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Como en el pasado este año las lluvias han adquirido una importancia inusitada para el destino del país. Su ausencia se ha invocado como la causa fundamental de una temida subproducción agrícola, ganadera y eléctrica que eventualmente sumiría a la nación en una enorme crisis económica y social. El caudal abundante de declaraciones y explicaciones periodísticas han terminado por mitificarlas, a tal punto que, a los ojos de la opinión pública, 1980 aparece como un año marcado por la catástrofe climática, lo cual, además, según los voceros oficiales, habrá sido provocada desde el exterior con fines claramente políticos. La información científica disponible sobre la dimensión real del fenómeno de las lluvias en México puede resultar provechosa para aclarar estas informaciones.

UN POCO DE CLIMATOLOGÍA

El clima es el resultado de la conjugación de la temperatura, la humedad y la presión. Sería difícil decidir cuál de estos elementos es el más importante, ya que su interacción es muy estrecha. Por ejemplo, la capacidad del aire para contener el vapor de agua depende de su temperatura. El aire caliente tiene más capacidad para contener vapor de agua que el aire frío. Ahora bien, el calentamiento de la atmósfera depende de la duración del día y de la noche, de la época o estación del año, de la superficie sobre la cual descansa la atmósfera. No se calienta de igual manera la atmósfera que descansa sobre las grandes superficies acuáticas que la que descansa sobre los continentales. En el primer caso el calentamiento es más lento pero pierde su calor más lentamente mientras que en el segundo se calienta más y más rápido y pierde su calor de igual forma. La relación entre la temperatura y la presión es también muy estrecha. Cuando el aire se calienta se expande, es menos denso y tiende a subir; cuando el aire es frío es más denso y tiende a bajar. Las diferencias de presión debidas a los cambios de temperatura originan movimientos verticales (movimientos convectivos) y horizontales (sistema de vientos). Todo ello permite entender el fenómeno de la lluvia, por el cual grandes masas de agua convertidas en vapor son acarreadas de los mares a los continentes a través de los vientos.

Hemos dado quizá el ejemplo más simple de la interrelación entre los tres elementos, faltaría ahora agregar las modificaciones que los elementos del clima sufren por la acción de los llamados “factores del clima”. Los factores que determinan la conformación del clima son numerosos: incluyen los parámetros orbitales de la tierra, la variabilidad solar, los componentes de la atmósfera, la relación entre continentes y océanos, las corrientes marinas, etc. En México, dada su complicada y variada topografía, la latitud que lo sitúa a ambos lados del trópico de Cáncer y la estrechez de su masa continental que lo hace vulnerable a la influencia de los océanos, el clima constituye un mosaico muy complejo.

EL RÉGIMEN DE LLUVIAS EN MÉXICO

A diferencia de lo que sucede en las áreas de mayor latitud, en donde la temperatura constituye el factor determinante de la estacionalidad, en México es la ausencia o la presencia de la precipitación pluvial lo que conforma las estaciones del año. Así, desde el punto de vista climático, el año en México se divide en una estación seca que por lo común ocurre de octubre a mayo, y una estación lluviosa que generalmente tiene lugar de mayo a septiembre, periodo en el cual se siembran y se desarrollan los productos básicos de la alimentación popular mexicana. La estación seca se produce a consecuencia de la dominancia que ejercen los vientos del oeste, que en lo general son secos en la altiplanicie y rara vez llegan a provocar lluvia. La estación seca incluye a su vez dos períodos: uno, de octubre a enero, en que la temperatura desciende directamente hacia el mínimo, que alcanza en ese último mes o en febrero, y el otro, de febrero a mayo, en que la temperatura se incrementa hasta alcanzar su máximo en mayo o junio.

La estación lluviosa ocurre como consecuencia de la dominancia que los vientos alisios del este, provenientes del Golfo de México y del Caribe, ejercen sobre la mayor parte del territorio nacional entre los meses de mayo a septiembre. Su incursión sobre la altiplanicie mexicana produce lluvias de carácter orográfico convectivo al descargar la humedad en su encuentro con las montañas. A este factor primordial (consecuencia de la circulación general de la atmósfera), deben agregarse dos fenómenos más, que habitualmente operan en sentidos opuestos: la “canícula” o sequía intraestival que representa un receso parcial de las precipitaciones justo a la mitad de la estación lluviosa del mes de agosto), y los ciclones tropicales que son perturbaciones erráticas en su aparición y en su trayectoria que introducen grandes cantidades de agua al continente y tienen una acción compensatoria sobre la sequía que provoca la canícula.

LA SEQUÍA

Las lluvias en México son pues el resultado de estos tres factores (uno general, representado por la dominancia de los alisos, y dos particulares, representados por la canícula y los ciclones tropicales y de la manera como se combinan a lo largo de la estación lluviosa y en cada una de las regiones o zonas del territorio nacional. De acuerdo a lo mostrado por Mosiño (1977) en su análisis de la sequía de 1943, la cantidad y la extensión de las lluvias que caen en un año sobre el territorio mexicano son las consecuencias de la manera como operan estos tres fenómenos. Así, una intensa sequía surgiría como consecuencia de la combinación de una circulación atmosférica anormal (es decir, sin vientos húmedos del este), una extensión desusada de la sequía intrastival (abarcando los meses contiguos de julio y septiembre) y una marcada ausencia de ciclones tropicales. Por lo contrario, habría un copioso período de lluvias cuando a la circulación atmosférica normal se sumara una reducción marcada de la canícula o sequía intraestival y una abundancia notable de ciclones tropicales.

Esta multiplicidad causal explica, también, por qué es posible encontrar en un mismo año regiones inundadas que contrastan con otras donde predomina la sequía. Las inundaciones son el resultado de los ciclones tropicales, mientras que las que producen como consecuencia de una circulación atmosférica anormal, o por una ampliación inesperada de la sequía intraestival o por la presencia de ambas. Las lluvias regulares de la primera parte del verano, de carácter orográfico-convectivo, rara vez ocasionan inundaciones. De todo lo anterior se concluye que no es posible asignar a un solo factor la causa de la sequía de todo un año y pone de manifiesto la imposibilidad de hacer generalizaciones de carácter nacional, pues dentro del vasto territorio mexicano las lluvias tendrán, para cada región, un comportamiento particular, como resultado de la forma como se combinan los tres factores que hemos señalado.