Anoche el portal de noticias de Carmen Aristegui publicó una nota y un video, ambos titulados “Peña Nieto, de plagiador a presidente” (la nota está aquí, el video acá). En el reportaje, el equipo de investigaciones especiales de Aristegui hizo un análisis de la tesis de licenciatura del presidente Enrique Peña Nieto, “El presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón”, y concluyó que el 29% del texto, o 197 de sus 682 párrafos, no tiene atribución, carece de comillas, o, en el caso más grave, copia páginas enteras de otros libros, en particular de uno de Miguel de la Madrid, quien antecedió a Peña Nieto en la presidencia hace varias décadas.

plagio

La tesis fue defendida en 1991 y con ella el presidente obtuvo el grado de licenciado en derecho.

Con independencia del contenido mismo del reportaje, que merece ser consultado más allá de filias y fobias partidistas y mediáticas, vale la pena hacer algunos comentarios sobre la cultura del plagio en el país.

El primero es sobre la facilidad con la que se puede cometer un plagio, tanto académico como en medios de comunicación. En Nexos hemos dado vista a muchos de estos casos, entre ellos el de Alfredo Bryce Echenique cuando obtuvo el Premio FIL de Literatura en 2012, a pesar de que los plagios en su obra fueron documentados con anterioridad en repetidas ocasiones y el premio era por su trayectoria, o el de Boris Berenzon, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, cuyos incontables plagios incluyeron dos tesis para obtener grado. También está el de Rodrigo Núñez Arancibia, cuyos plagios abarcaban una amplia gama de disciplinas: historia, antropología y sociología, y temas por demás específicos tanto en Chile como en México.

En estos tres casos —como en tantos más que se han suscitado a lo largo de los años en México—, plagiar es relativamente sencillo porque los métodos para descubrirlo o no existen —más allá de algunos sitios como turnitin.com (disponible en varios idiomas incluido español) en el que se pueden adjuntar textos para que un sistema analice la probabilidad de plagio— o si existen hay nulo interés en aplicarlos. Es cierto que en 1991, cuando el presidente presentó su tesis, estos métodos no existían. Pero igual es necesario comentar lo siguiente: su asesor, el actual magistrado local Alfonso Guerrero, ha dirigido 193 tesis a lo largo de su carrera, y participado como sinodal en 367 exámenes profesionales. Como bien apunta un profesor de historia del CIDE, Pablo Mijangos, “Para dirigir bien 193 tesis y leer con atención 367 más, yo necesitaría una vida entera y probablemente mi trabajo como supervisor dejaría mucho que desear”. Mijangos es profesor de tiempo completo, Guerrero ha ocupado distintos cargos durante su trayectoria al mismo tiempo que la docencia.

El rigor académico en México, que premia lo cuantitativo sobre lo cualitativo —sistemas como el Sistema Nacional de Investigadores otorgan puntos a los académicos no por la calidad de su trabajo sino por la cantidad de producción anual—, facilita este tipo de situaciones. Muchos asesores no leen las tesis de sus alumnos, o al menos no con la dedicación requerida. Si alguien plagia, por error o con dolo, la impunidad con la que puede hacerlo es casi total.

A esto hay que sumarle un segundo punto, la tolerancia o indiferencia de las propias instituciones hacia sus casos de plagio. Salvo en contables situaciones —como la de Berenzon, tras gran presión de la comunidad académica mexicana—, a los plagiarios se les permite seguir en su cargo sin mayor repercusión; en el caso de los estudiantes muchos de ellos pueden graduarse sin que sus transgresiones reciban la sanción necesaria. No por nada, en el comunicado oficial con el que presidencia respondió al reportaje hay una referencia a la acusación de plagio como “errores de estilo” (aquí el comunicado íntegro). Si la propia presidencia lo minimiza de esta manera, claro que el plagio no es tomado como algo en serio en este país.

Instituciones gubernamentales, académicas, políticos, profesores y alumnos participan en él de forma cotidiana. Estas prácticas luego se reproducen (y con frecuencia) en otros espacios. Donde más se aprecia es en nuestros medios de comunicación.

