A medida que avanza el siglo XXI las personas de ascendencia latinoamericana están aumentando de múltiples maneras, ya sea como parte integral de la fuerza de trabajo y en los mercados de consumo de Estados Unidos; asimismo, están sujetos a cambios más amplios en la sociedad de este país. El término “latino” abarca una amplia gama de personas cuyo dinamismo e importancia son claros, ahora en el presente y hacia el futuro. Por lo demás, el estudio de los latinos comprende elementos sociales, culturales y artísticos cuya comprensión requiere de una atención multifacética. Este breve ensayo contribuye a responder las preguntas sobre ¿quiénes son latinos y cuál es su evolución?, ¿cuáles son sus relaciones con el desarrollo de Estados Unidos?, y ¿cuáles son sus posibilidades futuras? La tesis presentada aquí es que durante las dos primeras décadas del siglo XXI, las unidades socioeconómicas latinas han sido realidades dinámicas que implican el desarrollo de interacciones procesales que evolucionan a partir de las condiciones postindustriales de las Américas.

Provenientes de más de una docena de nacionalidades, los latinos estadunidenses del siglo XXI llegaron a ser socialmente construidos como consecuencia de varias convergencias históricas. Entre ellas se encuentran las civilizaciones ancestrales, los encuentros transoceánicos premodernos, el desarrollo de las economías coloniales, particularmente la competencia entre las economías de exportación de las plantaciones del Caribe, y las interacciones de éstos con una gran modernidad global en evolución. De ahí surgieron los latinoamericanos, que eventualmente engendraron delegaciones “latinas” domiciliadas en Estados Unidos. A través de estas circunstancias históricas y en evolución se encuentran algunos aspectos culturales comunes de América Latina que, sin embargo, no niegan las diferencias entre los grupos latinos y al interior de los mismos.

Ilustraciones: Patricio Betteo

Actualmente, el término “latino” es de hecho una forma de etiquetar un grupo, en lugar de describir alguna característica particular, es una abstracción sintetizada de algunas abstracciones nacionales. Podría decirse que en Estados Unidos el término “latino” puede ser una etiqueta que sustituye o reemplaza a las designaciones de nacionalidad, una práctica de los periodistas, pero que es de escaso valor para el análisis social. Con frecuencia “latino” puede ser tan sólo una forma empírica de clasificar dos o más grupos latinoamericanos en un modelo estadístico. Aunque la información estadística “latina” es desigual y a menudo data de años, no obstante que se refiere a poblaciones que son reconocidas como cambiantes y móviles. Más razonable y más apropiado desde el punto de vista analítico es que el término “latino” puede referirse a algunos aspectos muy generales de dos o más nacionalidades, o referirse a una síntesis dinámica que específicamente involucra a individuos de varios grupos. Esta síntesis podría decirse que es o puede ser una suma social y económica en evolución, sin embargo, hay que reconocer que la fluorescencia aún está por venir.

En el proceso de convertirse social y culturalmente en “latinos” hay dos hechos importantes de la realidad social. Muchos latinos son discriminados desde el punto de vista económico y social. Además, dentro de Estados Unidos el gobierno ha sido frecuentemente un instrumento importante en las desigualdades y los menosprecios sufridos por muchos latinos hasta el presente; mientras que, en contraste, ciertos grupos latinos han recibido un trato más favorable y se han beneficiado de algunas acciones gubernamentales. El gobierno de Estados Unidos y las actividades económicas cimentadas en este país han generado impactos directos (y drásticos) en la formulación de las circunstancias nacionales de América Latina desde Puerto Rico hasta Chile, favoreciendo a unos y castigando a otros.

Los individuos latinos en Estados Unidos son el resultado de las diásporas surgidas de eventos pasados en América y, a su vez, se han reunido y dispersado de forma única dentro del territorio estadunidense en la época contemporánea. Sin embargo, si bien la conceptualización de “diáspora” en todo el mundo puede ajustarse a las circunstancias históricas de algunos pueblos, incluidas algunas minorías de Estados Unidos, no se ajusta a otras, una de ellas los latinos, por varias razones. Muchos latinos son descendientes de los pueblos indígenas americanos cuyas tierras son sus hogares ancestrales. La tierra natal de varios pueblos mesoamericanos y del Caribe colindan con el territorio estadunidense, y forman parte en sí mismas de las geografías históricas de los indígenas. Algunos latinos entraron en el radio de influencia en expansión de Estados Unidos a través de ocupaciones o conflictos que afectaron a las personas, los recursos y las jurisdicciones.

Hablar de una identidad cultural “latina” es algo prematuro. Lo que sucede en la coyuntura actual es la existencia de identidades “latinas” que son producto de sociedades multifacéticas e internamente complejas. Estas identidades son referencias de una gran variedad de procesos formativos de grupos sociales históricos en lugares y situaciones específicas. En Estados Unidos y en otros lugares los individuos dentro de los grupos sociales tienen a menudo al menos dos “pertenencias”, “etnias” o “minorías”, que son una identidad general y una más específicamente definida. Por ejemplo, estadunidenses versus puertorriqueños, cristianos contra católicos, o los mexicanos, que en su mayoría comparten una cultura generalizada, pero a la vez son notoriamente regionalistas.

