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NUESTROS AÑOS FELICES

Uno supone que a principios de los sesentas las cosas estaban así en el medio cultural mexicano: idealmente, un ilusionado aspirante debía proponerse escribir como Juan Rulfo, pensar como Octavio Paz, militar como José Revueltas, culturizar como Fernando Benítez, vivir como Carlos Fuentes, satirizar como Carlos Monsiváis, prometer como José Emilio Pacheco y platicar como Juan José Arreola. Veinte años después los nominados son: Juan Rulfo por su actuación en El año que entra, en El Fondo; Octavio Paz por su actuación en The Russians Are Coming; José Revueltas por el número de sus Rescatadores Definitivos; Fernando Benítez por La última exclusiva de Sábado, suplemento de unomásuno; Carlos Fuentes por México: Magia y Encuentro; Carlos Monsiváis por Vox Pupuli; José Emilio Pacheco por Apocalipsis ya y el ganador es Juan José Arreola por su brillante actuación en Me Interesa este tema.

LA PRODIGIOSA MICROONDA

«Asteroides» se disparan profusamente contra la pantalla. En el centro se va formando el logo RTC hasta quedar fijo momentáneamente; luego da paso a algunos créditos: Dirección: Miguel Sabido; Realización: Miguel Angel Herrera; Producción Raúl Velasco. Música cultura y entonces dos perfiles: una estatua de Juárez al fondo del plano televisivo y el rostro del actor Manuel Oejda sobre puesto al Benemérito. Ojeda comienza a declamar un Poema para Juárez al parecer de Amado Nervo. Hay un corte y un letrero que precisa el escenario: «Cerro de las Campanas». De pie y con los brazos extendidos, dándole la espalda a la cámara y el frente a la estatua de Juárez (en cuya parte inferior puede leerse «Entre los individuos como entre las naciones…»), Juan José Arreola inicia un parlamento. «Nunca en realidad, me han parecido más célebres, contundentes, las palabras. ¿Será tal vez por su estatura ciclópea…? «En efecto, le está hablando a Juárez; y aunque uno espera que en cualquier momento bajará la vista, Juárez sigue mirando al infinito. «Juárez, ¿impasible? No: aquí, en el Cerro de las Campanas, inflexible». La cámara se acerca a Juárez, sube por la escalinata que da acceso al monumento y luego se instala abajo de él » resaltando» -supone uno es la intención de los realizadores- «su grandeza». Luego se pierde en el cielo mientras se oye en off la voz de Arreola: «Pudiste perdonar: pero… íno! «Todo continúa en el mismo tono. La cámara ya probó con Arreola varias tomas distintas; esta muy bien peinado, traje sobrio, oscuro, y chaleco. Ha entrelazado los dedos, ha mirado al suelo, meditativo; al cielo, extasiado; a la cámara, distraído. Manuel Ojeda, de traje blanco, emprende una breve biografía de Juárez, que ni así se conmueve ante las palabras de Arreola que siguen: «No: detrás, dentro de esta estatua inconmovible y pétrea, ha palpitado y sigue palpitando un tierno corazón». La cámara sigue jugando a demostrar la grandeza de Juárez: por cada close up la música arrecía; detrás del intento, los realizadores parecen creer que el público no podrá resistir la mezcla imponente de Juárez y los fortíssimos. Corte, Música suave, de cámara, y un letrero: «Arreola en Querétaro».