A muchos periodistas les ha ocurrido lo mismo; al igual que en la academia, contados son los casos en los que han recibido el crédito. Cuando publican reportajes, textos, columnas, muchas veces otros sitios —de periodistas más conocidos; o sitios que se conocen como “agregadores”, que sólo toman contenido de otros espacios sin producir el suyo— se roban su información, su trabajo y lo reproducen como creación original. Si bien les va les ponen un pequeño crédito, en minúsculas, al final de la nota, ya que se apropiaron de todo el contenido y ya que les robaron una visita a su propio medio. Es por ello que muchas veces la prensa no se toma en serio estas acusaciones: hacerlo implicaría voltear a ver sus propias prácticas, plagios profesionalizados, cotidianos, sin el más mínimo respeto al trabajo de los demás.

Motivos como éste hacen que la discusión sobre el plagio se ausente de la discusión pública. Pocos son los que pueden tirar la primera piedra sin que les rebote, porque todos son parte de esta colusión. Está bien robar, incluso aunque te cachen. La pena no existe, las consecuencias son nulas.

En ocasiones anteriores, como por ejemplo en la carta que publicamos en julio del año pasado, “Por una cultura académica distinta: propuestas contra el plagio”, Nexos ha intentado traer el tema a la discusión pública. Una vez más, invitamos a hacerlo. Y también, de paso hacemos un llamado a que las universidades se tomen en serio las acusaciones de plagio.

Como siempre, el buen ejemplo debe venir desde nuestras instituciones educativas.

 

Esteban Illades

Editor y periodista.

 

26 comentarios en “La cultura del plagio

  1. ¿Entonces el plagio también es parte —como dijera el propio EPN— de la cultura nacional?

  2. En Nexos tienen un colaborador consentido que se las da de escritor y es puro copy& loaste, me refiero al inescrupuloso Luisito González de Alba, plagiador y mitómano.

  3. Lamentablemente está en lo cierto. Es una lástima que no se haga nada a nivel escuela para que no lo aprendan. En lo particular lo reprendo y mucho a mis estudiantes. Enhorabuena por su artículo.

  4. Tienes razón. Y si, las instituciones académicas deben poner el ejemplo y creo que lo están haciendo. La semana pasada n reunión de profesores de la Coordinación de Posgrado de la Fac de Políticas, UNAM se trató el punto y se ofrecieron consejos y apoyo para enfrentar el problema.

  5. Muy buen artículo. Si hacemos una suerte de auditoría académica en las universidades mexicanas para identificar tesis plagiadas, el resultado sería pasmoso. Miles, decenas de miles de tesis son plagios parciales o totales.
    Luchar en contra de esta simulación es complicado porque implica transformar esquemas institucionales y condiciones de trabajo de los académicos. Es imposible que un director de tesis conduzca treinta -o más- proyectos.

  6. En los comentarios leo criticas a universidades públicas. Y las privadas ¿que? por tener dinero ¿ya los titulan? o ni si quiera lo hacen. Peor aún piden dinero para que realicen el examen y son cantidades onerosas. Es puro negocio la mayoría de las universidades privadas.

  7. Creo que parte de la solución al tema del plagio, al menos en el nivel de licenciatura en lo relativo a la elaboración de tesis, es ampliar y facilitar los mecanismos alternos de titulación. Las tesis son por definición trabajos avanzados de investigación; no todos los alumnos que concluyen sus programas de estudio, aún aquellos con buenos promedios, tienen el interés o la vocación de hacer investigación académica. Para quien no la tiene, debería bastar el acreditar poseer los conocimientos del grado mediante examen oral o escrito o por mantener un buen promedio. Eso evitaría actos de simulación intelectual como lo es el plagio académico.

