El martes México supo por un tuit del propio Donald Trump que lo tendríamos de visita. El gobierno mexicano no había dicho nada, ni dado a entender que en algún futuro existiría la posibilidad. No fue sino hasta minutos después del sorpresivo anuncio que presidencia lo confirmaba con otro. Dos días antes del informe presidencial el gobierno se asomaba al precipicio de manera innecesaria.

La canciller, Claudia Ruiz Massieu, estaba en Milwaukee, Wisconsin, en la apertura de un nuevo consulado, cuando la prensa la enteró de la noticia. Ni la propia secretaria de Relaciones Exteriores estaba al tanto de que su gobierno iba a recibir, en Los Pinos, al candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, quien, durante el último año, había hecho del racismo hacia los mexicanos su pan de cada día.

Todo estaba en manos de Trump. No de la presidencia, no de los anfitriones. Del invitado. Un candidato presidencial estadunidense tomaba las decisiones de logística del gobierno mexicano. Él iba a decidir cuándo venía y a qué.

Jesús Silva-Herzog, al escuchar la noticia, escribió: “La mayor estupidez en la historia de la presidencia mexicana. No tiene paralelo lo que acaban de anunciar”.

¿Con qué propósito?

Nadie sabía. El miércoles en la mañana, horas antes de que llegara Trump —que ya venía retrasado, lo cual hacía ver peor al gobierno con cada minuto que se prolongara la espera—, el Washington Post obtuvo la razón de la visita: el gobierno había enviado invitaciones a los dos candidatos, pero jamás pensó que Trump fuera a aparecerse en México. Quedaba claro, pues, que la reunión con Trump no tenía ningún beneficio para México: era un “detalle” diplomático que se le había salido espectacularmente de control a presidencia. La política exterior se mostraba conducida al tenor de “seguro no viene”, y manejada, por ser amables, de forma improvisada: cuando, hace meses, se supo que Trump estaba en la contienda presidencial, Peña Nieto lo había comparado con Hitler y Mussolini. Después había cambiado de tono y aducido la doctrina Estrada para explicar que México no se inmiscuiría en la política interna de otro país. Y, finalmente, en un giro de 180 grados, había decidido invitar a los dos candidatos, todo en menos de un año.

En presidencia jamás se les ocurrió que a Trump no se le puede tratar como a un político común y corriente, que entendería que la invitación era una no-invitación. Trump no sólo dijo sí, sino que le ganó la jugada al gobierno entero: aquí la única reacción restante era la de plegarse e intentar salvar un poco de cara.

El equipo de campaña de Hillary Clinton, desde que se confirmó la visita, utilizó todos los recursos a su disposición para hablarle al electorado estadunidense. Recuperó todas —que son muchas, muchas— las frases que Trump ha dicho para insultar al país. Habló del muro y lo calificó como “una mala idea de un todavía peor negociador”. Se dirigía a Estados Unidos, porque aquí ya nadie se podía retractar. Todos, hasta ella, estaban en modo de “control de daños”. Lo que sucedía, por usar la famosa fórmula mexicana de “¿quién gana?” era una catástrofe ya consumada. La única persona que podía salir bien librada de esto era Donald Trump. Clinton buscaba enmendarle la plana al propio presidente mexicano. Alguien tenía que lanzarle un salvavidas al país. Pero ni ella consiguió rescatarlo.

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Ilustración: Fabricio Vanden Broeck

Trump llegó en su avión privado al aeropuerto de la Ciudad de México a mediodía. En contravención, por cierto, de un decreto presidencial que prohibe el aterrizaje de aviones privados desde 1994. De ahí voló en helicóptero presidencial a Los Pinos. (Según algunos usuarios de Twitter y Snapchat, aun así los servicios de limpia trabajaban a marchas forzadas en los camellones de camino a Los Pinos, en caso de que el traslado fuese en automóvil.) Fue recibido por el presidente y tuvieron una reunión privada. Una vez más, no quedaba claro qué sucedería después. Según el equipo de campaña de Trump, el formato sería de conferencia con preguntas de los reporteros. Según presidencia, eso no estaba confirmado. A la hora de reunirse, ambos caminaban a un par de podios paralelos, tal y como el gobierno mexicano hace cuando viene un jefe de Estado. La única diferencia, al ser Trump candidato, es que no había una bandera estadunidense detrás de él. Pero salvo ese detalle, ambos parecían presidentes.