Por lo demás, la etiqueta de “minoría” establece una relación numérica, pero a veces es una conceptualización inapropiada, cuando se aplica a los afroamericanos en el sur, a los mexicanos en las zonas fronterizas, a los “latinos” en Nueva York y Los Ángeles, o de muchas geografías específicas.

El hecho es que las cuatro quintas partes de los latinos en Estados Unidos están compuestas por tres grupos: mexicanos, puertorriqueños y cubanos, los cuales son bastante diferentes, pueden tener acciones geopolíticas distintivas y están cambiando. Sin embargo, los grupos de mayor crecimiento son los más recientes provenientes de Centroamérica y el Caribe. Aunque todos los grupos latinos son distintos, en sus configuraciones regionales también pueden variar, por ejemplo, la población latina del sur de California es diferente demográficamente de la del sur de Nueva Jersey, y a su vez de las comunidades latinas del norte de Nuevo México.

 

Los latinos son individuos con ancestros de América Latina, que descienden de un patrimonio histórico transregional específico de las Américas que incluye a poblaciones indígenas y africanas, y que incorpora los idiomas y atributos culturales de habla indígena, española, portuguesa y francesa. Muchos tienen ancestros indígenas y algunos pueden estar formados en idiomas indígenas. Otros tienen una genealogía familiar proveniente de África y Europa. Hoy en día una cuarta parte de la población latina es inmigrante, mientras que la mayoría es nativa de Estados Unidos. Actualmente, en el acelerado siglo XXI, el número de personas de ascendencia latina es de aproximadamente 40 millones, una cifra que se traduce en alrededor del 10% de la población total de Estados Unidos y es al menos igual a la de los afroamericanos. Dicha cifra puede llegar a 50 millones para 2020.

El proceso general y continuo de “ser latino” tiene varios aspectos indicadores. A partir de más de una docena de nacionalidades, tal vez no percibidas como radicalmente diferentes para los que no pertenecen a dichos grupos, los latinos son en sí un grupo diverso, tanto a nivel social como en sus antecedentes históricos, y ciertamente en sus perfiles de clase. No son fácilmente definidos ni por una sola característica ni como consecuencia de un solo evento histórico.

Los latinos están en proceso de convertirse y de definirse a sí mismos en Estados Unidos como un sector social emergente con algunas analogías con otros grupos pan-étnicos del país. En la actualidad, y en los años venideros, los “latinoamericanos” son (y serán) en efecto un fenómeno social multifacético en Estados Unidos, resultado tanto de ocupaciones y diásporas como de procesos históricos y contemporáneos. El surgimiento de “lo latino” es particularmente intenso en los centros urbanos. Son varios los principales componentes sociales en esta creciente población: mexicoamericanos, puertorriqueños, caribeños y centroamericanos, así como latinos de otras latitudes, principalmente de Sudamérica. En conjunto, existe una “América Latina” imaginada que se basa en los fenómenos sociales emergentes, que deben estudiarse de manera analítica a través de especificaciones basadas en modelos empíricos, y con generalizaciones cautelosas, que sean pertinentes para todas las nacionalidades y que incluso no lleguen a excluir a ninguna.

 

La matriz de las vidas sociales, los perfiles demográficos y las actividades económicas latinas emergen en los espacios urbanos. Algunos latinos están empleados como fuerza de trabajo agrícola y muchos viven en pequeñas casas de remolque, pero éstos se ven fuertemente afectados por las fuerzas sociopolíticas de las principales concentraciones urbanas. Siete distritos metropolitanos concentran a la mayoría de la población latina y hay que destacar que las interacciones más importantes se producen en ciudades y complejos urbanos. Lo que es latino hoy en día es un fenómeno abrumador asociado con los empleos, las tecnologías, las poblaciones y los estilos de vida urbanos. Las comunidades latinas privilegian los conglomerados urbanos y a veces revierten las deterioradas realidades de algunas ciudades de los Estados Unidos —aquellas que están casi moribundas desde 1970— a través de la configuración del comercio minorista, la banca, la manufactura y la educación. Las opciones de vida del latino del siglo XXI son opciones de ciudad donde se está gestando un futuro transnacional basado en las nuevas tecnologías y las tolerancias sociales y políticas.

Parte de las complejidades de los latinos se nutren de sus interrelaciones entre sí y de las acciones históricas de los gobiernos tanto de Estados Unidos como de los países latinoamericanos. En otras palabras, el Estado está involucrado en esta transformación de los latinos. Asimismo, en nuestro días, y como parte de múltiples dinámicas, los latinos son participantes internos de la cambiante sociedad de Estados Unidos y, a su vez, los distritos electorales con base en Estados Unidos tienen un impacto en las sociedades nacionales latinas. En esta situación, los gobiernos federal y locales en varias formas han impactado y continuarán afectando a los latinos.

