Cuarenta años nos hemos acompañado. Nos hemos acercado y nos hemos alejado, pero nunca nos hemos perdido de vista. Si no nos miramos de frente, nos seguimos de reojo y sabemos siempre dónde estamos. Creo.

Cuando mandé al número 3 de la revista mi primera contribución, una reseña crítica del libro de Gabriel Careaga sobre clases medias, me contaron qué tan feroz le pareció el texto que creyó que Soledad Loaeza era un seudónimo colectivo, que escondía a varios de sus enemigos. Me hizo sentir culpable, pero la experiencia también me dejó la sensación de que había yo platicado muy a gusto sobre un libro que había leído, había comentado sus aciertos y sus debilidades. El lector o la lectora que yo imaginaba mientras escribía, había sido atento, había expresado dudas y empatía. En fin, escribir una reseña que era casi un ensayo había sido una experiencia feliz.


Ilustración: Patricio Betteo

Desde entonces entendí que una de las tareas de nexos era fomentar la reflexión, la exposición de argumentos y el uso de la palabra escrita para hablar de política. La revista me ha enseñado el ejercicio ensayístico que redime nuestra vida política de los chismes, los rumores y el anecdotario que la habían condenado a ser un capítulo extenso de la picaresca mexicana. Desde ese punto de vista nexos ha contribuido a la dignificación de la política. No es poca cosa en estos tiempos que corren, marcados por la tremenda insensibilidad de políticos que sólo se miran entre sí, por la bancarrota de la moral pública a la que nos han llevado gobernantes que no distinguen entre el bien público y el privado, por el cinismo de tanto funcionario deshonesto que ni siquiera se sonroja cuando se exhiben sus robos, su engaño, su abuso. Tiempos en los que formadores de opinión que tienen una responsabilidad social plagian sin el menor recato, o se ufanan de su ignorancia como si fuera una virtud; pero no lo es, no cuando se trata de entender el mundo que nos rodea y de explicarlo a otros.

A lo largo de su vida, nexos ha publicado ensayos extraordinarios: de Arturo Warman, de Carlos Pereyra, de Chema Pérez Gay, de muchos que llegaron a la revista sabiendo escribir ensayos, y de muchos más que aprendimos a hacerlo en el taller que puede ser cualquiera de sus números.

No es la única lección que he recibido de nexos. Han sido cuatro décadas de enseñanzas de la revista para pensar y debatir temas políticos, y a leer a colegas, compañeros y amigos con quienes vivimos conmocionados y esperanzados una época de cambios que todavía a finales de los ochenta solo se atrevían a imaginar los que corrían regresiones electorales interminables para equivocarse siempre, o, bueno, muy seguido.

La revista me abrió sus puertas con generosidad y respeto. Mis temas no eran los habituales para una publicación cuyo consejo editorial estaba integrado por notables miembros de la ancha izquierda que todavía entonces existía en una diversidad inconfesa y ahora imposible. Las derechas pasaban desapercibidas; pero Héctor Aguilar Camín reconoció su importancia, pese a que el discurso del poder, así como el de la oposición, hablara sólo de izquierdas. Unos por reivindicar una tradición política que, en realidad, ya les era ajena, y otros por sobrestimar el vigor de una opción socialdemócrata que entre nosotros ya entonces se desmigajaba. Nexos la impulsaba, a mí me hacía creer que podíamos convertirnos en una verdadera democracia. Sin embargo, el mérito de la revista que quiero mencionar aquí es que no solo se abrió a nuevos temas, también reclutó para sus debates a los participantes más diversos que sólo allí tenían la oportunidad de conversar con sus adversarios políticos, con sus enemigos de clase, pero también llegaban a descubrir coincidencias y afinidades electivas ahí donde menos lo esperaban.

Más allá de sus desacuerdos, en esa izquierda diversa unos y otros cerraban los ojos al pasado y al presente de unas derechas pujantes a las que la democracia les abrió la puerta. Parecería que ahora sólo esperan al líder que podría unificarlas. Ni modo. Así es la democracia. Pero nos ha dejado perplejas que las izquierdas no hayan podido beneficiarse de la misma manera de un reformismo al que han contribuido con iniciativas, ideas, posiciones y reflexiones. Este esfuerzo liberó una creatividad de la que las derechas siempre han estado ayunas. No hay más que repasar los índices de nexos para constatar la búsqueda incesante de explicaciones a los significados de la realidad inmediata, y a los signos que podemos extraer del futuro.

Llevamos cuatro décadas de conversación nexos y yo. No faltará quien diga que siempre hablamos de lo mismo. Y bueno, lo seguiremos haciendo hasta que todos entendamos que la política no tiene por qué ser un pantano, ni los políticos una banda de criminales. La revista ilustra con gran fuerza la idea de que la política no son solo las actitudes frente al poder, también son ideas, valores y acciones como las que inspira la sabia compañía que ella ha sido para mí.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora de El Colegio de México. Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es La restauración de la Iglesia católica en la transición mexicana.

 

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