Y luego vinieron los discursos. Aquellos que vimos la película Love Actually recordamos una escena en la que Hugh Grant, interpretando al primer ministro británico, se ofende con el presidente de Estados Unidos, Billy Bob Thornton. Grant da un discurso legendario, y defiende a su país del bully estadunidense. Tal vez el presidente se relanzaría en este evento, dado que ocurría un día antes de su informe, cuyo slogan es “Las cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho”. Aunque, como aclaraba Alejandro Hope, analista de seguridad, un día antes, “mostrarse duro no es recibirlo”. La fantasía se esfumaba casi de inmediato.

A pesar de ello, nada podía preparar a las personas que estaban viendo la conferencia en vivo para lo que sucedería después. Primero, un discurso gris, lleno de cifras, como si el presidente se dirigiera a un grupo de empresarios o estuviera en una reunión de trabajo. Mientras tanto, Donald Trump se columpiaba de un pie a otro, a veces mirando hacia otros lugares, a veces poniendo atención. El discurso, poco memorable, terminaría por convertirse en legendario, pero por las peores razones posibles. Empezó a deteriorarse cuando el presidente dio a entender que el problema migratorio no venía de México, sino de Centroamérica, y que México estaba dispuesto a cooperar con Estados Unidos para resolverlo. Luego se fue en picada cuando se refirió a los insultos proferidos por Trump como malentendidos. Y terminó por hundirse cuando tomó la palabra Trump.

Su discurso también fue gris. Fue leído, no tuvo improvisación. Trump se veía tranquilo, algo que difícilmente ocurre. Incluso semejaba un ser sensato al hablar de política hemisférica. Hasta que empezó el show. Cuando terminó de leer, se adelantó a todo protocolo y le ganó la partida al presidente, sin que éste se diera cuenta de lo que sucedía y menos atinara a reaccionar. Trump tomó la palabra, decidió a quién iba a responder —vale la pena resaltar que los que se dieron cuenta fueron los periodistas estadunidenses, quienes rápido alzaron la voz para ser escuchados— y qué iba a decir. Él ponía las reglas, no el presidente.

Cuando la pregunta fue dirigida a Peña, y la traducción se tardó en llegar a su chícharo, Trump, el experto en medios, se la robó. Si no la respondes tú, es mía. Por citar el adagio futbolero: “la tenía, era suya y la dejó ir”. Ahí ocurrió la debacle: Trump habló del muro fronterizo y lo hizo dentro de Los Pinos. Una concesión gigante del gobierno: permitió, en su tierra soberana, que Trump dijera —tal vez mintiera, imposible saberlo— que el tema se había discutido. Un tema que nunca había estado en la mesa, que siempre fue ficción. Pero, al momento de mencionarlo adentro de México, se convirtió en realidad. Slate, un sitio de análisis de Estados Unidos, inmediatamente publicó una crítica demoledora: “Tal vez México sí pagará el muro si este tipo [Peña] sigue a cargo del país”. El artículo se titula, por cierto, “Tal vez el presidente mexicano no es tan listo”.

Terminada la conferencia, vino el control de daños del gobierno mexicano y el double-down de Trump. Primero unos tuits, desde la cuenta del propio presidente. Luego una entrevista con Denise Maerker en el nuevo noticiero de Televisa. En ambos una cara distinta, enojada. La repetición de la palabra “enfático”. “Fui enfático”, decía, para aclarar que sí se había negado al muro. Ante la pregunta de qué se obtuvo de la visita, Peña dijo que Trump cambió el tono de su discurso, que ya no era tan duro como antes. Que previo a la reunión hablaba de renunciar al Tratado de Libre Comercio, y que ahora sólo quería renegociarlo. Se había enfrentado a la amenaza, concluía.