Por lo demás, Estados Unidos ha sido una fuerza que ha incidido en la política interna de los países de América Latina durante más de un siglo. En el siglo XXI, más que nunca, Estados Unidos es una matriz económica y política, cuya dinámica explica de forma singular la cantidad y calidad de los cambios en América. De hecho, las interacciones nacionales e internacionales de los latinos con Estados Unidos son históricas y, presumiblemente, de creciente importancia en el futuro. Claramente, las acciones de liderazgo de Estados Unidos, tanto a nivel mundial como a nivel internacional, contribuyen a dar forma a las economías y atraer poblaciones específicamente móviles, incluidos los inmigrantes. Los latinos de grupos étnicos cada vez más variados domiciliados en Estados Unidos en un momento determinado son parte de la transición de los modos económicos industriales a los postindustriales. En innumerables formas se fomenta y mantienen sus distinciones, pero también se produce la integración a medida que los trabajadores y consumidores latinos actúan dentro de la sociedad estadunidense.

Las influencias contemporáneas basadas en Estados Unidos están llevando a los latinos a una interacción más cercana entre sí como grupos e individuos, y éstos, a su vez, se comunican y tienen impacto en las sociedades locales a través de las Américas. Todos estos intercambios, por cierto, no garantizan por sí mismos la igualdad económica o la democracia participativa. El carácter distintivo del grupo permanece y se adapta, mientras que al mismo tiempo se amplía el radio de las circunstancias compartidas y del pensamiento, pero aun así las diferencias adquieren una importancia creciente en la vida de las personas en Estados Unidos.

 

Las realidades de los latinos desafían tres teorías fáciles y generalizaciones rápidas: 1) Los “nihilistas”, quienes reciclan estadísticas gubernamentales, algunas seleccionadas para estar seguros que pueden argumentar que los latinos están confinados en situaciones negativas. Aunque podría ser encomiable su premisa, en su mayor parte estos “teóricos” no simpatizan con los desfavorecidos, sino que sólo promocionan reformas liberales simplistas, es decir, el otorgar servicios mínimos o donaciones en lugar de poner en práctica nuevas políticas públicas. 2) Según algunos observadores de estudios étnicos liberales, los latinos a menudo son representados como víctimas y sujetos en general al sufrimiento, particularmente las mujeres; la solución recomendada es dejar de ser latino. Aquí, las mujeres latinas a menudo son consideradas como objetos pasivos sujetos al abuso aunque, o de hecho, los cambios sociales entre las latinas han sido claves para el progreso que se ha producido. En realidad, las mujeres latinas difieren notablemente de los estereotipos asignados a ellas por intelectuales liberales. 3) Con demasiada frecuencia los escritores conservadores ven a los latinos, ya sean hombres o mujeres, como generalmente homogéneos, invariables y posiblemente subversivos socialmente como grupo para Estados Unidos. Estas afirmaciones erróneas no son más que una cortina de humo para una imaginaria “solución final” de carácter conservador.

Sin embargo, las realidades son completamente opuestas a estas tres opiniones aquí comentadas. Hoy en día comprendemos mejor que todos los latinoamericanos en múltiples sitios forman parte de sociedades multifacéticas que interactúan con sociedades en dos subcontinentes, generando tendencias centrífugas y centrípetas que serán determinantes en el futuro. Estas sociedades que tienen sinergias tanto indígenas como cosmopolitas, así como impulsos socioeconómicos, pueden orientarse hacia el futuro.

En y alrededor del fin del siglo XX, y en el siglo XXI, las presencias latinas y su diversidad en Estados Unidos son el resultado de un complejo conjunto de consecuencias internacionales y domésticas tanto económicas como políticas, que se han dado poco a poco a lo largo de cien años y de varias generaciones. Sin duda  están  presentes retos como las brechas entre las grandes riquezas y el resto de la población  —la cual se han ampliado en los últimos años— así como los movimientos políticos y sociales conservadores que han aumentado dramáticamente. Pero, en contraste, los latinos se encuentran dentro de los centros de las principales transformaciones nacionales de Estados Unidos —no en los márgenes— y para ellos la ética del trabajo, las necesidades de supervivencia y las realidades de la reactivación en Estados Unidos los impulsan. Así es que los cambios positivos significativos para los latinos pueden continuar con algo de impulso, aun cuando las estadísticas continúan enumerando grandes retos en las escuelas, las adquisiciones de vivienda y los salarios. En fin, de no menor importancia es la de descartar los puntos de vista parciales o anticuados centrados en que los latinos son negativos para la sociedad de Estados Unidos en su conjunto. El conocer a los latinos en Estados Unidos tal como son es más que una gran prioridad social y económica para las Américas.

 

Juan Gómez-Quiñones
Historiador. Profesor emérito del Departamento de Historia de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA).