Para dar resultados distintos en materia de seguridad se deben hacer las cosas de otra forma. La violencia y el delito tienen raíces estructurales y son fenómenos multicausales. No basta con atacar sus efectos a través de estrategias de contención, reacción, control, policías, militares y armas. Estos elementos bien coordinados, con inteligencia y precisión, resultan indispensables pero no son suficientes y no han alcanzado para reducir el delito. Debemos ir a la raíz del problema y trabajar, con la misma fuerza en sus causas sociales  y en la dinámica comunitaria que ha desquebrajado la paz en diversos lugares de nuestro país.

Ilustración e infografías: Oldemar González

Urge una visión integral y técnica de la seguridad. Contar con una estrategia única que vincule y coordine las diversas áreas, empezando por la prevención y terminando con el sistema penitenciario, pasando por la justicia penal y las policías, evitando duplicidades y descoordinación. Se trata de tener un solo plan en el que cada quien abone con sus responsabilidades y tareas. Una reestructura del sistema es necesaria. El fortalecimiento de las capacidades policiacas y la corresponsabilidad con los estados también lo es. Además, la transparencia y rendición de cuentas en la materia también urge. Con el pretexto de tratarse de temas de seguridad y riesgo, el gasto en este rubro es de los más opaces. Es necesario contar con mecanismos de control ad hoc que sirvan para revisar, evaluar, monitorear y acompañar los recursos que a los estados se destinen para este rubro. Asimismo, debe quedar claro que la seguridad es un tema técnico y así debe permanecer. No debemos mezclarlo con la política porque los costos de hacerlo han sido altos.

Falta dar prioridad y recursos a la prevención. Tanto el presupuesto como el discurso y el mandato del presidente deben reflejar la importancia que el tema tiene. De otra forma es complejo que dicha política funcione de manera transversal y con la fuerza que se requiere. A pesar de contar con incrementos en los recursos asignados a la perspectiva dura de la seguridad, los resultados no son mejores. Han aumentado los homicidios y se ha dispersado y crecido el delito de manera preocupante. Debemos poner en marcha esquemas  mixtos de atención, que se concentren en la persecución de victimarios pero que también atiendan y reduzcan el número de delincuentes y los factores de atracción que los llevan a delinquir. Hay que hacerlo por tipo de delito y bajo esquemas de prevención primaria, secundaria y terciaria, según sea el caso. Urge una política de prevención que trabaje con una oferta mayor y a la medida en las zonas con más presencia de factores de empuje hacia el crimen, pero que al mismo tiempo considere aquellos lugares en los que las cosas aún no están tan mal, para prevenir de manera más efectiva, antes de que el delito y la inseguridad sucedan y se vuelvan cotidianos.

La Encuesta Nacional de Prevención del Delito, ECOPRED, realizada en 2014 en 98 mil hogares por el INEGI, nos ayuda a entender los factores de riesgo que afectan a los jóvenes en el ámbito individual, familiar, comunitario, entre pares y en los ámbitos escolares y laborales. Dicha información nos ayuda a saber a qué lugares y a qué poblaciones debemos dirigir y enfocar las acciones para reducir la propensión al crimen con mayor precisión. Para atender las causas del delito es necesario identificar los factores asociados con el riesgo de ocurrencia, frecuencia y duración del fenómeno delictivo. Entre más exposición exista a lo largo de la vida de las personas, sobre todo en edades tempranas, la posibilidad de que se involucren en actos delictivos incrementa, de ahí la importancia del instrumento.  Se trata de generar alternativas y factores de protección en los lugares que más se requiere al tiempo de interrumpir y prevenir la inclusión de jóvenes, cada vez más menores, al crimen.

Uno de los principales problemas de la prevención social del delito, es que se ha confundido con desarrollo social. El principal reto para lograr el éxito es el enfoque en la reducción del crimen. Sí, a través de políticas de empleo, salud, educación, desarrollo social, deporte, cultura, movilidad urbana, etcétera, pero concentradas en la disuasión del crimen en estos lugares:

• Espacios que por su condición situacional faciliten o propicien el crimen.

• Ciudades que presenten mayor desconfianza en la policía, como en su momento y antes de la desaparición de los 43 estudiantes, nos lo mostraba la ENVIPE en Iguala.

• Poblaciones en riesgo de incurrir en conductas criminales, especialmente jóvenes y niños, por ejemplo, ciudades con mayor presencia de jóvenes que no estudian, ni trabajan, combinado con algún proxy de presencia simultánea de crimen organizado.

• Centros penitenciarios y centros de jóvenes en conflicto con la ley.

• Considerar colonias de origen de aquellos que se encuentran en prisión. En este sentido y derivado de un estudio realizado entre el Instituto Nacional de Salud Pública y el estado de Morelos observamos que las variables de vulnerabilidad social que se asocian de manera más contundente con el número de internos por colonia son: porcentaje de jóvenes de 15 a 24 años que no asisten a la escuela, porcentaje de hogares con jefatura femenina, porcentaje de hogares con hacinamiento, y densidad poblacional.