Pero, al mismo tiempo, Trump vendía su propia versión en Arizona, donde habló junto al sheriff Joe Arpaio, quizás el policía más racista de todo Estados Unidos, y junto a Rudy Giuliani, que traía una gorra con el eslogan “Make Mexico Great Again Also”. El futuro de México ya estaba en las manos de Trump, no de México. Trump y su equipo se encargarían del país. Se trataba de una anexión de facto.

Y, de paso, quedaba claro lo que Trump opinaba de la reunión. Aunque ensalzó al presidente mexicano, concluyó: “We will build a great wall along the southern border and Mexico will pay for it. 100%. They don’t know it yet”. Y, para dejarlo escrito en cemento, lo tuiteó al día siguiente: “Mexico will pay for the wall!”. Se había reunido con el presidente. Habían hablado. La conclusión de todo esto era, para él, que Peña todavía no lo sabía, pero que iba a acabar construyendo y pagando el muro. El cambio de tono había sido momentáneo, en privado, e inútil. Era el espejito que le había vendido el extranjero al gobernante mexicano.

Al día siguiente, en plena resaca, la respuesta fue brutal. No sólo en Estados Unidos, sino en México, donde la prensa —y hasta la oposición política— tradicionalmente protege al presidente frente al extranjero. “Usa Trump a Peña”, fue la nota de portada en Reforma. Las columnas, inclusive de los periodistas más porristas, venían en un tono similar. Los trascendidos, donde el gobierno filtra información por debajo del agua, hablaban de la desesperación del gobierno mexicano por conseguir que Clinton viniera lo antes posible para poder resarcir el error.

Lo ocurrido el miércoles en Los Pinos es algo que en México se recordará por mucho tiempo. No sólo por ser una decisión inexplicable y mal manejada, sino por el golpe tan duro a la soberanía nacional. Adolf Hitler vino a Los Pinos, y al terminar la visita, Neville Chamberlain ondeó un papelito. Todo está bien porque le dijimos en privado que no íbamos a construir el muro. No importa que, al regresar a Alemania, Hitler desconozca el acuerdo. Nos lo dijo a nosotros. Y es un hombre de palabra.

De que hubo un relanzamiento previo al cuarto informe de gobierno, lo hubo. Pero fue el de Donald Trump, quien hace unos días se veía políticamente muerto en las encuestas estadunidenses. Hoy los medios de allá —y no sólo Fox News, sino incluso NPR, la radio pública, dicen que dio una imagen presidencial—. Si la campaña de Trump repunta, y, por poco probable que suene, consigue la victoria en noviembre, el 31 de agosto quedará en los libros de texto como el día más catastrófico en la historia de la presidencia mexicana.

 

Esteban Illades

 

Reacciones internacionales

The Economist: “The unspeakable and the inexplicable”.

The Washington Post: “Donald Trump went to Mexico and won”.

The New York Times: “But instead of chastising Mr. Trump, Mr. Peña Nieto treated him like a visiting head of state…”

El Paìs: “Nunca he visto a ningún mexicano pidiendo limosna en Estados Unidos”.

The New Yorker: “Over the border”.

Slate: “What was Peña Nieto possibly thinking?”

The Wall Street Journal: “President Enrique Peña Nieto Scorned for Inviting Donald Trump to Mexico”.

 

23 comentarios en “Sobre la visita de Donald Trump a México

  1. Presidente Peña Nieto hizo un tremendo error cuando invitó a Trump México . Se ha restablecido la campaña en su defecto de Trump . El mundo entero va a sufrir por ello .

