De pronto me encontré en un lugar inesperadamente feliz. Luego de algunos años de soltería apareció un hombre que, sin ser lo que yo había imaginado para mi futuro en pareja, se había vuelto entrañable. Tanto que me olvidé de mis cartas al universo, donde escribía que deseaba estar con un hombre alto, de ojos claros, con posibilidades económicas, y todo eso que una tiene en la cabeza si se trata de armar el hombre ideal. Este aparecido no tenía nada de eso, sobre todo, no tenía ojos claros ni dinero. Nos encontramos por primera vez con un grupo de amigos en la playa. Él era invitado de la anfitriona de la casa, vieja amiga mía, que cada año hace una enorme fiesta para sus amigos de todo el país con tan buena suerte que la casa se llena de conocidos y desconocidos. Ahí estaba Fedro. Ahí estaba yo. Entre borrachos simpáticos y locos tirándose clavados en la piscina cruzamos una mirada y brindamos a distancia. Poco a poco fue acortando esa distancia y se paró junto a mí en el bar. Tuvimos una breve conversación. Nada especial, pero era tan alegre que daba gusto conversar con él. Aún con eso, no era posible quedarse con una sola persona en una fiesta tan grande y yo estaba más interesada en ver a un cliente para mi negocio que en flirtear. Dejé a Fedro para irme a hablar con mi objetivo después de intercambiar datos para seguir en contacto.

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Comenzó por escribir mensajes cortos en redes sociales. Saludos, recomendaciones de música, y de pronto hasta me invitó a una conferencia que daría sobre turismo en Monclova. No pude asistir pero le agradecí y aseguré que me acercaría a la siguiente. Un buen día me llamó por teléfono. Apareció para invitarme a cenar y acepté sin ninguna expectativa más que la de charlar tan agradablemente como aquella primera vez en Vallarta. Esa cena marcó la diferencia. No había más gente y mi atención era toda suya. Supe muy pronto que lo quería volver a ver y no fui yo quien lo propuso sino él. Hacía mucho tiempo nadie era tan atento conmigo sin que mediara un interés laboral. Me sentí deliciosamente lisonjeada. Lo dejé hacer, lo dejé quedarse en mi casa, me dejé querer y yo también lo empecé a querer. Llevaba tres años sin un amor, solo momentos sexuales, pocos, nada para guardar en el álbum de los recuerdos. Pensaba que este hombre sería algo parecido, algunos encuentros ardientes y luego cada quién a sus asuntos. Me equivoqué, felizmente. Él quiso verme más allá de eso y yo también. Fue demasiado pronto que empecé a sentir más que deseo, un amor pequeño que iba creciendo a pasos agigantados en cada visita.

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Todos los días recibía flores con una tarjeta en la que ponía mi horóscopo. No sé por qué era tan importante para él eso de los horóscopos pero me habitué a recibirlo y a pensar si esa leyenda en verdad definiría lo que sería mi día. Cuando no eran flores eran chocolates. O café en grano, que sabía que me gustaba mucho. Hizo todo para conquistarme y no fue complicado, yo estaba lista para empezar algo serio, o eso pensaba. Los meses pasaron y el sentimiento ya era inmenso estaba a flor de piel. Tanto, que comencé a hacer preguntas sobre el rumbo que tomaríamos juntos con aquello que estaba pasando entre nosotros. Fedro me abrazaba cariñosamente y decía que dejáramos al tiempo hacer y decidirlo. Me enojé. Pensé que ya sentíamos los suficiente como para decir que lo nuestro era una relación formal, pero para él, era algo que se daría con el tiempo. No era descabellado esperar, pero yo sentía urgencia de ponerle un nombre a nuestra relación.

