Antecedentes 

Los tratados entre México y los Estados Unidos de Norteamérica para combatir el tráfico de drogas entre uno y otro país se han dado en varias etapas. La primera, que se remonta al año de 1930, se inició con un canje de notas diplomáticas y terminó en un arreglo administrativo. En 1959 y a iniciativa de los Estados Unidos que advertían con alarma el incremento de los toxicómanos, se sostuvieron varias conversaciones que desembocaron en un acuerdo de cooperación voluntaria e informal encaminado a redoblar los esfuerzos contra el tráfico de estupefacientes. Un año después, el gobierno norteamericano suministró por vez primera y a precio reducido, equipo aéreo, terrestre y armamento para ser empleado en la campaña de destrucción de plantíos de adormidera (papaver sominiferum) y mariguana (cannabis sativa). Se trata de la segunda etapa que va de 1959 a mayo de 1969, fecha en que se celebraron conversaciones entre funcionarios y representantes de ambos países que culminaron en un informe que refrendó la cooperación. Sorpresivamente, tres meses después los Estados Unidos instauraron en forma unilateral rigurosas medidas de inspección en las garitas aduaneras y migratorias a lo largo de la frontera, así como en los puertos y aeropuertos estadounidenses adonde llegaban naves y aeronaves procedentes de México. Medidas semejantes constituyeron la “Operación Interceptación” (sic) que causó fricciones entre los dos gobiernos y deterioró las transacciones entre las ciudades fronterizas. Según las crónicas oficiales fronterizas. Según las crónicas oficiales, las relaciones diplomáticas se vieron seriamente dañadas.

Hubo negociaciones y se llegó a un acuerdo administrativo. La “Operación Interceptación” fue reemplazada por la “Operación Cooperación”. Con el documento que dio a conocer este acuerdo (11 de octubre de 1969), se abre la tercera etapa de la historia.

A fines de noviembre se expidió una declaración conjunta que ratificó el informe y las bases de cooperación aprobadas en mayor de ese mismo año. Pese a los esfuerzos de uno y otro gobierno, en 1974 y 1975 aumentaron sensiblemente en los Estados Unidos los decomisos de heroína y cocaína procedentes de México. Si la primera había sido elaborada con el opio producido en los cultivos nacionales clandestinos de adormidera, la segunda provenía de América del Sur, pero empleaba el territorio mexicano como punto de tránsito. Ambas drogas iban destinadas la demanda de mas de 500,000 heroinómanos y cocainómanos norteamericanos. Ante la contundencia de las cifras, el presidente Gerald Ford ordenó que el Consejo Nacional sobre el Abuso de Drogas emprendiera un estudio del problema. El Consejo formó un grupo para analizar “omnicompresivamente” la situación y rendir un informe (White Paper on Drug Abuse) enviado al presidente Ford el 29 de septiembre de 1975. Inquieto por los datos contenidos en dicho informe, el presidente Ford convocó el 22 de diciembre de 1975 a una reunión urgente donde se enfocó el problema de los narcóticos a nivel mundial con particular énfasis en lo que acontecía en México y Latinoamérica. A partir de ese momento, se inicia lo que podría considerarse la cuarta etapa.

El condor nace

El 13 de noviembre de 1975, el entonces Procurador General de la República, Pedro Ojeda Paullada, informó a la prensa de la campaña que realizaba permanentemente el gobierno de México a fin de erradicar los plantíos de adormidera y mariguana. El Procurador anticipo que se llevarían a cabo trabajos en las zonas montañosas del noroeste del país y en Oaxaca, Guerrero y Michoacán, con la colaboración de los gobiernos de los estados y del ejército.

