No, no vivo en el México que me gustaría vivir. Claro, puedo imaginar uno mucho peor pero también uno mucho mejor. Uno en el que no vivo por falta de visión de Estado, porque no hay voluntad política y, también, por la indiferencia y falta de participación ciudadana.

Vivo en un México mejor que el de hace 40 años cuando tuve el primer número de nexos en las manos. Entonces se hablaba de la atonía, de la inflación rampante, de la dosis de Estado y mercado a la que se debería aspirar, del desequilibrio presupuestal, de la guerrilla, del enfrentamiento empresarios-gobierno, del proteccionismo comercial, de las luchas obreras, de la hegemonía del PRI, del control gubernamental sobre las elecciones, de los excesos de un presidencialismo desbocado, de la ficción en la división de poderes y la existencia de contrapesos al Poder Ejecutivo, de la inaccesibilidad a la información pública. Hoy estos problemas no están en las páginas de nexos o lo están en menor medida porque la realidad cambió.

Ilustración: Gonzalo Tassier

Las variables macroeconómicas están más o menos en orden, la guerrilla no está presente como a finales de los años 70, el PRI dejó de ser hegemónico, transitamos a la democracia, se produjo la alternancia en la silla presidencial, la división de poderes es una realidad, el enfrentamiento gobierno-empresarios dio lugar a un entendimiento razonable aunque no ayuno de conflictos, las actividades del Congreso y de la Corte cobraron relevancia, nos abrimos al mundo.

Pero muchos otros problemas sobre los que ya se discutía entonces y frente a los cuales los autores de nexos han ofrecido propuestas de manera consistente y reiterada, siguen entre nosotros. La desigualdad y la pobreza, el salario insuficiente, el crecimiento mediocre, el gasto improductivo, la concentración de los mercados, los abundantes privilegios de unos cuantos, la mala calidad de la educación, los abusos de la clase política, la falta de justicia, la violación a los derechos humanos, la dependencia de los medios de la publicidad oficial. En todos estos hay pocos avances y algunos retrocesos después de cuatro décadas.

A ellos se agregaron otros. La disfuncionalidad del sistema político, los gobiernos divididos, el federalismo de utilería y gobernado por auténticos “virreyes”, la corrupción y la impunidad, la violencia incontenible, el crimen organizado, los feminicidios, la necesidad de despenalizar las drogas, la captura de algunos órganos de autonomía estatal, la crisis urbana, el dispendio en el financiamiento público a los partidos y elecciones.

Hoy no hay un panorama político y social explosivo y la gran mayoría de los conflictos se solucionan, o cuando menos se administran, por la vía institucional. Pero hay motivos de sobra para nuestras muy hondas preocupaciones. No tenemos ni una economía lo suficientemente competitiva, ni servicios públicos en cantidad y calidad suficientes, ni un piso mínimo de bienestar para todos los mexicanos, ni igualdad de oportunidades, ni un entramado institucional lo suficientemente robusto ni, quizá lo peor, un Estado de derecho que merezca tal nombre.

Sí, un México mejor que hace 40 años cuando nexos nació y a cuya mejoría contribuyó, pero un México que sigue dejando mucho que desear y al que le seguirá haciendo falta esta publicación. Lo dice con toda precisión su director en una entrevista reciente: “Nos hemos quedado muy cortos para hacer realidad muchas de nuestras inconformidades y críticas. Trajimos la democracia; fuimos partidarios de abrir la economía mexicana para modernizarla; acompañamos el proceso de institucionalizar la diversidad social en organismos autónomos; combatimos largamente en la idea de tratar de que esta sociedad sea menos inequitativa, más generosa con sus hijos. Hechas todas las cuentas, son cuentas pobres. Este país será próspero, democrático y equitativo, pero no lo será por las transformaciones que hayamos hecho en el curso de mi generación. Hemos vivido un país que convirtió en problemas lo que para otros países fueron soluciones: corrompimos nuestra democracia, lastramos nuestro desarrollo económico, profundizamos nuestra desigualdad”.

Con todo, nexos llega a su 40 aniversario con la satisfacción no sólo de haber pintado la realidad con exactitud y pluralidad reflejando la situación económica, política, social y cultural de cada momento del país sino de haberlo hecho de manera plural y crítica; no sólo de haber sido una pieza central en el debate público sino de haber fijado la agenda y; no sólo de haber abordado los grandes problemas nacionales sino de haber propuesto alternativas de solución para ellos. No hay asunto de interés público que no haya pasado por sus páginas. No hay punto de vista al que no se le haya dado espacio. No hay debate al que le haya rehuido.

Nexos ha cambiado como lo exige el paso del tiempo. Se ha renovado en el fondo y en la forma; en sus contenidos y en sus plataformas. Ha tenido el acierto de captar el talento de las nuevas generaciones pero ha mantenido (thank God!) a sus autores originales que todavía seguimos aportando. Nexos no ha envejecido. Sigue siendo fiel a los principios que le dieron su razón de ser. Hoy como hace 40 años “se presenta a sus lectores como el esfuerzo mancomunado de muchas voluntades dispuestas a la comunicación recíproca, al diálogo razonado y a la búsqueda de alternativas fundadas en la reflexión”.

480 números de nexos han pasado por mis manos y por mis ojos de lectora que espera mes con mes su llegada para enterarme, para aprender, para hacerme pensar y para disentir. Me enorgullece estar entre las páginas de este número de aniversario, haber contribuido a muchos otros y ser parte de su Consejo Editorial. Long live nexos.

 

María Amparo Casar
Investigadora del CIDE, analista político y presidente ejecutivo de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.

 

Un comentario en “Ayer y ahora

  1. Tiene razón la falta de participación ciudadana, pero cuantas voces ha callado la muerte, salvo la clase con poder y dinero, quiere que las cosas sigan igual, se necesita un grupo de lideres con conocimiento entrega honestidad valentía y transparencia, algo dificil de encontrar .