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Repentinamente llegó una oleada de ansiedad. Necesitaba su palabra, algo, que me dijera más que un te quiero. Los mensajes diarios y las flores se fueron volviendo pocos para mí. Reclamaba su atención total, su rendición o algo parecido. Fedro tenía paciencia, pero fueron muchos los momentos en que se desesperaba y se alejaba unos días. Luego regresaba y trataba de cumplir mis caprichos, atender a mis reclamos, a esa extraña necesidad que ni yo misma entendía por qué me obligaba a buscarlo hasta el hartazgo. Más de una vez, sin que mediara un problema entre nosotros, me emborraché y lo increpé por no ser capaz de darme su palabra, de decir que ya éramos pareja, novios, algo. Pese a todo él se quedaba. ¿Qué mayor prueba de amor podía tener que aguantar a una histérica, aunque pidiera perdón al día siguiente?

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Después de algunas semanas de estira y afloja con el tema, Fedro decidió terminar con lo que sea que tuviéramos como relación. Traté de convencerlo de que lo intentáramos pero no cedía. Sentí que el piso se abría para tragarme. Después de colgar el teléfono nada detenía mi caída y el vértigo me asustaba además de sentir que algo laceraba mi pecho. Toda yo estaba abierta en canal. No hubo manera de hacerlo cambiar de idea. Tenía dudas de todo ahora. Dudas sobre si quería o no vivir conmigo esa relación sin nombre. Entró en mi vida muy fácil y yo le abrí los brazos con demasiada efusividad. No estaba parada donde yo creía. Cierto que la afinidad y el cariño, que brotaron como un río, existían. También estaban ahí como testigos de lo hermoso, dos crisis negras que ninguno de los dos estaba superando, en mi caso ni me di cuenta de que la tenía.

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Las mañanas eran una puñalada ni bien salir el sol. Tratar de poner un pie fuera de la cama era tan pesado que parecía haber ganado cien kilos, cuando en realidad había bajado mucho de peso. Fumaba el primer cigarro a las seis cincuenta de la mañana. El segundo a las siete. Ir y venir al baño, vomitando primero, lo que fuera que hubiera comido la noche anterior y cuando ya no quedaba nada, un líquido amargo y doloroso. Le achacaba mi dolor, más que a Fedro, a todos los males de ojo del mundo, a la vibra negativa, a algún hechizo perpetrado por alguien de que no fuera simpatizante. En el trabajo siempre hay gente así. Creía en todo y en nada. Decidí hacerme una limpia y cosas que antes nunca habría hecho, como si la magia pudiera reparar el daño que tenía dentro. Fui con una santera que me recomendaron y le dije que sentía encima una masa de energía negativa. Ella me limpió, hizo oraciones que apenas entendía porque hablaba muy rápido mientras pasaba por todo el cuerpo un huevo y un ramo de plantas irreconocibles para mí. Yo creería en todo antes que quedarme sin hacer. El dolor era insoportable. La santera se dio cuenta de que había algo más que las sombras de las que le había hablado y le confesé que sufría por amor. Los ojos se le iluminaron y mencionó a Pomba Gira. Pregunté de qué hablaba y me respondió que se trataba de una mujer muy poderosa, la bruja mayor, que no era buena ni mala, pero sí muy fuerte y capaz de devolverme a mi amado. Eso sí, aclaró, no hay vuelta atrás. Me asusté. No dije nada, solo pagué y salí de su casa.

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La limpia no servía para la tristeza, no se iba. Apenas lograba meterme a la ducha, a veces ni eso. Mi ansiedad estaba por todo lo alto y las pastillas que tomaba me adormecían. Ni señales de Fedro. Lo último que me dijo fue “perdóname” pero ese perdón no borraba los latigazos propinados ni era una promesa de su regreso, ese dolor de mierda no daba tregua. Pomba Gira sonaba en mi cabeza, esta vez con más fuerza y con menos temor. Llamé a la santera y le pedí una nueva cita.

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Volví a la casa donde me hizo la limpia. Estaba dispuesta a todo menos a seguir sumida en la angustia y la oscuridad. Apestas a cigarro, me dijo. No dejo de fumar desde las siete de la mañana, respondí. Calma, los amarres de Pomba Gira no fallan, pero mucho cuidado con prometerle algo que no puedas cumplir porque es muy ruda. No te busques un castigo mayor, me recordó. Ya no me daban miedo los castigos, ya estaba sufriendo lo peor que hasta ese momento de mi vida había padecido.

