El 17 de noviembre un banco de niebla afectó durante una hora los aterrizajes en el aeropuerto de la Ciudad de México. Sólo una hora, sólo aterrizajes, sólo en un aeropuerto del país y decenas de vuelos en todo México y de otras partes del mundo que querían conectar en México resultaron cancelados o retrasados. El centralismo histórico y el provocado, la mala administración de nuestro espacio aéreo y la industria aérea, los intereses privados, los macheteros de Atenco, la impericia de Fox, la corrupción de tantos, hacen que un banco de niebla de una hora produzca, no un efecto mariposa, sino un tsunami.

Esa tarde, a las siete, aterricé en la ciudad de México. Estuvimos 45 minutos dentro del avión mientras llegaba uno de los pocos camiones que te recogen a media plataforma y te llevan a la terminal. Fuera de la terminal, las filas para tomar una taxi de los “autorizados”, eran tan largas que cuando pregunté había personas que llevaban 45 minutos y les faltaban unos metros para abordar su transporte. Uber no tenía autos disponibles porque desde hacía unas semanas muchos de sus conductores ya no quieren recoger pasaje ahí. La policía federal los extorsiona, los otros taxis los agreden. Los “autorizados” no tienen suficientes autos. Como siempre en México, para este asunto, hay algunos amparos, un “Movimiento Nacional” de taxistas, unos empresarios a la sombra de ese “movimiento” del que nadie conoce el origen de sus riquezas, una resolución de un órgano autónomo a la que nadie hace caso, y un servicio que no sirve.


Ilustración: Sergio Bordón

Esta noche, los únicos afortunados son aquellos por los que pasan enormes camionetas negras, blindadas, de las que se baja, atento, un chofer con corbata que sube maletas, abre puertas y mira amenazante a los que se acercan a sus patrones.

Los turistas nacionales que venían a pasar el puente a México sufrían, los extranjeros no entendían nada. Nadie explica nada, un par de policías tratan de calmar los ánimos sin éxito. Como siempre, el principal aeropuerto olía a caño, pero eso sí, está inundado de letreros que advierten que los retrasos no son su culpa, sino de las líneas aéreas, será porque lo bueno, no se cuenta.

El turismo, nos dicen, es una de las prioridades del gobierno.

No tenía prisa y decidí que la mejor opción era tomar el metrobús para salir de ese infierno y tomar un taxi en otro lugar. En el camino entre San Lázaro y Bellas Artes uno pasa calles abandonadas, llenas de basura, con gente que duerme en la calle, los coches se meten al carril exclusivo y la solución es que el conductor del metrobús “aviente” la carrocería provocando una confrontación que acaba en mentadas de madre, el policía que viaja con nosotros se ríe.

Me bajo del metrobús en Bellas Artes y camino por la Alameda. Está inundada por miles y miles de personas con globos iluminados. Hay música en vivo, alguna estudiantina —ni modo—, puestos de comida y de juguetes para los niños que felices corren presumiendo cientos y cientos de artefactos con luces multicolores. El tráfico en Avenida Juárez está detenido, entre otras cosas por los cientos de peatones que la cruzan para llegar al festival; Bellas Artes está iluminado, las parejas se toman selfies contra la fachada. Los padres de familia corretean niños que gozan la noche. Hay gente en patines y gente disfrazada de cosas que, supongo, por mi edad, no entiendo, pero disfruto ver. En las bancas, jóvenes y adultos se besan, echan novio, como decíamos. Con los paseantes se mezclan adolescentes de los que en los últimos años han inundado los alrededores de la Plaza inhalando “mona” y uno que otro que evidentemente quiere robarse una cartera. Es un viernes por la noche en la Alameda, merecería un mural.

Tres horas y media después de haber aterrizado llegué a mi casa y redacté este texto.

Nos pidió Héctor que escribiéramos sobre el país que vemos, pero también sobre el que vemos venir.

Esta noche me cuesta ver uno diferente.

Los señores de las camionetas negras blindadas no querrán abandonarlas, los taxistas “autorizados” resistirán el cambio con la ayuda de las conexiones de sus dueños, los órganos “autónomos seguirán” siendo ignorados, las aerolíneas y los aeropuertos seguirán medrando con nuestra necesidad porque siempre será culpa de otros, los coches seguirán metiéndose al carril prohibido porque nadie los sanciona, el policía se seguirá riendo porque nadie le exige otra cosa, la basura seguirá inundando los barrios más pobres y los jóvenes que inhalan mono seguirán siendo ignorados por los que pasamos a su lado todos los días.

