“Estás bendito entre las mujeres” me dije bajo la regadera por la situación en mi casa. “Y conste que te faltan dos”. Me faltaban Cheny, la mujer que trabaja con nosotros desde hace más de veinte años y que llegó a la casa siendo muchacha, y la señora María Mercado, quien fue nana de mi esposa María Pía y desde hace siglos nos cocina dos veces por semana. Pero a la señora María no le tocaba turno y por su parte Cheny había ido a su pueblo de Oaxaca para los Días de Muertos; al escribir estas líneas sigue ahí ya que se rompió un brazo en una caída y necesita atenderse donde fue operada, en Huajuapan de León, la ciudad con hospital más cercana al pueblo.

Ilustración: José María Martínez

“Bendito entre las mujeres” quería decir entonces que en la casa, y como mi hijo Felipe dejó hace meses de vivir en ella, estaban por orden de edades una hermana de María Pía damnificada luego de que su departamento en la colonia Narvarte sufrió daños durante el terremoto 19S, y lleva desde la fecha viviendo con nosotros. Y estaban la más vieja y la habitualmente más joven de la casa; digo habitualmente porque hace meses anda en la familia una perrita schnauzer que ahora tiene año y tantos de edad y que llegó a nosotros damnificada de algún modo: la más joven de la casa la trajo porque parientes de su novio tenían ya una perrita, que parió, y en el edificio donde viven sólo admiten una mascota por departamento. La perrita llegó pese a los gruñidos del más viejo de la casa quien ahora confiesa: bastó que ella desde un principio se le quedara viendo y ladeara la cabeza intrigada y tiernamente para derretirlo o hacerle deponer toda objeción.

“Bendito” pues “entre las mujeres” pero con una singularidad. Todas ellas tienen nombres empezados en eme: mi cuñada Malú (María Guadalupe), María Pía, mi hija Mercedes y la perrita Mika que así nos llegó bautizada. Ahora bien: algo que bajo la regadera suelo hacer cada vez más es decirme fragmentos de “La suave patria” de Ramón López Velarde. Y cada vez confirmo que una de sus definiciones podría ser esta: es un poema de cientocincuenta y pico versos pero con infinidad e infinitud de mujeres, al grado de que la única vez que en él aparece la palabra México aparece sin más en femenino: mexicana. Un poema igualmente surcado de emes; por ejemplo:

Como la sota moza, patria mía,
en piso de metal vives al día,
de milagro, como la lotería.

Se ha interpretado la estrofa como la paradoja de una patria que pisa suelo rico y sin embargo vive al acaso; lo primero que me viene con ella, no sé si por haberla visto o si lo invento, es en cambio la imagen literal de la baraja española donde en efecto la sota moza pisa un suelo al que casualmente el ilustrador le dio un reluciente color blanquiazul —casi, en fin, metálico al ojo. Veo antes que nada un suelo resbaladizo y lo asocio con algo que escribí hace años: cómo me podían las mujeres que se caen o se accidentan un día sí y otro también, hasta querer arroparlas y consolarlas o encorazonarlas lopezvelardeanamente. Y es que ahora, como dije, tengo a Cheny con un brazo roto en su pueblo oaxaqueño. Añado que estaba programada una cirugía de rodilla el pasado 14 de noviembre para mi hija Mercedes por una caída que tuvo hace tiempo; operación que hubo de posponerse al año entrante porque no le dieron incapacidad en el hospital público donde la doctora recibida por la UNAM Mercedes Aguilar Soto cumple su internado. Al tiempo, la maestra en biología María de la Asunción Pía Soto Álvarez, quien aparte de ser profesora e investigadora en la UAM Iztapalapa lleva años trabajando para evitar la extinción del lobo mexicano, sufrió hace dos semanas un derrame de líquido sinovial en su rodilla derecha (ya operada hace once años): meses después de haberse caído en una banqueta minada de bordes cementeros y excrecencias de varillas y tubos luego de que retiran incompletos postes y “bolardos” de la colonia Condesa, y dejan trampas invisibles a los pies. María Pía tiene operación programada para el 30 de noviembre. Mi cifra y mi clave están en el modo en que ellas se levantan luego de las caídas y los accidentes.

Este es mi presente y mi futuro. Al dar cuenta de ambos había de ser así, con un texto espolvoreado de emes. Con eme de mujer y de México y de mañana. (Para Kathya Millares, con su cabestrillo luego de reciente caída: “…con tu mirada de mestiza pones/ la inmensidad sobre los corazones”. Ramón López Velarde, “La suave patria”.)

Noviembre 20, 2017.

 

Luis Miguel Aguilar
Poeta. En 2017 apareció su plaquette De varias formas.

 

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