• Estrategias de prevención y reducción por tipo de crimen (homicidios, extorsión, secuestro y crimen organizado), dirigidas a las ciudades y sitios en los que exista una mayor presencia de este tipo de delitos y con enfoques diferenciados. En las infografías agregamos dos ejemplos de cómo se debe y puede trabajar desde la prevención en la reducción del fenómeno criminal.

 

Muy importante considerar para la puesta en marcha y consolidación de una política de Estado en materia de prevención social del delito:

• La integración entre la prevención y otros componentes del sistema de justicia penal, como las policías, las instancias de procuración de justicia y el sistema penitenciario.

• Gobernanza interinstitucional, mayor integralidad y transversalidad en la política de prevención del delito.

• Institucionalización de la política de prevención. A partir de la formación de equipos técnicos, servicio profesional de carrera y construcción de capacidades ciudadanas.

• Transparencia y rendición de cuentas. Favorecer e implementar mécanismos de este tipo, utilizando la tecnología y aprovechando la participación ciudadana.

• Acciones basadas en evidencia y con involucramiento y corresponsabilidad ciudadana robustecer y hacer sustentables las acciones de prevención.

• Consolidar diagnósticos locales a partir de la inteligencia en datos de criminología y de la incorporación de componentes participativos y comunitarios.

• Generar y sistematizar información y evidencia especializada en la materia. Poner en marcha la homologación de metodologías de recolección, análisis, diagnóstico y evaluación.

• Uso de indicadores que permitan focalizar territorialmente recursos y esfuerzos de diversos sectores.

• Esquemas mixtos de inversión, con sector privado y con recursos locales.

• Vinculación con académicos y especialistas para el fortalecimiento continuo y la innovación en la materia.

 

Preocupan las plataformas y propuestas de seguridad que hemos escuchado de los candidatos. Hasta ahora, ideas aisladas. Falta integralidad y detalles operativos de cómo piensan atender la inseguridad que aqueja a nuestro país. Primero, en lo que a la prevención se refiere. El que más ha tocado el tema es Andrés Manuel. Meade, Anaya y Margarita se han manifestado de manera marginal y en ocasiones pareciera que lo limitan a temas sociales, recuperación de espacios públicos y valores, respectivamente. A los tres les falta explicar el enfoque de dicha política para reducir el delito. Segundo, en la manera de coordinar la seguridad, tanto AMLO como Anaya proponen recrear la Secretaría de Seguridad Pública, el primero optando por el Mando Único y el segundo por el Mando Mixto, Meade no se ha expresado al respecto pero se ha manifestado a favor de la Ley de Seguridad Interior. Nadie ha dado detalle de cómo pretenden lograr que las áreas realmente se coordinen, planeen de manera conjunta y no se dé mal uso a los recursos destinados a los rubros de seguridad. Algunas de las ocurrencias e ideas que no se entienden o requieren mayor precisión son la Guardia Nacional, la desaparición del CISEN y la amnistía del candidato de Morena. Al candidato de Por México al Frente, le falta explicar cómo el uso de la tecnología e inteligencia para la seguridad van afrontar a la falta de capacidades como lo hemos visto en muchos c3, c4 y c5  del país, también que explique la propuesta de permanencia de la CNS, aun regenerando la SSP. De las iniciativas de Meade falta información sobre los cómos de la incautación de recursos al crimen, el uso que se les dará y qué hizo al respecto como secretario de Hacienda. También debe ahondar en su política de reducción de armas. En cuanto a las áreas policiacas y de profesionalización se refiere, todos los candidatos caen en lugares comunes, mejores policías con más prestaciones, tecnología para la seguridad y capacitación pero sin mayor claridad de cómo se van a distinguir de lo que hasta ahora se ha hecho por gobiernos anteriores y estrategias con buenas intenciones pero fallidas. Margarita ha hablado de los valores para la prevención, de la mejora y fortalecimiento de la Policía Federal y apuesta a las capacidades, pero debe explicar cómo se va a distinguir de lo hecho por Calderón.

La prevención social del delito nunca ha sido una prioridad dentro de la estrategia de seguridad. Incluso, desde la política, se ve como un tema con impacto de largo plazo en el que no vale la pena invertir. Error. Ni todos los militares, ni toda la policía, ni armas, ni cárceles alcanzarán si no empezamos, de una vez por todas, a ver con seriedad este rubro de la seguridad. Nuestro país requiere un cambio que apueste a fomentar la eficacia colectiva, la participación y la corresponsabilidad ciudadana. Un cambio que invierta en la prevención y abone en un enfoque integral de la estrategia de seguridad. Candidatos: es momento de apostar por una seguridad humana, integral y corresponsable, sin improvisar y sin improvisados.

 

Eunice Rendón
Es doctora en políticas públicas por el Instituto de Estudios Políticos de París, es consultora y experta en prevención de la violencia, seguridad y comunidades en situación de vulnerabilidad. Es investigadora SNI I Conacyt.