Nuevos y mejores elementos técnicos y mayor contingente humano han enriquecido la operación año con año. El Instituto Técnico de la Procuraduría, por ejemplo, impartió cursos suficientes para preparar dos generaciones de personal especializado. Las dos generaciones egresadas significaron entonces un aporte de 200 hombres contra los 330 que eran agentes de la policía federal judicial. Además, se preparó personal de servicio, entre el que destacan 120 elementos para pilotear helicópteros “operar los sistemas de sensores remotos” y controlar “las bases avanzadas” que entraron en servicio en febrero de 1975. Se contaba con 39 aviones, la mayor flota aérea civil en México. Por lo que hace a telecomunicaciones, existía ya el sistema de comunicaciones entre bases, entre aire y tierra, entre aire y escuadrones o pelotones de tropa. No tardó en anunciarse la instalación de un sistema de retenes en las carreteras, a la que pronto se añadieron 13 helicópteros Bell 212, cada uno con capacidad para 15 personas armadas, 14 helicópteros de 4 plazas, 7 aviones Cessna 185 y 3 aviones fotografían diariamente 625 kilómetros cuadrados de mosaicos, en los cuales es posible determinar con precisión absoluta los plantíos por destruir.

El reconocimiento instrumental aerotransportado comprende   

equipo, material laboratorios de procesamiento e interpretac ión por expertos de los mosaicos multiespectrales. El equipo aéreo está constituido por aviones de ala alta donde se encuentra instalada una cámara fotográfica multiespectral que imprime simultáneamente cuatro imágenes de espectro electromagnético e infrarrojo. Durante los vuelos que se efectúan a una altura media de nueve mil pies sobre el terreno, se recaba toda la información básica, se imprime la película multiespectral y cartográfica y, además, se registra el tiempo, el lugar y la temperatura media del terreno en cuestión.

“Un problema esencialmente norteamericano…”

De 1970 a 1976, según los informes oficiales, se destruyeron más de 65,000 plantíos de adormidera y más de 46 mil de mariguana, 4980 de opio, 1,142 kgs. de heroína, 76,898 kgs. de morfina, 1,180 kgs. de cocaína, 1,100 kgs. de haschisch, mas de 92 millones de comprimidos conteniendo sustancias psicotrópicas y 3,152,353 kgs. de mariguana seca. Se detuvo a mas de 18,000 individuos, de los que por lo menos 2 mil eran extranjeros.

La Operación Cóndor, a cuyo frente esta el general Jose Hernández Toledo, ha destruido en un año drogas por doscientos mil millones de pesos y ha erradicado el narcotráfico en un 95%, según declaro el Secretario de la Defensa Nacional, general Félix Galván López (unomásuno, febrero 25 de 1978). En ese mismo periodo se decomisaron 125 vehículos, 16 aviones y 312 armas de fuego. Pero la campaña, sin precedentes en la historia del país en cuanto a movilización de elementos humanos y uso de sofisticados recursos de guerra, funciona sin tomar demasiado en cuenta que “este es un problema esencialmente norteamericano, que ha traído a México la prostitución, la mafia y un creciente uso de drogas”, según reconoció el entonces embajador norteamericano Joseph John Jova, el 21 de marzo de 1976. La Operación Cóndor pretende que solo “con las repetidas destrucciones de los plantíos, los cultivadores llegarán a convencerse de que no podran lograr sus cosechas y abandonaran su ilícita actividad”.

Por su parte, el Instituto Nacional del Abuso de Drogas de los Estados Unidos estima que hay 15 millones de consumidores regulares de mariguana en su país. Encuestas más recientes indican que la cifra es aún mayor. De ser ciertas, 28 millones de adultos norteamericanos consumen 28.7 gramos cada dos meses, mientras otros 7 millones consumen el doble en el mismo periodo. Se estima que sólo en el mercado de mariguana en los Estados Unidos circula un mínimo de diez mil millones de dólares y que el uso indebido de drogas cuesta a los Estados Unidos más de 17 mil millones de dolares al año.

El empleo de recursos militares cada vez mas refinados se ilustra con el anuncio de que a partir del día primero de mayo de 1978 entrarían en servicio, a todo lo largo de la frontera con México, aviones de la Fuerza Aérea Norteamericana del tipo llamado Sistema Aéreo de Advertencia y Control (AWAC) cuyo valor por unidad es de 2 mil 955 millones de pesos. Los aviones fueron originalmente proyectados para descubrir ataques de los cazas soviéticos en Europa. Van equipados con radar y otros sistemas de detección. El objetivo de los aparatos en cuestión es perseguir a los contrabandistas de drogas, cuyos aviones vuelan a 70 metros, altura en la que los radares de tierra no los detectan con facilidad.

