Siempre me ha parecido que meditar sobre la realidad termina en minucias, sin importar la época. Dice el dicho que hay que vivir en el hoy, pues yo estoy atrapado en el presente de mi vida por dos razones: tengo dos niños recién nacidos y estoy empezando una nueva profesión. No me da la cabeza en el día para meditar con mucha profundidad el significado de la vida o el destino del país. Casi toda mi concentración esta en si hay comida, medicinas y pañales en la casa, si está pagada la luz, si tiene gasolina el coche, posibles pendientes de la oficina, etcétera. Un presente lleno de minucias, paradójicamente muy importantes.

Aclarado ese punto, este texto para nexos me obliga a evocar un poco el pasado y contemplar el posible futuro. Dado que mi mente está centrada en minucias, la única manera para lograr el pequeño ejercicio consiste en comparar las minucias de mi pasado y las que puedo prever que estarán en mi futuro, todo en el contexto de vivir en este complejo pedazo de tierra que llamamos México y que siempre he considerado mi único hogar.


Ilustración: Alberto Caudillo

Siempre comienzo por el pasado para tener orden. Se me facilita más describir la sensación que me dejó vivir mi infancia en México en las décadas de los ochenta y noventa: afortunado. Viví la mayor parte de esos tiempos en la colonia San Miguel Chapultepec, caminaba a mi escuela todos los días y regresaba a casa con amigos. Por esos tiempos mis preocupaciones eran llevarme bien con mis compañeros, hacer la tarea y jugar videojuegos. La simpleza de mi vida diaria chocaba con la etapa que vivía México, mientras De la Madrid intentaba corregir el rumbo después de la crisis del 82, año en el que nací. Aun con todos los problemas, a mi país lo tuve en alta estima, me levantaba temprano a escuchar el himno en la tele que se tocaba diario antes de que empezara la programación. Mi orgullo emanaba de símbolos patrios e historias de orgullo contadas en libros de texto. Mi mamá me pilló un día cambiando la letra del himno y me pidió que no me burlara de México porque era el país que nos daba todo. Lo tengo grabado y siempre que pienso en mal hablar de México me modero porque he tenido una vida privilegiada en este país. El mayor problema que recuerdo de mi infancia era que se robaban coches en la colonia. Dos a mi familia y un par más a invitados. Muy grave, pero no hubo heridos. La vida seguía sin miramientos.

Durante mis años de prepa y universidad me dediqué a estudiar, beber, comer y meditar mi futuro. La inseguridad aumentaba, pero nunca me sentí limitado. Una de mis actividades favoritas fue caminar de la San Miguel a Polanco para ir a al cine. Usaba el metro, veía una película y regresaba a casa a las diez, once la de noche sin pensar que pudiera pasarme nada grave, también hice viajes cada fin de semana al centro a comprar películas baratas en Meave. Me asaltaron una vez y decidí hacer una colección legal de cine y televisión. México se recuperaba de, para mí, su segunda crisis económica con el error de diciembre. Miles de historias de terror de gente perdiendo casa, coche. Mi país la pasaba mal porque no tenía buena administración, estuvimos cerca de salir del subdesarrollo, pero nos quedamos cortos.

Ahora tengo una vida estable, pero el detalle de tener hijos me obliga a ver adelante. Yo he tenido la suerte de ver un México más amable, pero siento mucha ansiedad por el porvenir. Mi perspectiva es que el país es más estable económicamente y espero no vivir una crisis en mi edad adulta como las que vivieron mis papás en las suyas, pero el gran problema es la inseguridad. Mis pequeñas anécdotas de infancia y adolescencia me muestran el gran cambio que ha tenido el país durante mi vida. El resultado es que vivimos y viviremos vidas más limitadas, mis hijos tendrán más limites que yo porque han nacido en una etapa más peligrosa del país, así lo veo. Espero que México salga adelante económicamente, que venza la desigualdad, la corrupción, la pobreza y muchos otros obstáculos, pero si hay uno que es vital para el futuro de esta nación es erradicar la violencia, junto con la percepción de la misma, porque desde este presente no veo a mis hijos caminando por la ciudad, viajando por sus carreteras, disfrutando de su país como yo lo hice, en fin, ocupándose de las minucias de su presente, eventualmente de su pasado y con suerte de su largo futuro. Quiero un México pacifico, quiero minucias para Héctor y Lucio.

 

Mateo Aguilar Mastretta
Editor de nexos en línea.

 

Un comentario en “Minucias para mis hijos

  1. Creo que entiendo a cabalidad el razonamiento de Mateo, pese a que mis coordenadas personales para nada coincidan en las suyas. Nací en España en pleno franquismo recién vencedor de la guerra civil, y vivo desde hace ya 54 años en el extranjero, concretamente en Alemania. Si bien mi pasaporte dice que soy español, yo sé muy bien que soy, no alemán, eso no, pero sí coloniense, de la ciudad de Colonia, la patria chica de mis tres hijos y mis cuatro nietos. Por las minucias (Mateo dixit!) de mis hijos no me preocupo, excepto en lo que se refiere a sus pensiones de jubilación, que nunca van a ser tan buenas como la mía, y de ello son responsables una multitud de factores que no hacen al caso. Pero las minucias de mis nietos me dejan insomne bastantes noches. No se necesita ser muy pesimista para darse cuenta de que en Europa estamos viviendo una crisis que se asemeja peligrosamente a la que precedió a 1914 y el comienzo de la que se llamó “la Gran Guerra”. Y Alemania se encuentra en el centro mismo de la crisis. Si fuera creyente, pienso que me pasaría la vida rezando. Pero como no lo soy, me la paso en un ay.