Una de las ventajas de ser parte o identificarse con los millennials es que hay una actitud más abierta hacia las ideas nuevas y hacia el futuro. Un problema de los millennials, sobre todo mexicanos, es que no hay una idea clara ni suficiente del pasado, esto es, de la historia.

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Es el caso de la aberrante “invitación” a la renuncia de Peña Nieto. Para pensarlo bien, dejemos por un momento de lado nuestros prejuicios, nuestras emociones (por justificadas que nos parezcan) y las ideas facilonas que algunos tienen para adelantar su agenda oculta.

Veamos:

La idea central para pedir la renuncia es la “falta de representatividad”.
¿Sabías que la Constitución establece que el Presidente es electo por un periodo de seis años? Claro que lo sabías.

Lo que quizás ya olvidaste es que Peña Nieto fue electo para esos seis años con más de 20 millones de votos. O sea, 20 millones de mexicanos votaron por él.  ¿Sabes cuántos presidentes de México han sido electos por 20 millones? Ninguno. Peña Nieto es el primero y el que más votos ha recibido en la historia.

Debemos saber que la Constitución no contempla ningún mecanismo para “separar al presidente de sus funciones”. La “invitación” que circula en redes sociales miente.  Eso no existe en el texto constitucional y por eso no lo cita textualmente ni lo menciona con exactitud.

La Constitución prevé un mecanismo para que el Presidente renuncie. Pero la propia Constitución establece que el cargo de Presidente “sólo es renunciable por causa grave”. ¿Y quién decide cuando hay una causa grave? La Constitución también  lo dice: el Congreso de la Unión.

Son causas graves la “falta de representatividad”, la Casa Blanca, el manejo comunicacional de Ayotzinapa, la confusión sobre Tlatlaya, los departamentos en Miami?

No. No lo son.

¿Puede ser causa grave el haber invitado al aborrecible Donald Trump?

Aunque nos choque, tampoco lo es.

De hecho, casi todos coincidimos en que fue una muy mala idea el haber invitado a Trump. Pero ahora sabemos que la idea fue de Luis Videgaray, Secretario de Hacienda, para mandar un mensaje que, a su juicio,  tranquilizara los mercados en caso de una victoria de ese personaje. Y la idea fue tan mala y todo salió tan mal, que Videgaray debió renunciar. O sea, el responsable de la idea ya no está más en el gobierno.

El procedimiento para que un presidente renuncie no pasa por las redes sociales ni  los medios de comunicación ni la sociedad civil y ni siquiera por los partidos políticos. El procedimiento consistiría en que el presidente presente, por su propia iniciativa y voluntad,  su renuncia ante el Congreso de la Unión (o sea, la Cámara de Diputados y el Senado constituidos en Congreso) y que éste calificara las causas de la renuncia como graves.

De modo que invocar la Constitución para “separar al presidente de sus funciones” es absurdo.

 Como los autores de la invitación saben que no tienen un argumento  verdadero y suficiente,   también invocan el “patriotismo”.

¿Patriotismo es tratar de coartar el mandato de seis años de un presidente electo por 20 millones de mexicanos?

¿Patriotismo es hacer una “invitación” a partir de un argumento constitucional mentiroso?

¿Patriotismo es “invitar” a que un país que ha sobresalido por sus instituciones, de un salto al vacío?

¿Patriotismo es utilizar  tramposamente temas o casos que nos pueden repatear o indignar pero que nunca calificarían como causa grave en términos de la Constitución?

No. No es patriotismo; es un despropósito.

Pero pensemos un poco más.

La “invitación” nos dice que una de las razones (que no causas) para pensar en la renuncia son las reformas estructurales sin resultados positivos.

La “invitación” no dice nada sobre cuáles serían esos resultados positivos ni cómo se medirían. Pero veamos algunas cosas.

Para empezar, ¿por qué no se habían hecho reformas en casi 20 años? Porque nadie había logrado poner de acuerdo a los partidos políticos y a los legisladores de diferentes fracciones.

Mal que bien, Peña sí lo logró.

¿No te llama la atención que ni siquiera los partidos de oposición y los que como López Obrador se opusieron a las reformas, estén pidiendo la renuncia de Peña?