Una lucha desigual 

Un elemento esencial de la Operación Cóndor es la destrucción de los plantíos con herbicidad. El herbicida empleado es el Paraquat. La sustancia fue utilizada como defoliante por el ejército norteamericano en Vietnam y los sobrantes se distribuyeron a los gobiernos de México y Venezuela para su empleo contra los cultivos de mariguana. El 11 de marzo de 1978, el Secretario norteamericano de Educación, Salubridad y Seguridad Social, Joseph Califano, advirtió a los fumadores de marihuana de su país que variedades introducidas desde México, contaminadas con herbicidas, podrían causar daño irreversible en los pulmones. Días después, el 28 de marzo, el director de Salubridad de San Francisco California que seis personas fueron tratadas por envenenamiento con Paraquat tras haber fumado mariguana.

Raúl Calvillo Muñoz, encargado del Control de Estupefacientes de La Procuraduría General de la República, dijo el 29 de marzo que las declaraciones anteriores “son el cuento mas grande del mundo” y que no entendía la campaña antimexicana. Sectores públicos y privados de los Estados Unidos han atacado sistemáticamente el uso de Paraquat en México. Mas aun, luego de unas investigaciones llevadas a cabo por la Fundación Tharmch, la Secretaría de Educación, Salubridad y Seguridad Social de los E.U. inicio estudios sobre el herbicida. Ante esas informaciones, el funcionario Calvillo Muñoz aseveró que “las pruebas en México no demuestran ningún tóxico, y (que el herbicida) se usa regularmente en la agricultura.”

La población civil de las regiones en que tiene lugar la Operación Cóndor vive en virtual estado de guerra. En el municipio de Guadalupe y Calvo, Chih., los habitantes han sido golpeados y las mujeres violadas por elementos del ejército cuyo propósito es poner fin al cultivo de estupefacientes. El diputado local ha buscado entrevistarse con el Presidente López Portillo para protestar ante el por tales hechos y pedir que se respeten los derechos de miles de indígenas que habitan la región (unomásuno) 1. abril de 1978). En la sierra de Oaxaca, la situación es similar, según un extenso reportaje aparecido en el New York Times Magazine el 18 de diciembre de 1977. En Chilpancingo, Gro., el 27 de abril de este año, los representantes de seis ejidos denunciaron ante el Procurador de Justicia local que el día 6 de abril elementos del ejercito torturaron a sus esposas y a sus hijos, colgaron de los pies a las mujeres y, tras violarlas, les robaron sus pertenencias. Afirmaron que los soldados se presentaron con el pretexto de quemar plantíos de mariguana, y que, al no encontrar nada, arremetieron contra los habitantes de esos lugares (unomásuno, 28 de abril de 1978).

Cualquiera que sea la medida de contención y erradicación del cultivo de drogas en el campo mexicano, debería tomar en cuenta la situación de los campesinos. No se puede soslayar que, por ejemplo, en el estado de Oaxaca el 74% de las familias tiene un ingreso inferior a 200 pesos al mes, sólo una cuerta parte de ellas cuenta con electricidad y una cifra aún menor con agua potable. El 87 por ciento vive en uno o dos cuartos y a lo largo del año no prueban -o apenas lo hacen- leche, huevos o carne. El precio del frijol se ha elevado en un 310 por ciento, mientras que el de la tortilla se ha cuadruplicado. Y en la sierra de Oaxaca es difícil sobrevivir a base de cultivos de temporal o de maguey.

Los lugares donde se cultivan la mariguana y la amapola son regiones montañosas, mal comunicadas y abitadas por campesinos que viven en la miseria, en circunstancias sociales explosivas. Circunstancias que ya han sido detectadas por algunos funcionarios. Uno de ellos, Juan Barona Lobato, señaló: “En el fenómeno del tráfico de estupefacientes que afecta a México y a los Estados Unidos se dan características y modalidades que no se presentan en otras regiones del mundo (…) La modalidad más preocupante es un fenómeno es un fenómeno colateral al tráfico, de matiz económico y sociopolítico que muchas veces presenta peculiaridades de extrema gravedad (…) Los cultivadores reciben armas de alto poder a cambio de las drogas. Con estas armas hacen frente a los agentes de la autoridad y, lo que es más grave y delicado, aprovisionan a grupos de delincuentes supuestamente revolucionarios”.