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Ed. Bruguera  Mexicana, México, 1980.

LOS LIBROS DE NICARAGUA

. Equipo de corresponsales, fotógrafos y editorialistas de unomásuno: La batalla por Nicaragua. Editora unomásuno, México, 1980.

Jorge Castañeda. Nicaragua: contradicciones en la revolución. Ed. Tiempo Extra, México, 1980.

Adolfo Gilly: La nueva Nicaragua. Antimerialismo y la lucha de clases. Editorial Nueva Imagen, México, 1980.

Esta Nicaragua año-cero le devuelve un aire de juventud no solamente a las imágenes sino también a las ideas que se creían caducas, como si nuestro fin de siglo hubiera perdido aquí súbitamente sus arrugas… La aurora ya no es una tentación”. Esta frase de Régis Debray al momento del triunfo sandinista recoge, en efecto, la impresión y reflexiones de la casi totalidad de los latinoamericanos sobre su significado y trascendencia; el sentimiento de deuda para con los nicaragüenses por haberle dado -como señalara el mexicano Jorge Castañeda- “si no razón, por lo menos pertinencia a interminables discusiones sobre vías, tránsitos y procesos”; por haber terminado con esa obsesionante acción de “apagar la televisión tarde en la noche con el ánimo de prenderla al día siguiente para saber si había caído el hijo de puta”, como F. D. Rooselvet gustaba de llamar a Somoza.

La heroicidad del pueblo en lucha contra una de las más sangrientas y antiguas dictaduras de América Latina tuvo la virtud de capturar la atención general y romper la densa red de silencio tejida durante más de cuatro décadas en torno a la miseria, explotación, muerte y permanente lucha, no sólo de Nicaragua sino también de la mayoría de países centroamericanos. De la atención se fue pasando a la solidaridad y, en rápido proceso, a un apoyo político y militantes que exigía ya no sólo una mayor información sobre el momento, sino un más profundo conocimiento de la coyuntura y de las tendencias centrales en el proceso de la formación histórico-política que la habla producido; de encontrar, trascendiendo la admiración por su persona, las raíces del pensamiento nacionalista-revolucionario de Augusto C. Sandino, para explicarse al Frente Sandinista de Liberación Nacional en cuya tradición- como ha señalado Adolfo Gilly “organiza su ideología y su actividad, con la misma fuerza con que el movimiento 26 de Julio se remitió a la tradición antimperialista de José Martí y Antonio Guiteras”. El triunfo, finalmente, exigió la profundización de las invaluables enseñanzas de la revolución y de las perspectivas y alternativas que se presentan, en un camino minado por grandes peligros, especialmente externos.

Ese proceso encuentra un efecto inmediato en una cada vez más intensa labor editorial que se inicia con la reimpresión de trabajos pioneros como los de Gregorio Selser (Sandino, genera de hombres libres, editado varias veces en diversos idiomas, El pequeño ejército loco, que tiene también varias ediciones), y la publicación de trabajos hasta entonces inéditos; y continúa con aquéllos que fueron surgiendo al calor de la guerra, luego, de la toma de poder. Esta corriente se enriquece con las crónicas de guerra de los enviados especiales a partir del ataque sandinista al Palacio Nacional, en agosto de 1977. En dos países de América Latina por su clima político, por la posición de sus gobiernos, por su capacidad editorial-, esta labor ha alcanzado grados notables: Costa Rica y México. En otros, esta actividad buscó el clandestinaje en la reproducción de cuanto trabajo sobre Nicaragua fue posible, burlando así la fobia dictatorial. Pensamos en los casos de Haití y El Salvador.

De la nutrida producción mexicana deseamos comentar cuatro libros recientes, todos aparecidos entre diciembre de 1979 y enero de 1980. En su conjunto -aún cuando con diferentes enfoques y métodos de análisis- ofrecen una visión totalizante del proceso nicaragnse a partir de 1909, de la coyuntura que se inicia en 1977 y de las perspectivas y problemas que se atisban a partir del triunfo.

