Indice General de América Indígena y Anuario indigenista, 1940-1980. Elaborado por Elio Masferrer. Serie Sedial 1, Instituto Indigenista Interamericano, México, 1980; América Indígena. Revista del Instituto Indigenista Interamericano, vols. XXXIX-XL, México, 1979-1980.

Pocos saben -fuera del medio profesional- que el indigenismo interamericano cumplió 40 años de actividad y de acción editorial ininterrumpidos. Y vaya que si lo celebran con bombo y platillo.

Aunque evidentemente una institución fomentadora de la hoy tan vilipendiada política indigenista merecería, de suyo, un análisis por separado, sobre todo si se toma en cuenta su ya larga trayectoria, aquí nos limitaremos a reseñar lo que sin lugar a dudas ha constituido su flanco más positivo y creativo: la política editorial del Instituto Indigenista Interamericano (III), a través de su revista América Indígena. Esta, dicho sea de paso, junto con los suplementos Boletín indigenista, Anuario indigenista y Noticias indigenistas de América, ofrecen una buena panorámica de la programación, implementación y discusión político teórica que en el campo indigenista vienen promoviendo, desde la cuarta década del presente siglo, diversos organismos nacionales e internacionales para el conjunto del continente americano. Hoy, con la publicación de la primera entrega de este encomiable Indice general, que comenta todas las publicaciones periódicas del mencionado Instituto, los interesados en la población y cultura indoamericanas encontrarán una buena fuente de documentación y reflexión sobre las distintas tradiciones socio-culturales de estos pueblos, en sus múltiples y diferenciadas manifestaciones políticas, económicas, religiosas, históricas, etcétera.

Además, y a pesar de que su formato, editoriales y comunicados guarden en general un tono e institucionalidad no eludidos, las tarjetas biblográficas comentadas del Indice…, reflejan tanto en títulos como contenidos una tradición dinámica y plural de autores de diversas escuelas y tendencias políticas (antropológicas, sociológicas, económicas, lingüísticas, etc.); e, incluso de organizaciones políticas indias que denuncian abusos y apuntan críticas a la indiferencia estatal y su nula o escasa capacidad de corregir injusticias, tan propias de esa pequeña historia universal de la infamia que significa ser indio en las Américas.

40 AÑOS DESPUÉS

El III surge de la vocación cardenista manifestada abiertamente en Pátzcuaro, Michoacán, en 1940. Desde esa tierra de las utopías mexicano-universales (valga), el entonces pujante indigenismo plasmó una política que comprometió a los más importantes y progresistas intelectuales que de una u otra forma, estaban ligados al entonces -como ahora- candente problema de la población indígena de América.

En 1941 aparecieron los primeros números de América indígena y el Boletín. Distinguidos autores como Moisés Sáenz (quien fallece al año siguiente en el Perú), Luis Chávez Orozco y el propio Manuel Gamio, vigilaron la presencia de la Revolución Mexicana como garante del compromiso de Pátzcuaro: estudios regionales integrales para los indios americanos; gestión, sin burocracias y con el consenso de los pueblos. El abolengo de Juan Comas (“verdadero líder de la lucha contra el racismo y la discriminación”); Miguel León-Portilla (interesado en el estudio del pensamiento en las culturas mesoamericanas); Alfonso Villa Rojas (verdadero precursor de las diferencias étnicas); Alejandro D. Marroquín (preocupado por la articulación tianguis y capitalismo), y Gonzalo Aguirre Beltrán (después director del propio III, incansable diseñador de políticas macro-rectoras del indigenismo), se sumó al de los ya mencionados y a otros de igual talante continental.

Durante esa época, las líneas de trabajo desarrolladas por la revista fueron: forjar un movimiento de opinión indigenista continental “permanentemente renovado” cuyas acciones concretas tuvieran base académica y científica; rescatar el patrimonio cultural de los indígenas; mejorar sus condiciones nutricionales, de salud, educación y trabajo; luchar contra la discriminación racial; salvaguardar la propiedad comunal de la tierra y el reparto agrario.

Aunque la defensa de la memoria histórica de los indios fue una labor delicada pero efectiva (publicación del Códice Osuna), también se realizaron trabajos pioneros de documentación sobre los sistemas de gobierno indígena (Chávez Orozco); etnomusicología, artes y artesanías indígenas, aparte de exámenes de la condición nutricional que recomendaron la diversificación de la dieta y la introducción de otros alimentos como el frijol soya; la propuesta de una medicina moderna preventiva y defensa de la medicina tradicional y su necesaria integración con la occidental (“reentrenamiento de curanderos y comadronas”); la lucha contra el analfabetismo a través de la educación en lengua materna y programas bilingües administrados por los países americanos. Obviamente, pero sin descartar ninguna de las expresiones étnicas del continente, Mesoamérica, Los Andes y la Amazonía, fueron las zonas privilegiadas por las publicaciones del III.

También, y no como dato curioso América indígena publicó en el año 1968 la traducción de la famosa polémica en torno a la obra de Oscar Lewis, reproduciendo las reseñas de Los hijos de Sánchez, Pedro Martínez y La vida, elaboradas por antropólogos invitados a tal efecto por la revista Current Anthropology, con las respuestas del autor a las mismas. El número 2, de 1969, cuestionó el compromiso del antropólogo que labora en instituciones oficiales con el artículo de A. Davis, “Una tolvanera: apogeo y declinación de un instituto de investigación”. Un primer indicio de ruptura (tan cara y frecuente en nuestros días) con las políticas oficiales de los gobiernos.

