las complicaciones burocráticas naturales.

Esto termina limitando de forma impresionante la capacidad de innovar y arriesgar, elevando los costos y tiempos de hacerlo, al menos en el contexto mexicano.

Un claro resultado de estas complicaciones es que a partir de este año CFE usará el modelo de PIDIREGAS para construir plantas de ciclo combinado, modelo arcaico que dejó una serie de fracasos en el pasado y ampliamente criticado por la izquierda.

De darse esto, se retrasaría la transición energética con costos altos o por lo menos mantenidos en el largo plazo y con una limitación energética al crecimiento económico, que sería sólo mitigado por el mercado eléctrico.

Hay que decir que, aunque no hubiese subastas, un Mercado Eléctrico ágil haría que los costos de energía tendieran a bajar, conforme la solar y eólica aporten energía al sistema.

Si se mantiene el esquema 2013-2014…

¿Qué pasaría si se mantiene el esquema de la Reforma?

Primero, hay que decir que lo único totalmente detenido del nuevo modelo eléctrico son las SLP, con lo que el realmente afectado es CFE al ver suspendido el modo de obtención de energía eléctrica más barata, pero derivado de eso, también el usuario de suministro básico, que ve suspendida la forma más efectiva en que podía ir hacia abajo su factura eléctrica en el mediano y largo plazo.

Las versiones sobre el futuro de las subastas son contradictorias, pues algunas veces se ha dicho que no volverán (aunque las mandata la ley) y también que regresaran en 2021.

Si consideramos que las subastas generaron un ritmo de crecimiento de mas de 2.5 GW de capacidad instalada de energía limpia por año, hablamos de que dejaríamos de contratar proyectos por unos 7.5 GW de capacidad instalada entre 2018 a 2020. Eso significa el 10% de la capacidad instalada total actual.

Esto condena a frenar el crecimiento, la sustitución de plantas ineficientes y caras, además de la transición energética.

Ahora, supongamos que el gobierno decide ser pragmático, hacerle caso a la realidad y usar los mecanismos completos de la reforma de 2013.

¿Cual sería el futuro deseable del sistema eléctrico?

Primero, un sistema que privilegie el uso eficiente de los recursos, costos bajos y la transición energética deberá optar por usar la mayor cantidad de energía renovable posible, en Generación Distribuida y grandes parques, pues la tecnología cuesta cada vez menos y el costo de generación es prácticamente cero, de no ser por el mantenimiento.

Pero la energía renovable es intermitente, lo que se puede solucionar de dos formas complementarias: el almacenamiento y las grandes redes de transmisión.

El desarrollo de una matriz energética renovable depende de la creación y fortalecimiento de grandes lineas de transmisión, que permitan aprovechar todo el potencial de cada una de las tecnologías.

Así, la solar de las seis de la tarde de Sonora (uno de los lugares de mayor potencial mundial) puede dar energía a las ocho de la noche de Quintana Roo, y un parque eólico de Oaxaca inyectar energía a la Ciudad de México a las horas de mayor consumo de la noche; o un parque eólico de Tamaulipas inyectará energía a las 12 de la noche que usará Tijuana cuando sean las 10 de la noche.

Eso requerirá reactivar obras canceladas al inicio de la administración y seguir el ambicioso plan de transmisión, que prevé crear una linea de corriente directa para conectar  Baja California con Tamaulipas, con lo que se beneficiaría también Chihuahua, Sonora, Nuevo Leon y Coahuila.

Otro plan es conectar el sureste del país de una forma más fuerte, para aprovechar los recursos hidráulicos y eólicos en el centro del país y en la península de Yucatán (constantemente amenazada por apagones).

Hay además tres tendencias que complementan la expectativa de largo plazo:

La primera es hacer cada vez centrales de generación renovables, más cerca de los centros de consumo y más pequeñas. Los países que más rápido han transitado a modelos modernos, como Dinamarca, pasaron de 13 grandes generadoras a cientos de centrales de generación mas pequeñas, principalmente eólicas y una serie de interconexiones que le permiten evacuar su energía e importar cuando es necesario.

La segunda tendencia es a generar más en sitio, autogeneración, la generación distribuida, que permite satisfacer in situ los requerimientos energéticos y evitar pérdidas por transmisión.

La tercera es una tendencia a almacenar energía. Ojo aquí, pues esto no se refiere necesariamente a pilas o baterías, sino a almacenar energía calorífica en sales calentadas por radiación solar, almacenamiento de agua para hidroeléctricas, bombeada por energía solar durante el día y las baterías o almacenamiento químico, que es lo más comprendido. El almacenamiento en sales “guarda el calor” que recibe durante el día para calentar algún fluido por la noche y hacer generar a algún sistema térmico, pero que no es calentado por gas, sino por el calor almacenado.  Al bombear agua a una represa con energía solar incrementamos la reserva de las presas, que se puede liberar durante la noche, cuando los parques fotovoltaicos no generan energía.

