05-quinceletras

Ojos. Hace cien años, en 1906, nació una de las grandes escritoras mexicanas: Elena Garro. Para confirmar la calidad literaria de esta escritora basta con leer este principio: “—¿Qué hora es, señor Brunier? Los ojos castaños de Lucía recobraron en ese instante el asombro perdido de la infancia. El señor Brunier esperaba la pregunta. Miró su reloj pulsera y dijo marcando las sílabas para que Lucía entendiera bien la respuesta: —Las nueve y cuarenta y cuatro. —Faltan todavía tres minutos… ¡qué día tan largo! Ha durado toda la vida. ¿Dios me regalará esos tres minutos? Brunier la miró unos segundos: recostada, con los ojos muy abiertos y mirando hacia ese largo día que había sido su vida. —Dios le regalará muchos años —dijo el señor Brunier, inclinándose sobre ella y mirándole los ojos castaños: hojas marchitas que un viento frío barría en aquel momento lejos, muy lejos de ese cuarto estrecho. —Alguien está entrando en este cuarto… el amor es para este mundo y para el otro. ¿Qué hora es, señor Brunier? Brunier volvió a inclinarse para ver aquellos ojos color té, que empezaban a irse, girando por los aires como hojas. —Las nueve y cuarenta y siete, señora Lucía —dijo con tono respetuoso mirando a los ojos, que ahora parecían estar tirados en cualquier acera. (“Qué hora es…?”, La semana de colores, Editorial Porrúa, 2015.)

Retrato. Federico Sabatini, profesor de lengua y literatura inglesa de los siglos XIX y XX en la Universidad de Turín y especialista en James Joyce, reunió varios textos de la obra y la correspondencia del autor para publicar Sobre la escritura. James Joyce: “Si retratamos la naturaleza humana en el crepúsculo, también tendremos que oscurecer el paisaje. El idealismo es un bonito abalorio, pero no nos interesa ya y ni siquiera nos entretiene en una época como la nuestra, en que la realidad es tan atosigante. Nos parece una especie de decorado neutral. Lo cierto es que nuestras vidas se componen, en la mayoría de los casos y al igual que las escenas de pintores contemporáneos, de jarras, platos y cacerolas, de callejuelas y míseros cuartos de estar habitados por mujeres desaliñadas, de miles de sórdidos incidentes diarios que se cuelan en nuestro pensamiento por mucho que intentemos ahuyentarlos. Este es el mobiliario de nuestra vida”. (Traducción de Pablo Sauras, Alba  Editorial.)

Equilibrio. “Vivir envejece”: Jorge Wasenberg.

Potros: El poeta Francisco Hernández llega con todo a sus setenta años. “Todavía guardo tus poemas entre mi ropa interior, dijiste, bajando la ventanilla de tu coche…/ Y a lo lejos, por la calle principal del pueblo, pasaron a la carrera los potros del orgullo, los de la prisa intacta, los de la pasión enquistada en otras pieles y los de la dicha del incrédulo, que alcanza a sonreír sin depedirse de los mejores momentos de la vida”. (“La dicha del incrédulo”, Odioso caballo, Almadía, 2016.)

Camino. “En nuestro camino, justo en las afueras de Manhattan, cerca de la curva del río Big Blue, el conductor embistió contra una vaca que estaba sobre la carretera. Todos hicieron chistes sobre bistecs. Era una terrible contusión ósea. En Manhattan todos firmamos como testigos del suceso —un suceso que me impactó hasta entristecerme. Una vieja vaca de cara blanca, en su mundo de oscuridad, su rumiante, feliz y pacífica existencia en búsqueda de alimento, tuvo que cruzarse por el pavimento caliente del hombre, de un trébol a un trébol más dulce —cavilando quizás— y de algún lugar de la oscuridad aparece este monstruo de ojos al rojo vivo y un cartel que dice ‘Denver’ —y ¡BAM! Vaca muerta; cerebro hendido; sangre sobre el camino caliente, sobre el radiador caliente. Hacia esto —del increíblemente dulce momento antes de morir. Porque una vaca en la noche, con toda la hierba tierna de la pradera para repantigarse, tiene pensamientos propios ahí en las secretas extensiones… pensamientos que no están lejos de los míos cuando paso por allí”: Jack Kerouac. (Diarios 1947-1954. Mundo soplado por el viento, edición, introducción y notas de Douglas Brinkley, traducción por primera vez al español de Martín Abadía, Editores Argentinos, 2015.)

Fe. Hace 35 años la Academia Francesa admitió por primera vez en su historia a una mujer, la escritora Marguerite Yourcenar,  que en entrevista con Matthieu Galey reveló: “No creo en la fe, por lo menos en el sentido en que la emplean los creyentes en nuestros días, es decir casi agresivamente. Parecen decir que creen, o que se obligan a creer en algo que no está probado, y que en consecuencia, su mérito principal es seguir creyendo. Se siente, se adivina en su fe un esfuerzo de voluntad, y también una voluntad de exclusividad: tenemos esta fe, es nuestra, los que no la tienen son dignos de compasión, son repulsivos: se los debe convertir sin consideración por sus tradiciones o reacciones personales. Estoy muy lejos de experimentar ese sentimiento. En otros tiempos, la fe era más instintiva, es decir más aceptable. Milagros, fantasmas, apariciones, ¿por qué no?, después de todo, quizás este pájaro fuera un ángel. ¿Por qué no poner el verbo en presente, puesto que la palabra ‘ángel’ quiere decir mensajero, y toda criatura que se nos acerca tiene su mensaje? El mundo es muy vasto, entonces, ¿por qué no aceptar también esas realidades? La gente muy simple mezclaba lo maravilloso con la realidad, lo visible y lo invisible; era una parte de la vida imaginativa que era su vida, y que en el fondo no los engañaba”. (Con los ojos abiertos. Diálogos con Matthieu Galey, Emecé.)

Muhammad Alí (1942-2016): “Esta es la leyenda de Muhammad Alí. Tiene izquierda. Tiene derecha. Si te pega una vez, duermes toda la noche”. “No hay placeres en una pelea, aunque alguna de mis peleas ganadas fueron un placer”. “Cuando tienes razón, nadie lo recuerda. Cuando estás equivocado, nadie lo olvida”. “Soy tan rápido que cuando apago la luz me meto en la cama antes de que todo el cuarto esté a oscuras”. “Soy musulmán, soy boxeador, un hombre que busca la verdad. No estaría representando al islam si fuese un terrorista. Islam es paz”. Son cinco frases de treinta y cinco rescatadas de internet por el poeta colombiano León Gil quien, cuando le pedí la autorización para reproducirlas, me contestó: “esa reunión de ‘trinos’ la hice como un doble homenaje: a M. A., obviamente, y a la memoria de mi padre, con quien siempre me sentaba a ver las peleas de ese bello negro al que, tiempo después, también admiraría por sus ideas y sus palabras; y, sobre todo, por lo consecuente de éstas con sus actitudes y sus hechos”.

Breve. “la noche–enorme/ todo duerme/ menos tu nombre”. (Paulo Leminiski en Antología. La poesía del siglo XX en Brasil, edición de José Javier Villarreal, Visor/UANL.)

Silencio. Francis Scott Fitzgerald a Andrew Turnbull, en una carta de 1933: “A nadie le gusta encontrarse con una mente más ágil que la suya, ni más dotada para verbalizar sus operaciones. Esa mente superior casi es necesario ocultarla. La historia de la inteligencia humana es la historia de cómo se oculta hasta que la gente la pide a gritos y hay que ponerla a funcionar. […] Tener la boca cerrada es tarea difícil como pocas, pero vale la pena, ya que la mayoría de las cosas valiosas de la vida las aprende uno en los periodos de silencio forzoso”. (Sobre la escritura, F. Scott Fitzgerald, edición de Larry W. Phillips, traducción de Pablo Sauras, Alba Editorial.)