¿Las reformas fueron tardías? Puede ser. Pero eso no es culpa de Peña sino de los presidentes que antes de él no lograron hacerlas.

Esa tardanza significó, por ejemplo,  que la reforma energética no se hizo cuando el precio del petróleo estaba a  100 o 120 dólares por barril (como estuvo por varios años desde el año 2001) sino cuando había bajado a 30 o 40 dólares por barril. ¿Es culpa de Peña? Claro que no; Fue culpa de Fox y de Calderón no haber logrado una reforma importante en sus sexenios.

¿Es Peña culpable de que hoy el precio del petróleo se halle donde está? No; el precio del petróleo se establece por la producción y por la demanda en todo el mundo. ¿Puede Peña decidir eso? Claro que no. Ni siquiera Obama o Putin podrían determinarlo.

La reforma energética tardará en dar resultados pues depende de la exploración y explotación de yacimientos que se encuentran en las aguas profundas del Golfo de México. Y eso tomará al menos 5 años, si es que todo sale bien.

Pero hay una reforma que ya está comenzando a dar resultados: la de telecomunicaciones. Para comprobarlo, compara el recibo de tu teléfono celular de hace un año con el de ahora. Te apuesto a que estás recibiendo más servicios y estás pagando menos. Algo similar debe estar pasando con tu cuenta de internet.  Y si tienes una línea telefónica fija, podrás notar que ya no hay cargos por larga distancia nacional (y en algunos casos incluyendo Estados Unidos y Canadá).

Desde luego todavía son avances pequeños. Pero muestran que las reformas van en el sentido correcto. En poco tiempo, la mayor competencia en telefonía reducirá los costos que cada uno pagamos.

¿Entonces todo está bien? ¿Debemos quedarnos calladitos y esperar a que decidan por nosotros?

Por supuesto que no.

Hay muchas cosas que están mal, algunas muy mal. Ahí tienes la seguridad pública, por ejemplo.

Pero aquí también hay una historia. La terrible inseguridad que se vive en varias regiones del país comenzó en 2006, cuando Calderón era Presidente y decidió desatarla para ganarse un poco de legitimidad pues había ganado la elección por un margen muy apretado.

Esa  decisión  personal de  Calderón significó decenas de miles de muertos, miles de desaparecidos y un estado de guerra que no se puede apaciguar en poco tiempo. Calderón desató un gravísimo problema y lo peor es que lo hizo sin contar con el respaldo de una estrategia adecuada, con objetivos de corto, mediano y largo plazo, y sin tomar en cuenta las fuerzas y los recursos de que disponía frente al poder y la capacidad de corrupción de los cárteles de la droga.

Peña heredó esa situación.

Es verdad que se ha avanzado poco en la seguridad. Pero aquí también la realidad es más complicada que una visión simplista.

Hay tres factores que debemos pensar: uno, que aunque Obama nos resulte simpático, no ha hecho nada para detener el flujo de armas de asalto a México. Los cárteles compran armas que en Europa jamás se estarían a la venta y las introducen ilegalmente a México. Dos, las Cámaras del Congreso no se han puesto de acuerdo para clarificar las tareas  de las Fuerzas Armadas y para precisar las responsabilidades que
tocan a los gobiernos estatales y municipales.  Tres, la ley sí establece quién es responsable de perseguir y castigar delitos como homicidio, secuestro, extorsión y otros que son propios del crimen organizado. Son delitos del fuero común; esto es, son delitos que deben ser perseguidos y castigados por la autoridad local.  No por el gobierno federal que es el que encabeza Peña sino por los gobiernos de los municipios, que están en manos de decenas de partidos políticos y por gobiernos estatales, que tienen su origen en partidos como el PRI pero también el PAN, el PRD, el PVEM y diversas alianzas de varios partidos.   

 Y no, no debemos quedarnos callados. Hay que expresar nuestras opiniones, nuestra protesta y nuestra inconformidad sobre cómo están las cosas. Pero en esto no hay una sola persona a quien señalar como el culpable. Es mucho más complejo que eso.