MEJOR SERÁ NO REGRESAR AL 13

Empezó a interesarle muchísimo este tema en sus primeras salidas esporádicas los Sábados con Saldaña («Mi querido Juan José, qué gusto tenerte en el programa». «Qué tal, Jorge… Fíjate que cuando venía para acá…»: entonces podía suceder cualquier cosa: había chocado el taxi -lo cual ameritaba una reflexión sobre la ciudad monstruosa-; o un sobrino le había hecho una pregunta de las que sólo los niños saben hacer; o había recordado un verso de Sor Juana; o se había encontrado a alguien que ya lo felicitaba por Sor salidas en televisión, lo cual le daba muchísimo gusto). Si guió interesándole muchísimo este tema en Noti-trece, donde despachaba una suerte de editorial al término del programa: tenía la melena cada vez mas larga y revuelta. usaba boinas y gorros sombreros rusos o cordobeses, y capas que se fueron haciendo famosas entre el público; se indignaba por los problemas de la ciudad defendía el uso de las bicicletas contra los coches y refería las hazañas de Eddie Mercx, leía poemas y al terminar quedaba viendo al piso, transido de pasión y melancolía o ambas; disertaba sobre ping-pong, y preguntaba a los comentaristas deportivos por los resultados de un evento mundial de ajedrez. Tal vez lo mejor que lo oí fue una defensa del pueblo soviético contra el vedettismo de Solyenitzin y un dolido obituario a la muerte de Carlos Pellicer. Siguieron dos programas de larga duración para él solo: Decíamos ayer y Arreola y su circunstancia. Para ese entonces ya José Ramón Fernández había llegado a invitarlo para comentar un torneo internacional de tenis; tal vez por la misma época comenzó unas Memorias improvisadas en Canal 11. Entonces vino a Cartago. Raiting/raiting/raiting: por Canal 2 y en el horario que antes había pertenecido al «Loco» Valdés, primero, y al refrito (Girón) Fiebre del Sábado. Lo acompañaba Rocío Villagarcía y le daba el trato de maestro (casi lloró cuando Arreola, ante las cámaras, hizo el anuncio -ya sabido por ella extraoficialmente- de que él iba a seguir solo con el programa). Por Vida, cultura y magia de Juan José Arreola desfilaron magos, bailarines, declamadores, cantantes, folcloristas, zarzueleros, ilusionistas, actores, y para todos tenía Arreola una cita literaria o un comentario o una anécdota personal; pero el programa, en las últimas transmisiones, fue requiriendo de más show y sorpresas; en una transmisión, y ya con los hombres del staff anunciándole que el tiempo se había acabado, Arreola llegó a hincarse, arrebatado, en homenaje a una declamadora que no cesaba de estropear a García Lorca.

Ahora, cada vez más, la presencia televisiva del escritor parece insinuar fragilidad; o al menos se hace evidente un apoyo menor de Televisa. RTC se ha hecho cargo de apoquinar para que salga el programa Vida y voz de Juan José Arreola. Por todos es sabido que los entertainers de Televisa (invoquemos de entre las sombras el espíritu de Juan Manuel Pelayo), están expuestos a los altos designios de los altos en la empresa; y estos no difieren del Dios de Omar Khayám, que deja jugar a los hombres como en un tablero de ajedrez y cuando se aburre bota las piezas y los avienta al cajón de na Nada.

EL SHOW DEBE CONTINUAR

Capilla del Cerro de las Campanas, cenotafio de Maximiliano. Arreola, en el interior, dice «Nunca me había hallado en este recinto». Luego añade entre paréntesis a la manera, tal vez, de Woody Allen. » De hecho nunca estuve en Querétaro». De ahí que «mis palabras broten -eh- de la turbación de mi espíritu». Como el fingimiento lo traiciona cada vez más, opta por una anécdota personal: «Cuando se estreno en la Ciudad de México el drama Corona de Sombra de Rodolfo Usigli, me tocó hacer el papel de Maximiliano». Recuerda a otros actores que lo acompañaron esa vez Medita: «Aquí lo fusilaron». Aunque haya sido en el escenario, sigue diciendo, él vivió la tragedia de Maximiliano. De ahí que, en este recinto, «la realidad histórica y mi experiencia personal se confundan». Insiste en el conflicto moral de Juárez mientras decidía el fusilamiento de Maximiliano. Pero «no hay paso a la piedad ante la idea de que viniera a gobernarnos un príncipe extranjero».

La cámara se ubica en el exterior, donde al principio. Al fondo, Arreola baja por las escaleras que dan acceso a La Capilla. Habla del modo en que Juárez pudo sucumbir a la tentación de perdonar. Luego decide: «Quien venga aquí a profanar con su planta» (se atora, obviamente enterado de la atrocidad que va a decir), «ya lo sabe, patria querida» . Trata de componerlo y sale peor: «Pero esta mañana hermosa de Querétaro, te ha dado así en cada hijo un defensor de tu suelo y de tu soberanía» Nuevamente el letrero: » Arreola en Querétaro».