Además, hay un recurso con gran potencial en México y que parece olvidado: el geotérmico.

El calor generado por la tierra tiene alto potencial en el eje neovolcánico, del centro a occidente del país, y se vuelve una reserva de importancia considerando que puede generar cuando no hay sol ni viento.

El transporte, reto y oportunidad

Un elemento extra a considerar es que 44% del consumo energético total del país está en el sector transporte. De este sector, más el 99.8% se mueve por combustibles, con lo que es el más importante sector en generación de emisiones de gases de Efecto Invernadero.

La forma de mitigar esas emisiones camina por dos vías principales: masificar el uso de hidrógeno como combustible y la electrificación del transporte.

La adquisición de ambas tecnologías a nivel personal es aún caro, pero el costo energético de la movilidad con ambas opciones es mucho más bajo que el de combustibles, además de que la eficiencia energética del auto eléctrico es mucho mayor que la del auto de gasolina.

Hay que decirlo, la electrificación del transporte requerirá incrementar hasta en un 45 % la generación de electricidad, lo cual es un gran reto.

Sin embargo, la proliferación de autos eléctricos puede ir acompañada de proliferación de sistemas fotovoltaicos (paneles solares) y los autos cumplirían dos funciones: primero, la de movilidad propiamente dicha, pero además sirven como almacenamiento móvil y disponible el 90% del tiempo, que es la proporción en la que un auto eléctrico no se usa para movilidad.

Los autos se vuelven entonces un modelo de estabilidad y disponibilidad energética aportada por pequeños sistemas privados, que en algunos sitios recibe compensación por los servicios prestados a la red eléctrica.

Ahora: ¿Cuales son las limitantes para que todo esto suceda? Puede haber tecnológicas, económicas e ideológicas.

Las tecnológicas están casi descartadas. De hecho, algunos de los parques solares de México se planean con tal anticipación que muchas veces la tecnología disponible en el mercado cuando se construyen (me refiero a los fotovoltaicos) debe ajustarse pues tiene nuevo y mejor desempeño que cuando se planeó. El desarrollo tecnológico está haciendo bajar los costos.

La barrera económica es importante, pero no infranqueable. En buena medida, la reforma de 2013 se hizo buscando generar los recursos o las inversiones necesarias sin tener que recurrir al erario para crecer la base de generación.

Entonces surge el problema ideológico, que puede significar un freno tecnológico y económico a la vez.

La negativa a usar tecnología o capital privado y extranjeros por diversas razones, puede llevar a insuficiencia tecnológica y/o presupuestal, acompañado de atraso en el ritmo de la transición y continuidad o incremento de costos energéticos.

Si bien es necesario generar políticas de desarrollo tecnológico propio, la transición energética no puede ser rehén de ello. Retrasar la lucha contra el cambio climático es atentar contra la seguridad nacional y el bienestar de los mexicanos.

Es necesaria una operación cada vez más activa, compleja, pero perfectamente posible de la red eléctrica. Es necesario entonces fortalecer al Centro Nacional de Control de Energía y a la Red Nacional de Transmisión.

Finalmente, pero trascendental, es la eficiencia energética. Ahora las familias usan la misma cantidad de energía que hace 30 años usaba solo un refrigerador. El desarrollo tecnológico permite que la demanda no crezca tanto y se satisfaga más fácilmente. Cada watt que no se usa es un watt que no se debe generar y se ahorra. No habrá futuro sin renovables, pero tampoco sin eficiencia energética.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Director ejecutivo de la Asociación Nacional de Energía Solar, A.C.


1 Artículo 17 de la Ley de la Industria Eléctrica.

 

Un comentario en “Sector Eléctrico Mexicano: entre el futuro y el pasado

  1. Felicidades, excelente artículo, pone en palabras simples la evolución del sector eléctrico en México, desgraciadamente siempre relegado por el sector petrolero, aveces parece que cuando se habla de energía en México solo se piensa en el petroleo, espero que la nuvea administración se de cuenta del potencial del sector eléctrico, como bien se menciona son muchas las empresas tanto nacionales como extranjeras que han invertido en el país, además de ser fuente de divisas también abonan al desarrollo tecnológico nacional; con ajustes y auto critica se puede perfeccionar la reforma eléctrica y modernizar verdaderamente el sector eléctrico nacional, tristemente parece que nuestra autoridades ven solo al pasado y suspiran por el monopolio estatal envueltos en nacionalismos vacíos.