El statu quo, el nuestro, así, ha triunfado.

Y las familias seguirán disfrutando de la Alameda alguna noche del año, aunque sea en medio de todo lo otro.

José Emilio Pacheco publicó “Alta Traición” unos meses después de que yo naciera.

Medio siglo después, lo repito, como un mantra:

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
—y tres o cuatro ríos.

 

Carlos Puig
Periodista. Es columnista en Milenio Diario.

 

14 comentarios en “No amo mi patria

  1. Creo entender, porque la comparto, la frustración o la furia de JE Pacheco y, desde luego, la tuya.
    Sin embargo, nuestra patria, nuestro pueblo son inocentes, quizás víctimas de una estructura constitucional, organizacional y de gestión pública que, pese impedir la justicia que nuestra sociedad Estado reclama y necesita, se ha apañado el poder público desde nuestro primer Constituyente.

    Por ello, tratando de cambiar el mantra, me permito:

    “Amo mi patria
    su natura, su gente y su cultura
    pero no amo la estructura
    ni la gestión de su gobierno”

  2. Tenemos la solución con el cuidado de nuestro voto para formar un Congreso que.No sea entrevista a los intereses de.unos cuantis

  3. Felicidades Carlos
    Permíteme un atrevimiento:

    Amo mi patria,
    a su gente, su pueblo y sus caminos,
    su coraza cubierta de rocio
    que es el flujo de un político sombrío…
    Y la amo porque soy parte de un todo enardecido …

  4. Tristemente estoy de acuerdo con usted, cada vez que salgo de casa o que llego del extranjero me encuentro con que la ciudad apesta: olores, basura, desorden por doquier. Cuando era jovencita y escuchaba la nueva trova cubana pensaba que si nos esforzábamos tendríamos un mundo mejor, han pasado ya cuarenta años y las cosas están cada día peor, no hubo mejora, y entonces ¿dónde quedó el trabajo realizado, los esfuerzos por adquirir una cultura cívica de orden, respeto y limpieza?

  5. Buen texto de Puig, justo en el tono de lo que, me imagino, se pidió a los 40 colaboradores de Nexos. Pero una duda sobre el primer verso de JEP: ¿no debería ser ‘no amo a mi patria’? ¿Hasta qué punto la patria es algo impersonal? En fin.

  6. Es difícil pensar que las cosas van a cambiar después de tanto tiempo siendo iguales, pero es esa actitud las que las mantiene así no amas a tu patria y te entiendo, pero SI hay cambio siempre nace gente nueva con ideales y sin corrupcion así que no las pases de largo te recomendaria que te dediques a escribir tantas cosas hermosas de Mexico no ves todos sus colores su juventud ? tal vez si nos fijamos más en eso y menos en el olor a caño podamos de verdad enamorarnos de nuestra patria.

  7. Todos critican y pocos ponen un grano de arena para mejorar, si juntamos granos y granos formaremos una gran montaña de voluntad y esfuerzos, que tiendan a mejorar lo que criticamos. Yo cada día pongo un grano de arena con voluntad y lealtad a mi patria, no dejo que nada ni nadie me haga dudar de mi propósito y desde mi palestra que me toca, lo seguiré haciendo y trabajando para que mas y más compañeros generen su grano. Al final se que triunfaremos y nuestra patria se beneficiará…..

  8. Cada cual tenemos visiones distintas de acuerdo al momento y circunstancia que nos refiera, asi como formas distintas de expresarlo; es fácil criticar al que se expresa x aquello que observa, vive y padece, a todos nos ha tocado ver eso que se menciona y lo hemos denostado junto a aquellas autoridades que debieran corregir y controlar, y con frecuencia somos no solo expectadores, sino actores de esos vicios y malas costumbres, pero no solo es cómplice el que actua afin, sino también los que callamos.

  9. Creo que muchos toman el texto demasiado personal. En ningún momento lo entendí como una crítica sin revancha hacia el país. Por el contrario, al igual que el poema de José Emilio Pacheco es una reflexión sobre los sinsabores de México, pero también sus posibilidades. La frustración que despierta en los mexicanos ver una gran nación pero que adolece de problemas cuya solución a veces se siente imposible. Curiosamente, el poema “Alta Traición”, aunque empieza con la frase “No amo mi patria” es un texto de profundo amor por México. Son recursos literarios que nos ayudan a llevar las reflexiones al extremo a través de las palabras. Me sorprende que ahora se tome todo tan literal.

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