Kipling. La traductora e investigadora española Ana Andreu Baquero reunió en un libro Historias curiosas de la literatura. De Dante a Hemingway. Una de ellas es esta: “Una mañana, al abrir un periódico al que estaba suscrito, Kipling leyó con sorpresa el anuncio de su propia muerte. Ni corto ni perezoso escribió una carta al director donde decía: ‘Su periódico anuncia mi muerte. Como generalmente están ustedes bien informados, la noticia debe ser cierta. Les pido, por lo tanto, que anulen mi suscripción, porque ya no me será de ninguna utilidad’”. (Ediciones Robinbook.)

Aforismo. “Abrir un diccionario, leer algo, y dibujarse en el rostro una sonrisa de orgullo satisfecho. El suave placer de ver confirmada una presunción filológica”: Julio Torri.

Nuevo. El ensayista Gilles A. Tiberghien ha escrito un extenso trabajo sobre algo tan universal como la amistad, “partiendo de la historia del pensamiento y de la propia experiencia y apoyándose en ejemplos extraídos de la literatura y el cine”, como indica la contraportada. En el ensayo hace una interesante reflexión sobre: “las amistades ‘de pantalla’”: “las que suscita el correo electrónico por el sentimiento de proximidad creado en la ausencia del cuerpo, que mantiene siempre una cierta distancia, son amistades angélicas, y aunque son reales y no solamente virtuales, fuera del limbo del ciberespacio se volatilizan o transforman en un cuerpo de otra naturaleza que supone reconstruir nuevos vínculos, utilizar nuevas palabras y encontrar, a partir de entonces, una nueva voz que nos conduzca de nuevo al otro y exprese nuestro cuerpo mortal”. (Amistar, introducción de Federico Silvestre, traducción de Carla Faesler, Díaz y  Pons Editores.)

Traducción. Circula en México una nueva traducción del libro clásico de Graham Greene, Monseñor Quijote, hecha por la periodista y escritora Fernanda Melchor. El prólogo lo escribe Antonio Ortuño: “Acá está, pues, en una nueva traducción que la hace más cercana al lector mexicano, esta aventura tardía de dos hombres, uno católico y otro comunista, uno Quijote y el otro Sancho, felizmente despojados de odios y ajenos a los vericuetos de la posmodernidad, cuyas dudas no los paralizan sino les sirven para mostrar su humor, y su entrañable humanidad, con una serie de diálogos veloces y a veces desconcertantes que evocan a los personajes de Beckett o Ionesco, sus antípodas morales. Porque monseñor Quijote, el personaje, ascendido a su pesar y amistado con quien debería ser su adversario, es, esencialmente, un tipo capaz de encontrar el sentido de la vida justo donde otros lo perdieron”. (Océano, 2016.)

Universal. Arthur Schopenhauer publicó en 1851 numerosos ensayos bajo el título de Parerga und Paraliponema, y que ahora llegan a nosotros con el título Sobre los libros, el lenguaje y la escritura. Más de un siglo después lo que escribió el filósofo alemán sigue vigente: “Nunca se leerá demasiado poco lo malo, ni con exceso lo bueno. Los libros malos son un veneno intelectual, que destruye el espíritu. Y porque la mayoría de las personas, en lugar de leer lo que se ha producido de mejor en las diferentes épocas, se reducen a leer las últimas novedades, los escritores se reducen al círculo estrecho de las ideas en circulación, y el público se hunde cada vez más profundamente en el fango”. (Traducciones de Edmundo González Blanco y Esteve Serra, José J. de Olañeta Editor, 2015.)

Vanidad. “He llegado a la firme conclusión de que la vanidad es la base de todo, y de que lo que llamamos conciencia es solamente la vanidad interior”: Gustave Flaubert.

 

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas, Anuncios clasificados y compiladora del volumen Así escribo.

 

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