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1979; 369 PP.

POR AQUÍ PASÓ EL ÚLTIMO GÜIRO

Este nuevo aporte al conocimiento de la música de nuestro continente, realizado por un prestigiado musicólogo brasileño, profesor del Departamento de Música de la Universidad de Austin (Texas), debe considerarse corno una revitalizadora actualización; una nueva mirada retrospectiva que pretende ir al meollo de la aún incipiente (y considerablemente compleja) realidad musical de América Latina. En el prefacio, Gerald Behague advierte del continuo incremento de información sobre el tema, luego de que apareció Music of Latin America de Nicolás Slonimsky en 1945, una de las obras pioneras según aglutinaba, con formal solvencia, el testimonio musical de un continente que comienza a descubrir su propia voz.

Para acometer su empresa sistemática y eficazmente, Béhague realiza una división «qeomusical», que acompaña gráficamente su itinerario sonoro, con un pequeño pero muy atinado mapa de las tres Américas y que le permite abordar exhaustivamente algunos aspectos de la evolución histórico-musical y destacar la personalidad artística de relevantes figuras del campo de la creación: principalmente la de quienes han sobresalido en la iniciación y conducción del movimiento neo-nacionalista-a la latinoamericana-, como Heitor Villa-Lobos, Alberto Ginastera y, ya más cercano a nosotros, Carlos Chávez. El libro comprende tres partes: el período colonial el nacimiento del nacionalismo y por último las corrientes en el siglo XX. En nuestra opinión resulta «injustamente escueta» la información que atiende la obra de Silvestre Revueltas. Béhague analiza brevemente 8 por Radio a través de su aspecto rítmico, donde el compositor utiliza elementos de folklore mestizo en forma polifónica, empleando terceros y sextas paralelas. Béhague realiza también una reseña concisa -en el capítulo que comprende las décadas del 30 al 40, dentro de la tercera parte-, de un pasaje del segundo movimiento: «El Duelo» del «Homenaje a Federico García Lorca» (1936), considerada por Béhague como su obra más lograda, en la que Revueltas demuestra una total asimilación del procedimiento neo-clásico-iniciado por Igor Strawinsky- pero sin llegar a perder la propia personalidad. Es lo que Béhague de nomina realismo mestizo».

En cambio, es altamente satisfactorio su enfoque y la selección de materiales sobre el período colonial. Lo interesante es que Béhague acompaña su dilucidación con una cantidad considerable de reproducciones de manuscritos de gran valor estético para la época; es el caso de algunas obras de los peruanos Tomás de Torrejón y Velasco (1644-1728) y José de Orejón y Aparicio (1760-1765), ambos compositores de espléndida factura. También se incluyen algunas transcripciones que han realizado, entre otros, Robert Stevenson y Curt Lange. En la tercera parte, Béhague selecciona y analiza algunos ejemplos de obras contemporáneas, de gran interés e innovadora paleografía donde se incluyen principalmente, «Tres invenciones» para flauta y viola, «Díptico 1» y los Cuartetos para cuerdas números 2 y 3, del compositor mexicano Manuel Enríquez. El autor analiza también la obra del chileno León Schidlowsky, autor, fundamentalmente, de «Amatorias» (1962), obra para tenor y nueve instrumentos inscrita dentro del sistema serial y de muy curiosa escritura: líneas que cruzan el pentagrama y se comunican entre sí. La edición, muy cuidada, ofrece al final de cada capítulo una generosa cantidad de notas bibliográficas. Al margen de ser un libro utilísimo para estudiantes de música en general, su radio de interés puede abarcar, igualmente, a todos los que se interesan por el desarrollo de la cultura y las artes en América Latina.

Clara Meierovich