    • Creo que lo que propones es lo correcto. Las tesis de nivel licenciatura son anacrónicas, no sirven de nada y nadie las lee o consulta jamás. Las tesis deberían pedirse solo para los grados superiores

      • Claro que sirven las tesis a nivel licenciatura. Son formativas para los universitarios. Les enseñan a investigar, a tratar un tema con rigor, a desarrollar un tema. En algunas carreras no tiene sentido en general (como en el caso de Ingeniería en Animación Digital), pero ¿qué tal en el caso de Historia, Filosofía, Derecho, Sociología, Letras Clásicas, Economía? Por supuesto que tiene sentido hacer una tesis. Por lo general las tesis de licenciatura no son lo suficientemente buenas como para que se publiquen, pero insisto, son formativas para los estudiantes, les amueblan la cabeza. Lo que pasa es que vivimos en un país de analfabetos y nunca hemos entendido qué significa estudiar. Soy profesor universitario y la mayoría de mis alumnos llega a la universidad sin tener una idea clara de qué significa estudiar y mucho menos de qué clase de cosa hacemos los académicos. La mayoría de los profesores de todos los niveles (incluso posgrado) no dedica ni una hora a la semana al estudio y no publica nada. El 90% de los profesores (incluyendo los niveles más avanzados) no sabe redactar, mucho menos investigar. Eso tiene muchas causas. Una de ellas es que los mexicanos creemos que la escuela y las universidades únicamente nos capacitan para trabajar. Una tesis, en la mayoría de los casos, parece una pérdida de tiempo para el universitario que está terminando la carrera y ya quiere trabajar. Vivimos en un país de analfabetos con títulos universitarios. En todo mi círculo familiar y de amigos, digamos que el 95% de los adultos tiene un título universitario. Pero fuera de las personas que estudiaron lo mismo que yo (Filosofía) y que se dedican a la academia, la gran mayoría jamás abre un libro. Difícilmente pueden darse a entender en un mensaje de Facebook. Su cultura es verdaderamente deplorable. Y tienen títulos universitarios de la UNAM, la Ibero, la UP, la Anáhuac, el Tec, etc. Estoy seguro de que hay miles de mexicanos con un título de alguna de esas universidades que NUNCA han leído un libro completo. Hacer bien una tesis garantiza la lectura de al menos unos 30 ó 40 libros y otros tantos artículos especializados. Otra cosa sería este país si valoráramos un poco más el conocimiento y la cultura. Queremos mejorar el nivel educativo, pero quienes llegan hasta la cima (el posgrado) tampoco estudian y su cultura es deplorable. He dado cursos de posgrado a PROFESORES UNIVERSITARIOS que se quejaban de tener que leer 20 cuartillas semanales. Su ortografía y su redacción eran vergonzosas. Si así está nuestra educación superior, ¿cómo estarán la educación básica y la educación media? Los profesores de Primaria y Secundaria tampoco estudian, tampoco saben leer ni escribir. Esto puede estar justificado en muchos casos, lo sé, no vivimos en condiciones ideales, pero decir que hay que eliminar las tesis quiere decir que hay que renunciar de una vez por todas al estudio serio para formar minions con maestrías y doctorados, pero incapacitados para el pensamiento crítico; cuatitos que irán a votar en el 2018 con la misma información (en cantidad y calidad) que las tortilleras y los taxistas (a menudo estos últimos, de hecho, están más informados y tienen un vocabulario mucho más florido que el de los mirreyes de la clase alta, que seguirán siendo unos absolutos imbéciles, entre otras cosas, mientras no puedan escribir una TESIS).

  8. He puesto mucha atención en los comentarios debajo de las noticias que hablan del plagio de la tesis y en todas al menos una vez hay alguno que menciona el dicho “que lanze la primera piedra aquél que nunca lo hizo”… no es sólo el condonar la situación es el no entender el porqué debe de ser condonado. Y sí, en muchos puede ser error por ignorancia (i.e. el no saber referenciar y/o citar)… pero sabemos desde la primera vez que nos dejaron X cuartillas sobre el himno nacional y/o el libro de Platero y Yo, se convirtió en una competencia por llenar cuadrillas con frases rimbombantes que nos dieran el diez… fuera cual fuera su origen.
    Un daño se hace con el plagio que lleva a un título y no aplica la de “ojos que no ven -♡ que no siente”…

  9. Yo creo Lo del plagio es producto de la falta de educación qun se tiene como alumnos de bachillerato y licenciatura donde los profesores o los programas de estudios no contemplan o enseñan una materia específica obligatoria en redacción de éxitos científicos y su marco legal, moral y ético. EDUCAR ES LA SOLUCIÓN .
    No hay que generalizar esta aseveración ya que posiblemente en cortas carreras o instituciones si se dan estos temas y se aplican. Lo de Peña Nieto y el plagio nones más que consecuencia de lo dicho y como estudiante seguramente no fue educado por su maestros en esto y otros puntos que muestran hoy en día sus debilidades, pero es un mal general y mundial todo esto.

