Gay Talese describió la vida cotidiana de una familia mafiosa, los Bonanno, en Honrarás a tu padre, ofreció estampas de ciudades (Nueva York) y personajes (Frank Sinatra, Floyd Paterson o Joe Louis) en Retratos y encuentros, narró su propia historia en Vida de un escritor, y reconstruyó la migración, el trayecto, de su familia de Calabria a Estados Unidos en Los hijos. Se autodefinió como periodista y ha evadido de manera sistemática la ficción; porque lo suyo fue y ha sido la crónica, la recreación, las ganas de contar historias y diseccionar personajes.

En 1980 publicó un denso, documentado y provocador volumen que intentó reconstruir los usos y costumbres sexuales en los Estados Unidos, no sólo los que estaban en boga o apenas despuntaban sino que se remontó hasta el siglo XIX en donde encontró experimentos varios de poligamia o de comunas sexuales bajo mantos religiosos. Una larga y sinuosa historia marcada por “la tensión entre nuestra herencia puritana y nuestra obsesión por el sexo” (Katie Roiphe). La mujer de tu prójimo (Debate, España, 2011) fue el producto de esos afanes y en ella no podía faltar un retrato admirado y comprensivo de Hugh Hefner, el creador de la revista Playboy que murió recientemente.


Ilustración: Jonathan Rosas

En 1953 apareció el primer número de la revista “del conejito”. “Antes de Playboy, pocos hombres en Estados Unidos habían visto alguna vez una foto de desnudo en color”. Y por ello en los primeros dos años la publicación pasó de 60 mil a 400 mil ejemplares al mes.

El padre de Hefner fue un contable en una gran empresa de Chicago y su madre encarnaba una moral rígida y piadosa. “En su casa no había bebidas ni tabaco… y el domingo era una jornada estrictamente de oración”. En 1944 se graduó en el instituto Steinmetz, ingresó al ejército, hizo vida de soldado y en 1946 se matriculó en la Universidad de Illinois. “Fue alejándose de su pasado metodista fundamentalista” y se reconoció como agnóstico. Dos acontecimientos parecen haber sido los resortes que catapultaron lo que sería su creación más duradera: el descubrimiento de la penicilina para curar las enfermedades venéreas y el Informe Kinsey, basado en más de 12 mil entrevistas, que puso al descubierto que bajo el manto de una moralidad severa las prácticas sexuales eran mucho más relajadas. En 1949 se casó y la pareja se fue a vivir a la casa de los padres de Hefner. Y en 1950 se inscribió en la Universidad del Noroeste y realizó una “extensa monografía sobre las leyes sexuales estadunidenses”. “Creía que la mayoría de ellas debían ser abolidas porque eran anticuadas y demasiado íntimas como para permitir la intervención gubernamental, como, por ejemplo, la ley que aún existía en muchos estados que prohibía el sexo oral entre marido y mujer”.

Hefner invirtió personalmente 600 dólares en la revista. Un amigo proporcionó otros dos mil, su hermano menor aportó 500 y su madre, “aunque un tanto escandalizada”, mil. Tenía 27 años. Veía “a sus padres como reliquias amorosas de la era victoriana, monógamos y predecibles” y supo que la generación de la postguerra se revelaba de manera cada vez menos callada contra esas conductas. La Segunda Guerra había forjado una nueva moral: las mujeres se incorporaron al trabajo, salían con distintos hombres, se volvieron más independientes; los hombres deseaban trascender el aburrimiento, la rutina.

Hefner impuso un cierto tipo de mujer en las páginas de su revista. “Tenía que ser poco pretenciosa, saludable, nada intimidante, la chica bonita y normal… la chica de al lado”. Demandó exclusividad para Playboy, es decir, si aparecían en sus páginas no debían exhibirse en otras publicaciones, y la idea era que las playmates podían estar en cualquier lugar y ser accesibles a cualquiera. Una ilusión que se podía comprar en el quiosco de la esquina, una aspiración de fácil acceso, un ensueño al alcance de la mano (con albur, al contrario de lo que escribe Gil Gamés).

Talese lo escribió de manera inmejorable: Hefner fue “el primer hombre en hacerse millonario poniendo abiertamente en el mercado el amor masturbatorio por medio de la ilusión de una mujer invitante y accesible. Representaba una forma conveniente de llevar una relación. Por el precio de una revista, Hefner daba acceso a miles de hombres a una clase de mujeres que en la vida real ni los mirarían. Proveía a los viejos de jóvenes, a los feos de bellezas, a los negros de blancas, a los tímidos de ninfómanas. Él era un cómplice en las imaginarias aventuras extramatrimoniales de hombres monógamos; brindaba estímulo a los pasivos, y así se relacionaba con el sistema nervioso central de los lectores de Playboy en todo el país”.

Esos hombres, por unas cuantas monedas, conquistaban una quimera. Y Hugh Hefner, desde su oficina en Chicago, era el brujo que la creaba.

 

José Woldenberg
Escritor y ensayista. Su más reciente libro es Cartas a una joven desencantada con la democracia.

 

Un comentario en “Talese repasa a Hefner

  1. Ahora entiendo el papel de Hefner en la historia mundial de la 2a mitad del siglo pasado.
    Y digo mundial, porque -como ejemplo- En el secuestro Osama Bin Laden (enemigo acerrimos de todo lo que oliera a USA) incautaron (claro, los marines gringo) varios ejemplares de Playboy. Y eso es llegar, literalmente, a millones de manos masculinas del mundo durante medio siglo. Razón suficiente para quitarse el sombrero ante el visionario (y cachondo) mister Hefner.