Núms. 1-4. Junio de 1977 enero de 1978.

“Ya es hora de que tú y yo enfrentemos la realidad”, es el epígrafe del último número de Sesión. La frase de Jimmi Hendrix resulta especialmente significativa ahora que Sesión termina su breve carrera. Desde junio de 1977, cuando apareció el primer número de este periódico dedicado exclusivamente al rock, parecía difícil sostener una publicación rocanrolera independiente. Las estaciones del metro, los hoyos funkies y los cines donde se proyectaban películas como “Woodstock” y “Janis Joplin” eran los lugares donde Sesión se vendía principalmente. El primer contacto con este tipo de periódico no es siempre favorable. Quien vea al maestrín que aborda el metro con la camiseta reglamentaria de los Dug Dug’s y un ejemplar de Sesión, segurametne pensará en “lumpenperidosimo”, el underground jipiteca (rollos sobre la última tortilla de Músculo de amor y las rolas de Ginebra fría). Pero no, Sesión se aparta definitivamente del “periodismo juvenil” que basa toda su fuerza en el uso desenfadado del lenguaje. Nos encontramos, por el contrario, frente a una publicación con muy diversos niveles de lectura: desde los artículos “serios” (traducción de conocidos críticos extranjeros, ensayos sobre los festivales multitudinarios, crítica de libros de rock) hasta las entrevistas con los rocanroleros mexicanos. Si alguien se interesa en saber cómo estuvo la ruptura entre Ricardo Ochoa y Ramón Torres de Náhuatl, o por conocer a The Jam, grupo punk inglés, lo encuentra en Sesión. Desde la revista Piedra rodante, ninguna otra publicación se había preocupado tanto por captar a un público heterogéneo. Entre otras cosas, la capacidad de Sesión por interesar a un sector muy amplio de lectores se debe a una reunión de críticas bastante curiosa: hay artículos de gente con gran experiencia en el medio (Oscar Sarquís, Víctor Roura) y otros de quienes empiezan a publicar notas sobre rock (Mario Padilla). Los distintos enfoques de los autores de Sesión han ignorado llegar a un número cada vez mayor de lectores (se vendieron ocho mil ejemplares del último número). Es también significativo el mejoramiento mostrado en cada ejemplar. En los dos primeros números la sección de crítica de discos está demasiado atrasada (escapan obras importantes aparecidas en esa época, como “Animals” de Pink Floy, “Wind & Wuthering” de Génesis y “Buring Sky” de Bad Company); también hace falta distinguir, en la sección “Popurrí”, entre buen rock y música exclusivamente comercial (en el número 1 se habla de Helen Reddy y Olivia Newton-John al lado de Jimmy Page y Bill Bruford). Los números 3 y 4 están más actualizados. Quizá las úicas partes flojas sean la sección de definiciones “para no iniciados” (donde se define al rock de manera tan vaga que en la misma forma se podría hablar de la nueva canción catalana, por ejemplo) y el abuso de lenguaje deliberadamente descuidado de Víctor Roura que trata de reconstruir en sus entrevistas el lenguaje oral, con todo y estornudos, de los rocanroleros nacionales.

Supuestamente Sesión aparece cada mes, pero los problemas económicos han reducido la edición a cuatro números en más de ocho meses. Los periodistas de Sesión han tenido que “enfrentar la realidad”: continuar perdiendo dinero hasta vender la camisa y los lentes oscuros o de plano considerar que el periodismo underground sigue siendo una utopía en México. Los autores de Sesión conservaron la camisa, y ahora la frase de Jimmi Hendrixs ha convertido en el epígrafe del periódico.

Los cuatro números de Sesión contienen muy completos reportajes sobre Lynyrd Skynyrd, Led Zeppelin, los Rollins Stones y Marc Bolan (T. Rex), entre otros. Sesión sigue la ruta de periódicos ingleses como el Melody Maker la información en cada reportaje es muy amplia y está siempre bien documentada. Actualmente es el mejor periódico de rock que se puede conseguir aquí. Los cuatro únicos números se pueden solicitar a la siguiente dirección: Sesión, Av. Cuauhtémoc 1015-2, México 12, D.F.

Juan Villoro