  10. El tema del plagio tiene múltiples aristas. No sólo plagiamos en trabajos escolares y académicos, el plagio se realiza cotidianamente en muchos aspectos de la vida: lo que vestimos, el calzado, los cortes de pelo, el hoy tan común tatuaje; copiamos lo que otros comen, beben, usan, dicen, etcétera. Cargar celular sin necesidad y por mera imitación no es una forma de plagio?
    Pero de vuelta al plagio educativo, es fundamental que desde el nivel elemental se les enseñe a los alumnos las normas básicas de escritura, no sólo las de gramática y ortografía. Al ir avanzando pondrán en práctica las normas aprendidas, al llegar a la universidad (los que llegan) completarían sus conocimientos y habilidades relacionadas con la redacción de trabajos académicos.
    La denominación correcta de lo que se obtiene con una tesis de licenciatura es: título. Los grados son otorgados en los posgrados.
    Un docente responsable asesora sólo el número de alumnos que sus capacidades personales e intelectuales le permiten. La responsabilidad de un trabajo de investigación que culmina en una tesis es en buena medida del asesor. Él conoce a los alumnos, por tanto sabe de lo que son capaces, y sin tanto apoyo de programas de cómputo puede detectar qué y a quiénes se está fusilando el alumno. El asesor debe estar actualizado y conocer la bibliografía recurrente y las novedades, en caso contrario, qué hace como docente.
    Ha sido la propia SEP y sus instancias, interesadas más en la cantidad que en la calidad las que han propiciado ( por ejemplo con sus estándares de eficiencia terminal ) que se diversifiquen las modalidades de titulación en las instituciones de educación superior (públicas y privadas), sin que les importe que los egresados apenas sepan leer y escribir. Pues si un egresado de universidad con nivel de licenciatura no es capaz de comunicarse correctamente por escrito, qué fue entonces lo que aprendió. En caso de los posgrados es más preocupante que no sepan hacerlo. No descarguemos toda la culpa en los alumnos, ya lo señale, en buena medida la responsabilidad es del docente. El punto es que muchos docentes no saben, no dominan la comunicación escrita, tampoco métodos y técnicas de investigación.
    En el caso de muchos docentes e investigadores el objetivo es hacer el mayor número de puntos para así obtener los niveles más altos en los programas de estímulos y del SNI. Dice un dicho que entre los gitanos no se leen las cartas. En cada área, especialidad, asociaciones, grupos, sociedades del conocimiento, saben quién es quién. Qué esperan para delatar a los plagiarios.
    El plagio pues, es un mal endémico, y no sólo en países como México, pero mal de muchos, consuelo de tontos.
    Ahora con la tan cacareada reforma educativa, es el momento oportuno para dejar atrás los “programas de estudio de corte universal”, aplicados con métodos pasivos, y ocuparse de que los alumnos en los niveles básicos sólo se apliquen a aprender, practicar y dominar la lectura, escritura, operaciones matemáticas y lenguas extranjeras (inglés, francés, alemán, preferentemente). A partir de la secundaria cada uno de ellos ira decidiendo los temas, áreas que son de su interés personal y futuro laboral o profesional y hacia ello dirigirá su formación.
    Tomará tiempo disminuir el plagio (erradicarlo es una utopía), para ello se debe trabajar desde ya. No todos los buenos profesionistas, son buenos docentes, menos aquellos que no cuentan con la vocación para la docencia y la investigación. Hasta hoy el asunto es sólo de pesos y prestigio, muchos “funcionarios” completan la quincena simulando que son docentes, además es muy redituable decir en el curriculum que has “formado” 5, 10, 15, 30, 40 generaciones de profesionistas. Desafortunadamente también existen muchos docentes e investigadores sin vocación, hacen lo menos posible para recibir la quincena.
    Por ello, zapatero a tus zapatos. El funcionario a lo suyo, igual el docente y también el investigador. Es tiempo de que dejemos de hacerle al tío lolo.