  2. Sigo incrédulo con la pifia histórica de EPN. Nunca antes estaba tan convencido de esto: se tiene que ir ya. La humillación es mayúscula. En un acto formal defendió en público a Donald Trump ante México y el mundo para que luego la Presidencia de la República terminara siendo un prop de Trump para relanzar su campaña del mal cuando ésta estaba muerta. La historia dirá, pero la sensación que tengo es la de presenciar uno de los momentos más indignos del gobierno mexicano en la historia.

  3. Demostrada está la incompetencia de éste gobierno, se ve una enorme ausencia de sentido común, y no solo habla del señor presidente, sino de todo su equipo. Como será posble que no haya quién detenga una autoinvitación del candidato antes de que se confirmara. Se trata de un error que traerá consecuencias para el país. A un tirano no se lebe tratar con cortesía, se le dió trato de estadista sin serlo. Deplorable por donde se analice.

  4. INDIGNANTE Y TRISTE… La respuesta del gobierno mexicano hacia el candidato representativo de Estados Unidos. No cabe duda que el Presidente Peña mstrò una actitud de agachon, negativa, de miedo, de no poder hacer nada contra el mounstruo que lo ataca.Me parecio que el presidente ofreció una vista de Estado a un tirano estadounidense. Considero que por dignidad debe retirarse o renunciar a todo su equipo de assores que son una basofia para el país. aqui no hay nada de fondo que se pudiera analizar mas que lo que se vio. Nuestro Presidente no cabe duda que sirve a un puñado de ricos en el poder. no puede por si mismo defender lo que es suyo. su país y su gente.

  5. ¿Acaso no hay una pizca de dignidad en los funcionarios mexicanos? Si, como se dice, la canciller se enteró de la visita de Trump a México por la prensa estadunidense, ¿por qué no renuncia?

  6. Ciertos, muy ciertos todo los comentarios y opiniones de todo lo sucedido y de las repercusiones de todo ello. Sin embargo yo quiero destacar mi opinión respecto del tremendo parecido del comportamiento de nuestro presidente con muchos mexicanos y aunque duela decirlo. Somos el reflejo de lo que vimos y en efecto. Es muy criticable de EPN su actuación con este “personaje abominable” pero conozco infinidad de compatriotas que ante EL PODER, se empinan y agachar la cabeza. No se diga en tiempos de elecciones cuando vemos como nuestros propios vecinos que dicho sea de paso, están igual de paupérrimos que yo, se dedican a vender su voto e inclusive a promover acarreados que sirvan al sistema corrupto de partidos políticos. En fin habría que hacer un examen de conciencia para quitarnos del ADN LA MALDICION DE LA MALINCHE.

  7. A mí me queda claro que epn (las minúsculas son a propósito) se asesora politicamente con sus enemigos, le hacen creer que es una buena estrategia, pero en realidad son para hundirlo más. Intuyo que deben asesorarlo empresarios, televisa, tv azteca, milenio, claudio x, slim.
    Pues bien, si la estupidez lo hunde que sea solo a él, pero que no hunda a nuestro país.

  8. Esteban sinceramente creo que te gano la emoción, casi siempre leo todas tus entradas por ser muy amenas e inteligentes, pero creo que te excediste esta vez sobre todo con la analogía ( súper burda para un profesional como tú ) con hitler y chamberlain, siempre que veo a alguien hacer una referencia abusiva de la historia , como diría Margaret McMillan, se autodesfalifica Per se o debería descalificarse su opinión como bien precisa la gran Margaret en la esfera pública, digo en la NPR un famoso ” historiador ” de la UNAM comparó a Trump con Cortes ¡¡¡¡ WTF !!!!, 500 años y aún hay personas que no son capaces analizar científicamente , o por lo menos lo más objetivamente posible hechos históricos, pues menos las actuales. Es como los tipos que hace poco ” diagnosticaban ” a Trump con problemas psiquiátricos e insultaban a su esposa, hasta en el HuffPost hubo voces diciendo que ese es el camino equivocado. Pero bueno a estas alturas me sigue pareciendo increíble que el mejor análisis de Trump ( en México ) que he leído hasta el momento lo haya hecho un crítico de TV, si Álvaro Cueva, el tipo es un showman , en el país mismo donde se inventaron esos showman ( de ahí que sigo sin entender porque los liberales de allá se espantan tanto ) y como tal es muy posible que gane, Berlusconi lo hizo, quizá no , pero perdera por poco. Así que hacer de él un fascista en turno esta completamente fuera de lugar. Y aún más, tanto escándalo para un muro, que ¡oh sorpresa! Ya existe. Menudo reality en el que estamos. Saludos.

