En Solenoide Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) escribió que ha “amado la literatura como un vicio”. El escritor rumano, galardonado con el Premio Formentor de las Letras 2018 —recibido e inaugurado por Jorge Luis Borges y Samuel Beckett en 1961—, es consciente de que memoria, sueño e imaginación se entreveran en su quehacer literario. Artífice de propuestas sediciosas, Mircea Cărtărescu conversa sobre su vasta obra, en la que se confunden realidad y ficción.

Alejandro García Abreu: ¿Cuáles son las raíces de la epopeya El Levante?

Mircea Cărtărescu: Tiene varias raíces. Una de ellas es la historia de la poesía rumana. La amo de manera muy especial y la enseño en la universidad desde hace 30 años. Otra raíz es el dialecto que tenemos en el sur del país. Lo hablaba mi madre. Éstas se combinaron en una forma de alucinación poética. Partí del episodio “Los bueyes del sol” de Ulises de Joyce. Ahí donde Joyce reconstituye la historia de la lengua inglesa. Yo también quise hacer algo semejante para la literatura rumana. De esta manera intenté hacer una parodia de las más importantes obras escritas en el lenguaje del siglo XIX. Es una locura poética que es muy difícil de traducir o casi imposible, muy difícil de leer incluso para el público rumano, pero mucha gente la considera mi obra principal. El libro de igual manera es mi pieza más canónica y la que más se enseña en las escuelas.


Ilustración: Estelí Meza

AGA: En el “Canto duodécimo” de El Levante se lee: “Pienso continuamente en mi vida. No sé hacer otra cosa. Perdido entre sueños límpidos y realidades opacas, procurando comprender”. ¿Cómo es tu proceso de pensar continuamente en la existencia, en el cosmos?

MC: Es algo muy natural para mí porque, al igual que Franz Kafka, intento entender mi existencia, mi condición. Me parece muy normal que cualquier hombre piense en su propio destino. Los artistas son una especie de profesionistas de ese pensamiento metafísico. Sobre qué puedes escribir sino sobre la agonía, sobre la muerte, sobre el sufrimiento. Son nuestros temas más graves.

AGA: Afirmaste: “El sueño no es una huida de la realidad, es una parte de la realidad trenzada de forma inseparable de todo lo demás”. ¿Cómo vinculas sueño y literatura?

MC: El sueño es la literatura que escribe nuestra mente. Cuando soñamos somos también los actores, los directores, la decoración. Se trata de una obra literaria. Nuestros modelos como artistas se encuentran en los sueños y por lo tanto nos podemos preguntar si acaso somos nosotros actores en los sueños de otras personas, de otros creadores literarios.

AGA: El narrador de “El Ruletista”, incluido originalmente en Nostalgia, se cuestiona: “¿Qué habrá, qué existirá después de la muerte?”. ¿Cómo contestarías la pregunta formulada por el narrador?

MC: Nosotros tenemos un proverbio en Rumania: vamos a morir y luego veremos. Hasta entonces solamente podemos especular.

AGA: “Como si nuestra memoria fuera un osario”, escribiste en “Ada-Kaleh, Ada-Kaleh…”, incluido en El ojo castaño de nuestro amor. ¿Cómo vinculas memoria y literatura?

MC: Primero deberíamos vincular la memoria con el sueño. Nuestros recuerdos más remotos se parecen a los sueños. Tienen la misma raíz. Los poetas intentan recuperar esa memoria primordial. Yo también lo he intentado en muchos de mis libros. He intentado llegar ahí donde no ha llegado nadie. Es decir, a aquellos primeros años que un niño olvida, por lo tanto el sentido de la literatura es recuperar de alguna manera el modo de pensar del niño antes de cumplir los cuatro años.

AGA: En “La época del nes”, perteneciente a El ojo castaño de nuestro amor, afirmaste: “Pero antes de cumplir los treinta escribí de verdad, con más libertad y más inspiración, y eso se lo debo al uso y finalmente al abuso del Nescafé”.

MC: Ese artículo fue una especie de broma, pero también tiene algo de verdad. Fui un joven bastante tranquilo e inocente que bebió su primera cerveza a los 18 años. Por lo tanto la primera vez que una tía mía me ofreció por primera vez una taza de Nescafé fue algo muy importante para mí. Fue como si me hubiera inyectado heroína. Tan inocente era mi cuerpo. Es cierto que abusé durante siete u ocho años del Nescafé y mi hígado todavía lo reciente. Era mi droga aunque parece muy ridículo.

AGA: Has anotado cientos de sueños en tus diarios, confesaste en “La época del nes”. ¿Cómo ha sido el desarrollo de esos diarios?

MC: Empecé a escribir mi diario a los 17 años y no he parado nunca desde entonces. Para mí el diario se convirtió en segunda piel. No podría quedarme una semana sin escribir algo en el diario. Puedo dejar de escribir libros durante meses o incluso años, pero no resistiría sin escribir algo en mi diario al menos cada dos o tres días. Por eso muchas veces he llamado a mi diario mi libro esencial. En los últimos 20 años he publicado tres volúmenes esenciales de mi diario y muy pronto voy a publicar el cuarto volumen. Cada uno de los volúmenes contiene exactamente siete años, por lo tanto muy pronto voy a tener 28 años de mi vida totalmente cartografiados.

AGA: En “‘…escu’”, incluido en El ojo castaño de nuestro amor, te refieres a una literatura honrada, una literatura verdadera. ¿Qué significa una literatura honrada y verdadera?

