Vivo a México con miedo. En este país en el que nací, del que jamás he salido por más de algunas semanas y del que no me imagino lejos, me acompaña todo el tiempo una sensación de vulnerabilidad, de desprotección, de no tener a quién recurrir cuando algo malo sucede, porque a nadie le importa lo que les pasa a los otros: ni al policía o la autoridad, ni al colega o el vecino.

El miedo no es porque sí. Existe porque asaltan en el cajero y en el restorán; roban el auto y roban la casa; matan a la joven que tomó un taxi y al joven que defendió a una chava en el antro; extorsionan al pariente que tiene una tienda y secuestran al conocido que tiene una fábrica; se derrumba el edificio donde vivía mi madre y la escuela donde estudiaba la nieta de mis amigos.


Ilustración: Pablo García

Viene de que cualquiera cierra una carretera para protestar y tú no puedes pasar aunque te sea urgente, de que otra hay que cerrarla por mal hecha y tú no puedes pasar aunque te sea urgente. Viene de que cualquier burócrata de quinta te puede desgraciar la vida por ineficiencia, mala fe o incapacidad. Viene de que sin más despiden a los trabajadores de una empresa y a los de un hospital y a los de una casa y a los de una tienda, y esos que de un minuto a otro se quedan sin nada, ¿qué hacen sus familias? Viene de que despiden a policías y funcionarios que hicieron barbaridades y entonces pasan a andar sueltos por las calles, ahora sí que sin dueño ni mecate ni obligación ni contención, allí junto a mí y a ti y a él y a nosotros y a vosotros y a ellos.

Pero el miedo es además y también por otras cosas.

Nací en un México en el que pude cumplir mis sueños: ir a la universidad, escribir y publicar, ver cómo ganaba terreno el feminismo, la libertad de expresión, el respeto a los derechos humanos, la democracia. En cambio ahora veo que mis hijos no tienen para donde voltear. Sus estudios, sus esfuerzos, sus sueños, se topan inexorablemente con ese muro de México del que habló José Emilio Pacheco, en el que hay colgado un letrero que dice: lo que tú haces no me interesa.

Por eso no hay presupuesto para ciencia, no hay presupuesto para cultura, no hay presupuesto para salud, el dinero se usa todo para los partidos, las elecciones y la publicidad del gobierno. Presupuesto cero y háganle como puedan. Corrupción cien y allá ustedes si creen que pueden contra esto.

Vaya paradoja en la que vivimos, un país en el que los corruptos y los delincuentes consiguen todo y los decentes nomás no hallan el modo. No importa si lo que hacen es tan importante para la sociedad, no consiguen chamba ni los médicos ni los músicos ni los historiadores ni los sicólogos, ni los nutriólogos. No es eso lo que me habían prometido mis maestros y mis padres, no es eso lo que yo misma les había prometido a mis hijos.

Qué pesimista eres me dicen. Hay que ver las cosas buenas. Y sí claro, hay muchas cosas buenas. Pero no tengo ni los míos tienen tranquilidad ni seguridad, porque lo que hoy tenemos, mañana se cae o de plano, desaparece.

Se cae, porque en este país a nadie le importa cuidar nada. Los proyectos más maravillosos mueren en manos de funcionarios y burócratas ineptos y desinteresados. Y desaparece, porque en este país nos lo arrebatan los malos.

Que pesimista eres me dicen. Y sí, lo soy, porque no veo que se pueda tener ilusión, soñar, hacer planes.

Por eso cuando me preguntan en esta revista a la que vi nacer y a la que he visto caminar durante 40 años, que cómo veo al México de mañana, sólo puedo contestarles desde ese pesimismo, desde ese miedo.

Veo al México de mañana igual al de hoy: inseguro, corrupto, ineficiente, en manos de funcionarios desinteresados y de delincuentes malvados.

Así lo veo porque así es hoy y no veo por qué habría de ser diferente mañana, no existe ningún indicio de que vaya a mejorar, y en cambio están todas las señas de que se va a poner todavía peor.

Los malos y los que tienen amigos poderosos tendrán apoyos. Los demás seguiremos sin existir. Las mejores personas no tendrán oportunidad, las peores tendrán todas las oportunidades. Los proyectos van a morir sin nadie que se dé cuenta siquiera de lo mucho que se perdió, y en su lugar no va a surgir nada. La corrupción estará allí para asegurar que los edificios y las carreteras se sigan cayendo y los delincuentes estarán allí para asegurar que sigamos teniendo miedo.

 

Sara Sefchovich
Socióloga e historiadora. Su más reciente libro es Vida y milagros de la crónica en México.

 

Un comentario en “Seguir sin existir

  1. Así es, parece que seguimos sin existir de esto tiene toda la razón la gran Maestra Sara, ninguna autoridad nos toma en cuenta, y así es tenemos miedo nadie nos ayuda ni el policía ni la autoridad. la única tendrá que ser la sociedad, ya que en sus manos está el futuro de la democracia, para aprender a mandar. reciban un abraso cordial.