Para el periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos la crónica es el género anfitrión de sus obsesiones. En esta entrevista el autor de Botellas de náufrago entrega unos apuntes sobre los temas que ha frecuentado durante su vida profesional

Alejandro García Abreu: ¿Cómo concebiste la estructura de Los ángeles de Lupe Pintor?

Alberto Salcedo Ramos: Es un libro que se puede leer de muchas maneras, cada lector escogerá la que le fluya, la que le nazca. Yo quise hacer un libro que agrupara algunas de las historias que he escrito a lo largo de los años, obedeciendo a las búsquedas temáticas que he tenido durante mi vida profesional. La idea era que estas crónicas reflejaran cuáles han sido mis obsesiones. Por eso hay crónicas de la cultura popular, del boxeo, del conflicto armado. Son temas que me gustan también.

AGA: Cito “Memorias del último valiente”: “Al primero, sólo te lo imaginas repartiendo porrazos; el segundo podría pertenecer al grupo de danza de Josephine Baker”. ¿Quiénes son tus boxeadores predilectos?

ASR: Mis boxeadores predilectos son aquellos que tienen corazón, aquellos que se prodigan generosamente sobre el ring. Odio al boxeador que le saca el cuerpo al combate, estilo Floyd Mayweather. Siempre he creído que el espacio natural para las peleas de Floyd Mayweather debería ser una pista de patinaje; parece un descarado, un tipo que le mete la mano en el bolsillo al aficionado del boxeo. Yo siempre he odiado al boxeador que tiene el síndrome de Piolín, el canario que le hacía las maldades al gato Silvestre; ese boxeador que provoca y pica, pero luego no se queda ahí para asumir las consecuencias de su provocación, sino que huye. Mis boxeadores preferidos son los fajadores, los que se entregan plenamente en el ring y ofrecen combate hasta el final.

AGA: ¿Cómo relacionas el boxeo con la escritura? Pienso en las diversas analogías entre el pugilismo, la literatura y la tauromaquia.

ASR: Prefiero hacer una analogía entre la literatura y el beisbol. Alguien dijo que los escritores deben ser como los pitchers de beisbol, deben ejercitar el brazo para tenerlo siempre caliente y además para poder tirar strikes, para poder dominar todas las esquinas del plato. Creo mucho en esa analogía.

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Ilustración: Belén García Monroy

AGA: Resulta extraordinaria la crónica “El árbitro que expulsó a Pelé”: “De veintiocho personas que tenía la delegación brasileña —recuerda el Chato—, me agredieron veinticinco. Los únicos que no me pegaron fueron el médico, el periodista y Pelé”. ¿Cómo recuerdas la escritura de ese texto?

ASR: Escribí muy rápido ese texto; en esa época todavía me salía rápido lo que escribía, ahora no tanto, me he vuelto lento. Y recuerdo que lo escribí con alegría y rememoro que me divertí cuando lo escribí. Es una historia de un árbitro de futbol muy particular, que repartía puños en la cancha, que sacaba la tarjeta roja con una facilidad olímpica y que además era muy explosivo en sus declaraciones y muy folclórico en su manera de entender el oficio que ejercía.

AGA: ¿Cuál es tu percepción de los vínculos entre periodismo y narrativa?

ASR: El periodismo usa la narración como parte de las herramientas que necesita para transmitir la información.

AGA: ¿Cómo ha sido tu experiencia en la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano?

ASR: La existencia de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano me cambió la vida porque me hizo ver mucho más allá de lo que percibía antes; me puso en contacto con algunos referentes del periodismo mundial, no sólo latinoamericano; me ha ofrecido oportunidades para pensar sobre lo que hago, de aprender de lo que hacen los demás. La FNPI propicia la excelencia y crea posibilidades de interacción entre periodistas de diferentes condiciones sociales, de distintas edades y de diferentes lugares, y el resultado de eso es un periodismo más responsable y con mayor calidad.

AGA: Me gusta la reflexión sobre la muerte incluida en “Los ángeles de Lupe Pintor”. Cito el comienzo: “Quien quiera saber cuánto pesa un muerto que venga y le pregunte a Lupe Pintor. Lo sugiere él mismo mientras se sienta a horcajadas en un banco de madera. Pintor se alisa el bigote frondoso con los dedos. Luce tranquilo, recio. Nunca ha cargado ataúdes en los cortejos fúnebres —aclara— pero ha lidiado durante años con una tragedia ocasionada por sus puños”. ¿Cómo percibes la relación entre la muerte, la literatura y el periodismo?

ASR: La muerte siempre nos ha fascinado, porque es el único capítulo que no podemos contar con propiedad, ni siquiera un suicida que tome la decisión de quitarse la vida puede contar con propiedad cómo es convertirse en un habitante de la muerte. A mí me genera mucha curiosidad, gran interés. La literatura y el periodismo suelen ser vertientes distintas, pero suelen tener puntos de encuentro. La crónica es uno de ellos. En la crónica uno investiga como los reporteros y escribe como los escritores.

AGA: En “Viaje al Macondo real” destacas que admiradores de Gabriel García Márquez que pretenden encontrar ahí, en el pueblo donde él nació, elementos tangibles de su universo literario. Recuerdo la línea “Nietzsche en Macondo”. ¿Cómo recuerdas al escritor?

ASR: García Márquez era un hombre profundamente caribeño, dotado por una maravillosa gracia para narrar; un autor muy musical además, con un gran oído para la alquimia del lenguaje; un fabulador desmesurado y un escritor con una capacidad de trabajo enorme, que creó una obra portentosa de la cual se seguirá hablando durante mucho tiempo.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.