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Llegué a casa con una serie de instrucciones anotadas en un papel con letra deforme y faltas de ortografía. Iba a hacer una velación para que Fedro regresara a mí. Tres velas rojas y una bicolor, roja y negra, para el último día, porque, según el instructivo de la santera, debía hacerlo nueve veces, nueve domingos. Se indicaba que pusiera tres velas rojas en triángulo y una foto mía, otra de él. Y rezar una oración larga. Con mucha fe, me advirtió la santera. Y a ello fui. Me ardían los ojos de tanto desvelo, de tanto llorar; miré la foto de Pomba Gira y aunque el miedo regresó al leer la oración decidí invocarla:

Por los poderes de la tierra, por la presencia del fuego, por la inspiración del aire, por las virtudes del agua, invoco y conjuro a Pomba Gira María Padilha, por la fuerza de los corazones sagrados y de las lágrimas derramadas por amor, para que se dirija a …. donde está …. trayendo su espíritu ante mi amor, amarrándolo definitivamente al mío. Salve Pomba Gira María Padilha Reina de las 7 encrucijadas. Te pido así: ahora Gira ven mujer girar a mi favor haciendo así mismo: Que …. quede completamente apasionado por mí …., pidiendo asimismo: aire mueve, fuego transforma, agua forma, tierra cura y la rueda va girando, va girando y la rueda va girando, va a hacer quedar para siempre a …. apasionado, manso, doblegado, dominado, humillado y arrastrándose detrás de mí. Que su espíritu se bañe en la esencia de mi amor y me devuelva el amor en cuádruple. Que …. jamás quiera a otra persona y que su cuerpo alma y espíritu solo a mi amor me pertenezca. Que …. no viva, no respire, no piense, no beba, no coma, no hable, no escuche, no cante, no trabaje, no duerma, no se divierta a no ser en mi presencia. Que mis grilletes lo apresen para siempre, por los poderes de esta Oración. Minhas Pomba Gira use su poder y aleje a …. de cualquier mujer con que el este en este momento; y si estuviera que llame mi nombre. Quiero amarrar el espíritu y cuerpo de …. porque lo quiero amarrado y enamorado de mí …. quiero que …. quede dependiente de mi amor, quiero a …. loco por mí …, deseándome como si yo fuese la última persona de la faz de la tierra. Quiero su corazón prendido a mí eternamente, que en nombre de la gran Reina María Padilha florezca este sentimiento dentro de …. dejándole preso a mí …., 24 horas por día. Oh Pomba Gira Reina María Padilha has de traer a …. para mí …., pues yo a él deseo, y lo quiero deprisa. Por tus poderes ocultos, que …. comience a amarme a mí …. a partir de este exacto instante y que el piense sólo en mí …., como si yo fuese la única persona del mundo. Que …. venga corriendo hacia mí, lleno de esperanzas y deseo, que …. no tenga sosiego, paz, tranquilidad, esperanza, trabajo, salud, dinero, felicidad hasta que …. venga a buscarme, y vuelva a mí …. Con tu poder y fuerza infinita ciérrale todas las puertas a …. para que no tenga amistad, trabajo, amor, cariño, salud, familia hasta que regrese al lado de …. Reina María Padilha yo te imploro para que me traigas a …. Que …. me ame mucho, venga manso, doblegado, dominado, humillado a mis pies como yo deseo. Yo le agradezco a la gran Reina María Padilha. Y prometo siempre llevar su nombre conmigo. Oh Poderosa Pomba Gira Siete Exus, quiero de vuelta mi amado …. que me entristece con su desprecio, que …. olvide y deje de una vez y por todas todos los otros amores y a los que nos quieran apartar. Que …. sea desanimado, grosero, mal educado, odioso y frío con otras mujeres, que cualquier otra mujer que este con …. se estrese con él, pelee con él y salga inmediatamente de la vida de él y le tome enojo, odio, aversión y rabia de él y no se retracte de nada. Y que …. tome enojo, odio, aversión y rabia de cualquier otra mujer que ande con el ahora y que ellos terminen esa relación urgentemente y para siempre. Que …. se sienta solo, humillado, avergonzado de todo y por todos. Que ninguna otra mujer consiga hacer que …. sienta placer, solamente yo tendré ese poder dado por ti. Que …. deje de una vez a todas las otras mujeres, que no sienta deseos ni placer con otras mujeres que no sea yo …. y no consiga ver más a otras mujeres como mujeres, que sienta enojo al oír la voz de otras mujeres, y se torne indiferente a la presencia de ellas, y no sienta placer con ninguna otra mujer que no sea yo …. Que el venga a mi …., pida mi amor y mi perdón. Oh! Linda Poderosa Pomba Gira Siete Exus, que en este momento …. no quiera más andar con nadie ni con sus amigos, mujeres, clientes, familia, padres, hermana. Que quede sólo pensando en mí y pensando cómo va a hacer para HACERME FELIZ a mí …. Necesito, reina, de una señal, una llamada telefónica, cualquier contacto para yo saber si …. piensa en mí y que me quiere, y me quite de esta oscuridad. Que …. hable conmigo, que sienta que me echa de menos, me extraña, me necesita, me desea. Usted es fuerte y poderosa, traiga a …. a mis pies, para siempre, y que venga corriendo, que deje todo y a todo, que desconozca familia, costumbres, amigos, trabajo, mujeres, amigas. Y que sólo piense en mí …. Linda Poderosa Pomba Gira Siete Exus que con su grande y fuerte poder destruya, derribe, acabe, quite, mate, desaparezca todas las barreras, a todas las personas, hechizos, trabajos y sortilegios que están impidiendo que …. me ame locamente y desee unirse a mí …. .Quiero a mi amado, amándome, admirándome, cuidándome, protegiéndome y consintiéndome siempre, al acostarse que …. piense en mi …, haciendo así que solo yo …., sea el único amor en la vida de …. que él me ame y confíe. Que sentir por mi …. un deseo fuera de lo normal como nunca sintió por otra mujer y nunca sentirá. Que él no sienta más deseos sexuales por ninguna otra persona. Que sus deseos sean sólo para mi …. que sus pensamientos, gentilezas y bondades sean sólo para mi …. Solamente yo …. Le daré placer varias veces en el mismo día, solo yo tendré ese poder dado por ti. Salve 7 Sayas por los 7 Exus que acompañan tus pasos te pido y suplico, amarres en sus 7 sayas y en los 7 guisos de su ropa a …., para mí …. Linda y Poderosa Pomba Gira de los Siete Exus te pido quiebra y has polvo las fuerzas, el orgullo, la dignidad, la resistencia de …. para que él sea muy cariñoso, amoroso, comprensivo con …. Que …. me quiera mucho de verdad. Que yo …. me quede con él. Pero además, quiero que usted, Linda Poderosa Pomba Gira Siete Exus, aleje de …. toda y cualquier otra mujer. Y que podamos ser felices juntitos. Que el sólo sienta atracción y deseo sexual por mí …. Que él me llame por teléfono desde ya y a todo instante. Que sienta nostalgia, deseo, pasión, y amor por mi persona, que sufra y muera lejos de mí y no aguante más sufrir lejos de mí …. Quiero que él me busque hoy y ahora. Quiero oír la voz de él, pidiendo verme para quedarse conmigo y volviendo a mí …. para siempre, diciendo que me ama y que me quiere sólo a mí …. Gracias por el favor concedido, voy a divulgar tu nombre a cambio de este pedido, yo …. profetizo en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu Santo, confío en el poder de las 7 Encrucijadas, que así sea, así será y así está hecho. Agradezco por el deseo pedido ya alcanzado, cada vez que lea esta oración más fuerte ella se hará. Voy a divulgar a las 4 esquinas del mundo, pidiendo a la madre que conceda mi deseo, que haga a …. estar loco de amor y deseos, que cada lágrima derramada por mí se transforme en un gran amor en el corazón de …., sé que los espíritus de la falange de Pomba Gira están soplando en los oídos de …., soplando mi nombre .…, de día y de noche, que él duerma pensando y acordándose de mí. Salve Pomba Gira te pido, oh madre, quita del pensamiento de …., todo el odio, resentimiento, rencor, ira, enfado, enojo y lo malo que le paso, que él sólo piense en nuestro amor, y viva arrastrándose a mí …. de tanto amor. Que así sea, así será y así está hecho. Agradezco por todo lo que ya está hecho y confío que seré atendida, …. va a estar loco de amor por mí …. lo más rápido posible, trae a …. de vuelta a mí ya. Gracias por el favor concedido.

