La premisa es la siguiente: cada escuela normal debe ser un centro de estudios (de nivel) universitario de excelencia. No se trata de romper con su historia ni de borrar de un plumazo la misión social con la cual nacieron esas escuelas; el propósito no es tampoco meter a las escuelas normales dentro de un mismo patrón que borre sus identidades particulares.


Ilustración: Víctor Solís

Su filosofía popular, crítica, de promover una educación para el cambio social, debe mantenerse. Sin embargo, hay que modernizar el normalismo y ponerlo a la altura de los nuevos tiempos, lo que implica rescatar a las normales del abandono que sufren y potenciar su vigor académico. La idea maestra debe ser que, dada su eminente función social —formar a los educadores de México—, las escuelas normales deben ser instituciones académicas de primer orden.

Pero para impulsar a las escuelas normales hay que enfrentar un conjunto de desafíos. El primero de ellos es la sensibilidad política que domina entre maestros y alumnos de estas instituciones. Cualquier proyecto debe asegurar que las comunidades escolares sean, en la medida de lo posible, protagonistas de su propia transformación.

Un segundo desafío es el financiero: las escuelas normales han sido castigadas históricamente en términos de recursos. Como se puede ver en la tabla, el presupuesto de normales creció a partir de 2012 y se elevó significativamente en 2016 y 2017, pero se necesitaría una decisión político-financiera fuerte para impulsar en esos centros una renovación profunda, en recursos humanos, en equipo, en espacios formativos especiales como laboratorios, bibliotecas, gimnasios, etcétera. Levantar a las escuelas normales es, necesariamente, una empresa costosa (ver cuadro). 

Un tercer desafío, crucial, lo representa introducir una lógica de superación académica en el subsector de las escuelas normales rurales que tiene rasgos peculiares: son gobernadas por los estudiantes, tienen un pobre desarrollo académico y viven atrapadas en una dinámica de intermitente activismo político. La idea que inspira el casi permanente estado de movilización y lucha en que se mantienen estas escuelas es que los gobiernos (federales o estatales) se proponen desaparecerlas, filosofía victimista y autodefensiva que debe ser progresivamente sustituida por un afán de superación académica. Pero una modificación tal de ideas y actitudes no se dará a través de medidas coactivas, sino a través del diálogo, la reflexión colectiva y la creación de estímulos poderosos.

Un cuarto desafío es el número de escuelas normales y sus dimensiones. Hay muchas escuelas normales en el país (más de 400) y entre las públicas (263) más de 50% son centros de estudio con montos muy pequeños de alumnos (entre 50 y 350). Desde el punto de vista financiero, este orden es contraproducente, dispersa recursos, duplica (o multiplica) esfuerzos, etcétera. Lo que convendría en este caso es buscar una nueva organización que, en los casos en que geográficamente sea posible, se pueda realizar una fusión de centros pequeños para integrar escuelas más grandes.

El quinto desafío es el académico. Se necesita un diagnóstico meticuloso, riguroso y objetivo de la organización académica de las escuelas normales y, con la información que arroje, proceder a diseñar la renovación pertinente. Dentro de este desafío destaca el tema de los recursos humanos: hay que asegurar que los maestros de las normales sean los mejores de México. Hasta ahora no ha habido reglas de selección académica rigurosas para el reclutamiento de maestros en las normales, de ahí la relevancia de la decisión de la SEP de echar a andar una comisión de maestros y expertos para diseñar un sistema de selección de docentes.

Se requiere, asimismo, una política para atraer a los mejores estudiantes hacia la carrera docente. La clave en esta materia son las becas y los estímulos. Los estudiantes de normal son seleccionados mediante un examen, pero se requiere —como lo señalan las directrices que el INEE emitió en esta materia— que haya un seguimiento riguroso a la trayectoria académica de los alumnos.

En cuanto a organización académica, el problema no se reduce al plan de estudios que, ciertamente, debe actualizarse y revisarse periódicamente. Se necesita, primero, un buen sistema (o varios sistemas) de formación continua para los maestros de las escuelas normales; segundo, se necesita impulsar la investigación educativa, lo cual hace necesario un financiamiento especial para estimularla; tercero, se requiere una gestión administrativa y académica de la escuela normal que opere con alta calidad técnica y que tenga claridad sobre los objetivos que se pretenden alcanzar con la renovación. 

El sexto desafío lo representa el clima institucional. Las escuelas normales deben construir una ética institucional de estudio, de esfuerzo, de perseverancia y trabajo si quieren convertirse en instituciones de excelencia. Esta ética no surge de manera espontánea, hay que construirla desde la dirección de la escuela, desde los consejos técnicos, desde la cátedra. La superación académica sólo se produce con autodisciplina y dedicación en el estudio, con el anhelo de superación intelectual y profesional.

Este espíritu debe guiar el empeño de las normales. Se trata de crear comunidades no conformistas sino críticas, instituciones que no se estanquen en la mediocridad y que ambicionen superarse constantemente. Esto exige crear en las escuelas un ambiente cultural rico en estímulos, como lo tienen las mejores universidades.

Las normales deben, asimismo, alentar en su seno el cultivo del arte, de la música, del teatro, del cine, etcétera, y convertirse en espacios de reflexión intelectual y de debate sobre los temas críticos de la época —las nuevas pedagogías, las novedades científicas, los fenómenos literarios, el cambio cultural, las nuevas tecnologías—. Cada espacio normalista debe ser un espacio de devoción a la cultura y de culto a la inteligencia.

 

Gilberto Guevara Niebla
Profesor de tiempo completo del Colegio de Pedagogía de la UNAM y consejero de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

 

Un comentario en “Para renovar las normales

  1. Me alienta y comparto con esta visión y la nueva misión de las escuelas normales.