Y por último, mira a los países que han depuesto a sus gobernantes. Mira cómo está España que lleva ya un año sin poder formar gobierno. Todos los programas están paralizados y los partidos no logran ponerse de acuerdo para elegir un Presidente. Mira a Inglaterra con su Brexit. Quienes más lo van a lamentar son los millennials británicos que dejarán de tener las oportunidades y los intercambios con jóvenes, empresas, empleos, tecnología de Europa. Y también mira a Brasil. Allí ya lograron deponer a la presidenta. Y Brasil vive una severa crisis económica con alta inflación, alto desempleo, alta pobreza e inseguridad. Y una grave crisis social y política en la que nadie sabe cómo será el país en uno o dos años, ya no digamos en cinco o diez.

¿Eso es lo que queremos para México?

 

Alejandro Quintero es profesional de la comunicación, maestro en historia por la Universidad Iberoamericana.

 

5 comentarios en “Renuncia de Peña. ¿Ya lo pensaste bien?

  1. Los extremos se tocan. Aunque se precien de tener posturas progresistas de izquierda, tratar de derrocar en las calles a un lider democraticamente electo (para bien o para mal) es una tactica del fascismo. Benito Mussolini pasó de ser miembro importante de la Internacional Socialista (director del rotativo Avanti!), a abrazar el fascismo. El dictador se hizo del poder en 1922 en la llamada “Marcha sobre Roma” en la que sus camisas negras pidieron la renuncia del primer ministro Luigi Facta.

  2. Se ve a todas luces que el autor de este artículo es priista (aunque comparte, de alguna manera, la “indignación” por el gobierno fallido de Peña sólo para parecer objetivo. Es cierto mucho de lo que dice, sobre todo en el ámbito constitucional de las causas de remoción del presidente. Donde se ve claramente su oficialismo es en el hecho de culpar a Fox y a Calderón de que las reformas necesarias no hayan sido aprobadas en sus sexenios. FALSO. Lo que se guarda el autor, mañosamente, es el hecho histórico (no soy un millenian que desconoce la historia) de que tanto Fox como Calderón presentaron al Congreso iniciativas para aprovechar los altos precios del petróleo, pero también porque ha sido convicción del PAN, que “donde no hay competencia hay incompetencia”, como lo ha demostrado hasta el cansancio los gobiernos del PRI. La tardanza en hacer las reformas estructurales se le deben al PRI, que sabía que los gobiernos del PAN no tenían mayoría en el Congreso, y por eso los diputados del PRI votaron en contra de todas las iniciativas que presentaron, tanto los diputados del PAN como el propio ejecutivo. Es cierto que no procede la renuncia de Peña, pero también que el contraste con los gobiernos del PAN es brutal. Ojalá el PAN tenga mayoría en el 2018 para poder llevar a cabo las reformas que requiere el país para ser de primer mundo. Si el PAN aprobó las reformas de Peña, es por convicción y por no mostrarse mezquino, como el PRI, porque, finalmente, las reformas coinciden con las plataformas del PAN, pero nunca se habían prometido, menos en campaña, por los candidatos del PRI. Nos vemos en el 2018.

  3. Espero hayas recibido el cheque con la cantidad que esperabas al escribir este artículo. También te invito a investigar un poco más sobre la extracción de petroleo, en yacimientos en aguas profundas y someras. Por último respecto a las telecomunicaciones, es verdad que hay beneficios en precios, pero esto comenzó desde el sexenio anterior con FCH con COFETEL, no es nada nuevo. No entiendo si la intención del artículo es engrandecer lo “hasta hoy hecho” en este sexenio o menos preciar lo hecho en los anteriores.

  4. Lo grave sería que los casos de la Casa Blanca y los departamentos en Miami los hubiera cometido un verdadero estadista; pero como fue Peña Nieto, no, no lo son. También sería grave que este articulo lo hubiera escrito una persona con verdadera capacidad de análisis, pero cómo sido escrito por una persona que no sabe ni lo que dice no, no es grave. Lo bueno no se cuenta, pero cuenta mucho; lo malo es que no hay nada bueno que contar.

  5. Si los casos de la Casa Blanca y los departamentos en Miami los hubiera cometido un verdadero estadista sería grave; pero como fue Peña Nieto no, no es grave. Asimismo, si el artículo hubiera sido escrito por una persona con verdadera capacidad de reflexión también sería grave. Lo bueno no se cuenta, pero cuenta mucho; lo malo es que no hay nada bueno que contar.