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Las velas debían consumirse. Para evitar cualquier accidente las puse encima de la tapa del excusado. A pesar de saber que estaba haciendo todo cuanto tenía a mano para que Fedro regresara, me fui a la cama llorando. Me quedaban ocho velaciones por hacer.

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Nada. Una semana más de sufrimiento que no podía soportar. Bebía, fumaba, me sentía desangrada por dentro. En principio aceptaba visitas de mis amigas, luego no quería ver a nadie ni contestar el teléfono, el tono lastimero que usaban para decirme que todo estaría bien era insoportable. Me preocupaba no haber seguido bien las instrucciones de la santera para invocar a Pomba Gira. ¿Había hecho algo mal? Revisé las instrucciones y constaté que estaba todo tal y como se me había indicado. Temía enojar a la bruja mayor si lo había hecho sin suficiente fervor. Fumaba mi cigarro de las siete de la mañana cuando escuché un rumor en mi oído. Una voz tenue que decía “no tengas miedo”. Era un susurro tan bajito, tan lento, que pensaba que eran mis propios pensamientos. No me asusté, nada me daba más miedo que mi desasosiego, ya casi deseaba que apareciera un fantasma o alguna imagen extraña que me sacudiera, que me arrastrara fuera de ese hoyo negro.

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Hice la segunda velación el domingo siguiente. Mientras rezaba lloraba a mares, pedía, suplicaba, terminaba el trabajo de rodillas ante el inodoro, hipando. El lunes siguiente, con mi cara pegajosa entre los mocos y las lágrimas, me levanté trabajosamente de la cama. Iba a preparar café cuando el teléfono sonó. Tenía miedo de que fuera alguien de mi familia, no quería que se dieran cuenta de lo mal que estaba, no había hablado con ellos en un mes. Lo dejé sonar pero me decidí a contestar, recomponiendo mi garganta para sonar más o menos normal. No era nadie de mi familia ni de mis amigas. Era Fedro. Estaba llorando y decía que no podía más con su dolor, que me extrañaba. Su voz casi me sonaba irreconocible pero era él. Sin duda era él. No le hice preguntas esta vez, no reclamé ni me mostré ansiosa aunque estaba emocionada por escucharlo y lo esperaba con los brazos abiertos. Quedamos en vernos ese mismo día para hablar en una cafetería cercana a mi casa pero incumplió con el horario: llegó media hora antes, directo a mi hogar. Al abrir la puerta se lanzó a mis brazos como si necesitara que lo sostuviera; lloraba, reía y me pedía perdón por haberse alejado. De pronto mi negrura se fue disipando, el dolor de pecho se borró tan sólo con verlo, estaba ahí, y estaba justo como yo quería, enamorado, necesitado, seguro de querer quedarse a mi lado. Gracias, Pomba Gira, pensé.

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Fedro quiso venir a vivir conmigo inmediatamente. Yo estaba encantada con su cambio de actitud. Guardé todos los vestigios de la velación antes de que él llegara a casa y secretamente, puse a Pomba Gira algunas cosas que había leído, le gustaban: rosas rojas abiertas, sin espinas, puros, ginebra. A solas hacía oraciones de agradecimiento en su nombre. No me mintió la santera, Pomba Gira me devolvió lo que yo más quería y la frase “no hay vuelta atrás” me parecía una hermosa promesa. No dudé en pasar la oración y las instrucciones a las amigas que estaban en problemas amorosos, si a mí me funcionó, a otras las ayudaría. Les recordaba, como la santera me recordó, que de eso no se regresaba.