MC: Es una muy buena pregunta. Incluso los escritores no tan buenos piensan que son verdaderos. Hay una gran diferencia entre la literatura corriente y la que yo llamo la literatura verdadera. La mayoría de los escritores miran a la literatura desde fuera de la propia literatura. Hay muy pocos que la pueden mirar desde el interior. Éstos son los autores que, en mi opinión, merecen el título de grandes escritores, de verdaderos.

AGA: En “El cuarto corazón”, texto de El ojo castaño de nuestro amor, escribiste: “Los libros son como mariposas”. Nabokov fue lepidopterólogo. Y “Una ducha no-laodicea” versa sobre el sistema de galerías de Nabokov. ¿Cuál es el origen de tu fascinación por el autor de Lolita?

MC: Es uno de los grandes estilistas. Se trata de un escritor pura sangre que no tiene comparación desde el punto de vista de la alquimia de las palabras. Tiene que ser leído obligatoriamente en su original porque cualquier traducción es una catástrofe para Nabokov. Hace tres años tuve el gran privilegio de visitar el laboratorio entomológico de la Universidad de Cambridge. A pocos visitantes se les dio el privilegio entrar a ese espacio en el que tenía los insectarios con mariposas. Vi su obra lepidopterológica. Vi los marcos con los órganos sexuales de las mariposas. Fue una experiencia fantástica. Me hubiese convertido en entomólogo si no hubiese sido escritor porque siempre me fascinaron los insectos. En la trilogía Cegador se representa el cuerpo de la mariposa y en Solenoide escribo sobre el horror de los parásitos.

AGA: En Solenoide se lee: “¿Por qué no teníamos un órgano sensorial para el suicidio y la locura?”. También escribiste: “como los verdaderos suicidas, que volcaban ellos solos la silla que tenían bajo sus pies”. Y hay una alusión a alumnos que habían intentado suicidarse. ¿Cuál es tu percepción del suicidio?

MC: Para Camus era el principal problema filosófico. Lo planteó en El mito de Sísifo. Se trata de una cuestión de libertad interior y no podría haber una libertad mayor que quitarse la vida. Yo nunca he entendido el suicidio. He pasado por momentos extraordinariamente difíciles y en cualquier momento preferiría vivir la depresión más profunda que quitarme la vida, porque es lo único que tenemos.

AGA: La idea que vertebra Solenoide es un intento de fuga del protagonista, la salida del cuerpo y del mundo, la salvación. ¿Crees que la salvación pueda ser literaria?

MC: Solenoide está en contra de la salvación literaria. La literatura se le aparece al protagonista como una mentira y él intenta evadir de una manera real, no de una manera ficticia. Para él los libros son puertas pintadas en las paredes, puertas que nunca se van a abrir. Él sueña en aquel escritor que puede abrir esas puertas en sus sueños. Igual que el pintor Lucio Fontana que cortó sus lienzos, por consecuencia la vida para mi protagonista es mucho más importante que el arte. Esto se refleja en la parábola central de la novela, ahí donde se pide la salvación de un solo objeto de una casa que está ardiendo. Entre rescatar una obra de arte o un niño el protagonista siempre va a escoger al niño.

AGA: Al final el protagonista arroja sus papeles al vacío.

MC: Lo hace porque para el protagonista el libro significa un camino y no un objeto final.

AGA: “Luego partiremos hacia el Levante. He hablado con Irina y ya hemos decidido lo que vamos a hacer”, escribiste casi al final de Solenoide. ¿Qué significa la partida hacia el Oriente?

MC: La partida hacia el Oriente es la renuncia a la salvación individual del protagonista. Él prefiere compartir el destino de sus seres queridos. Y en general el destino de la humanidad, aunque sea un destino trágico.

AGA: En El Levante y en Solenoide la última página queda mojada con lágrimas. ¿Por qué está el motivo del llanto final en los dos libros?

MC: Es el llanto del autor. El mío, personal. Acabar un libro es un evento extremadamente traumatizante. Concluí todos mis libros con lágrimas en los ojos porque yo escribo para vivir en ellos, por eso también los escribo tan extensos para poder vivir cuanto más tiempo sea posible en ellos. Finalizar un libro es similar a la expulsión del paraíso.

AGA: ¿Entras en una etapa de duelo?

MC: Cuando acabo un libro entro en un periodo en el que ya no puedo escribir, de desgaste total. Es muy complicado para mí atravesar esos desiertos. Felizmente hasta ahora también he encontrado oasis en esos desiertos y espero que los siga hallando en el futuro.

AGA: Borges es uno de tus autores predilectos, como Nabokov. ¿Quiénes conforman tu canon personal?

MC: Lo conforman aquellos escritores a los que yo considero los más grandes y los más verdaderos: Dostoievski, Kafka, Sábato. Los grandes clásicos: Dante, Homero, Shakespeare. Esos son los escritores que no ascendieron a la ciudadela de la literatura, sino que nacieron en ella.

AGA: ¿Cómo fue el desarrollo del libro que recoge tu correspondencia con Luisa Etxenike, dentro del proyecto Chejov vs. Shakespeare?

MC: Fue una experiencia muy placentera que tuvo un efecto muy positivo para mí. Creo que conseguí definir la relación que tengo con mi propio país. Hasta entonces yo no había pensado mucho en mi pertenencia a una cierta zona, a un cierto pueblo. Esta correspondencia me ofreció la posibilidad de meditar más sobre los vínculos que tengo con el pueblo rumano.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.

Traducción del rumano de Ionuţ Vâlcu.