NUESTRA AMÉRICA INDÍGENA

La revista, como se señala en el Indice…, durante muchos años fue la única publicación indigenista de proyección continental y “puente” entre los científicos preocupados por el tema de habla española, portuguesa y anglonorteamericana. Contiene, hasta la fecha, nada menos que alrededor de 1,400 artículos y cerca de 400 reseñas de libros cuyos autores son especialistas, técnicos, políticos, líderes indígenas, literatos y ensayistas de todos los países del continente.

Como se puede colegir, la revista mencionada concentra la historia de la antropología aplicada en los países americanos; la del propio III (brazo importante en el actual panorama agónico del indigenismo oficialista; la de utopías y rescates históricos que alumbraron regímenes fundamentales como el de Lázaro Cárdenas; la de masas y nacionalidades indias y su rol protagónico en toda la historia habida y por haber de nuestros países; y, también, la del aplastamiento, cancelación o institucionalización de las demandas de estos pueblos, en pro del progreso, la modernidad o cualquier patraña “civilizatoria” por el estilo.

En los últimos años, particularmente desde 1977 a la fecha, la revista retoma su antigua divisa de realizar balances continuos sobre la situación indígena en el continente (es notable al respecto, la obra del antropólogo salvadoreño Alejandro Dagoberto Marroquín, Balance del indigenismo); así, se organizaron números monográficos por países que contienen artículos arqueológicos, etnohistóricos antropológicos y, claro está, sobre política indigenista. Esta ya vieja divisa es acrecentada en los dos últimos años y coincide con la revalorización de las investigaciones antropológicas que realiza el III: “no solamente desde la óptica de prestación de servicios a esos pueblos, sino también como el acceso de organizaciones campesinas e indígenas a las estructuras del gobierno en base a su inserción en la estructura económica del país mediante su efectiva participación en el ingreso nacional”.

La reorientación reciente de la política editorial en América indígena es debida a los avances de la ciencia y del propio indigenismo: “con la aparición de publicaciones especializadas en casi todos los países americanos, la política editorial debe revisarse y orientarse hacia temas tratados con profundidad que sirvan de apoyo a investigadores y trabajadores indigenistas…” Así, se “dedica cada número a un problema o tema específico en discusión y de interés actual que permita poner al día los avances logrados, debatir los diversos puntos de vista y dar apertura a nuevas perspectivas”. En 1978 se editaron dos números bajo esta concepción: uno dedicado a la mujer indígena y otro a la polémica sobre el rol social de la coca en el mundo andino (AA, XXXVIII-2; XXXVIII-4).

En el año de 1979 se continúa con cuatro números monográficos. Uno (XXXIX-1) sobre movimientos religiosos de oposición, donde se analiza (en Chiapas, Papantla y los Andes, durante los siglos XVIII al XX), “el proceso de invasión europea y el choque con las sociedades indígenas, ambas con sistemas religiosos desarrollados… [y] la aparición de sincretismos y movimientos religiosos que se transforman en canales de expresión del separatismo y la protesta social”. Otro número (XXXIX-2) sobre la situación actual de la población indígena, expone los resultados de una investigación que calcula a esta misma en casi 28.5 millones de personas, y destaca los procesos de urbanización, proletarización, reafirmación de identidad étnica, así como el surgimiento de organizaciones indígenas modernas. Otro más (XXXIX-3) trata el surgimiento de una conciencia étnica a la luz de los procesos de revitalización cultural y la aparición de una identidad pan-indígena, la concepción de dicimonónica del Estado-nación sobre el mestizaje y llama a construir sociedades pluralistas que recojan todos los aportes culturales tomando en cuenta las disparidades regionales del proceso general de desarrollo. A esto último se dedica el número 4 de ese año, y que contiene los materiales presentados al IV Congreso del Hombre y la cultura andina.

El año pasado (vol. XL, núms. 1-3), la revista fue dedicada al análisis de la situación campesina y el debate ecológico (Mesoamérica y Los Andes); a la antropología en América Latina y el Caribe (en donde se asienta que ésta ha adquirido un papel importante en la elaboración de la imagen nacional de las sociedades latinoamericanas, y el antropólogo, por su parte, un profundo compromiso ético e intelectual con las comunidades que estudia); y a la cuestión crítica del desarrollismo en nuestros países y los beneficios y/o perjuicios que para las poblaciones indígenas han implicado estos esfuerzos de corte hegemónico-nacional.

FINAL

Llama la atención, sin embargo, en estas buenas intenciones y acciones editoriales, el cada vez más notorio sesgo editorial del III: de la politización primigenia al academicismo galopante -aunque revelador e inquietante- de los últimos años; de la aplicación a pie juntillas de los dictados y dictaduras del desarrollismo, a su evaluación sin puntos intermedios ni autocríticas posibles; del nacionalismo radical al cobijamiento nunca negado del Instituto Lingüístico de Verano; de la defensa mística de los salvajes, luego-luego a la defensa étnico política de los ahora sobrevivientes del prolongado drama de matanzas indias, etcétera. Una revisión crítica de las propias acciones y decires no le cae mal a nadie; sobre todo, ojo, cuando a pesar de ser indigenistas al cuadrado no se ha sido tan cuadrado.

(*) Todos los entrecomillados pertenecen al citado Indice General.