  9. Considero que no actuo solo la cansller fue la que lo mando y porque ella estubo con el Trump”as en Arizona y ahora se hace la inocente

  10. Enserio creen que Trump sería un Hitler o un Musolini? De verdad creen que lo del muro es en serio?
    Vaya forma de discutir nimiedades!

  11. No cabe duda que las miserias del pueblo hoy campean en todo el país… la mala educación y los malos gobiernos…

  12. How humiliating for Mexico! It is as if you invite to your home, the person who has slandered you. President Peña Nieto has no dignity. Furthermore, he resurrected the Trump campaign that was losing according to the polls until that fateful day that he asked Trump to visit him.
    Que humillante para Mexico. Es como si invitaras a tu casa a la persona que te ha calumniado. El Presidente Peña Nieto no tiene dignidad. Por otra parte, con esta acción, Peña Nieto resucitó la campaña de Trump que estaba liquidada hasta ese fatídico día.

  13. No cabe duda que epn es un enemigo de mexico y de los mexicaqnos pobres; pero me pregunto porque’ el poder legislativo y el otro se quedaron callados ante la estupidez que se ha cometido dentrom de nuestro pais, seguramente piensan igual que su Jefe.

  14. ¿Pues qué clase de presidente tenemos?. Nos ha mentido, nos ha engañado con sus reformas y su incapacidad para implementarlas, con sus abusos y despilfarros y los de su gabinete y partido; ahora hace la soberana tonteria de invitar al enemigo a casa y permitirle que nos siga insultando. Lo peor es que le ha dado oxígeno a un miserable que puede ser más nefasto que Hitler y Musolini juntos. En México también abrió la caja de Pandora pues ahora cualquier imbécil patriotero puede aspirar a la presidencia, no importa el partido.
    Nos urge un Estadista.
    El Sr. Peña no nos representa, de ninguna manera.

  15. Lo que hace falta es crecer como sociedad, ser más éticos en nuestro andar, tomar decisiones con la convicción de que es nuestro deseo y no guiados por la ayuda de una despensa, dinero u otra baratija que nos dan a cambio de nuestro voto, que tan caro a salido votar por esa persona tan guapa para las chicas, quisiera ver el video de señor presidente y Donald Trump y su frase tan trillada en estas semanas “lo bueno casi no se cuenta pero cuenta mucho”, quisiera saber que se dijo y el tono en como lo dijo el señor presidente, viendo el video queda claro que en vez de exigir una disculpa pública, tal parece que era un espectador más, que se durmió.
    Que realidad tan ruda, ver como un candidato a la presidencia de E.U.A exhibe a un presidente y a su gabinete como gente inexperta, en temas que ya deberían de ser expertos como en este caso una conferencia de Prensa, quizás sirva de ejemplo para concientizar a la gente que tipo de gente ponemos y queremos como presidente y todavía faltan dos años que nos deparara señor Presidente.

  16. No es culpa de Peña, él lo hizo para hablar con él, nosotros lo elegimos coml presidente, no digan “qué clase de presidente tenemos, es el peor” porque nosotros lo quisimos. Trump solo quiere destruir a México y tomarlo como suyo, él nisiquiera apoya a su país, todo lo que tiene es extranjero, nada es de USA. Yo digo que les quitemos los tacos (? Ambos países se necesitan, no podemos estar separados