CUÍDATE, ARREOLA, DE TU PROPIO ARREOLA

El yo fue un otro. Es decir el mago del palíndroma, nuestra opción local de Borges y Schwob, el corrector paciente y admirable de escritores jóvenes (y a veces no tanto), el autor de líneas sorprendentes: «El sapo tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón», el autor de por lo menos cinco cuentos clásicos de las letras mexicanas, escoged: «El Guardagujas», «Corrido», «El rinoceronte», «Una mujer amaestrada», «Parábola del trueque», el autor de Prosodia, añadida a Confabulario total, con los mejores poemas en prosa (junto a los de Torri) que tenemos, textos impecables, hermosos y misóginos como el perdurable «Homenaje a Otto Weinninger», Etc. Pero tal vez el yo no fuera un otro, o mejor dicho, tal vez en el otro estuviera el germen que ha creado a este yo. Arreola le dijo a Federico Campbell en 1971: «Ya casi son cincuenta años los que llevo de hablar y cuarenta de tratar de escribir, pues desde muy temprano me deleitaba en la melodía verbal (…) Usted que me conoce, lo sabe: no soy más que un medio de comunicación; me catalogo a mi mismo como un megáfono, un transmisor, un magnavoz, aunque no sea de muchos watts». (Obviamente, ahora esta falta de potencia ya no significa el menor problema). «Hay un pájaro que vuela en busca de su jaula»: es un epígrafe de Kafka que abre un texto de confabulario total; aunque aplicada originalmente a una relación amorosa, la línea de Kafka podría hablar ahora por esa jaula que tiene Arreola trabado entre las personalidades de Oscar Wilde y Raúl Velasco.

TODO PERDIDO, INCLUSO EL GESTO HURAÑO

«Corona de Sombra se llama la pieza de Rodolfo Usigli puesto que Carlota murió delirante y nimbada de locura». Sentado en una banca del Cerro de las Campanas, Arreola continúa hablando del destino que juntó a esos dos hombres: Juárez y Maximiliano. Habla del apoyo total de México al Benemérito, se vuelve cada vez más declamatorio: «El pueblo que siguió a Juárez como una corriente encendida de lava». Y por el estilo. Concluye: Ya la inmortalidad está aquí, en el Cerro de las Campanas». Vuelve a la cámara Manuel Ojeda y termina de recitar el poema de Amado Nervo. Música estridente, grandiosa, a la altura de/. Un letrero que agradece al gobierno del Estado de Querétaro la ayuda prestada, etcétera. Créditos de coordinación y posproducción. Lo último es RTC y el copy-right: «Televisa 1980».

Vida y voz de Juan José Arreola ha llevado a su estrella por toda la provincia. Arreola se deshace en elogios por el Edén recobrado; si está, por ejemplo, en San Luis, una mujer declama La suave patria; los curiosos lo rodean en las calles y plazas provincianas, se insiste en la alegría y tranquilidad del interior contra el monstruo citadino. (En otro programa de Querétaro, ante la presencia de Manuel Ojeda y Rosenda Equis, Arreola dijo: «Desde aquí proclamo, en Querétaro, la libertad de los ciudadanos de México»). Arreola les habla a los mapas y monumento y adoquines y estatuas y catedrales; lo acompañan una actriz o actor (o ambos) en cada tour (más o menos una semana por lugar). Ahora, al momento de redactar esto, parece que volvió a la capital. Ayer estuvo en el Museo de la Ciudad; veía una maqueta o mapa en relieve y decía: «En esta noche siento un como escalofrío». Música de suspense. Luego dijo que el museo tenía su misterio. Un conde y una condesa que vivían ahí hicieron un túnel para comunicarse con El Hospital de Jesús, de modo que a su muerte no abandonaran el palacio. Arreola dice entonces que el museo fue vecindad durante el tiempo y que sus moradores testimoniaban la existencia de fantasmas, » vagando por estos», reitera, » corredores fantasmales» .

Concluyó: «La historia de fantasmas es cierta porque ha llegado hasta nosotros y tal vez la evocación, el fantasma de la condesa, todavía vuela esta noche entre nosotros». Un grupo de cuerdas cierra el programa, mientras los previsibles créditos y agradecimientos van tapando a los músicos, que despiden la velada con la Pequeña Serenata de Mozart. Y se regocija nuestra alma en Canal 2 y nuestros mustios corazones y aletargados espíritus se levantan hacia tu fulgor, oh nueva Diosa Blanca, Televisa.

ADDENDA (PRESCINDIBLE)

Breve examen de opción múltiple para marcar con una cruz. Arreola podría ser a Televisa:

a) Lo que Víctor Junco a María Félix en Doña Diabla ()

b) Lo que Woody Allen a Manhattan ()

c) Lo que Humbert Humbert a Lolita ()

d) Lo que el profesor Rath (Emil Jannings) a Lola-Lola (Marlene Dietrich) en El Angel Azul ()

e) Lo que el profesor Aschenbach a Tadzio ()

f) Lo que Donald a Rico Mac Pato ()

g) Lo que Raskolnikov al crimen ()

h) Lo que Rudyard Kipling al imperialismo ()

i) Lo que Fernando Soler a Ninón Sevilla en Sensualidad ()

j) Lo que este artículo a Robespierre ( ).