    • Hay confusión en algunos de tus comentarios: la imitación y el plagio son cosas muy diferentes. Si alguien imita a Elvis Presley o a quien sea (sobre todo si imita estereotipos genéricos), no es sinónimo de que se declare inventor o creador de tales cosas. El plagiario en cambio se adjudica como autor de algo hecho por otro y procura obtener beneficio de tal engaño. Esto último es otra cosa, mucho más grave, que mero mimetismo.

  11. Me parece que esto es un asunto de ética. En el transcurso de los estudios de licenciatura, en este caso, el alumno, sustentante, después, es advertido de la obligación de consignar fuentes, autores, si las citas son textuales se entrecomillan, si son modificadas pero la idea es tomada, las comillas no se colocan, pero la autoría sí.

  12. AMIGOS, no la revuelquen mucho, ES EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA. No es un alumno de prepa. Que hace copy paste

  13. Yo conozco un tipo que se tituló con la tesis de su papá, quién diablos leyó la tesis de su padre 30 años atrás? Fácil mentir, fácil hacer trampa, deberían existir otras formas de titulación (aunque ya las hay Jjj, yo me titule por guapo) pero propongo que exista un seguimiento al profesional y se lleven a cabo un examen cada 3 años, si no lo pasa que se te quite el título. Que comiencen los juegos!!!

  14. Tal vez por eso sea ya el caso q en muchas universidades ya no piden tesis para el grado de licenciatura sino se remontan al historial académico y de calificaciones o haciendo un seminario o diplomado más.

  15. Estoy de acuerdo que las opciones de titulación deben diversificarse, en mi carrera sólo había dos aunque llevé un buen promedio, o pudiera haber un diplomado o un examen de conocimientos esas opciones no estaban disponibles, ni lo están ahora, cada 30 años hacen una cambio en el contenido curricular quizá. Las formas de titulación necesitan más dinamismo, lo triste de esta lamentable circunstancia fue la noticia vieja de la incapacidad del mandatario, ya mejor me prometí no denostarlo ni nada, sólo quisiera que no fuera tan trivial entender que cada quien tiene distintas capacidades para ser candidato a titulación, así los profesores sí podríamos con mucho apoyo de las instituciones hacer evaluaciones más rigurosas. Saludos.

  16. Los jovenes llegan a la universidad sin saber leer ni escribir bien. Incapaces de entender un texto nunca han leido un libro completo. Copiar y pegar es lo mas natural y no lo ven como un acto desonesto. Asi han pasados los grados anteriores. Ese es el nivel educativo de este pueblo.

  17. En efecto, de Peña Nieto dicen sus voceros (en el mejor de los casos) que “sí plagió, pero plagió poquito”. En la propia UNAM a mí me dijeron que alguien a quien denuncié “sí plagió, pero usted cometió una audacia inédita al denunciarlo a las autoridades universitarias”. Y como Peña Nieto seguirá siendo presidente con todo y todo, así, igualito…

  18. En todo el mundo de habla hispana la mayoría de las universidades no saben que hacer ante el plagio, son universidades tercer mundistas. Incluida la UNAM, la UANL, la UAM y también mi universidad de egreso, la UABC. Tristemente la Universidad Panamericana también. En nuestro país solo el Colegio de México cuida su integridad académica.
    Comparto un texto que justifica el derecho de las universidades a revocar grados:

    Un grado académico es un certificado de una universidad para el mundo sobre los logros educativos y el cumplimiento de las normas de la institución por parte del beneficiado. El sostener que una universidad nunca puede revocar un grado, requiere entonces que la universidad continúe falsamente certificando al mundo los logros de una persona que carece de las competencias que se están certificando. Tal postura degradaría la confianza de la población en la integridad de los grados académicos, cuestionaría los estándares universitarios y perjudicaría a quienes se apoyan en la certificación que el grado representa. Suprema Corte de Ohio, 1986.

    Mas en http://www.plagios.info