PEQUEÑOS EJÉRCITOS NO TAN LOCOS

Los trabajos centrales de La Batalla de Nicaragua, se deben a Selser y Waksman, y juntos conforman un análisis del proceso político de Nicaragua desde prácticamente 1909 hasta 1977, completado con una cronología política muy amplia hasta 1978 y una más sintética agregada posteriormente, que llega hasta julio de 1979. El proceso tiene una primera crisis en lo que se ha llamado primera invasión norteamericana de agosto de 1912, que como dice Selser dio inicio a la permanencia de soldados norteamericanos en Nicaragua: “Cien marinos que servían de decoración disuasiva, porque el poder seguía siendo custodiado por las naves de guardia en Corinto o en las cercanías de Bluefield, sobre el Atlántico” y que garantizaron durante trece años un aparente “orden bucólico y casi pastoril”, en manos de los conservadores y con exclusión de los liberales. Ese orden permitió, ya en 1913, la firma del tratado Bryan-Chamorro, por el cual se dio a Estados Unidos la opción para construir un canal alternativo al de Panamá. Selser desarrolla en la primera parte del trabajo todo el proceso de expansión norteamericana, muy ligada a su política en relación a México (lo cual explica el posterior apoyo de éste a Sandino); y muestra el funcionamiento de las constabularies que engendrarían cuerpos como la Guardia Nacional Somocista, hasta culminar en la segunda invasión, la de 1926, en cuyo marco -rebelándose contra la traición de Tipitapa- surgirá la figura de Sandino. En la segunda parte, constituida por la lucha sandinista contra los norteamericanos, Selser ubica dialécticamente al héroe de Las Segovias en el marco de la lucha popular y antimperialista, recogiendo su pensamiento, su trascendencia y su pureza. El estudio culmina con la derrota del ejército invasor -“Se van los yanquis: cesa la lucha” -por las fuerzas patriotas, pero siguiendo cuidadosamente las maniobras norteamericanas para encumbrar a Somoza con el respaldo de ejército cipayo en germen, la Guardia Nacional. El punto final es así la muerte de Sandino -El crimen fue en Managua- en un análisis que permite relacionarlo con la lucha del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El trabajo de Daniel Waksman, Ascenso, esplendor y crisis de la dinastía somocista (1937-1977), continúa con brillante e irónico estilo el proceso político nicaragüense marcado por el dominio de la dinastía, hasta llegar a octubre de 1978, cuando Somoza Debayle “está jugando sus últimas cartas”. El retrato de Anastasio Somoza García, el latin lover, es además de un extraordinario estudio hecho a pinceladas de la sicología del tirano, un examen de la forma en que fue consolidando su poder interno y el apoyo externo: una “historia de pactos y traiciones” que se clausura con su muerte, en 1956, a manos de Rigoberto López Pérez. Pero en este caso, “muerto el perro, no se acabó la rabia”. Se inició en cambio otra etapa de la continuidad: el ascenso de “los hijos del sheik.” Tras describir las formas de dominación somociana, el papel de Tachito como “estabilizador” de la región centroamericana y como “patriarca transnacional”, el trabajo sigue con atención la evolución del proceso a partir de dos hechos ocurridos en diciembre de 1974: la constitución de UDEL y la ofensiva sandinista desencadenada con la operación del comando Juan José Quezada.

Planeado para aparecer a principios de 1979 y ante la previsión del triunfo, el libro fue retrasado en su publicación y ampliado con cuatro trabajos periodísticos. El primero, de Daniel Waksman, es una entrevista con Tomás Borge realizada en abril de 1979, que nos permite conocer detalles de la historia del FSLN y la perspectiva que de la revolución daba el único sobreviviente del núcleo inicial del mismo. Los otros tres, de Gregorio Selser, nos permiten comprender mejor las causas de la “fidelidad” de la Guardia a Somoza y documentar la inmensa fortuna de la familia y su articulación con las transnacionales. El volumen contiene, además, dos breves textos, extraordinarios desde el punto de vista literario y humano: uno de García Márquez (“Los sandinistas se toman el Palacio Nacional de Managua”) y otro de Ernesto Cardenal (“Lo que fue Solentiname. Carta al Pueblo de Nicaragua”), tierno y a la vez firme documento escrito al ser arrasado un paraíso, cuando estaba visto que en Nicaragua no era posible todavía un paraíso.

GUERRA, RECONSTRUCCIÓN, REVOLUCIÓN

El segundo libro, La Batalla por Nicaragua, es un bellísimo documental en el que las extraordinarias fotografías de guerra -crudas, dolorosas o hermosas en el triunfo-, los apasionados relatos y los reflexivos editoriales y artículos nos hacen revivir con ansiedad la dura lucha del pueblo nicaragüense por su libertad; nos hacen, igualmente, recordar la entrega y el coraje de periodistas que pusieron todo su ser al servicio de ese pueblo. Con los despachos de Carmen Lira (especial, o no únicamente) se vuelve a experimentar la sensación de la pólvora, el zumbar de los cohetes y se puede reír con ternura de la forma despreocupada y hasta divertida en que cuenta sus incidentes y constantes peligros. Ninguna persona interesada en lo ocurrido en Nicaragua podrá hacer abstracción de este documento histórico y humano.

Los libros de Castañeda (Nicaragua, contradicciones en la revolución) y de Gilly (La nueva Nicaragua, antimperialismo y lucha de clases, son, en verdad, análisis coyunturales para contribuir polémicamente a la solución de los problemas planteados y debatidos en la nueva Nicaragua. Quizás con excepción de la problemática -un poco prematura, a nuestro juicio- que Castañeda plantea en torno a la “Ideología Sandinista” y que -también en forma indebida, a nuestro juicio- relaciona con el “dependentismo en el poder”, ambos autores se ocupan de problemas similares: los problemas que conlleva la alianza históricamente necesaria con la burguesía; las alternativas que semejante esquema plantea al área social en torno al futuro de la acumulación del capital; las concepciones sobre las formas del poder popular; las formas que asume la lucha de clases dentro de la nueva situación; y el análisis de las posibles formas de intervención o desestabilización que encara el gobierno norteamericano. La diferencia se encuentra, a nuestro juicio en el diferente tratamiento, o mejor dicho en la priorización de los planos de abordaje de la coyuntura. Mientras Gilly privilegia el análisis a partir de la lucha de clases, teniendo como fondo los intereses de las mismas, Castañeda privilegia el enfoque económico. Ambos son de los pocos trabajos que con tal enfoque han sido publicados hasta ahora. Deseamos insistir en la agudeza del trabajo de Adolfo Gilly, en el que se prevén algunos de los problemas que actualmente se están presentando en el contexto nicaragüense, como el tratamiento del problema de los salarios y el relacionado con el tope de precios, que ha llevado a problemas con pequeños y medianos comerciantes. La experiencia política de Gilly su madurez para el análisis de situaciones concretas y su experiencia como escritor hacen de este libro un instrumento para llegar al fondo de la problemática nicaragüense, una problemática que él se plantea desde un compromiso revolucionario. Su estilo, finalmente, hace comprensible y apasionante la lectura, sin que por ello se pierda la profundidad.

Rafael Munjívar