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Rentamos un departamento más grande para los dos. Pensábamos en tener hijos, en hacer grandes fiestas para nuestros amigos, en ir decorando cada rincón a nuestro gusto. Fueron años muy felices, nos hicimos tan unidos que uno adivinaba el pensamiento del otro en ocasiones. A veces los celos de Fedro me molestaban, al principio los deseaba como muestra de su cariño, pero luego ya no fue tan idílico el reclamo. No me quejaba aunque lo sufriera a ratos. Yo lo elegí, yo lo traje de vuelta. Ahora tocaba aceptarlo.

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De pronto el apego comenzó a menguar en mí. El tiempo hace de las suyas en todo, en la piel, en el ánimo, incluso en los sentimientos más profundos. Comencé a sentir asfixia en aquella relación que no había bajado su intensidad en más de seis años. Ahora entendía por qué él se sintió agobiado por mí en un principio. Los papeles se invirtieron. Sabía que lo quería pero sabía también que no podría seguir adelante con tantos reclamos de atención. Me ofrecieron un trabajo fuera de la ciudad y no se lo conté. Estuve algunas semanas dándole vueltas al tema hasta que tomé una decisión: lo acepté. No tuve valor de decirle nada. Discretamente fui empacando mis pertenencias y sacándolas poco a poco de la casa, le decía que quería renovar mi guardarropa y regalaría lo viejo que tenía. No sé si me creyó, no opinaba al respecto, pero comenzó a ponerse ansioso y a reclamar mi atención más de lo normal, que ya era bastante. Una mañana lo dejé dormido en nuestra cama. Eché una última mirada a su cuerpo entre las sábanas, al rayo de luz que se imprimía sobre la cama. No hay vuelta atrás, vino a mi mente la frase de la santera. No hay vuelta atrás, pensé yo, y lo dejé.

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Pasaron dos meses sin saber el uno del otro. Dos meses en mi flamante oficina cuando empecé a sentirme extraña. No es que no pensara en Fedro o en que había estado mal haberlo dejado así, pero sabía perfectamente que informarle mi decisión habría significado una batalla. No quería seguir con él, eso lo tenía claro, pero repentinamente comencé a sentir muchas ganas de verlo. Fueron varios años juntos, tampoco lo iba a olvidar de un día para otro. Salí de ahí y fui directo a mi nuevo departamento donde nadie me esperaba. Me serví una copa de vino y encendí un cigarrillo. Apenas había dado un par de sorbos a mi copa, ni uno más, cuando de pronto escuché una voz suave que susurraba “regresa”. Miré para todos lados, las ventanas estaban cerradas, la radio apagada, no había indicios de que hubiera alguien más ahí. Le eché la culpa al estrés y a esa repentina nostalgia que sentía por Fedro aunque también me repetía que no iba a regresar.

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La mañana siguiente fue una pesadilla. Desperté con un dolor en el pecho y un hormigueo en los brazos. Angustia. Conocía bien esa horrible sensación. Sentí que me faltaba el aire, así que corrí a la ventana y aspiré profundamente. Fedro, pensé. Lo necesito. Lo extraño.

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Dos días tardé en desbaratar el contrato y recoger mis cosas del nuevo departamento. Regresé a mi antiguo hogar, temerosa de no encontrar a Fedro pero me abrió la puerta. Sabía que le debía explicaciones pero tan sólo con verlo me lancé a sus brazos llorando, pidiendo perdón. Lo llené de besos y él no me rechazó, no me hizo preguntas. Estaba emocionado con mi regreso. Me condujo a nuestra habitación, intacta. Hicimos el amor como las primeras veces, con prisa y con pasión desbordada.

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Fui al baño. Descubrí que Fedro no había echado a la basura mis cremas ni otras cosas que dejé antes de irme. Lavé mi cara, mis dientes, iba de regreso a la cama pero se me cayó una pulsera. La recogí del suelo, manchado con algunas gotas de cera roja.

 

Paola Tinoco
Escritora, editora y promotora literaria. Publicó Oficios ejemplares.

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